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jueves, 21 de febrero de 2013

Cara B. Pedro Letai: "Corinna, perdona mi silencio"


No podemos quejarnos de nada, ya pasaron los Goya y con ellos la hoja de reclamaciones televisada en abierto y el llanto por el desahuciado desde la autoridad moral que te conceden un escote y unas perlas de Bulgari. Tampoco es el momento de quejarse porque, entre tanto bajo fondo, al final la carne es débil y uno se encuentra con cosas extraordinarias que, lejos de estar en las novelas, son parte de nuestros días y placeres. Lo último son esos correos cruzados entre el Duque de Palma, Iñaki Urdangarín, y la empresaria alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, que han hecho a Jaime Peñafiel morder la patilla de las gafas con más rabia que nunca.
A esta rubia de origen danés la empezamos a conocer cuando Don Juan Carlos se marchó a Botsuana a jugar a lo que ya no es y el pueblo se sumió en una cólera que ni siquiera un ‘Lo siento. Me he equivocado. No volverá a pasar’, en el discurso más certero y mejor pronunciado que se recuerda en la historia e histeria de nuestra monarquía, fue capaz de apaciguar. A Urdangarín le conocimos como olímpico en pantalón corto metiendo goles con la mano y, años después y con ducado y niños de anuncio de por medio, lo cierto es que sigue haciendo lo mismo. El gol con la mano es una de las primeras trampas que aprende el españolito medio, ya en el patio del colegio, y la infanta Cristina, embobada por unos golpes de cadera que acabarían por arruinar su carrera, exportó eso hasta Zarzuela con las consecuencias ya conocidas. A Corinna e Iñaki les ha unido el amante y suegro respectivo, como en una de Agatha Christie, y sobre todo la codicia sin límites. Hemos podido leer sus correos en los que tramaban hacerse con la presidencia de una fundación con sueldo de consejo de banco, bajo la coartada que practicaba Urdangarín hasta que se soltó la melena y se atrevió hasta con los discapacitados: su vínculo con el deporte. La Fundación Laureus entrega unos premios anuales en Montecarlo, algo que se ha venido vendiendo sin mucho éxito como los Oscar del deporte, carne de photocall siniestro donde igual aparece Alberto de Mónaco, otro que mete deportistas en sus coartadas, que el tigre Falcao. Los Dear Iñaki de Corinna nos llevan a la ascensión del otrora 7, que soñaba con besamanos y ceros desde su pupitre de ESADE, ya practicando con la mente el tocamiento procaz que con el tiempo llevaría a su firma del email, ahí donde otros más humildes ponemos nuestros números de móvil y fax. Desde el Querido Emilio de Garzón ningún encabezado había sido tan evocador como el de esta cougar que en su día perdió el tratamiento de princesa pero no las ganas de serlo por siempre, y a la que no se le ha conocido ningún novio por el que Willy Toledo derramaría una lágrima. A ese Dear Iñaki contesta Urdangarín con un inolvidable Corinna, perdona mi silencio que mete en el ajo al Rey a ritmo de Neruda. Uno se imagina al Duque, como ausente, poniendo en copia oculta a Diego Torres mientras se cree una película tras otra y a Corinna leyéndole en su Blackberry, entre el pilates y la sesión de botox, con esa sonrisa de alivio que les llega a las chicas malas con el fin de un sinvivir. Iñaki, antes de seguir adelgazando, no hagas planes e invítala a un trago: tu título y un gin tonic de alto standing aún valen una fianza.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno y muy jaboisiano, lleno de perlas deliciosas (me gusta especialmente la de "con esa sonrisa de alivio que les llega a las chicas malas con el fin de un sinvivir"), se nota la vena poética, maestro. Un abrazo, Paco M.

Julia N Vazmar dijo...

Magnífico artículo.

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