martes, 28 de agosto de 2012

La prima de emisión, aunque sea desproporcionadamente elevada, no es ganancia o plusvalía para la sociedad

Es la Sentencia del Tribunal Supremo de 5 de marzo de 2012 (Sala 3)
El dilema a resolver en el caso de autos queda así reducido a determinar si se produce un incremento patrimonial lucrativo gravable en el impuesto sobre sociedades cuando una sociedad que amplía su capital recibe de uno de sus socios una prima de emisión injustificadamente elevada, posición sustentada por el defensor de la Administración General del Estado, o no se produce el hecho imponible de ese impuesto, al resultar improcedente el gravamen en el mismo de cualquier aportación de un socio a la sociedad, tesis que sostiene la Sala de instancia y apoya la parte recurrida. En recursos de casación planteados también por la Administración General del Estado, esta Sala ha resuelto la misma cuestión que aquí se suscita en el mismo sentido que la Audiencia Nacional [sentencias de 21 de noviembre de 2011 (casación 3903/09, FFJJ 2º y 3º), 28 de noviembre de 2011 (casación 4389/08, FFJJ 2º y 3º) y 5 de diciembre de 2011 (casación 2523/10, FJ 1º)]. Por razones de unidad de doctrina y seguridad jurídica debemos reiterar la misma argumentación que utilizamos en aquéllas para rechazar este primer motivo de casación. Fuera cual fuera su causa real, la prima de emisión satisfecha por doña Vanesa constituyó un movimiento de entrada en los recursos propios de «Hildeclot», en concreto en sus reservas, puesto que es inescindible de la ampliación de capital realizada por dicha sociedad. Por tal razón, la doctrina consolidada de esta Sala, formulada eso sí respecto de la Ley 61/1978, de 27 de diciembre, del impuesto sobre sociedades, concluía que la prima de emisión de acciones en ningún caso podía constituir una adquisición lucrativa de la sociedad recurrida. Resulta así porque los movimientos de entrada y salida en los recursos propios de la sociedad (capital y reservas ) derivados de las relaciones entre la misma y sus socios carecen de repercusión fiscal en el impuesto de sociedades, de tal forma que los desplazamientos patrimoniales de los socios a los recursos propios de la sociedad, aunque constituyan un incremento económico en la perceptora, no se computan como partida gravable, pues no son ganancia o mayor valor generado por la sociedad, sino precisamente el soporte para generarlos y son los rendimientos e incrementos producidos en la propia sociedad, a partir de una cifra de recursos propios aportada desde el exterior, los que se someten a tributación [véanse, por todas, las sentencias de 31 de enero de 2007 (casación 2049/02 , FJ 2º), 8 de julio de 2009 (casación 1624/03 , FJ 2º), 3 de diciembre de 2009 (casación 3566/04, FJ 2 º) y 18 de mayo de 2011 (casación 1677/06 , FJ 3º)].

lunes, 27 de agosto de 2012

¿Erosión de la calidad en las marcas de distribuidores?

Ariel Ezrachi y Koen de Jong han publicado un artículo en ECLR titulado “Buyer Power, Private Labels and the Welfare Consequences of Quality Erosion”. (de pago, 5(2012). La tesis del artículo es que, como los fabricantes de productos de marca del distribuidor tienen unos márgenes tan pequeños, se pueden ver tentados de reducir sus costes bajando la calidad del producto en aquellos aspectos que no son visibles para el distribuidor que los adquiere ni, obviamente, para los consumidores. ¿Una obviedad? Efectivamente. Es un problema de asimetría de información como tantos otros explicados a partir del famoso trabajo de Akerlof sobre los “markets for lemons”. Si el comprador tiene menos información que el vendedor y no puede apreciar los defectos del producto, el vendedor le podrá “colar” productos malos como buenos y la competencia entre vendedores puede incluso empeorar las cosas al exacerbar los incentivos de éstos para reducir costes ya que la competencia, al no poder apreciarse la calidad, se concentra en el precio.
Lo que me sorprende, pues, es la descripción de las relaciones entre fabricantes y distribuidores en relación con marcas del fabricante que hacen los autores (p 259) porque no me “suenan” nada a las que mantiene, por ejemplo, Mercadona con sus interproveedores en España. Pero lo más sorprendente es que no tengan en cuenta los incentivos del distribuidor para controlar la calidad de lo fabricado. Dicen los autores que la erosión de la calidad
may further be faciliitated by the fact that the brand owner is the retailer, which is not typically a product expert and often lacks the knowledge to effectively detect the reduction in quality” (p 260).
Nuestra intuición es justo la contraria. En primer lugar, es muy discutible que los grandes distribuidores no sean grandes especialistas en los productos que compran y revenden. El caso de El Corte Inglés y Mercadona me parecen obvios. De hecho, lo normal es que un comprador exigente como estas grandes empresas de distribución eleven la calidad del fabricante al que encargan la producción de sus marcas como hacen los grandes fabricantes de marca con sus proveedores de materias primas (leche a pequeñas explotaciones ganaderas). Es más, esa expertise les proporciona una ventaja competitiva frente a otros distribuidores en cuanto les permite garantizar a sus clientes la calidad de sus productos. Y es normal que realicen controles de calidad sobre el fabricante.
En segundo lugar, y sobre todo, los distribuidores venden esos productos bajo su marca, de manera que si el cliente aprecia una reducción en la calidad, se arriesgan a sufrir una sanción descomunal en forma de pérdida de reputación de su marca no solo para el producto en cuestión, sino para toda la gama de productos que vende bajo esa marca.
En fin, que el artículo no parece un trabajo muy académico.

Principio de legalidad en Derecho europeo de la Competencia

Ya hemos contado aquí que, a nuestro juicio, la legislación europea en materia de multas por cártel y otras infracciones del Derecho de la competencia no cumple con los requisitos del principio de legalidad. Y, por eso, hacen mal los legisladores nacionales en imitar la regulación europea. Ni las infracciones (salvo para los cárteles) ni las consecuencias de la infracción están concretamente definidas en la norma legal que se limita a poner el límite en el 10 % de la facturación de todo el grupo de empresas y que ordena a la Comisión que gradúe la multa atendiendo a  la duración y la gravedad de la conducta. Esto es lo que se llama un legislador vago en los dos sentidos de la palabra vago. Ni trabaja (debería haber clasificado las infracciones con cierto detalle y debería haber establecido una escala de multas) ni concreta (en el art. 101 y en el art. 102 TFUE).
Ulrich Soltész, en un reciente artículo publicado en ECLR (de pago) ha señalado que el caso E.ON/Comisión Europea (aquel en el que le pusieron a E.ON una multa de 38 millones de euros por romper un precinto que habían puesto los funcionarios de la Comisión Europea en una sala) demuestra a las claras que la graduación de las penas en el Reglamento 1/2003 es insuficiente. El problema está en que, en relación con los cárteles, las empresas cuentan con las Directrices de la Comisión para el cálculo de multas (que se modifica periódicamente aunque no se modifique el Reglamento 1/2003) para calcular a priori de cuánto puede ser la multa. Pero, en relación con conductas como la imputada a E.ON, no hay tal cosa. Dice Soltész que la falta de determinación de la cuantía de las penas en el Reglamento y la falta de Directrices de la Comisión al respecto ha sido considerado, por el Tribunal General, contra reo al servir para legitimar cualquier cuantía de la sanción. El párrafo de la sentencia es el siguiente
Dado que, en lo que respecta al artículo 23, apartado 1, letra e), del Reglamento nº 1/2003, la Comisión no ha adoptado Directrices en las que se establezca el método de cálculo que se le impone en el marco de la fijación de las multas en virtud de dicha disposición y que el razonamiento de la Comisión se infiere de manera clara e inequívoca en la Decisión impugnada, la Comisión no tenía la obligación de cuantificar, como valor absoluto o como porcentaje, el importe de base de la multa y las eventuales circunstancias agravantes o atenuantes, en contra de lo que sostiene la demandante.
Y, más adelante, para rechazar que 38 millones de euros de multa por romper un precinto sea desproporcionado (y ¡reconociendo que se podía haber roto por negligencia y no deliberadamente!) dice el TG lo siguiente
… En contra de lo que sostiene la demandante, una multa de un importe de 38 millones de euros no puede considerarse desproporcionada respecto de la infracción habida cuenta de la particular gravedad de una rotura del precinto, el tamaño de la demandante y la necesidad de garantizar un efecto suficientemente disuasorio de la multa con el fin de que no pueda resultar ventajoso para una empresa romper un precinto colocado por la Comisión en el marco de las inspecciones.
¿Hay alguien que se crea que ser mas rico o más grande justifica que te pongan una multa mayor por los mismos hechos? ¿Cómo se puede rechazar el carácter desproporcionado de una multa apelando a la disuasión? Es obvio que cualquier multa desproporcionadamente alta es disuasoria. Lo difícil e interesante (y donde las reglas del procedimiento sancionador protegen al imputado) es determinar cuál es la envergadura mínima de la sanción que se necesita para cumplir la función disuasoria. Al margen, naturalmente, de que eso lo debería decir el legislador y no la administración sancionadora. En el caso, no es el tamaño o la potencia financiera de E.ON lo que puede justificar tan elevada sanción por romper un precinto. Es la importancia de la información custodiada en la sala, la gravedad de la infracción cuya sanción se pretende proteger mediante el precinto etc. En fin, que los del Tribunal General no se ganan el sueldo.
Concluye Soltész que la conclusión del Tribunal General
“is not without a certain irony: while in Evonik Degussa the existence of guidelines was evoked as compensation for the lack of certainty of the legal basis, in E.ON the statement is made that the non-existence of guidelines released the Commission from the duty to substantiate the calculation of the sum in detail. These two decisions can scarcely be brought into harmony with each other”.
Las observaciones que hace sobre la necesidad de que pueda examinarse a los testigos ante el Tribunal General en los casos de cárteles (que se basan en su gran mayoría en solicitudes de clemencia) son muy sensatas y perfectamente compartibles. Y, en particular, lo que dice sobre los incentivos de los que solicitan clemencia para exagerar la participación de los demás denunciados y minusvalorar la propia o, en general, para convertir una práctica discutible en un gran caso de cártel. El Tribunal de Justicia había dicho en Organic Peroxides que la empresa que solicita clemencia no tiene incentivos para proporcionar pruebas distorsionadas en relación con la participación de los demás cartelistas porque cualquier intento de engañar a la Comisión puede acarrear la pérdida de la exención:
“This argument is not very convincing, as there exists… no Commission decision in which the leniency bonus has been withdrawn due to exxageration to the detriment of another party. In fact, the opposite is the case. The <<first-in>> principle… leads to enormous time pressure. Careful working-over of the facts of the case is impossible in such a panic-like situation (<<race for leniency>>). Thus, in order to obtain immunity from or reductions in fines, companies will go further in their co-operation than necessary. Practice shows that in borderline cases, i.e., if it is unclear whether a contact has evolved into an illegal agreement, the first thing to happen is that an infringement is admitted so as to be on the safe side”.
Y cita al Juez Wahl:
“Often it is not very clear to the court who said what, and under what circumstances… Leniency applications are, I would say, inherently unreliable”

