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sábado, 19 de enero de 2013

La propiedad dispersa como producto de la regulación

En otras entradas de este blog nos hemos preguntado por qué existen sociedades bursátiles de propiedad dispersa, como es la regla en los mercados de valores norteamericanos y sociedades cotizadas de capital concentrado, como es más frecuente en Europa continental y Asia.
Este trabajo de Bhidé da una explicación distinta – aunque muy próxima – a otras que hemos examinado. La idea central es que la regulación de los mercados de valores conduce a los accionistas a diversificar; a no tener paquetes significativos de una compañía y a desentenderse de la gestión de éstas que quedan en manos de puros managers.
Así, la regulación del insider trading desincentiva que los inversores participen en los consejos de las cotizadas ya que, aunque se enteren de algo, no podrán utilizarlo para comprar o vender. Las obligaciones de información de las compañías cotizadas y la obligación de los managers de tratar por igual a los socios lleva a que los accionistas siginificativos “se alejen” de los gestores y, eventualmente, reduzcan su participación. Cuanto más repartido esté el capital de una compañía, más liquidez y más dispersión porque se multiplicarán las posibilidades de que alguien considere que un determinado título está sobrevalorado y, por tanto prefiera vender.
Recuérdese que ser accionista significativo es costoso en términos de pérdida de liquidez. Te da una “voice” que es cara porque no tienes una “exit” (porque el accionista no puede vender, sin pérdida notable, un paquete importante de las acciones de una compañía). Si no puede obtener beneficios privados – no compartidos con los accionistas dispersos – de su actividad de vigilancia y control de los administradores ejecutivos, no desempeñará esa tarea y no participará en el Consejo de Administración.
Según Bhidé es la regulación la que explica igualmente el famoso “cortoplacismo” de los mercados, esto es, la idea según la cual, los mercados solo valoran los resultados trimestrales de modo que los gestores se ven abogados a estrategias cortoplacistas para no perder el favor de los inversores. Esta idea se contradice con el hecho de que los mercados valoran bien las empresas que invierten en I + d etc. La explicación de Bhadé es que los inversores no saben “mucho” de ninguna empresa en particular, de modo que entran y salen de sectores enteros en función de la información que sobre los sectores hay disponible en el mercado y se reduce la producción de información sobre cada empresa concreta.
Y el mercado de control tiene un efecto limitado porque no funcionará – no aparecerá un oferente hostil – en cada caso en que se produce una caída importante de la cotización si el mercado no puede distinguir los casos en los que la reducción del valor de la compañía se debe a circunstancias ajenas a la capacidad y habilidad de los gestores o a su incompetencia o deshonestidad. Bhidé pone el ejemplo de IBM:
I.B.M. dramatizes the inadequacies of external scrutiny. Between the summers of 1987 and 1993, I.B.M.’s stock lost more than 60 percent of its value while the overall market rose by about the same degree. The magnitude of I.B.M. shareholders’ losses was comparable to the GDP of several OECD countries. But while its stock price relentlessly declined, I.B.M.’s management did not face the least threat of a hostile takeover or proxy fight. Outsiders had no way of knowing whether or not managers were struggling, as competently as they could, with problems beyond their control. Ultimately I.B.M.’s fortunes turned—not because of a new strategy demanded or imposed by a raider, but because of the fortuitous appointment of Lou Gerstner as its CEO.
Las OPAS hostiles no funcionan, además, en el sector bancario por su endeudamiento (lo que hace imposible comprar un banco para endeudarlo) y por las autorizaciones regulatorias necesarias lo que es especialmente preocupante puesto que el gobierno corporativo de los bancos debería ser más estricto que el de empresas de otros sectores. .

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