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miércoles, 3 de julio de 2013

Cara b: Pedro Letai “¡Baja, baja, baja!”


Hay dos tipos de hechos que justifican por sí solos una vida entera: los que no se le pueden contar a nadie y los que realmente no llegaron a suceder. Si alguna vez combinamos ambos ingredientes y los mezclamos sin agitarlos, ésa será la lanzadera hacia el viaje más intenso e interminable, a medio camino entre la pesadilla y el sueño. Un viaje solitario, a veces solitario de a dos, que ahí está la verdadera soledad. Un viaje con la cabeza apoyada en la ventanilla del tren y la mirada perdida, camino de una estación abandonada por donde nunca pasará nadie más que nosotros mismos y los restos de unos terribles fantasmas que jamás dejarán de acechar.
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Todos hemos visto entre lágrimas 'Los puentes de Madison' y todos hemos chillado histéricos para que Meryl Streep bajara del coche en esa escena sin fin atropellada por un claxon tan cruel que era la vida misma. '¡Baja, baja, baja!', le decíamos a Francesca agarrando con ella el tirador cuando nosotros no bajamos ni a por el pan la mayoría de las veces, encarcelando nuestra vulgar existencia en convenciones sociales, cuando no devotas, que nos llevan derechitos al rebaño de las corrientes de opinión y el pensamiento único. Pensamiento único, qué barbaridad. Es mi culpa, lo siento. Me sentiría culpable, no puedo, qué dirán de mí. Ahí escudas tu cobardía tan banal mientras la pick-up de Eastwood, que es la vida que siempre te habría gustado vivir, y en realidad la que vivirás a partir de ahora pero tamizada por un inmenso dolor, se aleja sin remedio bajo la lluvia. Se nos va húmeda la razón y al doblar la esquina el valor. Se nos van despacio de las manos y entonces el sueño termina, y después, con el semáforo ya en verde, todo será peor. Baja, baja, baja. Como con aquella rubia en aquel portal, las cuatro de la mañana y las calles mojadas; como tantas veces en tantas historias abocadas a morir. Al final morir no es más que una manera elegante de no volver a ninguna parte, de descolgar el teléfono para siempre. Pero existe la autodestructiva tentación de seguir llamando hasta volverse completamente loco, devastado por esa violenta culpa cada vez que oímos la línea comunicar al otro lado.
Las tempestades suelen elegir los espíritus más inciertos y silenciosos para atacar. Esos que preferirían que todo fuese un sueño absurdo acaban siendo devorados por la enormidad de lo real. Otros, los que fingen no haber tropezado jamás, tratan de engañar y, aún peor, de engañarse bajo una moral tan ancha que se revaloriza como un reloj de marca, mientras para los primeros queda un camino de espinas lleno de ocasos, renacimientos y mensajes al móvil en lo que bien podría ser una sobredosis de Haneke.
Si entra el penalti de Navas beso a la chica de la foto. Pero en la mayoría de nuestras vidas el penalti de Navas nunca entró, España siquiera estuvo en Maracaná y la chica de la foto se marchó con otro. En su día fuimos libres, llegó el irrenunciable primer beso, llegó Salinger y llegó el verano, hasta que de golpe maduramos y se acabó la cadena infalible de lo que nos llegaría porque sí, por pura inercia.
Ahora somos por encima de todo lo que no pudo ser, el furtivo relato de lo que no fue. Se acabó todo y nos quedamos acariciando como Eastwood el crucifijo en el retrovisor, con esa imagen irrecuperable en el fondo del estómago revolviéndose incómoda para recordarnos que fuimos felices y lo peor de todo, que no fue un sueño. De eso, de lo que jamás llegó a pasar, se componen ya nuestra piel y, curiosamente, también nuestros recuerdos.





10 comentarios:

Anónimo dijo...

Infumable, como de costumbre....y ademáss meloso

Anónimo dijo...

un pijo que va de intelectual bohemio

Anónimo dijo...

un pijo niño de papa que va de intelectual bohemio

Jorge dijo...

Los tres de los que hablaba Jabois. Me queda la duda de si anónimo 2 y anónimo 3 son uno solo. Su caligrafía les delata

Saludos

PL dijo...

Ojalá un día sean trescientos, Jorge, eso sería genial. No hay lector más fiel que el que está esperándote para cagarse en ti. Lo malo es que estos acentúan mal, y yo quiero lectores instruidos. Me voy a jugar al tenis. Abrazos.

Anónimo dijo...

Escribes cosas muy bonitas, y con mucho sentido, sobre una variedad de temas. Figuras como “sobredosis de Haneke” me hacen soñar contigo.

Te critican sólo porque eres el mejor y porque te tienen mucha envidia por no estar instruidos y no jugar al tenis. Eso duele mucho.

Anónimo dijo...

De vez en cuando la vida
Te besa en la boca...

PL dijo...

Muchas gracias, Anónimo. Trabajar en un despacho es algo que algunos llevan muy mal, y si se creen que mandan ya ni le cuento. Siga leyendo y soñando. Verá que casi todos son mejores que yo, pero aún así siga haciéndome ese hueco a su lado.

Anónimo, a veces el penalti de Navas sí que entra y la vida, efectivamente, te besa en la boca. Disfrútelo, déjese besar y escuche canciones bonitas.

Besos.

Anónimo dijo...

Será porque a todo jurista, o abogado, no vamos a discutir, nos dan ventoleras de bohemio como si acabáramos de leer el Lobo Estepario, o porque alguna borrachera me he llevado de algún bar mencionado en sus relatos, y claro, todo eso genera empatía, pero sus escritos, Sr. Letai, sean de niño pijo, de gauche caviar, o lo que toque, me parecen jodidamente buenos. Le felicito.

PL dijo...

Muchas gracias, Anónimo. Así se dicen las cosas, con decisión. Me alegro de que haya deambulado usted también por el Honky, rodeado de bellas maldades. Un abrazo y buen verano.

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