Más concursos, más competencia y más Lisas Simpson

La mezcla de izquierdismo y catolicismo que ha caracterizado a la ideología dominante en España en el siglo XX ha puesto bajo sospecha a los que promueven la idea de la competencia como mecanismo de asignación de recursos y de generación de incentivos en los ciudadanos. La izquierda, que ha dominado la ideología educativa y la discusión pública en España, al menos, desde la transición a la democracia, se ha opuesto a que eduquemos competitivamente a los niños y jóvenes; a que se incite a los niños a ser mejores que sus compañeros. Los valores que hay que transmitir – se dice – son los de la solidaridad, la redistribución y la “compensación” a los que tienen peor suerte o han nacido peor dotados intelectual o económicamente.
Naturalmente, en el mundo real solo se producen versiones distorsionadas de los ideales formulados en la discusión pública. Y la solidaridad se convierte en subvenciones para los ricos o, en todo caso, transferencias de unos grupos sociales a otros que no son los más pobres y la compensación y el igualitarismo se traducen en una exaltación de la mediocridad, una reducción del esfuerzo exigido y una comprensión indebida hacia el que se limita a cumplir con la ley del mínimo esfuerzo. 
Y, lo que es peor, se legitiman estas conductas y se fomenta el pecado mortal de cualquier sociedad: incentivar a sus ciudadanos, no hacia las actividades productivas sino hacia la obtención de rentas. Desde los empresarios (los más ricos son los que han logrado una concesión administrativa o un monopolio protegido por el Estado) hasta los trabajadores (cuya legislación protectora distorsiona las decisiones económicas de todos los participantes) pasando por los empleados públicos (cuyo régimen salarial no incentiva para el trabajo duro), los políticos (que no se sienten suficientemente vigilados como para comportarse decentemente y defender “el interés general”) y las organizaciones sociales que, en su mayor parte, dirigen su actividad, no a la promoción y el desarrollo de la personalidad de los individuos (art. 10 CE), sino a extraer subvenciones o rentas del Estado (lo dejo para otro día, pero, no estaría mal una norma constitucional que dijera: “Los poderes públicos no subvencionarán ninguna actividad de los particulares”)
Solo en el deporte brilla España como país donde existe una competencia feroz y donde los deportistas demuestran cada día su valía – y su mejor hacer que sus colegas – en competiciones. Que yo sepa, existe un amplio número de competiciones deportivas escolares y extraescolares y el número de niños y jóvenes federados en los distintos deportes es muy amplio. Parece incluso que nuestros niños y adolescentes son los más deportistas de Europa. La principal obligación de los padres en el fin de semana es “llevar a sus niños al partido” de fútbol, baloncesto o tenis que juegan los sábados o domingos, a menudo, lejos de casa. A la vista de lo que ganan los deportistas de élite (de algunos deportes), los padres piensan, con razón, que es un tiempo y esfuerzo bien empleado, aunque solo sea por los valores que los deportes en equipo generan. “Mi hijo no será el próximo Casillas pero el tiempo dedicado al fútbol no es un tiempo desaprovechado”.
¿Por qué la sociedad española no mantiene esa concepción de la bondad de las competiciones fuera del deporte? ¿Es que los empollones (o los artistas o los friquis del aeromodelismo) no tienen el mismo derecho que aquellos a los que la naturaleza ha dotado con especiales cualidades para el deporte?
Cuando yo era adolescente, en televisión había un programa que se llamaba Cesta y Puntos donde los buenos jugadores de baloncesto y los empollones triunfaban. Coca-Cola organizaba un concurso nacional de redacción y premiaba con una cámara de fotos a la mejor. En las series y películas norteamericanas (desde los Simpson – Lisa gana todos los años el concurso de Ciencias -  a Glee – la obsesión del grupo es ganar los regionales -  pasando por The Good Wife – los juicios simulados se toman muy en serio) se nos informa de que los niños norteamericanos que “hacen algo bien” tienen múltiples oportunidades de presentar su trabajo y acabar con una beca para el MIT o para la escuela Juilliard de música de Nueva York.
Hay que organizar competiciones en todos los niveles (colegio, municipio, región nación) en todos los ámbitos de la actividad de los niños y jóvenes que sean valiosos individual y socialmente. No hay concursos escolares de redacción, de dictado, de matemáticas, de programación, de retórica o debate, de ciencias, de ingeniería, de teatro, de música, de cine, de ajedrez; de pintura…  Apenas hay iniciativas como las de Santillana para elaborar un periódico en los colegios, algunos colegios que organizan concursos de humanidades y de ciencias pero las iniciativas se quedan en la mayor parte de los casos en el nivel local. Y algunas de las nacionales parecen un desperdicio, como ese de escribir o dibujar al Rey.
Y aquí entran los emprendedores. Las competiciones o concursos son todos iguales. Las tareas que hay que realizar para organizarlas son las mismas: anunciar la competición, inscribir a los participantes, organizar las sucesivas fases, designar a los jurados o los sistemas de evaluación y de pase a las finales para terminar con la entrega de premios. Una buena página web permite organizar con los mismos recursos un concurso de debates y uno de programación informática. Las administraciones públicas pueden ayudar fomentando la participación de los colegios y las asociaciones de padres deberían dedicarse a esas cosas.
La competición es la mejor forma de organización social. Genera y refuerza valores sociales de la mayor importancia. Refuerza el cumplimiento de las normas y el respeto al fair play, desarrolla la “cultura del esfuerzo”; reduce la tasa de descuento de niños y adolescentes y aumenta su capacidad de frustración; reduce el sentimiento de fracaso (si no soy bueno en fútbol, soy un desgraciado); favorece la igualdad de oportunidades y aumenta la visibilidad de los que destacan en actividades poco extendidas socialmente (que se lo digan a nuestras chicas de balonmano).

sábado, 25 de agosto de 2012

Desahogo: no hay nada como ser de la Mutua

Para premiar mi fidelidad que ya va para 25 años, la Mutua Madrileña me envía (o dice que me envía) una tarjeta llamada SoyPlatino que me permite obtener gratis servicios que no les he solicitado y descuentos si contrato otros seguros que no quiero contratar. Además, me dicen, como soy titular de una “Póliza Todo Riesgo Plus” tengo derecho a dar tres partes al año “sin perder sus bonificaciones”.
La carta incluye, al final, la siguiente frase “Dado el próximo vencimiento de su póliza y siguiendo sus instrucciones, le informamos de que la prima de su seguro, que asciende a XXXX, será presentada para su cobro en la entidad indicada más abajo”. La carta la firma Francisco García Arenas.
La cifra me ha sorprendido. Como he explicado en otras entradas, los mutualistas son los dueños de la Mutua y, por tanto, de sus reservas. La Mutua tiene unas reservas enormes y las primas deberían reducirse cada año y más para los mutualistas más antiguos porque han contribuido durante más años a la formación de dichas reservas. Los gestores de la Mutua no piensan lo mismo y siguen acumulando reservas y subiéndonos las primas.
Me han subido la prima. En concreto, voy a pagar (bueno, no) 70 euros más que el año pasado por el mismo coche que es un año más viejo y, por tanto, su valor absoluto, a todos los efectos, es significativamente menor. O sea, que la Mutua vuelve a las andadas de los tiempos de Ramírez Pomatta (me refiero a lo de subir las primas) al que, gracias al Consejo de Administración (prácticamente el mismo que en la actualidad), la Mutua ha de pagar 14 millones de euros de pensión que los consejeros tuvieron a bien autootorgarse y luego hacerla aprobar en la Junta con los votos delegados y al que ya no se puede exigir responsabilidad porque los actuales consejeros se opusieron. Todo ello si el Tribunal Supremo no lo remedia.
En fin, que me quedo sin las reservas de la Mutua porque me van a obligar a cambiar de compañía.

Más sobre chivatos y delatores: equilibrio de baja calidad y el que se queja es un maleducado

