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jueves, 14 de marzo de 2013

Cara B: Pedro Letai “94 Puntos Parker”


A Javi Arroyo; vividor y viajero.

En tiempos de austeridad, ese abstracto término manido hasta el agotamiento, yo sigo moviéndome por la vida con un ‘neokeynesianismo’ que haría a César Vidal sulfurar entre libro y disco. Después de algunos sueños rotos y muchas vitrinas vacías me he plantado en los treinta con una economía maltrecha y un congénito y peligroso alma de Gran Gatsby que aquí vengo a defender.
Llegué a la antigua Ciudad Deportiva diez años antes de tiempo, un octubre de 1994, con Iker Casillas bajo palos y Vicente del Bosque dándonos las charlas técnicas en aquel Alevín A de campo de tierra y ropa Hummel. El marqués se tuvo que ir a atender al primer equipo -Butragueño, Zamorano y otros-, después de que Benito Floro Floro desbarrara un domingo destemplado en Lérida, gritando aquello de ‘con el pito nos los follamos, me cago en Dios’ y, lo que es peor, siendo captado por un micrófono del Plus y de ahí por toda la España abonada y también por la que se manejaba con el porno codificado.
Aquello fue ‘hardcore’ en abierto, Floro se fue a la calle de manera fulminante como si el Real Madrid fuera de pronto ICADE, y llegó mi hundimiento. El Alevín A ganó la liga con 282 goles a favor y 6 en contra, pero yo fui expulsado del equipo en la jornada once, antes del turrón y, lo más terrible, con el míster diciéndole a mi padre en el parking conmigo entre lágrimas que mi comportamiento había sido impecable, en la versión futbolera del ‘te quiero pero como amigo’. Me echaron por malo y se desvaneció mi sueño de poner el Bernabéu patas arriba con mi brega, yo que habría estado en la generación de los campeones del mundo y podría haberme dedicado a salir de los coches con el móvil en una mano –símbolo inconfundible del futbolista- y una presentadora en la otra. Quizá, dado mi impecable comportamiento, podría haber terminado formando familia con Mariló Montero, viviendo en La Finca y conduciendo un Q7 de cristales tintados, aún a riesgo de encontrarme con ese nuevo y temido rival del Madrid, la Guardia Civil. Tras Villar y Platini ha tenido que ser el tricornio el que ponga al equipo merengue contra las cuerdas: cosas que se pudren con la democracia.
Como yo había nacido para ser rico traté de remediarlo estudiando Derecho y llamando a diario a Uría Menéndez, que por aquel entonces lideraba el mercado salarial de los abogados junior y que por desesperación me contrató. Aquello tampoco funcionó, con el terrible presagio de que Rodrigo Uría falleció el mismo día de mi fichaje y, con el tiempo, me refugié en soledad –pero en la soledad que da un ático dúplex- a escribir una tesis y un libro de poemas, y me hice profesor. Poeta y profesor universitario debe de ser como sacarse el Registros y la Abogacía del Estado de la pobreza vitalicia.
Sin embargo, y de ahí mi ‘finezza’, yo he continuado haciendo como si nada, y vivo en una pobreza dignísima y llena de desprecio hacia lo cutre. En Barajas cojo taxis ante la mirada atónita de tipos con pinta de triplicarme el salario que esperan estoicos el autobús a la intemperie. Durante el periodo de tesis comía en restaurantes a diario, mi menú y mi periódico desplegado como el mapa de un general sobre la mesa, dispuesto a llenarse de salsa y falsa opulencia. Después de los recitales de poesía machaco al personal con un ‘ésta la pago yo’ que lleva a mi chica a la desesperación por la economía familiar y a mí a la satisfacción de sacar una tiritona tarjeta de crédito con la misma soberbia con la que sacaba Arguiñano el maletín en Airbag, lleno de billetes que venían de la trata. He gastado más de lo que tengo, y sobre la campana siempre me salen unas clases salvadoras o algún encargo reparador. No gasto en ropa y me marco el mínimo de un techo y un plato, pero homenajeo a Samuelson a la hora de volar y reservar hoteles, moviendo mis camisas viejas entre el business y los Marriott. Gasto todo mi dinero en hacer mi pobreza mucho más cómoda, y anestesio lo que pudo ser y no fue con la auctoritas que te concede no bajar nunca de 94 puntos Parker en la mesa, mientras pienso que otros, entre tanto tatuaje, tanta modelo y tanta camisa negra ni siquiera han aprendido a saber beber.







3 comentarios:

carlos coello dijo...

Jesús; el 94 parker no es nada. Hay que probar el 68 inoxcrom

un abrazo

Carlos Coello

carlos coello dijo...

hona hemen

Anónimo dijo...

D. Rodrigo creo que sí sabía disfrutar de los 94 Parker, de un yate,...

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