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martes, 12 de febrero de 2013

<<Cara B>>. Pedro Letai: “Sin torear”

El ciudadano Joseph Ratzinger, hasta finales de mes aún Papa Benedicto XVI, se marcha como se marchaba Guti del Bernabéu tras las grandes citas: de impoluto blanco y sin torear. Esperemos que ahí acaben los paralelismos y no tengamos ahora en las revistas sesión de fotos del pontífice enseñando tatuajes desde Castelgandolfo.
El Papa ha dimitido, después de casi ocho años de vaciar iglesias y llenar estadios, y aunque allí también han tenido confeti y libretas escritas a mano parece que la razón no es la huida en un taxi sino una terrenal falta de fuerzas. Los Prada ya apretaban demasiado las varices y el Papa se ha cansado, lo deja. A ver quién es el guapo que va ahora por las plantas de oncología diciendo que Dios nos dará fuerza para superarlo todo y que hay que tener fe, y cuándo dice alguien de una vez la verdad: que si usted o alguno de los suyos está enfermo aquello es una hijoputada, y que lo lleve usted lo mejor posible y sin importarle la dignidad ni los demás. Y que si quiere llámeme, y cualquier día a partir de las ocho nos tomamos una copa y nos contamos.
El Papa no es infalible, como sí lo es Ana Mato o lo será al tiempo Arturo Fernández, que no es el actor sino el de los bocadillos de la Autónoma, tan infames que yo creo que por eso repetí segundo. El portavoz de esa falta de infalibilidad sobrevenida es Federico Lombardi, que ha ido compareciendo a lo Karanka aquí y allá, pasando un trago difícil aunque sin llegar a las pesadillas que aún tiene el traductor alemán que se tuvo que envainar lo de ‘todo es falso salvo alguna cosa que es lo que ustedes han publicado’. En ocasiones, al pobre traductor se le sigue apareciendo en sueños un registrador de Pontevedra que fuma puros y dice ‘carámbanos’. Lombardi sin embargo levanta tanta compasión que ayer Francino en La Ventana no paraba de llamarle Eminencia y no dijo ni una vez en todo el programa hostias, su palabra mantra, imagino que en clara deferencia hacia el portavoz vaticano.

Unas semanas difíciles éstas para el Antiguo Régimen, que ya no sabe qué agujero tapar, de Génova a Roma en un italianismo salvaje, con la redacción de La Razón buscando ayer portadas de Rafa Nadal o Iker Casillas histéricamente. Tampoco la progresía puede andar muy orgullosa: sí imagino anoche a esas familias tan de verdad, aunque no se echen a la Plaza de Colón a demostrar que lo son, ésas que han crecido a golpe de sobresalientes, Serrat y Galdós, con los padres maestros y la niña entre cuarto de Psicología y Los Secretos, abriendo una de Cune, el tirarlacasaporlaventana del español medio, con una sonrisa entornada y gozando lo agnóstico del momento. Pero luego enfocas a Ferraz y resulta que la reacción al mundial acontecimiento por parte del principal partido de la oposición, en boca de Valenciano, es que ‘no hacemos ninguna valoración’ y, más allá, que ‘no era ésta la dimisión que esperábamos’. Igual esperaban que abdicara el Rey o, más aún, que dimitiera Mato. Hay que ser gilipollas.
A mí todo esto del Papa que lo deja me inspira simpatía y, lejos de producirme desasosiego, me reafirma en una de mis escasas certezas, y es que en la vida lo que de verdad es mágico y trascendente es una tormenta, una cena con amigos, el cigarro de después o un ‘si el semáforo se pone verde antes de que cuente diez es que es la mujer de mi vida’. Lo demás es un tango y, en cuanto a los dioses, en su nombre lo que más se ha cometido han sido crímenes y tropelías salpicadas por infinidad de mentiras, así que dejémoslo estar.
Si Benedicto se hubiera echado al ruedo habría aprendido aquello de que en el toreo sólo importan dos cosas: zapatillas y muñeca. Las zapatillas en la arena, quietecitas, y el coraje en la mano. En los tiempos que corren el Papa tenía toro para hacer una faena de escándalo, pero nos ha dejado a todos en banderillas.
Del arte en la plaza se encarga Dios, eso sí es verdad, pero el torero se encarga de algo fundamental, que es lo que Ratzinger ha perdido ya por completo: el sitio.





6 comentarios:

Anónimo dijo...

Coño, Pedro, había porra sobre si los tendrías tan gordos como para dedicar tu dosis semanal de vergüenza ajena a lo del Papa. ¡Y los tienes!
No te preocupes. Aunque leyeras la mitad de lo que dices que lees, esto seguiría siendo un sucedáneo de Jabois, por qué no decirlo, algo cutre.

José Luis

PL dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
PL dijo...

Muchas gracias, José Luis, por leerme semana tras semana, por lo de los huevos y por lo de Jabois. No me podía hacer más ilusión el comentario. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Para el autor de esta entrada y sus lectores, recomiendo la lectura atenta y reflexiva de este artículo (aunque con poca esperanza de su efectividad):

http://rsocial.elmundo.orbyt.es/epaper/xml_epaper/El%20Mundo/13_02_2013/pla_11014_Madrid/xml_arts/art_13027803.xml?SHARE=6C23C0F29C6C4F158F7CA6264B4863054C1457669B44135D334597AE12E4054F27C6485DEB004253CF139880D3F28A41CD0A7E20DF2E46B4AD259F805091BA728CDA15EA884712C10C4608B0158E4B5035E94C96AB4C2A213C44EEC816668323

Anónimo dijo...

La dirección adjunta en el anterior comentario debería llevar a un artículo publicado en el Mundo por David Gistau, titulado "El buen ciudadano"

PL dijo...

Muchas gracias, querido Anónimo. Conocía el artículo, como todo lo de Gistau, con el que casi siempre estoy de acuerdo. Si esto lo enlaza como contra a mi artículo es que usted no ha entendido una sola palabra del mismo. Pero ahí la culpa no es suya, desde luego, sino del que escribe, yo. Un abrazo.

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