For not only is it very hard not to break laws (since obeying most laws meant breaking others); doing so ingeniously is warmly encouraged and widely, if tacitly, admired.
Lukes, S. (1997). Le disavventure del Professor Caritat alla ricerca del migliore dei
mondi possibili, Milano: Mondadori citado por los autores indicados más abajo.
Hace algunos años, colegas españoles y argentinos de Derecho Mercantil pusieron en marcha un “Congreso hispano-argentino de Derecho de Sociedades”. El entusiasmo de algunos permitió que se celebraran varias ediciones en sendas ciudades españolas y argentinas. El nivel de las ponencias era muy desigual por ambas partes. Alguna ponencia española o argentina aceptable y algunas disparatadas de ambos lados del Atlántico. En fin, nada realmente impredecible dado que nadie estaba dispuesto a “hacer de malo” y rechazar ponencias por baja calidad sin repuesto disponible.
Una de las ponencias españolas era tan disparatada que un colega mío hizo un chiste memorable. El ponente se preguntaba por la naturaleza jurídica de la sociedad unipersonal irregular y mi colega dijo que una sociedad unipersonal irregular (no inscrita) era “un hombre o una mujer” según el sexo del sujeto. El ponente aguantó el chiste con aplomo y sin mayores consecuencias.
Otra de las ponencias – a cargo de un argentino – era igualmente disparatada. Como se trataba de un tema en el que yo había estado trabajando, manifesté mi opinión señalando que me parecía un sinsentido que el Derecho argentino prohibiera en cualquier caso la supresión del derecho de suscripción preferente de los accionistas, regulación que el ponente había defendido como imprescindible para garantizar los derechos de los socios minoritarios. En fin, como se ve, una discusión que podría haberse mantenido en términos perfectamente técnicos y de política jurídica. Lo que me sorprendió fue la reacción del ponente que se sintió ofendido por la crítica y, en voz baja, reprochó mi falta de educación por hacer una crítica directa y abierta de su posición.
Diego Gambetta y Gloria Origgi (L-worlds, The curious preference for low quality and its norms, 2009) teorizan acerca de la reacción del ponente argentino que ellos generalizan para el caso de los italianos. Según los autores, en las relaciones académicas con italianos – en su caso – sacaron la impresión de que ambas partes (pongamos, el ponente extranjero que se compromete a dictar una charla original y elaborada en una reunión académica organizada por el italiano) están de acuerdo en intercambiar productos de calidad “alta” para, a continuación, intercambiar efectivamente – entregar como prestación – productos de calidad “baja” (la ponencia es una birria y la organización de la reunión un desastre) pero nadie se queja y ambas partes actúan como si hubieran realizado una prestación de calidad “alta”. Y si alguien se queja – en nuestro caso, el extranjero – la contraparte “seemed more annoyed than apologetic. They seem to treat this as excessive fussiness”. Y el “juego” de prometerse recíprocamente productos de calidad elevada y entregar productos de baja calidad continúa sin que nadie ponga fin al mismo. Es un equilibrio.
En ese equilibrio, y si ordenamos las preferencias, las partes acaban intercambiando prestaciones de calidad “baja” antes que de calidad “alta” y, sobre todo, antes que prestar ellos calidad “alta” y recibir una prestación de calidad “baja”. El resultado es que las partes nunca prestan con calidad “alta”: “Prefieren <<más-o-menos>> al perfeccionismo”. El equilibrio puede ser peor: no querer recibir calidad “alta” para evitar quedar en evidencia de manera que, como en un juego de “pillos”, ambas partes prestan y aceptan prestaciones de calidad baja. Cualquiera que haya aceptado dar un curso de doctorado o un seminario de varias horas en una universidad como profesor invitado se reconocerá en este juego de no-te-pago-lo-que-te-dije-ni-cuando-te-dije-y-tu-no-das-todas-las-horas-que-dijiste.
Estos equilibrios se producen cuando la población está compuesta mayoritariamente por sujetos para quienes prestar “alta calidad” resulta muy costoso si no imposible. Estos se relacionarán entre sí aceptándose recíprocamente “baja” calidad aun pretendiendo intercambiar “alta” calidad, es decir, se crea un mercado para dichos productos. El problema es que no se separe tal mercado de otro en el mismo área donde predominen los individuos que ofrecen y exigen calidad “alta”. Si no se  genera tal mercado, incluso los individuos capaces de ofrecer y deseosos de exigir calidad “alta” participarán en el mercado general y ofrecerán y recibirán calidad baja. Como se ve, nada distinto de lo que sucede en mercados de productos en los que los consumidores tienen costes de información elevados sobre la calidad donde los oferentes que suministran productos de “alta calidad” tienen incentivos para separarse de otros oferentes señalizando su alta calidad para lograr que los consumidores paguen más por sus productos que por los de los otros oferentes. Lo especial del caso estudiado por estos autores es que, en estos mercados académicos, todos son oferentes y demandantes simultáneamente. Los que solo son capaces – o suficientemente laboriosos – de ofrecer productos de calidad “baja” no quieren tener a su lado a productores de calidad alta, de manera que se producirá un fenómeno de selección inversa y los ineptos crecerán en número en mayor medida que los esforzados que tenderán a abandonar el mercado. Es decir, no se forman dos mercados separados y los lemons se expanden y expulsan a los productos de alta calidad. Afortunadamente, éste no es un resultado fatal si el grupo de los “aptos y deseosos” de proporcionar calidad es suficientemente numeroso como para realizar intercambios entre sí al margen del resto de la población.
Y los que ofrecen “baja” calidad mantienen la retórica contraria en la medida en que tal apariencia les beneficia psicológicamente (se reduce la disonancia cognitiva) y en cuanto pueden aprovecharse de la reputación generada para el grupo de oferentes por los que prestan calidad alta respecto del público en general que carece de la información suficiente como para entrar en distinciones. Mientras tanto, escriben para que (no) les lean los de su grupo (“I pretend to write and you pretend to read, and if you stop pretending you are no longer my friend”). Es un pacto colusorio en perjuicio de – en este caso – los contribuyentes que pagan los sueldos de esos profesores. Como puede imaginarse, la competencia es la única esperanza.
El tratamiento de los casos de plagio – señalan los autores – es muy expresivo del funcionamiento de estos mercados de productos de baja calidad porque plagiar es el pecado mortal del académico. Cuando alguien denuncia a un colega por plagio, el grupo acaba atacando al denunciante y cerrando filas en torno al que plagió. El caso de la Universidad de Vigo en España es un buen ejemplo.  Porque los argumentos de los “conformistas” no son del todo despreciables y contienen apelaciones a las consecuencias negativas para “el bien común” que los comportamientos de los inconformistas pueden generar
“non-conformists may do the right thing in principle, but without considering the consequences for others; non-conformists are unconditional perfectionists whose zeal harms the community. An example, discussed in Elster (1989: 193-94), is the disapproval of acts of resistance in German-occupied countries during the Second World War that could cause retaliations against civilians.
En una entrada anterior señalábamos que la actitud social hacia los que denuncian los incumplimientos de los demás influye sobremanera sobre el equilibrio resultante, un equilibrio de bajo cumplimiento de las normas. Y poníamos como ejemplo el del absentismo laboral. Los autores señalan que son dinámicas semejantes a las expuestas las que conducen a estos equilibrios de baja calidad. Los profesores nos preguntamos sorprendidos por la diferencia de “nivel” del grupo de alumnos a los que impartimos clase de un año para otro. La respuesta es – creo – clara: cuando el “control” del grupo de alumnos está en manos de los que prefieren calidad “alta”, los que prefieren calidad “baja” lo abandonan o aprietan en su esfuerzo.
La polémica sobre la bondad o maldad de promover la denuncia de los incumplimientos por parte de terceros tiene que ver mucho con estas dinámicas ya que los que ofrecen y exigen calidad “alta” pueden ser “sancionados” por los que ofrecen y aceptan calidad “baja”. Dada la retórica en que se envuelven estos últimos, el riesgo existe de que las normas (como patrones de conducta deseables) que se acaben imponiendo en una Sociedad sean las de que no solo no es reprochable, sino que “está bien” plagiar, dar menos clases de las prometidas, faltar al trabajo, aplicar la ley del mínimo esfuerzo etc. En este entorno, los cumplidores acaban por abandonar. Y el daño para el interés público – que no internalizan los miembros del grupo – es enorme.

viernes, 24 de agosto de 2012

Canción del viernes en viernes: Madrugada. The Kids Are On High Street

Gracias Elena!

Más sobre delatores y chivatos: la auténtica conducta honorable

Kwame Anthony Appiah, The Honor Code: How Moral Revolutions Happen (2010) (citado por Wilson, The Social Conquest of Earth, p 252
“Podríamos preguntarnos qué es lo que añade el honor a estas historias que la moralidad no haga por sí misma. Un gesto de conducta moral es lo que impide a los soldados abusar de la dignidad de los que han hecho prisioneros. Es lo que les lleva a desaprobar la conducta de los otros soldados que no la respetan. Y es lo que permite a las mujeres que han sufrido abusos infames, saber que los que abusaron de ellas merecen un castigo. Pero es necesario un sentido del honor para que un soldado, yendo más allá de hacer lo correcto y de condenar lo que está mal, insista en que la conducta inapropiada de los que están a su lado no quede sin respuesta. Es necesario un sentido del honor para sentirse afectado por la conducta de los demás.

martes, 21 de agosto de 2012

Las bases del desarrollo económico. La sombra del pasado es muy alargada y Diamond tenía razón (por ahora)

There is no doubt that geographic factors, such as latitude and climate, are highly correlated with development, but the interpretation of this correlation remains hotly debated. While some of the effects of geography may operate directly on current productivity, there is mounting evidence that much of the correlation operates through indirect mechanisms, i.e. through the historical effects of initial geographic conditions on the spatial distribution of human characteristics, such as institutions,human capital, social capital and cultural traits, affecting income and productivity over the long run… a small set of geographic variables (absolute latitude, the percentage of a country’s land area located in tropical climates, a landlocked country dummy, an island country dummy) can jointly account for 44% of contemporary variation in log per capita income, with quantitatively the largest effect coming from absolute latitude (excluding latitude causes the R2 to fall to 0:29). This result captures the fl‡avor of the above-cited literature documenting a strong correlation between geography and income per capita.
Other scholars, in contrast, claimed that geography affects development indirectly through historical channels, such as the effects of prehistoric geographic and biological conditions on the onset and spread of agriculture and domestication (…), and the effects of crops and germs on the settlement of European colonizers after 1500. Jared Diamond (1997) famously argued that the roots of comparative development lie in a series of environmental advantages enjoyed by the inhabitants of Eurasia at the transition from a hunter-gather economy to agricultural and pastoral production, starting roughly in 10,000 BC (the Neolithic Revolution). These advantages included the larger size of Eurasia, its initial biological conditions (the diversity of animals and plants available for domestication in prehistoric times), and its East-West orientation, which facilitated the spread of agricultural innovations. Building on these geographic advantages, Eurasia experienced a population explosion and an earlier acceleration of technological innovation, with long-term consequences for comparative development. According to Diamond, the proximate determinants of European economic and political success ("guns, germs, and steel") were therefore the outcomes of deeper geographic advantages that operated in prehistoric times. The descendants of some Eurasian populations (Europeans), building on their Neolithic advantage, were able to use their technological lead (guns and steel) and their immunity to old- world diseases (germs) to dominate other regions in modern times - including regions that did not enjoy the original geographic advantages of Eurasia.
These empirical results provide strong evidence in favor of Diamond’s hypotheses, while suggesting that the geographic component of the story is empirically more relevant than the biological component. … restricting the sample to the Old World … the effect of geography… rises to 64%… highly consistent with Diamond’s idea that biogeographic conditions matter mostly in the Old World.
In addition to providing strong support in favor of the Malthusian view that technological improvements impact population density but not per capita income in pre-industrial societies, the results in Ashraf and Galor (2011), … add an important quali…er to the Olsson and Hibbs (2005) results. They show, not only that an earlier onset of the Neolithic transition contributed to the level of technological sophistication in the pre-industrial world, but also that the effect of Diamond’s biogeographic factors may well operate through the legacy of an early exposure to agriculture… the observed correlation between geographic variables and income per capita are unlikely to stem from direct effects of geography on productivity. In contrast, they point to indirect effects of geography operating through long-term changes in non-geographic variablesruggedness has a negative direct effect on agriculture, construction and trade, but a positive historical effect within Africa because it allowed protection from slave traders.
… differences in factor endowments across New World colonies played a key role in explain different growth patterns after 1800, but that those effects were indirect. Different factor endowments created “substantial differences in the degree of inequality in wealth, human capital, and political power,” which, in turn, were embodied in persistent societal traits and institutions. Societies that were endowed with climate and soil conditions well-suited for growing sugar, coffee, rice, tobacco and other crops with high market value and economies of scale ended up with unequal slave economies in the hands of a small elite, implementing policies and institutions that perpetuated such inequality, lowering incentives for investment and innovation. In contrast, a more equal distribution of wealth and power emerged in societies with small-scale crops (grain and livestock), with bene…cial consequences for long-term economic performance.
In other words, the reversal of fortune is a feature of samples that exclude Europe and is driven largely by countries inhabited by populations that moved there after the discovery of the New World, and now constitute large portions of these countries’ populations - either European colonizers (e.g. in North America and Oceania) or African slaves (e.g. in the Caribbean). These regularities suggest that the broader features of a population, rather than institutions only, might account for the pattern of persistence and change in the relative economic performance of countries through history… A population’s long familiarity with certain types of institutions, human capital, norms of behavior or more broadly culture seems important to account for comparative development.
Interestingly, Comin, Easterly and Gong (2010) also fi…nd that the effects of past technological adoption on current technological sophistication are much stronger when considering the past history of technology adoption of the ancestors of current populations, rather than technology adoption in current locations, using the migration matrix provided in Putterman and Weil (2010). Hence, Comin, Easterly and Gong’s results provide a message analogous to Putterman and Weil’s: earlier historical development matters, and the mechanism is not through locations, but through ancestors - that is, intergenerational transmission.
It is important to stress again that while effects of genetic distance point to the importance of intergenerational links, they are not evidence of direct effects of speci…c genes or genetically transmitted traits on income or productivity. Rather, genetic distance captures genealogical relations between populations, and hence differences in traits that are transmitted vertically from one generation to the next through a variety of mechanisms, biologically but also culturally, as well as through the interactions of the two inheritance systems (gene-culture co-evolution).
Enrico Spolaore/Romain Wacziarg “How Deep are the Roots of Economic Development?” mayo 2012

