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jueves, 8 de agosto de 2013

Sesgo confirmatorio y confianza en las propias creencias

Bajo la expresión sesgo confirmatorio se incluyen dos tipos de casos, ambos caracterizados porque el individuo no busca o admite pruebas o argumentos contrarios a una creencia u opinión previa…(y debería reservarse exclusivamente para uno de ellos)… los casos que merecen la etiqueta de sesgo confirmatorio son aquellos en los que el individuo está tratando de convencer a un auditorio de algo. Por lo general, este individuo trata de encontrar argumentos y pruebas para confirmar su propia creencia u opinión y hace caso omiso de los argumentos o pruebas que podrían contradecir aquellas, a menos que anticipe que tendrá que refutar estos. Aunque tal sesgo pueda ser considerado como tal desde una perspectiva epistemológica, es funcional en el sentido de que sirve claramente al objetivo de convencer a los demás.
En el otro tipo de casos que se incluyen bajo la etiqueta de sesgo confirmatorio, lo que tenemos es – no un razonamiento sesgado – sino una ausencia de motivación. El individuo no razona porque no necesita hacerlo ya que tiene una creencia previa, obtenida mediante la percepción y no tiene necesidad de argumentar a favor de dicha creencia
Por tanto, el sesgo confirmatorio, en sentido estricto, no es un fallo de la racionalidad humana.
Es una estrategia eficiente en el marco de la comunicación humana y de los objetivos de ésta. Cuando miro en los bolsillos de los pantalones para buscar mis llaves y no lo hago en los de la chaqueta porque creo que las llaves las puse en los pantalones, estoy actuando sobre la base de confiar en mi creencia previa, (que las llaves estarán en el pantalón porque ahí las dejé y no recuerdo haberlas cambiado de sitio) no estoy actuando con un sesgo confirmatorio. El sesgo confirmatorio en sentido estricto se produce solo en situaciones argumentativas, cuando producimos argumentos y consiste en que cuando mantenemos una determinada opinión, tendemos a utilizar los argumentos que ayudan a confirmarla – para convencer a la audiencia – y a ignorar los que podrían desacreditar nuestra opinión. Es decir, el sesgo confirmatorio es una estrategia de eficacia en la producción de argumentos y en la generación de convicción en la audiencia. Por eso no ignoramos los argumentos contrarios a nuestra posición si contamos con que la audiencia sí los tendrá en cuenta.
La justificación de ese modo de proceder (no parece muy honesto ¿no?) la encontramos – la encuentran los filósofos como Habermas, Rawls y demás contractualistas – en las condiciones del diálogo. Si todos tienen oportunidad de hablar y todos tienen la misma oportunidad de hacerlo, la audiencia recibirá todos los argumentos. Los economistas hablan del “marketplace of ideas” (“The advantage of free exchange of ideas was recognized before that of the voluntary exchange of goods and services in competitive markets”) y justifican así la exposición sesgada de sus argumentos (“for economists who actively engage the public, it is hard to influence hearts and minds by qualifying one’s analysis and hedging one’s prescriptions”). De ahí que
Cuando uno está solo o con personas que tienen puntos de vista similares, los argumentos no se evaluarán críticamente. Es en estas situaciones en las que es más probable que el sesgo confirmatorio conduzca a resultados pobres. Sin embargo, cuando se usa el razonamiento en un contexto más adecuado - es decir, en las discusiones entre las personas que no están de acuerdo, pero tienen un interés común en la verdad - el sesgo confirmatorio contribuye a una forma eficiente de la división del trabajo cognitivo.
Cuando un grupo tiene que resolver un problema, es mucho más eficiente si cada individuo se concentra en los argumentos que apoyan una determinada solución y, a continuación, presenta estos argumentos al grupo que los valora convenientemente. Este método de trabajo produce buenos resultados, siempre y cuando la gente pueda ser influida por la bondad de los argumentos, como parece que es el caso. En estos entornos, el sesgo confirmatorio es “eficiente” porque permite la especialización cognitiva (siempre y cuando)… esté activo solamente en la producción de argumentos y no en su evaluación por los miembros del grupo (como también parece ser el caso): “la gente tiende a ser más objetiva evaluando argumentos que produciéndolos… En la mayoría de las discusiones, es más fácil dejar que los demás encuentren los defectos de nuestro razonamiento y corregirlo entonces en la medida necesaria, que hacerlo nosotros anticipadamente
Mercier, Hugo and Sperber, Dan, Why Do Humans Reason? Arguments for an Argumentative Theory (June 26, 2010). Behavioral and Brain Sciences, Vol. 34, No. 2, pp. 57-74, 2011. Available at SSRN: http://ssrn.com/abstract=1698090

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