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domingo, 29 de septiembre de 2013

Cara b: Pedro Letai. La decisión de Beatriz

Breves apuntes en la dimisión de De Guindos 

La primera vez que yo tuve consciencia de la violencia que esconde la palabra ‘sobrina’ fue en un almuerzo hará unos diez años. Yo tomaba una menestra de verduras con un amigo, probablemente en una postura que intentaba decir algo, y ahí que apareció un conocido a contarnos que se iba de viaje ‘con unas sobrinas’. ‘Qué joven es Pepe para tener sobrinas que ya le acompañan, ¿no?’, me volví yo a mi amigo cuando de nuevo estuvimos solos. ‘Tiene muchas’, me contestó. ‘Tantas que la última vez que le vi con su mujer fue el día de su boda’. Y me fui para casa lamentando profundamente no tener hermanos.
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Cuando se va a dimitir hay dos formas de darle a aquello la aureola que merece: una es anunciar que se va a decir algo –ojo, nunca que se va a dimitir- varias horas antes, para que así los interesados comiencen a conjeturar con cualquier escenario menos el de la propia renuncia, y una vez dada la noticia se celebre que, al menos, no sea una enfermedad terminal que ya era trending topic. La otra es ser tan guapo como Juan José Güemes, dimitir y luego irte a pasar la noche con Angels Barceló pero eso, claro, es extremadamente difícil. El resto de dimisiones, créanme, son patéticas.
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Dimitir a las veinticuatro horas de asumir el cargo aduciendo ‘el interés por facilitar el normal desenvolvimiento de la institución en el inicio de su andadura’ es lamentable. Para eso un cargo no se acepta, mujer. ¿O no sabías ya que eras la sobrina carnal y que en este país sólo interesan las otras?
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¿Las explicaciones del Gobierno? Que aprendan del fútbol. La decisión de Sophie en el Madrid, cuando vienen mal dadas y una vez se echó a Valdano, es mandar a Butragueño a que hable con Mónica Marchante, utilizando el Buitre un tono tan bajo y siniestro que sólo algunas especies pueden oírlo y muy pocos perros entenderlo. Aún así, dan ganas de votarle a presidente del gobierno, como cuando lo de Querétaro.
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Del enchufismo ya lo dejó todo dicho Julio Camba, ‘hay una cosa que se llama el Estado y que es lo más parecido del mundo a una central de energía eléctrica’. No dudo de que la damnificada tendría méritos más que suficientes para ocupar el puesto, pero aquí la damnificada es otra vez la imagen de España. Mejor le iría a Beatriz de Guindos si se dedicara a escribir, como reclamaba Garicano, pero mejor que papers académicos un libro hurgando en la intimidad familiar, tirando de la cadena. Y después si es posible, para redondear, una portadita en Interviú. Aquí no exigimos cabeza, aquí exigimos tetas.
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De todos modos, lo más grave de esta ópera bufa no ha sido lo de la sobrina, sino que el ministro De Guindos, de quien en el IE sólo se recuerda con cariño al chofer porque Luis, al contrario que los asesinos, nunca saludaba, dijera que se enteró del nombramiento de la nueva Directora de Competencia ‘por los periódicos, igual que ustedes’. Qué fenómeno.








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