Cómo se produce la evolución: mutaciones adaptativas y cambios de dirección genéticos

Solo el 10 % de las mutaciones genéticas que se producen aleatoriamente en una población como consecuencia de la reproducción tienen un valor adaptativo, esto es, favorecen la supervivencia del individuo que la sufre y, por tanto, son seleccionadas naturalmente. Recuérdese el caso de la intolerancia a la lactosa muy reducida en las poblaciones que se dedicaron tempranamente a la ganadería o de la producción de hemoglobina en la población tibetana que le permitía sobrevivir a grandes alturas.
La mayoría de las mutaciones, sin embargo, no proporcionan una ventaja al organismo que las padece y su transmisión a las siguientes generaciones se explica por otras razones: las diferencias no adaptativas entre los seres humanos (color de la piel, rasgos de la cara, grupo sanguíneo…) son producto de cambios de dirección genéticos aleatorios que resultan de la división de una tribu en grupos más pequeños que abandonan ésta para emigrar a otra zona y establecerse por separado
“Cuando los genetistas compararon los genomas (los códigos genéticos completos) de los modernos chimpancés y de los humanos… dedujeron que en torno al 10 % de los cambios en aminoácidos desde que ambas especies divergieron de un tronco común hace seis millones de años, habían sido adaptaciones – en otras palabras, provocados por la selección natural que favorecía la supervivencia de las generaciones sucesivas”
También aparecían diferencias derivadas de la selección aleatoria que se producía conforme la población aumentaba y se extendía geográficamente, lo que causaba cambios de dirección genéticos (genetic drift) que no tenían que ver con el carácter adaptativo o no de los cambios (Para visualizar lo que es un cambio de dirección genético resultado del azar, imagínese que lanzamos una moneda al aire y añadimos otra igual si sale cara pero la descartamos si sale cruz. Este proceso es el que determina básicamente el destino de un gen producto de una mutación cuando no es favorable ni perjudicial para el organismo que porta el gen correspondiente). La causa más probable de estos cambios de dirección genéticos es el efecto fundador, de manera que son diferencias aleatorias entre grupos humanos que pertenecían a la misma tribu y que se separaban de ésta cuando la población se extendía por otros territorios. Cuando un primer grupo partía en una dirección determinada durante su emigración – y abandonaba la tribu a la que pertenecía – y un segundo grupo se quedaba en la tribu o abandonaba ésta en otra dirección geográfica distinta, cada uno de estos grupos llevaba consigo su carga genética distinta de la del grupo matriz porque sólo incluía una parte de los genes presentes en la población de la tribu original. Como resultado de la emigración, el grupo que abandonaba la tribu acababa por presentar rasgos hereditarios no vitales – no imprescindibles para la supervivencia – tales como el color de la piel, proporción de cada grupo sanguíneo levemente diferentes de los del grupo que abandonó la tribu en una dirección diferente, incluso aunque se establecieran a distancias no demasiado grandes”
Edward O. Wilson, “The Social Conquest of Earth”, pp 87-88.

Más sobre chivatos y delatores: los equilibrios de bajo cumplimiento de las normas

En EL PAIS de hoy lunes 20 de agosto se publica un reportaje más amplio sobre la cuestión que abordábamos en nuestra entrada anterior (¿Delación u obligación? Una sociedad de chivatos perjudica la convivencia, pero los expertos abogan por el compromiso ciudadano ante infracciones graves). Afortunadamente, la periodista (por esa errónea concepción de la objetividad periodística que consiste en reproducir de manera más o menos equilibrada opiniones contradictorias que, sin embargo, tienen un valor y capacidad de persuasión muy diferente) incluye voces que dicen algo semejante a lo que sosteníamos en esa entrada.
Lo que no dice el reportaje ni ninguno de los “expertos” consultados por la periodista es que si los miembros de una sociedad están más (o menos) predispuestos a denunciar los incumplimientos de las reglas de la Sociedad y a castigar espontáneamente a los incumplidores, los recursos públicos que deben destinarse a hacer cumplir las reglas (enforcement) serán correspondientemente menores (mayores) para alcanzar un idéntico grado de cumplimiento. Si el cumplimiento de las reglas es valioso – aumenta el bienestar social – las sociedades cuyos miembros denuncien y castiguen a los incumplidores serán sociedades más desarrolladas y ricas que aquellas cuyos miembros no lo hagan. Los que se dedican a las Humanidades y a las Ciencias Sociales más blandas como el Derecho suelen olvidar este trade off.
Se sigue inmediatamente que es fundamental seleccionar adecuadamente las reglas cuyo enforcement es valioso porque su cumplimiento mejora el bienestar social. Por eso decíamos en nuestra otra entrada que las reglas deben ser consideradas “justas” por la población en general. Pero hay que presumir que si la regla ha sido establecida por el ordenamiento jurídico como imperativa (no fumar en los trenes, pagar el billete de acceso…) también hay que presumir que la Sociedad ha decidido que esa conducta mejora el bienestar de todos y, por tanto, que garantizar su cumplimiento al menor coste posible contribuye igualmente al bienestar social. Por eso sugeríamos como estrategia de desregulación la derogación de las reglas que se incumplen por gente normalmente obediente de las normas.
Es una hipocresía, por lo tanto, afirmar por un lado la bondad de una regla y, por otro, desincentivar las conductas que favorecen su cumplimiento. Y es obvio que la denuncia y los chivatos contribuyen, con su conducta, al bienestar social al reducir los costes sociales de hacer cumplir las normas.
Si no queremos que la gente denuncie las conductas incumplidoras de una regla, debemos derogar la regla correspondiente o argumentar de cualquier otra forma que lo que maximiza el bienestar social es un cumplimiento relativo de la misma. Por ejemplo, no queremos que desaparezca la prostitución de las calles pero queremos limitar su presencia. A tal efecto, podemos prohibir la prostitución callejera pero no sancionar a los “demandantes” y solo a los “oferentes” de tales servicios. Porque es evidente que es siempre la demanda la que determina la oferta y, al igual que sucede con el tráfico de drogas, los agricultores colombianos y los cárteles mejicanos que distribuyen la droga solo desaparecerán, con toda seguridad, cuando los europeos y los estadounidenses dejen de comprar droga. Si quisiéramos acabar de verdad con el tráfico de drogas, habría que sancionar muy severamente el consumo. Sin consumidores, los productores se dedicarían a otra cosa.
Si solo queremos garantizar un “cumplimiento relativo” de la norma, hay que actuar sobre la definición de la conducta prohibida (el supuesto de hecho) y sobre las consecuencias jurídicas (los sujetos sancionados y el tipo y envergadura de la sanción). No es cruel e insolidario denunciar a los mendigos en el transporte público. Lo que es cruel e insolidario es aplicarles una sanción de multa o cárcel. Pero, sin necesidad de explicar por qué, me parece obvio que todos salimos ganando de que no haya mendigos en los transportes públicos aunque solo sea porque las autoridades que habrán de velar porque no los haya no tendrán “más remedio” que organizar una red de asistencia social que lo evite si no pueden meter en la cárcel a los mendigos o ponerles multas que no podrán pagar.
No incentivar el enforcement descentralizado de las reglas (esa es una buena definición del whistleblowing) cuando los individuos de una sociedad no tienen incentivos egoístas para hacerlo (el comerciante con establecimiento abierto al público en un pueblo tiene incentivos para denunciar a los vendedores ambulantes) conduce a un equilibrio subóptimo en el grado de cumplimiento de las reglas en una Sociedad. Y hay razones para pensar que son las reglas que benefician a todos en general y a ningún grupo concreto en particular las que pueden sufrir un mayor déficit de cumplimiento por esta razón, ya que, a diferencia de la prohibición de la venta ambulante, ningún individuo tiene incentivos no egoístas para denunciar su incumplimiento y castigar al que no paga sus impuestos o tira la basura en la calle. Se sigue, entonces, que la denuncia y sanción privadas de los incumplimientos son tan valiosos para una sociedad como la donación altruista de sangre.
Y el núcleo de la cuestión no está en la mayor o menor gravedad de la infracción como sugiere el titular del reportaje de EL PAIS. El núcleo está en el previsible déficit de aplicación de la regla y las consecuencias de dicho déficit para el bienestar general. Los suizos denuncian a sus vecinos que ponen la lavadora durante la noche y Suiza se pone como modelo de convivencia. Cuestión distinta es qué modelo de convivencia deseamos (los alcaldes españoles hacen prevalecer las juergas nocturnas sobre el descanso de la población). Pero una vez que el modelo de convivencia queda reflejado en las normas jurídicas (no se puede o sí se puede poner la lavadora por la noche; no se puede o sí se puede montar una discoteca al aire libre y hasta las seis de la mañana en una zona habitada) no debería reproducirse el juicio acerca de la bondad de su cumplimiento. Los sufridos veraneantes deberán promover el cambio de la regla pero si la regla les favorece, lo que hay que hacer es meter en la cárcel a un alcalde por prevaricación.
Es obvio – y la señora Moix estuvo especialmente desafortunada con la comparación – que un Estado no democrático puede utilizar la delación privada para elevar el cumplimiento de sus reglas – no democráticas – convirtiendo a su población en policías movidos por recompensas materiales o por el ánimo de venganza. Pero el problema no está en que las reglas de una dictadura se cumplan en gran medida. El problema está en que las reglas que se cumplen son reglas injustas porque las ha puesto en vigor un dictador.

domingo, 19 de agosto de 2012

Gadamer: años de aprendizaje

  • Sobre la selección de los profesores universitarios y el examen de las cualidades docentes:
Más tarde, al prestar los nazis aquiescencia a las voces, que solían levantarse una y otra vez, partidarias de someter a previo examen las aptitudes didácticas y la calidad de la enseñanza de los profesores, ello sólo fue ocasión para una funesta retorización en el proceso de formación de los académicos jóvenes. El viejo criterio de no atender sino a los resultados científicos, no era en absoluto una equivocación: quien sabía lo que no sabía, podía estudiarlo, y quien estudiaba, aprendía asimismo a transmitir lo que había estudiado. Los pocos casos excepcionales que nunca llegaban a aprender eso arrojaban, sin duda, una cuota de errores mucho más reducida que la que se producía juzgando demasiado precipitadamente capacidades didáctico-retóricas”
  • Sobre el ascenso nazi
También entonces comprendí – tanto en mí como en otros – lo sencillo que resulta hacerse ilusiones, o con qué facilidad estamos dispuestos a juzgar que las cosas no van tan mal siempre que no seamos nosotros los elevados a la picota. Pese a ello, uno no termina nunca de aprender esa lección”.
“De esta suerte, a comienzos de 1937, obtuve por fin el titulo de catedrático, signo externo de que las instancias políticas estaban dispuestas a tolerarme. Mi nombramiento no se hizo esperar. Gerhard Krüger citó graciosamente el Fausto de Goethe: <<Sólo un título le hace a usted digno de confianza>>
  • Otras
“Los sueños no se cumplen. Ellos mismos son su cumplimiento”
“La hospitalidad de los argentinos… se demostró generosa hasta la efusividad. Europa no estará en decadencia mientras su cultura siga atrayendo a los espíritus más nobles del otro lado del océano” (ergo…)

