www.almacendederecho.org

jueves, 20 de junio de 2013

Cara b: Pedro Letai. “No habrá próxima vez”


En 1971 Gay Talese ya había escrito el mejor reportaje de la historia de la revista Esquire, reinventando el periodismo, y se lanzó a publicar Honrarás a tu padre, una de sus novelas de no-ficción, a caballo de nuevo con el reportaje, en la que narra las desventuras de la siciliana familia Bonano y cómo ésta acabaría llegando a repartir el bacalao en Nueva York. El productor norteamericano David Chase leyó años después el relato y supo ver dentro de él algo leve de lo que hizo su norte: la tangencial familia DeCavalcante que en aquellos años controló Nueva Jersey entre turbulencias generacionales. De ese amor criminal surgió el argumento de Los Soprano, una de las series más exitosas y galardonadas en la historia de la televisión norteamericana.
Para encarnar al personaje protagonista, Tony Soprano, David Chase recurrió a James Gandolfini, un tipo del mismo Nueva Jersey y con orígenes napolitanos, en lo que se antojaba la mímesis perfecta con Soprano. A James Gandolfini, que tenía apellido de haber ganado ya siete mundiales de Moto GP o de ser un heredero rubio pretendiente de Carlota, la vida estuvo a punto de sonreírle en 1994, cuando Quentin Tarantino meditó darle el papel de Vincent Vega que finalmente sacó a Travolta para siempre del ostracismo y las pistas de baile en la inolvidable Pulp Fiction. Aquella vez no pudo ser, pero la anhelada explosión andaba a la vuelta de la esquina.
James Gandolfini creció idolatrando al Robert de Niro de Malas calles y acabó siendo un Pacino de andar por casa, un Corleone comprado en los chinos. Y de ahí el secreto. El personaje de Tony Soprano nos conquista desde aquel principio en la consulta de la preguntona psiquiatra porque es un matón de vapor, con tristezas y michelines. No es Marlon Brando ni es un personaje como el del Don Draper de Mad Men, que hace que te mires después al espejo y te sientas un desgraciado. Tony Soprano es un gangster violento pero torpe, desalmado y a la vez facilón. Alguien capaz de apartar la mirada ante un frío asesinato con el dramatismo que sólo conservan las cajeras cuando te pasan el datáfono de la tarjeta de crédito. Un tipo trabajador aunque el gremio sea inusual y se le vea colgado del teléfono del Bada Bing mientras sus bailarinas le preparan albóndigas con los pechitos fuera y el punto del aceite perfectamente pillado.
James-Gandolfini (1)
Tony Soprano era un boomerang adorable, padre de niños problemáticos a los que llenaba de problemas, sobrino traicionado y traidor, amigo insobornable y chantajista, marido adúltero y también cornudo. Su mujer se quitaba, en la ducha y con jabón, los excesos del cura que le hacía vibrar entre Valpolicella mientras él llegaba a casa con uñas pegadas en sus sudorosos polos y apestando a hampa y a mala mujer. Nos enamoró ese gangster de medio pelo, mordimos el anzuelo del tipo creíble, del capo que limpiaba la piscina y tomaba Clonazepam, del matón que veía patos allí donde Alonso Quijano vislumbró molinos invencibles.
James Gandolfini, quien decía que era más parecido a Woody Allen que a Tony Soprano cuando estaba detrás de las cámaras, se ha ido sin embargo muy a la manera de su personaje: cuando en un tipo en la cumbre y de sólo cincuenta años aquello bien podría haber merecido una sobredosis o una letal mezcla de whisky y viagra llamando a las puertas del misticismo, a James y de paso a Tony les agarró un mundano ataque al corazón. Así de sencillo, así de fulminante. Murieron siendo lo que eran, tipos como los demás. Será una lástima no volver a ver ese enorme puro cruzando el puente George Washington. Como tanto le gustaba decir a Soprano, ‘la próxima vez no habrá próxima vez’.





8 comentarios:

Anónimo dijo...

Super Gistau, un clon....acabarás en ABC

PL dijo...

Gracias por el piropazo, Anónimo. A mis abuelas les encantaría que acabara allí, pero no creo. Igual redactando esquelas.

Anónimo dijo...

Siento disentir. En mi opinión, bastante prescindibles los post de Pedro Letai en la página de Derecho Mercantil. Escribo ésto porque no soy indiferente a ellos. La pretensión, la imitación, y los textos planos, cuando no deberían serlo, me irritan. Y por eso desearía que se suprimiesen. Y repito que lo siento. Eres Pedro Letai. No eres Gistau ni Alvite. Encuentra tu propia voz.

C.A.

Anónimo dijo...

Qué heavy, supongo q sí uno piensa que son prescindibles lo mejor es que no los lea, pero de ahí a desear que se supriman....a mi personalmente no todos me gustan, algunos sí, y en cuanto a los calificativos que viertes sobre si son pretenciosos, imitativos o planos, que te provocan irritación, qué decir? hablan por sí solos: mejor no los leas!

Paco M.

PL dijo...

Gracias por el comentario y los consejos, C.A., y no lo sienta, sólo faltaba. Efectivamente, y por si se cometiese el atropello de no suprimirme, será mejor que no lea cosas que le irriten. No merece la pena. Abrazos.

Anónimo dijo...

uff! aquí alguien ha dejado de tomar la medicación...

Anónimo dijo...

Tienes toda la razón. No los leeré mas. Pienso que sobran en un blog de estas características, que podría alojar algo off topic, pero sorprendente e inédito, algo que esos post no son. Pero por supuesto, si Alfaro ha decidido incluirlo, por algo será. Y no se me ocurriría discutir a Alfaro nada de nada (excepto alguna opinión en derecho concursal). PL, usted es brillante y joven. En el futuro su estilo se encontrará a si mismo. Ahora tomaré mi medicación como me aconseja mi amigo "Anónimo" :). Un saludo

C.A.

Anónimo dijo...

Pues a mi me gustan. Mucho. Al igual que las pequeñas recomendaciones musicales. Simplemente hacen más entretenido el blog.
Ánimo y a seguir.
A.F.

Archivo del blog