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martes, 29 de octubre de 2013

Cara b: Pedro Letai. “Veintiséis dólares para Lou Reed”

La muerte del más rockero de los poetas

199650_10152083465300085_933905057_n (1)El domingo me enteré de la noticia por un mensaje de Jesús Alfaro. No es verdad, pensé. No puede ser. Empecé a indagar nervioso por distintas webs, desde el teléfono y sin atreverme a encender el ordenador, como si de la pantalla grande pudiesen salir noticias peores que las del móvil. Su representante lo negaba, pero la Rolling Stone lo confirmaba. La Rolling Stone no es más que una revista de moda, qué sabrán ellos, me decía yo a sabiendas de que ya era imposible salir de aquello. Lou Reed, a sus 71 años, había muerto.
Lewis Allan Reed ya tiene detrás del 1942 un doloroso 2013, como tanta gente inolvidable. El tipo duro de Brooklyn, el poeta realista y provocador que introdujo en sus canciones de amor la heroína, el submundo y la decadencia más sórdida se nos ha ido y nos deja un legado musical y literario digno de los más grandes. Y es que la poesía de Reed queda a la altura de la de Poe, Robert Lowell, Ann Sexton o Sylvia Plath. Si Bob Dylan no viviera, para mí habría muerto el mejor escritor de canciones que jamás conocí. Es así de sencillo.
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Transformer, Berlin, Coney Island baby, New York, las Songs for Drella que junto a John Cale firmó para su malogrado amigo y mecenas Andy Warhol, que les había reunido en aquella salvajada que fue The Velvet Underground, son algunos de los discos imperdibles que nos deja este tipo que por encima de todo fue un soñador y un romántico disfrazado con esas gafas de poeta del desafío y el daño.
En mis poemas aparece Lou Reed, desde luego, y ésa es una de las pocas alegrías que ahora encuentro. Busco entre mis páginas algunos versos, ‘Igual que hay noches / en las que lloras, / y piensas en Jimi Hendrix / con un sombrero blanco, / o en Lou Reed escribiendo / un poema / junto a las luces rojas / del otro lado de la ciudad’; o el poema que le leí a mi mujer el día de nuestra boda, cuando decía: ‘Tú eres Lou Reed en Nueva York / leyendo a Blake junto al Village’. Qué bien que nos acompañara entonces. Del matrimonio quien mejor habló no fue otro que Reed, en ‘I’ll be your mirror’, tan seco como sobrecogedor: ‘I’ll be your mirror, reflect what you are / in case you don’t know, I’ll be the wind / the rain and the sunset / the light on your door to show that you’re home. / When you think the night has seen your mind / that inside you’re twisted and unkind / let me stand to show that you are blind / please put down your hands ‘cause I see you’.
Esas canciones breves y dulces de Lou Reed son precisamente las que me han hecho amarle, más allá del temible y también encantador capo de lo crápula y lo sucio. No existe mejor forma de explicar, quizá a tu propia chica, que la quieres pero que siempre seguirás anclado en algún punto del pasado, que con aquel ‘When I think of all the things I’ve seen / and I know that it’s only the beginning / you know those faces, I just can’t forget’em / but I love you’, de la estremecedora ‘I love you’, que aquí ya fue comentada.
A quien aquella noche cantaba magistral esa canción le conocí en un despacho de abogados gris como sólo lo son los despachos de abogados, pero nos hicimos amigos hablando de Lou Reed, y aún hoy lo pinchamos en las tardes de lluvia, pues años después seguimos compartiendo casi todo lo bueno. Mi madre estuvo en el famoso e infausto concierto del estadio del Moscardó, en 1980, al que Reed llegó dos horas tarde para irse tres canciones después, drogado y mal encarado. La multitud se enfureció y salir de allí fue un verdadero infierno. Mi madre no volvió a ver un concierto en un estadio pero aún esta tarde me escribía y me decía ‘llevo toda la tarde oyendo a Lou Reed, fascinada, como siempre, con su voz única y sus modulaciones tan personales, libres, perversas y muy sexys’.
Yo nunca le vi en directo, y ya nunca le veré. Compré las entradas la última vez que vino a tocar a Madrid, pero por un asunto con la policía –que dejo así, en homenaje a Lou- las perdí. Aquel también fue un domingo triste, pero ni entonces ni hoy ni nunca he dejado de tener presente a Lou Reed. Dicen que Billy Wilder tenía sobre su escritorio un enorme folio: ‘¿cómo lo haría Lubitsch?’. Cuando alguna vez me ha faltado decisión he viajado a Reed para el golpe maestro. ¿Qué les dirías tú a las chicas que, con los hombros al aire, van solas a los conciertos de jazz? ¿Y qué le dirías, Lou, a esas chicas tan bonitas que leen Kafka en la orilla? Supongo que, como dice la excelente poeta Sonia Fides, ‘hasta Lou Reed se pasea con traje y llama a su novia desde el hotel’.
Yo también llevo todo el día escuchando a Lou Reed y leyendo sus letras en los libretos, en uno de esos días que terminan por siempre con la eterna pregunta de si de verdad merece hoy en día la pena seguir comprando discos. Yo a Lou no lo quiero en Spotify, lo quiero aquí, en casa, tratando de recordar, sin ganas de nada más, dónde compré cada uno de estos discos. Llego a ‘I’m waiting for the man’ y escucho aquel comienzo tan atronador: ‘I’m waiting for my man / got 26 dollars in my hand / up to Lexington 125 / feelin’ sick and dirty / for a day and a life’. Como acabo de llegar de Estados Unidos, saco del sobre los dólares restantes y meto exactamente veintiséis en el libreto, junto a la letra del tema. Para lo que te puedan servir allá donde vayas, viejo Lou. Yo ya no los necesito más que para que marquen la página del día en el que comencé a echarte tanto de menos. Buen viaje.

3 comentarios:

Jorge dijo...

De entre las cosas que he leído estos dos días me ha gustado mucho lo que cuentan en The Times sobre una entrevista que tuvo lugar hace menos de dos meses. Destaco esto: "On I’ll Be Your Mirror: “I wrote that for [the singer] Nico. Every word was meant for her...... to make her feel better about herself".

A mi Lou Reed me trae un primer recuerdo de tener que elegir. En época de recursos limitados me decanté por comprar un recopilatorio irregular y conseguir prestados o alquilados unos directos regulares, Live in Italy y el VHS de A night with Lou Reed. Por suerte, siguiendo el sabio consejo de algo tendrá el agua cuando la bendicen persistí y fui al principio, a la VU. Aquello ya fue otra cosa.

Anónimo dijo...

Algún camino nos volverá a juntar:

http://www.youtube.com/watch?v=15GGl7vvGVg

PL dijo...

Eres un 'R&R Animal', Jorge... A mí me gusta el 'Live in Italy', creo que salva los muebles. Canta 'Walk on the wild side' diciendo 'side' sólo una vez, y eso es fabuloso. Un abrazo grande.

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