La actitud hacia el riesgo como producto del aprendizaje

“La observación más común respecto a la conducta de la gente en relación con la asunción de riesgos es que los seres humanos tienen actitudes diferentes y algunos son aversos al riesgo y otros proclives o buscadores de riesgo. En general, se considera que la mayoría de los seres humanos son aversos al riesgo. Por ejemplo, prefieren una recompensa de q dólares a un billete de lotería que ofrece la probabilidadd p de recibir q/p  y la probabilidad (1-p) de no recibir nada, aunque el valor esperado  de ambas alternativas es idéntico e igual a q.
La explicación estándar de la aversión al riesgo en relación con el dinero es la supuesta utilidad marginal decreciente del dinero de manera que la utilidad esperada de una alternativa cierta (no aleatoria) es mayor que la de la lotería con una expectativa monetaria equivalente…
Los estudios sobre la asunción de riesgos indican que… en relación con las alternativas cuyos rendimientos esperados exceden del nivel a que aspiran los particulares (es decir, las alternativas que producen <<ganancias>> al sujeto), las personas tienden a ser aversos al riesgo, pero respecto a las alternativas cuyos rendimientos esperados se encuentran debajo de un determinado nivel (es decir, las que producen <<pérdidas>>), la gente tiende a ser proclive al riesgo… (prefiere alternativas en las que pueda evitar la pérdida a otras del mismo valor esperado pero que generen necesariamente pérdidas)
Supongamos que las preferencias respecto del riesgo no es un rasgo del ser humano, sino que es el resultado del aprendizaje… Se ha demostrado que el aprendizaje nos lleva a repetir las actuaciones que se han coronado con el éxito y este aprendizaje conduce a la aversión al riesgo respecto de las ganancias y a la proclividad al riesgo respecto de las pérdidas. Las posibles ventajas de que se produzcan alternativas que generen ganancias al sujeto pero que estén sometidas a una alta varianza se infravaloran cuando el número de “muestras” es pequeño con lo que tienden a ser abandonadas.
Es decir que, aunque sea racional preferir una alternativa en términos de rendimientos, si el conocimiento de esos rendimientos por parte del sujeto no es completo porque no experimenta un número suficiente de veces como para determinar con exactitud dichos rendimientos, alternativas más prometedoras en términos de ganancias pero que aparecen con mucha variabilidad y, por tanto, requerirían una “gran muestra” para apreciar sus rendimientos, no se escogen. De este modo, la preferencia por alternativas menos arriesgadas se explicaría como una consecuencia del aprendizaje, no como un rasgo de los individuos.
“Un importante caso particular de este fenómeno es el del aprendizaje en casos que tienen una probabilidad de producirse pero, que si se produce, el resultado es extremo… Por ejemplo, qué sucede respecto de la probabilidad de que se produzca un descubrimiento científico de primera magnitud en un laboratorio? Se trata de un acontecimiento extremadamente positivo pero con una probabilidad de que se produzca efectivamente muy pequeña, de manera que la mayoría de los investigadores que trabajan en ese laboratorio no verán nunca un descubrimiento semejante. En consecuencia… la mayoría de ellos infraponderarán la probabilidad de que tal evento positivo y extremadamente raro, se produzca”
(En The Economist (28-VII-2012, p 46), se cita a un chino que escribe en su microblog lo siguiente “En mi corta vida, un eclipse solar que solo sucede una vez cada siglo, ha sucedido dos veces; unas inundaciones que solo se producen una vez cada 500 años, han ocurrido diez veces y terremotos que solo se producen una vez cada mil años han tenido lugar dos veces. La única cosa que no ha sucedido son elecciones generales que se producen cada cinco años”).
Alternativamente, véase lo que sucede en casos que producen consecuencias extremadamente negativas pero que son muy poco probables. Un ejemplo podría ser el de accidentes en una central nuclear. La probabilidad es extremadamente pequeña, de manera que la mayor parte de los que trabajan en la central no verán uno en su vida. En consecuencia… la mayoría de los trabajadores infraponderarán la probabilidad del evento. Y actuarán en consecuencia, es decir, su actitud será proclive al riesgo y omitirán medidas de seguridad lo que incrementará la probabilidad del accidente nuclear. En tales casos, aversión al riesgo en relación con las ganancias y propensión al riesgo en el caso de las pérdidas sería el resultado del simple aprendizaje.
Obsérvese la diferencia entre ambos casos. En el caso del acontecimiento positivo y raro, como los actores no lo han “vivido” nunca, tenderán a omitir las actuaciones (trabajar duro y diligentemente en el proyecto) que podrían hacer que el resultado se produjese con mayor probabilidad y con ello estarían no solo reduciendo la oportunidad de corregir la infraponderación implícita de que se produzca sino que, además, estarán contribuyendo a que la probabilidad de que el acontecimiento se produzca sea menor. Es decir, aprender (deducir conductas de la experiencia) reduce las posibilidades de que se produzca el avance científico de envergadura. En el caso del acontecimiento negativo e infrecuente, la falta de experiencia con el acontecimiento negativo induce a los sujetos a repetir acciones (falta de rigor en el cumplimiento de las rutinas) que hace que el acontecimiento desastroso sea más probable y con ello no solo se incrementa la posibilidad de corregir la infraponderación implícita de su posible producción sino también, haciendo más probable que el acontecimiento negativo se produzca… Beverly Sauer, tras revisar las experiencias con las normas que regulan las actividades peligrosas, señala que el Estado establece estándares de seguridad porque la experiencia es una mala maestra”
J. G. MARCH The Ambiguities of Experience pp 36-39

Caballo grande, ande o no ande

Cuando los gestores de una compañía se saben protegidos frente al riesgo de su destitución porque son ellos mismos los accionistas mayoritarios o, en el caso de sociedades de capital disperso, porque controlan la mayoría de los votos mediante la emisión de acciones sin voto o mediante pirámides o mediante otras cláusulas estatutarias, existe el peligro de que incrementen su bienestar a costa del de los accionistas bien, mediante la malversación de fondos de la compañía a través de transacciones vinculadas o aumentando su salario y mejorando sus condiciones de trabajo o bien, aumentando el tamaño de la empresa adquiriendo otras (empire building). Aumentar el tamaño de la empresa es una tentación especialmente atractiva para estos gestores porque consiguen tres objetivos al mismo tiempo. Por un lado, un mayor tamaño va asociado con mejores salarios. Por otro, el mayor tamaño permite a estos gestores evitar vías menos aceptables de incrementar sus ingresos (el robo o la autocontratación). Y, por último, el aumento de tamaño puede permitir un reforzamiento del blindaje de los insiders. Si las compras de empresas se hacen mediante el pago en acciones, porque los destinatarios de las acciones sean accionistas dispersos con lo que la dispersión del capital en la propia empresa se incrementa y, con ello, la autonomía del management. Si las compras se hacen en dinero, porque no se incrementa el grado de concentración de la propiedad de la empresa de manera que los accionistas no aumentan su capacidad de control sobre el management.
Este estudio concluye que los gestores “blindados”
Notably, on average entrenched managers pay lower premiums than non‐entrenched managers. Thus, the net effect of paying somewhat lower premiums for much worse targets is value destruction. Some evidence suggests that the higher premiums paid by non‐entrenched managers are justified by greater synergy creation”
O sea, que hacen peores compras de otras empresas. Es decir, pagan en exceso y el exceso deriva de que seleccionan mal – en términos de sinergias – las empresas compradas.
Además, los gestores blindados tratan de mantener el control sobre sus empresas lo que les lleva a evitar adquirir empresas “privadas”, esto es, controladas por un único accionista y a evitar entregar acciones a cambio (prefieren pagar las adquisiciones en dinero). La razón es obvia: el dueño de la empresa comprada, si recibe acciones de la adquirente a cambio, podría convertirse en un accionista de control y, por tanto, los gestores lo perderían. El mercado lo entiende así y celebra con subidas estas adquisiciones (prevé un mayor control de lo que hacen los gestores con la entrada del nuevo accionista). Ceteris paribus, pues, los gestores blindados preferirán comprar este tipo de empresas con dinero o abstenerse de hacerlo si no tienen suficiente caja libre ya que pedir el dinero al mercado significaría someterse a un intenso escrutinio de los inversores respecto de la operación. Y, por las mismas razones, evitaran adquirir sociedades cotizadas que tengan un accionista de control.
Jarrad Harforda, Mark Humphery‐Jennerb, Ronan Powellb, The Sources of Value Destruction in Acquisitions by Entrenched Managers

¡Qué pena que no haya más chivatos y delatores!

