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domingo, 29 de septiembre de 2013

Microentrada: prácticas con tu padre/madre

El artículo de hoy de Elvira Lindo en EL PAIS me sugiere lo siguiente: España es un país en el que tenemos demasiados ni-nis, esto es, adolescentes/jóvenes que ni estudian ni trabajan. A la vez, en España, los padres que nacieron bajo el franquismo han educado a sus hijos, quizá, con un exceso de protección, lo que ha hecho que nuestros jóvenes sean más bondadosos, mejores amigos de sus amigos, más solidarios y cosmopolitas pero con menos sentido de la responsabilidad, de la necesidad de ser autónomo y de que nada bueno e importante se consigue sin sacrificios y esfuerzos. Acéptese esta generalización. En alguna otra entrada hemos recordado que las nuevas generaciones no han trabajado de niños o adolescentes como hacíamos los de la mía para ganarnos el dinero de bolsillo. Elvira Lindo dice que, en los negocios familiares, esa era la regla: los niños ayudaban en el negocio familiar esporádicamente – puntas de trabajo – o de modo regular – antes o después de ir al colegio –.
Nuestro sistema educativo no acerca a los adolescentes y jóvenes al mundo laboral. No hay coordinación entre la escuela y las empresas y los estudiantes no aprenden a “hacer cosas”. O estudias una carrera superior o eres camarero o albañil. No hay término medio. Alemania es lo contrario. La mayoría de los jóvenes están en el término medio, aprenden un oficio y contribuyen a la innovación mejorando los productos que se fabrican en las empresas donde hacen prácticas cuando alcanzan el nivel de pericia necesario. Esta es la fuente – lo dijo su ministra de educación – de los miles de pequeñas innovaciones que los alemanes incluyen en sus productos exitosos en los mercados mundiales.
¿Qué tal si todos los estudiantes tuvieran que hacer seis meses de prácticas con su padre o su madre en el puesto de trabajo de su padre o su madre?
Ya sé que habría muchos padres irresponsables que se las apañarían para que esos seis meses no sirvieran para nada pero proporcionaría el correspondiente certificado. Pero, con un poco de vigilancia (y un examen en el centro escolar o universitario sobre lo realizado en la empresa), podríamos matar varios pájaros de un tiro.
Primero, los adolescentes entenderían algo más el esfuerzo que hacen sus padres para sacarlos adelante (¿se imaginan a los frescos/frescas que holgazanean si tuvieran que acompañar a su madre a fregar escaleras o a su padre a recoger la basura de nuestras ciudades cada noche?) reforzando la autoridad de los padres en cuanto el sistema educativo se lo impondría.
Segundo, muchos hijos tendrían una experiencia laboral en un ámbito en el que tienen ya muchas papeletas (es frecuente que los hijos sigan la profesión de los padres) para terminar pasando su vida laboral.
Tercero, muchos jóvenes se darían cuenta, mientras estudian, de las cosas que estudian que les pueden ser más útiles y podrían aprovechar mejor su paso por las aulas aumentando su interés por determinadas herramientas, desde los idiomas hasta desmontar y montar máquinas pasando por la informática o la selección de personal.
Cuarto. las empresas – y la Administración – se “acostumbrarían” a tener personal en formación dentro de ellas y se adaptarían rápidamente a lo que no puede ser sino el futuro: la formación profesional desde la edad escolar en las empresas.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

La diferencia entre Alemania y España es que aquí el acceso a la Universidad es más fácil (más de un 90% aprueba cada año la Selectividad) y no está demasiado "bien visto" socialmente si alguien decide optar por una FP y no acudir a la Uni. Allí después de los primeros cuatro años de educación primaria (a los 10 años) tienes que entrar en el "Gymnasium" (en función de las notas) para poder estudiar en la Universidad a los 18/19 años, tras la educación secundaria. También hay vías para que puedan pasar los que sobresalen en otra escuela secundaria al Gymnasium, y así poder acceder finalmente a la Universidad. A menudo se califica/critica el sistema universitario alemán de "elitista" pero así se consigue que sea una minoría la que tiene una carrera superior y que los títulos universitarios adquieran una cierta importancia. Y la mayoría, que aprenden un oficio, no tienen por qué ganar mucho menos que un titulado universitario. No sé cuántas facultades de Derecho hay en España, pero en Alemania son 43 (una privada), para casi 82 millones de habitantes...

FLOR DE HENO dijo...

