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viernes, 31 de mayo de 2013

Cara b. Pedro Letai “Thelma y Louise eran tres”

Aviso: Ante las dudas suscitadas, el editor de este blog advierte que el autor de esta y todas las columnas publicadas bajo el título “Cara B” es Pedro Letai Weissenberg, no Jesús Alfaro, que no asume ninguna responsabilidad que no sea la de la Ley por las cosas que dice Pedro.
A su marido, Ana Mato le reía las gracias y le besaba con ansia para taparle la boca y que de ahí no empezaran a brotar a borbotones cuentas secretas y escondites en clave. No en vano, y como corresponde a toda chica mal de familia bien, era él quien la había enseñado a besar, y con él había aprendido incluso que Calvin Klein no es sólo un modisto, sino el principio del fin. Aquí un Jaguar, allí un viajecito y yo que me dejo querer. Con lágrimas de cocodrilo acabaron aquellos días de muchos antojos y poca cama, y Alí Babá pasó a dormir al sofá entre bolsas de confeti mientras en el desayuno retornaba al dormitorio para que no se les atragantara el café de la mañana al servicio y los niños.
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Jesús Sepúlveda, al que ya se le iba poniendo nariz de ex, tuvo un arranque de lucidez e hizo lo que muchos de nosotros habríamos querido hacer cuando se anuncia tiempo inestable: llamar a Bárcenas, que siempre anda en Accuweather. Éste se sacó el iPhone de la patilla y en unos minutos ya había solucionado el tema, reservando un viaje a Helsinki que incluía periplo en trineo tirado por perros husky y tratamiento VIP durante la visita.
Para que aquello no pareciera demasiado gay y acabaran teniendo problemas con lo del tratamiento llamaron a Francisco Correa, quien poco después daría nombre a la llamada trama Gürtel, y al que Sotogrande acabaría declarando persona non-grata, con todo lo que eso significa para quien se dice de derechas.

Lo que inflama al pueblo es que todo aquello se pagara con dinero procedente de la financiación del partido político que ahora gobierna, pero a mí lo que realmente me falta es el relato detallado de lo que hacían aquellos tres mosqueteros entre bolas y copos. Lo de Bárcenas con la nieve es espectacular, y así es normal que no quisiera ir a Disneyland París, donde lo más parecido que podría encontrar sería un Rudolph disecado en alguna esquina y esa mierda del confeti por todas partes, ellos que lo robaban de Makro. Gabriela Mistral escribió que la nieve deshace el nido grande que está en los cielos, pero en el Partido Popular es justo al contrario: allí donde hay nieve es donde las cosas comienzan a emponzoñarse y a oler mal, como cuando Núñez Feijóo cruzaba los Pirineos enamoriscado con aquél de la lancha y la crema.
Las cenizas del amor de Sepúlveda acabarían por ser las de un Partagas en Finlandia sin querer mirar atrás, Bárcenas descubrió Alberta y aquellos viajes tan Thelma & Louise terminaron en un dramático tridente de taxis camino de la Audiencia Nacional, divorcios en lugar de ministerios consorte y muchos kilos perdidos en una celda de Soto del Real entre frases memorables. Se paga cara la redención.
Lo de los tangas de serpiente en Helsinki ya sólo forma parte de mi secreter de leyendas urbanas, me tendré que quedar con las ganas. Únicamente me falta por aclarar con la almohada si los que los llevaban puestos eran las que les daban el tratamiento VIP, o quizá ellos mismos.





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