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jueves, 17 de octubre de 2013

Cara b: Pedro Letai “La vida fue maravillosa”

Andrés Montes, rebelión en la cabina
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El fútbol por la radio distrae el aburrimiento, es un carnaval valiente. El fútbol por televisión sólo se salva si uno tiene perro y lo tiene cerca y con el rabo feliz. ¿Qué me quieres, amor? Quizá el aburrimiento esté asociado con el sufrimiento psíquico porque aquello que resulta aburrido u opaco no consigue ofrecer la estimulación suficiente para distraer a las personas de otro tipo de sufrimiento más profundo que siempre está ahí, aunque sea en forma de música ambiente a un volumen muy bajo. La mayoría dedicamos casi todo nuestro tiempo y energía a intentar distraernos para no sentirlo, o al menos para no sentirlo directamente.
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La narración del fútbol por televisión tiene algo de pueblo con viento, de cenicero a rebosar o hasta de soledad: causa desasosiego. Pasar del estadio a la radio es algo que muchos hemos hecho en esa fase que los guitarristas llaman ante una taza de té sentar la cabeza. Un par de años después los guitarristas, ya divorciados, suelen ser fotografiados a la salida de un garito con la cara llena de speed y tres modelos subidas a la chepa, pero yo una vez dejé el Bernabéu no he vuelto, lo juro, y encontré mi metadona en la radio y los carruseles. Algunos de mis amigos han dado un paso más desde entonces y ahora escuchan el fútbol por televisión. Estrellas del rock o no, son sólo distintas formas de tocar fondo y siempre partiendo de idéntico origen, la madurez impostada.
Se cumplen ahora cuatro años del fallecimiento del único elemento que durante algunas temporadas desnudó mi teoría hasta casi envenenármela. Andrés Montes apareció en el fútbol televisado con hambre de pecado y en plena expansión galáctica. La trituradora Florentino Pérez fue despiezando aquel Real Madrid hasta dejarlo en el hueso, que era Raúl, para después comérselo también. Llegó un Barcelona dispuesto a morir de belleza y éxito a base de una abundancia de pases que perseguía hipnotizar al rival hasta tumbarlo con alguna pared milagrosa o una incorporación letal. Se acabaron las transiciones de vértigo y el fútbol primoroso en lo físico. Tocaban ahora las canciones de amor y las defensas ya no se reventaban, se dormían. Montes lo vio claro, aquello era el tiqui taca. Aún hoy lo es y nos llevó a ganar un Mundial y, aún más, a unir España por unas semanas.
Encerrado en una cabina mínima, frotándose la frente sudada con un paño y teniendo que compartir cabina con Julio Salinas, un tipo que fue al fútbol lo que Montes a la sobriedad, se desgañitaba con aquello de ‘La vida puede ser maravillosa’. Ahí adquiría el periodista su magnetismo más perturbador, llevándome irremediablemente a apagar el transistor y subir el volumen. Él mismo se convertía en onomatopeya, con su vida maravillosa, por no decir directamente loca. Recuerdo a Salinas en alguna ocasión poniéndose exquisito con un resultado tan desastroso que la cara de Montes era un poema. A Cristo vas a venir tú a venderle clavos, parecía decirle.
En su vida sin fútbol, que existió, Andrés Montes fue durante más de diez años la voz de la NBA en nuestro país, donde popularizó sus jugones, el din-don, el ra-ta-ta-ta-tá y otras expresiones sonrojantes pero tiernas. Para ser eterno sólo le faltó un romance con Gasol. Lobato ya andaba por aquel entonces en la Fórmula 1 con ese tonteo en directo, como en un feliz Gran Hermano asturiano, que se trae con Fernando Alonso, pero a Montes no se le dio el edredoning -entendible por parte de Gasol-, y tuvo que seguir buscando su lugar en el mundo hasta encontrarlo en aquel mundial de Alemania, donde hizo el agosto con sus expresiones y, al enfocarle la cámara, nos encontramos una calva morena y lironda y unas gafas de topo afrancesado a las que pronto cogimos un cariño bárbaro.
En octubre de 2009 un infarto acabó con aquella vida maravillosa antes de tiempo, como les suele ocurrir a los rebeldes o a los que alguna vez nos hicieron reflexionar, y yo volví a mi radio como quien vuelve a casa después de una infidelidad breve, sabiendo que ya nada será lo mismo aunque entre la llave.

1 comentario:

Jorge dijo...

Siempre me cayó muy bien. Desde su época con Supergarcia. No le seguía en la NBA y cuando llegó al fútbol no lo soportaba mucho (eso de llamar a Xavi "Humphrey Bogart" y a Puyol "tiburón" ...), así que no duraba ni cinco minutos con la tele. Creo que fue en el Mundial de Alemania donde empecé a hacer uso de una opción de audio que era "sonido ambiente"

Eso sí, todavía recuerdo como una vez se dirigió a su compañero: "Salinas, ¡SA-LI-NAS! ¿te imaginas que tu hija viene un día y te dice que su novio se llama Mertesacker" -más bien decía Metersacker-?.

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