Querido Jesús: nos gustaría que nos dieras tu opinión sobre las empresas de estudiantes que menciona la Ley de Apoyo a los Emprendedores. Un saludo. Flor de Heno.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

Cacahuetes. Salvo que las fundaciones de las Universidades se encarguen de la burocracia, no funcionarán. Pero es un pequeño paso en el buen camino.

Anónimo dijo...

No me convence la propuesta. El hijo de basurero, a hacer prácticas de basurero y el de abogado, prácticas de abogado. Esto contribuiría a acentuar la impermeabilidad de las clases sociales, es la filosofía contraria a la que preside, p.ej., la defensa de una universidad pública y gratuita para todos. Mi abuela decía, como quien sentencia algo inevitable: "El hijo de pastor, zagal". Esta medida bienintencionada que propones contribuiría a perpetuar eso contra lo que tanto combatimos.

Anónimo dijo...

A Anónimo de 1 de octubre. Con todos mis respetos, pero no estoy de acuerdo con lo que planteas. Lo que el autor propone es que el/la joven aprenda lo que supone el esfuerzo y la responsabilidad en un trabajo. Y el hecho de que su madre limpie escaleras no es menos valioso ni menos esforzado que trabajar en un bufete, hospital o la NASA. Otra cosa es que quiera dedicarse a ello en la vida. Esa será su elección.

Aprovecho para felicitar al autor del blog por su labor docente y, sobre todo, motivadora.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

Yo fui a la vendimia cuando estaba en COU. He ayudado al tendero de mi barrio cuando tenía 10 años, he sido monaguillo con 12 y he dado clases particulares sin parar desde los 16 hasta los 28. Ni he sido vendimiador, ni tendero, ni cura, ni maestro. Pero aprendí mucho de 15 días de trabajo agotador en la vendimia, de cómo se lleva una tienda, de cómo se hace la pelota al padrino para que te dé una buena propina o de cómo enseñar bien. Todo me ha servido y creo que soy mejor asesor, mejor profe y mejor investigador gracias a esos trabajos.
Seis meses de trabajo unas pocas horas al día no determinan nada. Y pueden concienciar al hijo del basurero sobre lo mucho que le debe a su padre. El otro día me contaron una historia en la que una señora que se gana la vida limpiando casas se había apuntado a un curso para ser camarera de hotel. Tiene tres hijos y un (no)marido que les abandonó. Sus hijos adolescentes esperan en el sofá de su casa a que llegue la madre, ya de noche, para que les haga la cena. Es un caso de Madrid. ¿Cómo convences a esos vagos que están jugándose ser unos marginales toda su vida?
¿Debe avergonzarse uno de que su padre sea basurero? Al revés. Este tipo de prácticas puede ayudar a que la gente sepa de qué tiene que sentirse orgullosa y de qué no.
Imagínate que, tras las prácticas, el chico o la chica tuvieran que escribir un ensayo explicando su experiencia. Sería, probablemente, el primer ensayo de una cierta longitud que escribiría en su vida. Le hacemos leerlo en alto delante de sus compañeros y publicamos los mejores. ¿Para cuándo un concurso nacional de redacción en ESO?
Por cierto, aunque habrá hijos cuyos padres estén en paro, también hay muchos trabajando que no tienen hijos

Anónimo dijo...

Lo siento pero sigue sin convencerme, aunque agradezco un montón la explicación y de verdad entiendo el quid. Sin embargon ganarse le pocket money no significa aprender la cultura del esfuerzo. Yo di clases particulares desde los 13 años pero el dinero se quedaba en casa, ni se me ocurría pensar que podía disponer de él sin preguntar. Mis padres me explicaban que ellos me pagaban la casa con sus suministros, el cole, la ropa, la comida, el inglés... así que ese concepto de dinero para mis gastos era inexistente. Me podría dar algún capricho si sobraba dinero de los gastos familiares, y entonces, si a mis padres les parecía razonable, me lo compraban, o me daban dinero para el cine o discos, etc. Austeridad castellana. Estas prácticas domésticas institucionalizadas no me parecen buena idea. En las familias donde se practique la cultura del esfuerzo y la colaboración, esas prácticas ya se hacen. En aquéllas donde se fomente que la madre haga todo y se críen vagos, estas prácticas no se harían. Se firmarían y punto. Por último, cuando los vagos son de gente pudiente acaban "estudiando" en cualquier chiringuito académico de "pay-per-pass" y colocados por contactos en alguna empresa. Si no, son ni-nis. No hay ni-nis pijos, aunque sí hay vagos pijos. He mezclado mil temas, perdón y gracias.

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