El viernes 17 de agosto publica EL PAIS una carta al director profundamente inmoral. Una señora dice que no quiere convertirse en una chivata o delatora denunciando a los que no pagan impuestos o reciben beneficios sociales a los que no tienen derecho o cobran un sueldo sin ganárselo. Y el domingo 19, una escritora llamada Ana María Moix reitera el mensaje: fomentar la delación es de dictaduras. Y concluye:
“por supuesto, falsear datos domiciliarios para matricular a los hijos en el centro docente que más convenga a la familia es un acto reprobable, pero la responsabilidad de la investigación recae sobre los empleados de la Administración. Es su trabajo, y cobran por él. Trasladar la responsabilidad y las funciones policiales a la ciudadanía es propio de las dictaduras, de todas las dictaduras habidas y (toquemos madera) por haber”
El planteamiento de estas señoras es el que hace pobre y desgraciado a un grupo humano. Según dicen los biólogos, estamos genéticamente predispuestos a descubrir y castigar al tramposo, al mentiroso, al que no coopera con los demás miembros del grupo. Que, en español, las palabras inventadas para nombrar a los que denuncian los incumplimientos tengan connotaciones negativas, es una desgracia (compárese con la más neutral inglesa de “whistleblower”). En España se pagan pocos impuestos porque no se denuncia al que defrauda. No estamos dispuestos a asumir el coste correspondiente. Hay mucho absentismo laboral porque los colegas no “castigan” al absentista sino que se convierten en cómplices suyos faltando al trabajo en una medida igual, lo que eleva el nivel de absentismo general. Los gatekeepers – a veces, los médicos que tienen que dar la baja – no funcionan porque no consideran que sea tal su labor. Los empleadores “arreglan” el despido para que el que quiere dejar de trabajar cobre la prestación de desempleo y los trabajadores solicitan expresamente tal “arreglo”. Gente famosa contrata a un mafioso para conseguirle una pensión inmerecida a su madre. Descubierta y condenada, esa gente famosa sigue saliendo en los medios sin que haya un castigo social añadido al castigo penal. No dejamos de saludar – o de seguir en twitter – a personajes de baja catadura moral, sea éste el presidente del Consejo General del Poder Judicial o cualquiera de sus miembros o un concejal de un pueblo. Ni siquiera castigamos a los políticos corruptos haciéndoles perder las elecciones. El caso de Valencia es especialmente doloroso ya que el Partido Popular ha vuelto a incluir en su junta directiva provincial al individuo que robaba dinero público destinado a los más pobres, algo que yo, hasta entonces, solo había visto en Bolivia donde los empleados de un colegio robaban la leche entregada por el Ayuntamiento para que los niños hicieran, por lo menos, una comida al día. Por no hablar del saqueo de las Cajas realizado a través de la colocación de sinvergüenzas en sus consejos de administración, que aceptaron sus puestos a pesar de reconocer que no tenían los conocimientos para desarrollar sus tareas.
Parecería que, en la evolución, los países mediterráneos sufrieron un desequilibrio entre individuos egoístas e individuos altruistas. Un dominio excesivo de la selección individual – que promueve a los egoístas – sobre la selección del grupo, que promueve el altruismo.  Quizá, como grupo, nunca sufrimos un riesgo severo de desaparecer por lo apacible del entorno y la bondad de la naturaleza y eso permitió el florecimiento de los egoístas.
Me he referido solo a reglas claras cuyo contenido moral es indiscutido. Cuando las reglas se multiplican e imponen deberes discutibles, nuestra predisposición a castigar al que las incumple se debilita porque, simplemente, no creemos que exista una infracción merecedora de castigo. En esa evolución, se explica así por qué los países mediterráneos también se caracterizan por un exceso de regulación. La señora Moix arremete contra la posibilidad de denunciar a los padres que “empadronan” a sus hijos al lado del colegio donde quieren enviarlos y califica la conducta de estos como “reprobable” porque ni se le ha pasado por la cabeza, criticar la regulación que impide a los padres elegir libremente el colegio de sus hijos o a los que ofertan plazas escolares seleccionar a su alumnos como tengan a bien con independencia del deber de la Administración de garantizar un puesto escolar a cada niño. Los que critican la delación suelen alabar la regulación que limita la libertad. Tampoco parece entender que el cumplimiento de cualquier regla es proporcional a los medios que se emplean para hacerla cumplir y, por tanto, que estamos destinando recursos que podríamos utilizar para otros fines, quizá, más valiosos. Pero el recurso a que todo lo que haya que hacer se haga con los impuestos es también una característica muy propia de nuestra sociedad mediterránea.
Por eso es tan importante que el sistema fiscal sea sencillo de cumplir y razonablemente justo. Por eso son tan difíciles de cumplir las normas que imponen obligaciones desproporcionadas a los ciudadanos. De hecho, podría deducirse – como en el cuento del rey que se enteró que sus súbditos no cumplían una orden real y ordenó derogarla inmediatamente – que las obligaciones que se imponen son desproporcionadas cuando una parte significativa de la población que, normalmente, cumple las reglas, las incumple. Un programa de desregulación podría iniciarse suprimiendo las normas que se incumplen significativamente (las “fundamentales” para el sostenimiento de la convivencia no pueden incumplirse generalizadamente porque provocarían la disolución de la sociedad). Un programa semejante tendría muchas ventajas. Estas reglas solo logran vigencia a base de ejercicio del poder estatal (ni siquiera los que tienen como deber asegurar su cumplimiento ponen demasiado interés en cumplir tal deber). La sociedad no se hace “cómplice” en su cumplimiento como lo hace en relación con los que violan reglas sociales más elementales (no matar, no robar, cumplir las promesas). Se liberarían, pues, recursos sociales valiosos que podrían destinarse a otros fines.
“People gain visceral pleasure in more than just leveling and cooperating. They also enjoy seeing punishment meted out to those who do not cooperate (freeloaders, criminals) and even to those who do nos contribute at levels commesurate with their status (the idle rich). The impulse to bring down the wicked is served in full measure by tabloid exposés and true-crime stories. It turns out that people not only passionately wish to see wrongdoers and layabouts punished; they are also willing to take part in administering justice – even at a cost to themselfves. Scolding a fellow motorist who runs a red light, whistle-blowing on your employer, reporting an ongoing felony to police – many will perform such services even if they do not know the miscreants personally and risk paying a cost for their good citizenship, at the very least by loss of time.
In the brain, the administration of such <<altruistic punishment>> lights up the bilateral anterior insula, a center of the brain also activated by pain, anger and disgust. Its payout is to society in greater order and less selfish draining of resources from the public commons. It does not come from a rational calculus on the part of the altruist. He may at first include in his ruminations the ultimate impact on himself and his kin. Authentic altruism is based on a biological instinct for the common good of the tribe, put in place by group selection, wherein groups of altruists in prehistoric times prevailed over groups of individuals in selfish disarray. Our species is not homo oeconomicus. At the end of the day, it emerges as something more complicated and interesting. We are homo sapiens, imperfect beings, soldiering on with conflicted impulses through an unpredictable, implacably threatening world, doing our best with what we have.
Edward O. Wilson, The Social Conquest of Earth, 2012, p 251
La indignación que ha causado la aplicación del tercer grado al psicópata que tuvo encerrado a Ortega Lara durante más de 500 días es una buena prueba de la larga sombra de estos rasgos biológicos de la conducta humana. La regla general es humanitaria y aceptable (si un condenado está gravemente enfermo, debe permitírsele salir de la cárcel) pero aplicada a psicópatas, resulta repugnante. No de otra forma se explica la aceptación que sigue teniendo hoy la pena de muerte.
En fin, que el BOE va a tener que publicar la concesión de premios a chivatos y delatores. ¿Qué tal una parte de la mayor recaudación pública como se hace con el que encuentra algo valioso cuyo dueño lo ha perdido?

sábado, 11 de agosto de 2012

¿Adelantar el incentivo es más eficaz para estimular al deudor a cumplir?

En otra entrada tratábamos de explicar cuál es la función económica del pago por adelantado: que financie la producción del objeto del contrato el que puede hacerlo a menor coste.  Intuitivamente, este es, normalmente, el acreedor de la prestación. Pero lo más habitual es que el deudor soporte el coste de producir su prestación y cobre solo cuando la entrega al acreedor (pago al contado). La razón se encuentra en que el pago adelantado pone al acreedor en manos del deudor, cuyos incentivos para cumplir se reducen si ya ha cobrado el precio. Cuando el deudor tiene que fabricar su prestación (prestaciones de hacer), al riesgo de que el deudor no preste se une (en Sociedades avanzadas donde uno no puede, simplemente, desaparecer con el dinero cobrado anticipadamente) el riesgo de que la prestación del deudor sea defectuosa.
El pintor al que hemos encargado el retrato que cobra por adelantado sólo hará su mejor obra posible si existen otros mecanismos que le “sancionen” si hace un mal retrato, esto es, un retrato que no está al nivel de sus obras anteriores. Por eso sólo los autores consagrados (o famosos por cualquier otra causa) reciben grandes adelantos por su obra futura. El novelista, el pintor, el artesano o el consultor afamado no pondrá en riesgo su reputación a cambio de una cantidad de dinero que no sea muy elevada si puede perderla y, con ello, perder muchos futuros encargos. Por eso, no hay que fiarse de los viejos: pueden estar liquidando su marca y dispuestos a hacer cualquier chapuza por dinero. Al fin y al cabo, no esperan muchos futuros encargos.
Adelantar el dinero puede servir, como veíamos en la otra entrada, como una garantía (bond en la teoría de los costes de agencia) por parte del acreedor de que no esperará a que el deudor produzca la prestación y se apoderará de ella sin pagar o pagando un precio muy inferior al acordado. Si la prestación – el retrato – no vale mucho fuera de la relación con ese concreto acreedor (¿quién va a estar interesado en comprar un retrato de mi abuela?), el acreedor puede expropiar al deudor, una vez que éste ha hecho una inversión específica a la relación en forma del trabajo de pintar el retrato. Pagando por adelantado, el acreedor “promete” de forma creíble al deudor que no se comportará oportunistamente. En consecuencia, veremos que se paga por adelantado en los casos en los que ese riesgo de comportamiento oportunista por parte del acreedor sea elevado y tal ocurre, como hemos dicho, cuando el deudor tenga que hacer inversiones para generar la prestación que se pierden si, finalmente, el contrato del que nació el encargo no se cumple.
¿Puede servir el pago por adelantado para incentivar al deudor a cumplir? Esto es lo que parecen decir estos profesores. Diseñaron un experimento para demostrar que, si vas a dar un incentivo a alguien porque haga algo bien (en el caso de unos maestros, porque elevaran el nivel de los alumnos), dáselo por anticipado amenazándoles con quitárselo si, cuando se hagan las pruebas de evaluación, los alumnos no han mejorado. Es decir, se trata de adelantar, no la totalidad del precio (el salario) sino solo aquella parte que va vinculada a resultados. Y, parece, la cosa funciona porque – dicen – entra en juego el llamado “efecto riqueza” o la especial aversión a la pérdida que sufrimos los seres humanos. Nos duele más perder 1 que dejar de ganar 2.
¿Qué tiene de novedoso este experimento? Los llamados salarios de eficiencia funcionan así. Los notarios ganan más de lo que pagaría el mercado por su trabajo porque la amenaza de perder todas las futuras rentas asociadas a su profesión, hace que no se corrompan. Los franquiciatarios pagan al franquiciador un canon de entrada que pierden si el franquiciador da por terminado el contrato por bajo rendimiento, no a cambio de nada, sino para generar en el franquiciatario los incentivos adecuados para trabajar duro.
Medir lo bien o mal que un deudor ha cumplido con su prestación es muy difícil y, demostrar ante un tercero (un juez) que el deudor ha incumplido, más. De ahí que los salarios no se ajusten al rendimiento del trabajador y que sean fijos y que el Derecho conceda al acreedor la facultad de resolver el contrato, esto es, de terminar la relación sin dar explicaciones (ad nutum). Darlas sería muy costoso.
En el caso de Harvard, un “castigo” podría haber funcionado igual. Si los alumnos no mejoran, los profes ven reducido su salario. Pero, a veces, no se puede aplicar un castigo porque la Ley no lo permite; porque sería “injusto” (la falta de mejora de los alumnos ha podido deberse a circunstancias distintas de los mejores esfuerzos del maestro) que es lo mismo que decir que no se puede medir el rendimiento del profesor, o porque el deudor no es solvente (no se le puede reducir el salario porque cae en la indigencia o, en el caso del franquiciatario, es una persona de pocos recursos que no puede pagar un canon de entrada elevado).
Además, para que funcione el “premio” entregado por adelantado, la amenaza de tener que devolverlo ha de ser creíble. Es decir, el deudor ha de saber que tendrá que devolver el dinero que le han adelantado si no cumple.
Por último, el resultado ha de depender exclusivamente del rendimiento del profesor. Si, a pesar de que un profesor se esfuerza en que sus alumnos aprendan más, el resultado depende de otros factores, los incentivos, en general, no funcionan.
Es interesante que los autores del trabajo explican que los incentivos (pagar más al mejor profesor) funcionan bien en países pobres donde “teacher professionalism is extremely low and absenteeism is rampant” pero que no funcionan en países desarrollados donde castigar a los profesores incompetentes despidiéndolos es muy difícil por la elevada protección frente al despido que tienen. Con no faltar a clase injustificadamente, no serán despedidos.
¿Qué efectos puede tener haber entregado el incentivo por adelantado? Como hemos dicho, los autores del estudio creen que la mayor aversión a la pérdida (que somos aversos al riesgo) y el efecto riqueza pueden explicar el comportamiento de los maestros.
Una explicación alternativa podría ser la siguiente ¿Qué tal si el profesor ha gastado ya el incentivo y obtener de un tercero el dinero para devolverlo le supondrá un coste elevado? En otros términos, al entregar el incentivo por adelantado, estamos creando en el maestro una deuda condicional. No deberán nada al colegio si los niños mejoran en su rendimiento pero deberán devolver una cantidad si tal no es el caso. Si los maestros no piensan gastarse el dinero (porque no entienden el incentivo como un aumento de sueldo, sino como un ingreso extraordinario), deberían ser indiferentes a cobrar ahora o después salvo por el coste del dinero. Pero si los maestros consideran el incentivo como un aumento de sueldo e incrementan sus gastos personales correspondientemente, la necesidad de disminuir su tren de vida o de endeudarse con un tercero para devolver el incentivo puede ser un estímulo eficaz para tratar de lograr la mejora en el rendimiento de los alumnos de la misma forma que cualquier otra elevación del coste de incumplir (por ejemplo, McDonalds tiende a elegir como franquiciatarios a personas que “se lo jueguen todo” con el establecimiento, esto es, que no puedan diversificar el riesgo de que el negocio no vaya bien).
Para comprobar qué explicación es mejor, se podría analizar qué han hecho con el incentivo los maestros que lo recibieron por adelantado.
English version
An alternative explanation could be the following. What if the teacher has already spent the incentive and is obliged to look for a (more expensive) loan from a third party to return the money ? In other words, by delivering the incentive up front, we are forcing the teacher to take on a conditional debt. He must return the money to the school only if the students’ performance does not improve. If teachers do not spend the money (they do not understand the incentive as a pay raise, but as an extraordinary income) they should be indifferent to get the money now or later except for the cost of money. But if teachers consider the incentive as a pay raise and increase his personal expenses accordingly, the need to reduce their standard of living or borrow from a third party to return the incentive can be an effective incentive to seek improvement in the performance of students in the same way as any other incentive that works by increasing the costs of failure (eg, McDonalds tend to choose franchisees among people who put all its riches in the outlet, that is, they can not diversify the risk of the business). To decide which explanation is better, it could be analyzed what the teachers did with the extra money they got in advance.

