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miércoles, 5 de junio de 2013

Cara b. Pedro Letai “FYI”

Todo el que se haya tenido que dedicar, por razones más o menos honrosas, a escribir, sabrá que esto es como caminar por el desierto con una mochila llena de piedras. Cada palabra, cada línea es soltar lastre, no digo ya cada folio, que en mi casa se celebra con euforia navideña. Después, cuando se acaba el texto llega el convencimiento de que uno no puede dar más de sí. Estás sediento, exhausto. Eso que acabas de parir es lo más a lo que puedes llegar. La mochila vacía. Y entonces, por arte de magia, alguien rellena de nuevo la mochila hasta las topes como si fuera la coca-cola de un Friday’s y otra vez a tirar el carro abajo por el pedregal, que decía Azorín.
A mí las mejores historias para escribir se me ocurren medio adormilado, y llevo ahora varias noches durmiendo mal y escribiendo en mi cabeza un Pulitzer detrás de otro, pero después suena el despertador y, por no tener, ya no tengo ni clases que dar y junio es un mes igual que ayer y sin argumento. Anoche a eso de las cuatro de la mañana, y aún fruto de una borrachera mal curada –es terriblemente imprudente beber los lunes-, andaba yo firmando entre sábanas una columna titulada ‘Intimidad estricta’ que venía a criticar la cursilada ésa del ‘en la más estricta intimidad’, que siempre me ha parecido de un petulante enfermizo, como si quien celebrara el entierro, cumpleaños o boda fuera Gatsby y pudiera invitar a quien quisiera, pero justo en esa ocasión decidiera que no. Yo todo lo que he hecho bien en mi vida lo he hecho en una intimidad nada estricta, incluso algo acomplejada, y de ahí que me reviente la expresión. La columna era una obra de arte, pero se me olvidó entera cuando sonó el despertador y Bea se fue a lavar el pelo, yéndose mis metáforas entre Pantene por el desagüe, atrapando mis lamentos en ternura.

Escribir es un día de perros, con las nubes cerradas y las ventanas bajadas. Cuando por fin terminas el texto o lo abandonas antes de estropearlo, que es como se ha de terminar, sólo queda ajustar los tornillos de las tuercas y poner en hora el reloj de arena: aquello ya está, y es muy bueno, esta vez sí. Sin embargo, tan agradable sensación apenas dura un rato, el que separa el afine último de lo escrito del desfile de fieras y fantasmas que te acechan después de haberlo enviado. Podrías haberlo orientado mejor, te dices. Se te ocurren frases brillantísimas fuera de hora y, para cuando te metes en la cama otra vez, aquel texto te parece ya una soberana mierda. Si lo has puntuado bien sobrevivirás por los pelos, pero si también ahí tienes dudas la cosa puede ser muy difícil de superar.
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Iñaki Urdangarín, que sabía todo esto, sintió pánico cuando tuvo que escribir ‘una cara del libro’, que aquello sobre Michavila debía de ser un bodrio de doscientas páginas en las que irte a ‘Edición+Buscar: Alejandro Sanz’. Advertía el Duque, entristecido, que la cara no había que ‘llenarla entera’. Alguien que traza un paralelo entre el arte de escribir y el de llenar páginas merece un lugar de excepción en el panorama literario patrio. Me imagino a un Iñaki de manos frías, como recién salido de la antología de Gerardo Diego, al fin un poeta español alto y guapo, y si no se le ha dado el Príncipe de Asturias este año ha sido porque el momento de la entrega iba a ser muy violento en el besamanos y se ha tenido que desviar el tema hacia Muñoz Molina, que lo recogerá hablando de él en Nueva York o de Nueva York después de él.
Cuando aquello de llenar páginas se puso feo de verdad, llegando a tesina, Iñaki, en un movimiento sencillamente genial, terminó por hacer algo con lo que yo he soñado húmedamente en mis años de estudiante y después en mi fugaz paso por la abogacía: abrir el correo que le enviaba ESADE, darle a reenviar, poner en ‘Para’ el nombre de un pringado que cobra menos que él y escribir en el cuerpo del texto un solitario y orgásmico: FYI.




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta vez sí (y otras también). Muy, muy bueno. Un abrazo fuerte, Josele

Elena Alfaro dijo...

Ya que lo citas: "Qué cerca estamos siempre de no ser nosotros. Creemos que lo que sucede es porque tenía que suceder, pero no es así" AMM
Algún día te despertarás y habrás conseguido retener tus pensamientos noctámbulos y luego intentarás desesperado, repetir la experiencia. Escribir con la parte racional ligeramente aletargada por el sueño o la angustia. El lóbulo frontal temporalmente bloqueado. Tal vez ese sea el objetivo, abrir y cerrar esa compuerta a voluntad.
Pedro, si aún no lo has hecho (que imagino que sí y varias veces) lee a Ciorán: leer el prospecto no cura la enfermedad, pero no veas cómo consuela.

PL dijo...

Gracias, Josele, y abrazo de vuelta, tanto tiempo después. Y gracias, Elena. Alguna vez retuve, pero aún así en sueños sonaba mejor... Creo que durmiendo me tengo en alta estima y despierto no tanto. Besos.

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