lunes, 3 de diciembre de 2012

Consejero-delegado y apoderado general

En otra entrada nos referimos a la curiosa figura del apoderado general en el seno de una sociedad anónima. Decimos curiosa porque, parece, que alguien al que el consejo “apodera” de manera general para vincular a la sociedad en el tráfico, tiene el apoderamiento típico de un administrador-delegado. Como decíamos en esa entrada, sin embargo, la jurisprudencia ha considerado válido tal apoderamiento y lo ha distinguido de la delegación de facultades por parte del Consejo a favor de un consejero sobre la base de separar la esfera externa (representación de la sociedad) y la esfera interna (administración).
Por tanto, aunque su apoderamiento sea general, un apoderado al que no se hayan delegado expresamente las  facultades de gestión por parte del Consejo, no es un consejero-delegado y no tiene las facultades de iniciativa en la gestión social ni tiene el apoderamiento típico de un administrador. Como es apoderado, sin embargo, los contratos que celebre con terceros por cuenta y en nombre de la sociedad vincularán a ésta en la medida en que no exceda los límites a su poder tal como queden reflejados en el Registro Mercantil.
Los casos más confusos se producen cuando se refleja claramente en el apoderamiento la voluntad del Consejo de Administración de delegar las facultades en el apoderado. En tal caso, a nuestro juicio, no puede decirse que se haya otorgado un poder general pero no haya mandato (esto es, encargo de la gestión de la sociedad a favor del apoderado) y, por lo tanto, para que tal encomienda sea válida, habrán de cumplirse con los requisitos legales para la delegación de facultades. Si éstas se han cumplido – y se ha delegado por mayoría de 2/3 del consejo – el así designado será consejero-delegado y tendrá el poder de representación típico sin más límites que los del 234 LSC. Por lo tanto, las limitaciones que se incluyan en el apoderamiento no serán oponibles a los terceros por aplicación de dicho precepto.
En general, se le aplicarán todas las reglas de la delegación de facultades. Por ejemplo, la terminación del cargo de administrador – de consejero – supondrá la extinción de la delegación de facultades pero, en tanto no se revoque, el apoderamiento seguirá en vigor.


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