Innovadores y buscadores de rentas

Las redes sociales no representan una innovación revolucionaria si entendemos por éstas – dice un autor – aquellas de las que no podriamos prescindir y, a la vez, mantener nuestro estilo de vida. El ritmo de las innovaciones se está reduciendo. Sufrimos un gran “estancamiento” (Cowen). No están ahí los coches voladores (Thiele). Las mayores rentabilidades se obtienen de las actividades de rent seeking, o sea, de que nos den un estanco o – Oriol Pujol – la concesión para revisar la eficiencia financiera de los hogares cobrando a cada ciudadano unos euritos. Las diez empresas innovadoras de reciente creación más “disruptivas” (Business Insider dixit) presentan productos casi ninguno de los cuales requiere grandes conocimientos o investigaciones científicas. Son, en su mayoría, ideas ingeniosas puestas en práctica mediante programas informáticos.
¿Razones para el pesimismo? No. Business as usual. La gente no se mueve para innovar. La gente no sabe si lo que se le ha ocurrido cambiará el mundo o será una chorrada más. Lo que sabemos es que la gente se mueve por alcanzar la riqueza o la gloria. Si queremos que aumente la innovación, ¡riqueza y gloria a los que innovan y oprobio y cárcel a los que buscan las rentas!

jueves, 9 de agosto de 2012

Los derivados destrozan los esquemas institucionales. Y no solo en el Derecho de sociedades

En otras entradas hemos hablado de los problemas del “voto vacío”, que se originan cuando el que vota en la junta de accionistas de una sociedad no es el propietario económico de las acciones porque puede disponer de ellas gracias a un préstamo con pacto de retro, o sea, un swap, durante el tiempo necesario para votar en el sentido (extrasocietario) que más le interese. Es ya un lugar común atribuir a los derivados parte de la crisis financiera. Esta entrada de Matt Levine muestra cómo puede utilizarse un derivado para monopolizar un (obtener poder de) mercado.
En los mercados eléctricos, los que producen la electricidad (los dueños de las plantas nucleares, hidráulicas, de ciclo combinado…) pueden influir sobre el precio de tres formas: poniéndose de acuerdo con los demás generadores para ofertar todos al mismo precio; comprando a otros generadores o, si la producción de sus centrales es imprescindible para cubrir la demanda (si su central de ciclo combinado no funciona, hay gente que se queda sin luz en un momento determinado), reduciendo su producción. Es lo que se llama “retirar capacidad” y es lo que ha causado a las compañías eléctricas algunos de sus mayores problemas con la CNC. Retirando capacidad, se logra aumentar el precio porque el precio es la “señal” que indica a los generadores si ponen o no en marcha su central para entregar la electricidad producida al mercado.
Cuando se analiza una fusión entre dos compañías eléctricas, las autoridades de competencia examinan si la resultante de la fusión adquirirá poder de mercado porque su producción sea imprescindible para cubrir la demanda. Si hay mucho exceso de capacidad (como en España ahora), las fusiones son menos peligrosas desde este punto de vista.
  • KeySpan, an electric generator, realized that prices for electric generation would be going down as more capacity came online.
  • It decided to keep up prices by cutting back its own generation.
  • But that’s dumb, because then it wouldn’t be able to sell much electricity at the high prices, which would mainly benefit its competitors.
  • So it decided to buy its main competitor, cut back generation, but still sell plenty of electricity at high prices.
  • But it “concluded that its acquisition of its largest competitor would raise serious market power issues” and so would raise problems with antitrust and electric grid regulators.
  • So it said “aha, a swap!”
  • And it synthetically acquired the capacity of its largest competitor (Astoria Generating) by entering into a swap with Morgan Stanley where it effectively bought that capacity at $7.57 a kilowatt-month.
  • And Morgan Stanley hedged that trade by entering into a swap where it effectively bought the capacity from Astoria at $7.07 a kilowatt-month.
  • Attentive readers will note that that’s a $0.50 difference, so Morgan Stanley made $0.50 per kW-month for about three years, for total revenue of around $21.6mm.*
A través del swap, KeySpan se fusionó “virtualmente” durante los tres años de vigencia del swap con Astoria Generating, su principal competidor gracias a Morgan Stanley que cubrió su posición (había prometido “entregar” a KeySpan toda la electricidad equivalente a la producción de Astoria a 7.57) adquiriendo de Astoria esa producción a un precio algo más bajo.
¿Estamos ante una operación de concentración? ¿O se trata, directamente, de un acuerdo restrictivo de la competencia? Levine “imagina” distintos paisajes (si KeySpan indicó a Morgan Stanley que comprara el futuro de electricidad de Astoria etc).

El funcionamiento de los mercados: competencia e innovación

1. La mejor explicación de los procesos competitivos es, sin duda, la que -debida a Hayek- califica a la competencia como un proceso de descubrimiento[1]. Con esta idea, Hayek llamaba la atención sobre el hecho de que los humanos nos servimos de la competencia en todas aquellas situaciones en las que no conocemos circunstancias esenciales que determinan el comportamiento de los competidores. Si supiéramos quien va a ser el vencedor, no haría falta organizar la competencia. El proceso competitivo genera información (sobre qué bienes son escasos, qué cosas son valiosas...) y se reproduce continuamente: los nuevos datos provocan nuevos comportamientos que se convierten en nuevos datos que provocan nuevos comportamientos...
2. El proceso competitivo responde al esquema acción-reacción (Schumpeter): un empresario (el pionero) pone en el mercado una innovación: nuevos productos, nuevos procedimientos, nuevos métodos de producción, distribución o financiación... Ante la actuación del pionero, las restantes empresas en el mercado han de decidir cuál va a ser su reacción (estímulo-respuesta). Las respuestas posibles son la imitación del pionero o la contestación con una nueva innovación. En este sentido, la competencia es un proceso dinámico. Los competidores se encuentran en una determinada posición competitiva en un momento determinado, posición, que ha venido decidida por la estrategia empresarial desarrollada hasta ese momento. Si en un determinado momento competitivo, un competidor inicia una estrategia competitiva exitosa, mejora su posición competitiva. La suma de las estrategias competitivas de los competidores que tratan de mejorar su posición, configura el proceso competitivo en su conjunto. La función del empresario consiste, precisamente, en descubrir oportunidades de iniciar estrategias competitivas exitosas (Kirzner). Cuando ningún competidor puede mejorar su posición (cuando no hay ninguna oportunidad disponible), el proceso competitivo desaparece (porque ningún competidor tiene estímulos para iniciar nuevas estrategias competitivas). Esto ocurriría en un mercado en el que las únicas estrategias competitivas posibles fueran la adaptación y la imitación del comportamiento de los competidores en mejor posición. Pero, en realidad, los competidores pueden siempre mejorar su posición mediante la adopción de estrategias competitivas innovadoras. Como veremos, es muy importante la comprensión de estas reacciones y de sus efectos sobre el bienestar social para acertar en la aplicación del Derecho de la competencia.
3. Pero, ¿por qué los empresarios tienen incentivos para iniciar estrategias competitivas innovadoras? La respuesta se encuentra en que, el empresario pionero, aún cuando los competidores imiten su estrategia competitiva obtiene durante un período de tiempo -hasta que le imiten- la posición de un monopolista (es el único que suministra en el mercado su innovación)[2]. De ahí, que los empresarios estén estimulados para innovar, porque como monopolista, el pionero puede exigir a los consumidores precios por encima del coste de producir cada unidad del bien o servicios obteniendo con ello unos beneficios superiores a los normales en el mercado[3]. Lógicamente, al final del proceso, cuando la imitación se ha producido, el pionero pierde su posición de monopolista temporal y él u otro empresario habrán de poner en marcha de nuevo el proceso. La innovación que se ha producido se habrá "socializado" y convertido en un bien común. El resultado es una mejora en el bienestar social (mejora del aprovisionamiento del mercado). El entorno institucional en el que se desarrolla la lucha competitiva y aparecen las innovaciones – del que forma parte singular el sistema jurídico – constriñe las estrategias competitivas que son posibles para el empresario. Obviamente, no se producirán los mismos resultados competitivos si está permitida la apropiación de los secretos empresariales ajenos y usar la violencia que si ésta está vedada y el titular de un secreto puede obtener una condena penal del competidor que realizó espionaje industrial. En este sentido, no sólo el mecanismo de los precios coordina la conducta de los competidores. También las instituciones lo hacen[4].
4. La posición provisional de monopolista para el pionero no sería posible si los imitadores pudieran imitar inmediatamente la innovación. Afortunadamente, la estructura del mercado otorga una protección de facto a las innovaciones, es decir, existen barreras naturales que impiden que los imitadores esquilmen al innovador[5]. Ahora baste señalar que los eventuales imitadores, deben emplear un cierto tiempo para conocer a fondo la invención y en muchos casos necesitan desarrollar sus propios procedimientos y que, a menudo, la imagen de un producto se mejora al ser el primero en el mercado, lo que lleva a los consumidores a preferirlo aún cuando aparezcan productos imitadores.

5. En nuestro país, el caso más espectacular de “triunfo” del pionero es el de la evolución del sector bancario tras la liberalización del mismo en los años 80. El Hasta finales de los años 80 del siglo XX, todos los bancos pagaban lo mismo por los depósitos y cobraban lo mismo por los servicios que prestaban. Cuando se eliminaron las normas que provocaban esta conducta, los bancos no reaccionaron inmediatamente y siguieron pagando muy bajos intereses por los depósitos de los clientes. A finales de los ochenta, sin embargo, el Banco Santander lanza su campaña de “supercuentas”, es decir, cuentas corrientes disponibles a la vista con un alto rendimiento. En pocas semanas, aumenta sus depósitos en más de seiscientos mil millones de pesetas. Los demás bancos reaccionan de forma diversa. Algunos no reaccionan, otros imitan al pionero y, por fin, otros lanzan una nueva innovación como fue el caso del “libretón” del Banco Bilbao Vizcaya que eleva igualmente los intereses pagados a los depositantes pero lo hace en menor cuantía que la “supercuenta” del Santander aunque ofreciendo, además, a los clientes, regalos de bienes de consumo con carácter regular y sorteos de automóviles, viviendas etc. que en conjunto suponen cuantías muy elevadas de dinero. El resultado de este proceso de acción-reacción fue un aumento generalizado del “bienestar de los consumidores” que vieron cómo sus ahorros pasaban de ser remunerados al 0,1 % a serlo a tipos que, por fin, tenían relación con los tipos reales de mercado.
6. Otro ejemplo famoso es el caso del Golf y sus continuadores. En mayo de 1974, Volkswagen lanza un nuevo modelo al mercado para sustituir al anticuado y celebérrimo "escarabajo". El Golf tiene un gran éxito de ventas, en bastante medida a costa de sus competidores: el Ford escort baja a la mitad sus ventas y sólo mejora cuando ofrece una garantía por un año (hasta ese momento todos ofrecían seis meses) y da el equipamiento sin coste extra en el nuevo Ford Escort II. En 1977 lanza al mercado el Fiesta. También Opel-Kadett sufre una gran pérdida de ventas cuando aparece el Golf. El pionero-Golf obliga a sus competidores a reaccionar: entre 1974 hasta 1977 aparecen en el mercado 13 nuevos tipos de coches en el nivel del Golf. Ford Fiesta, Fiat 131, Renault 14, Mazda 323, Volvo 343... Volkswagen trata de mantener su posición lanzando el Audi 50, el Polo, el Derby y nuevas variantes del Golf. Al final de este proceso (hasta el siguiente “nuevo” Golf), el resultado es ampliamente beneficioso para los consumidores. La oferta para éstos es mucho más amplia y atractiva. Y la garantía se eleva de seis meses a un año.
7. La historia no siempre tiene final feliz para el pionero. Otro caso histórico lo demuestra. Una pequeña fábrica de coches que hasta entonces sólo fabricaba coches pequeños lanza en Alemania en 1967 el NSU Ro 80 como un modelo muy avanzado técnicamente y para clientes muy exigentes. La fábrica es demasiado pequeña para competir -en economías de escala- con los grandes fabricantes y los de NSU piensan que pueden sobrevivir en el sector del mercado de coches de alto precio donde está BMW, Porsche, Lancia etc. El NSU Ro 80 tiene un aspecto impresionante y un motor tecnológicamente revolucionario: el motor Wankel. Se ofrece una garantía de 18 meses y 30 mil km. Pero el coche es un fracaso porque los costes de producción aumentaron debido al mayor peso del vehículo, lo que hizo que compitiera en precio con las series más caras de Mercedes. Además, tenía algunos problemas de motor y, sobre todo en trayectos cortos, gastaba demasiada gasolina. Como consecuencia del fracaso, NSU no puede lanzar el modelo 70 de tipo medio -no hay financiación- y al poco tiempo Volkswagen la convierte en una filial suya fusionándola con Audi que ya era también filial de Volkswagen.
8. En un mercado en el que se ha desarrollado una batalla como consecuencia de la introducción de una innovación, el pionero – ganador habrá conseguido una mayor cuota de mercado, algunos empresarios habrán perdido y serán expulsados del mercado con lo que el grado de concentración en ese mercado será mayor que en el momento de introducción de la innovación. También observaremos que el ganador obtiene una posición de monopolista provisional en el sentido de que puede cargar precios supracompetitivos a los consumidores y obtener los beneficios correspondientes. Piénsese en el caso Nespresso. Estas rentas monopolísticas provisionales son, sin embargo, imprescindibles para que los empresarios tengan incentivos para innovar y, por tanto, para que la competencia dinámica se mantenga. Si la innovación requiere inversiones (en investigación y desarrollo), los productos resultados de tal innovación no pueden venderse a su coste marginal (al coste de producir la unidad de producto) porque ese precio no cubriría los costes fijos invertidos por el empresario en desarrollar la innovación, de manera que el innovador carecería de incentivos, en primer lugar, para lanzarse a investigar y desarrollar la innovación. Por otra parte, el riesgo que soporta el innovador es muy elevado porque no es posible predecir no ya si la innovación triunfará sino si la duración de ese “monopolio provisional” que el mercado otorga al innovador será suficiente para cubrir los gastos de investigación y desarrollo[6].

9. Fundamentalmente, la estructura del mercado otorga por sí misma una protección de facto a las innovaciones, es decir, existen barreras naturales que impiden que se "esquilme" al innovador. Existen numerosas razones por las que los productos o procesos no son inmediatamente copiados, sino que lo son tras un lapso de tiempo, a veces sustancial. Por ejemplo, porque el innovador mantenga en secreto el procedimiento innovador. Pero sobre todo, porque los eventuales imitadores deben emplear un cierto tiempo en conocer el know how de la invención, que en muchos casos tiene que ser desarrollado por la propia empresa imitadora. Este argumento tiene, naturalmente, una eficacia variable en función del sector económico (requiere más tiempo imitar un nuevo producto químico que un diseño de una prenda de vestir). Además, la rapidez de la imitación es directamente proporcional a la rentabilidad del producto e inversamente proporcional a la magnitud de la inversión requerida para imitar, de forma que si el pionero practica una política de precios altos con el nuevo producto, será más rápidamente imitado que si los precios son más ajustados. De esta manera, la imitación constituye un mecanismo indirecto de protección del mercado frente a precios muy elevados por parte del pionero. Como se ha dicho expresivamente, “los beneficios supracompetitivos, como las estrellas de cine, atraen a las masas; los hombres de negocios, como los ladrones de bancos... quieren estar allí donde está el dinero” (klein).
10. Las innovaciones afectan a la competencia en el mercado de formas muy diversas. Las hay más obvias: el fax hizo desaparecer prácticamente al telegrama. Pero las hay menos obvias. Por ejemplo, una innovación financiera puede reducir el coste de financiar determinadas actividades lo que afecta inmediatamente a las empresas que están presentes en ese sector de actividad (el leasing respecto de las líneas aéreas). Una innovación tecnológica puede hacer irrelevante la cercanía física al cliente (por ejemplo, los cajeros automáticos en relación con las sucursales bancarias o la venta de seguros por teléfono) eliminando la barrera de entrada que la cercanía física suponía.

[1] Una exposición clara de los distintos modelos dinámicos del proceso competitivo puede verse en C. MANTZAVINOS, “The Institutional-Evolutionary Antitrust Model”, working paper, Berlin 2004, disponible en octubre de 2004 en
[2] Esta visión del monopolista como aquél que (se convierte en tal porque) desarrolla y comercializa innovaciones mejora notablemente su imagen y reduce la acusación de ineficiente de los monopolios v., R. MCKENZIE, “Monopoly, A Play Economists like to Play – Badly!” Southern Econ. J. 70(2004), pp 715-730, p 722: “On the other hand, if the monopolist is responsible for the creation of the good and the development of the market for the good, then surely the consumers would not have the same entitlement to the resulting consumer surplus as they do when they are responsible for the development of the good and market. Indeed, consumers could be pleased with the monopolist’s claiming a portion of the consumer surplus, as well as be pleased to suffer the deadweight loss – if they understood that, by doing so, they would have some surplus left over, the rarely mentioned Dupuit triangle, the area above the monopoly price line and below the demand curve. Indeed, from this perspective, the would-be monopolist can be seen as an organizational form, the central economic function of which is to overcome consumers’ free-rider problems in conceiving and developing goods and services that meet their needs and wants. A monopolist may extract monopoly profits and impose the deadweight-loss triangle, once the good and market exists fully formed… however, those losses of consumers’ surplus can be viewed as necessary costs the consumers are more than willing to incur to ensure their extraction of a host of Dupuit triangles garnered from an array of goods”
[3] Las rentas monopolísticas del innovador sirven también como garantía de que “cumplirá sus contratos con los clientes” en el sentido de proporcionar a éstos la calidad prometida ya que, de no hacerlo, acabaría perdiendo antes su posición de monopolio.
[4] MANTZAVINOS, Institutional, p 4, 5 y 7
[5] La existencia de una patente u otro derecho de exclusiva impide, naturalmente, la imitación, pero los empresarios suelen afirmar que los incentivos para innovar derivan más de este monopolio temporal que otorga naturalmente el mercado que la concesión de un derecho de patente. Excepto en el caso de los productos farmacéuticos, donde parece existir una relación muy estrecha entre innovación y patentes. Las razones de esta estrecha relación se encuentran, en los elevados costes de investigación, desarrollo y aprobación administrativa que implica poner en el mercado un medicamento; el elevado grado de incertidumbre acerca del éxito de una línea de investigación; la facilidad con la que puede ser imitado el medicamento mediante ingeniería inversa por un competidor y los bajos costes de producción de un medicamento. Todos estos elementos hacen que los mecanismos distintos de la patente sean poco eficaces para retrasar la imitación del farmacéutico pionero v., W. FISHER, Intellectual property and innovation: theoretical, empirical, and historical perspectives, 2001,  disponible en febrero de 2004.
[6] V., MCKENZIE, Southern Econ. J. 70(2004) p 725; RAJAN/ZINGALES, Saving Capitalism, pp 89-90 que advierten de la importancia de la existencia de un mercado financiero desarrollado porque garantiza que cualquier innovación potencialmente rentable sera desarrollada incluso contra la voluntad de las empresas dominantes en el sector
















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