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lunes, 28 de octubre de 2013

Sociedades cotizadas controladas por una fundación


Esta forma de propiedad es frecuente en los países nórdicos. Compañías como Heineken, P. Møller – Maersk, Novo Nordisk o Carlsberg están controladas por fundaciones a las que los fundadores de estas empresas aportaron las acciones logrando, con ello, que se perpetuara la propiedad en la familia a la muerte del fundador (en el caso de Holanda, especialmente). La enorme flexibilidad del régimen jurídico de las fundaciones en Dinamarca y Holanda han permitido estos resultados.

Estas compañías no son menos rentables que las comparables en manos de inversores dispersos o concentrados. Hansmann y Thomsen han escrito un trabajo sobre ellas en las que tratan de explicar qué mecanismos explican este resultado. Parecería, a primera vista, que una compañía que está controlada por una organización sin ánimo de lucro carece de incentivos para maximizar los beneficios de la compañía controlada por lo que los costes de agencia en ésta deberían ser superiores a los que sufren las compañías controladas por inversores con ánimo de lucro que tendrían incentivos para vigilar a los gestores. El mercado de capitales y, singulamente, el mercado de control (OPAs hostiles) no juega un papel relevante o, al menos, semejante al que juega en relación con las compañías propiedad de inversores. Los patronos de las fundaciones se eligen por cooptación y reciben una remuneración fija (no asociada a las ganancias de la compañía controlada); están sometidos a la supervisión de las autoridades – protectorado – pero se trata de un supervisión muy liviana que no autoriza a criticar la gestión de la empresa controlada. Ningún particular está legitimado activamente para exigir responsabilidad a los patronos por sus decisiones respecto de la empresa controlada.

Para explicar estos resultados, los autores comparan unas con otras estas fundaciones-empresas (en el sentido de empresas controladas por fundaciones, no en el sentido de fundaciones que ejercen una actividad empresarial como serían, por ejemplo, las cajas de ahorro).

Hansmann ya explicó que las empresas sin ánimo de lucro podían ser eficientes como un mecanismo para proteger a los clientes – los consumidores – frente a la explotación por parte de una empresa monopolística o, en general, en mercados con elevados costes de información al contratar para estos consumidores. Por ejemplo, si se funda una ciudad y los habitantes quieren obtener suministro eléctrico, dado que será un monopolio natural, la empresa eléctrica puede explotar a sus clientes y cobrarles un precio monopolístico. Una solución es convertir a la empresa eléctrica en una cooperativa – en una mutua – que oriente su actuación a ofrecer la electricidad al precio más bajo posible a los habitantes de la ciudad. En el caso de servicios a los ancianos y a los niños, como los que pagan el servicio son terceros (los hijos o padres respectivamente), los establecimientos de atención a los ancianos o de guardería o educación pueden estar incentivados para maximizar sus ganancias reduciendo la calidad del servicio que prestan. Una forma de “prometer” a los hijos/padres que tal cosa no ocurrirá es la constituir la empresa bajo una forma no lucrativa de manera que la reducción de costes no beneficie a los individuos que están detrás de la empresa porque no podrán retirarlos. No es extraño, pues, que en estos sectores, las empresas sin ánimo de lucro (reparto de ganancias) proliferen y dominen los mercados.

Estas razones no explican la extensión de la forma fundacional entre las empresas industriales danesas u holandesas. Su constitución como fundaciones se explica, como hemos dicho, por el objetivo de extender la vida de la empresa indefinidamente y más allá de la vida del fundador.

El mecanismo compensador de esta “desventaja” en la estructura de la propiedad lo encuentran los autores en la “distancia” de la fundación respecto de la gestión de la empresa controlada. Esto es, a partir de la afirmación de Fama/Jensen respecto de que se podían reducir los costes de agencia separando las funciones de decisión y supervisión (como ocurre en las sociedades anónimas cotizadas en donde son los administradores ejecutivos los que toman las decisiones de gestión y el Consejo se encarga de supervisar dicha gestión). Pues bien, en las fundaciones industriales nórdicas hay, en cada caso, una mayor o menor “distancia” entre los que toman las decisiones y las implementan – los administradores de la sociedad controlada – y los que, en su caso, ratifican y controlan la gestión – los patronos de la fundación –. La conclusión de los autores es que, cuanto mayor es la separación entre patronos y administradores, más rentables son las compañías así controladas.

Así, en algunos casos, los patronos son, a la vez, administradores de la sociedad controlada (de manera que se confunden el patronato y el consejo de administración). Pero en otros, no se simultanean las posiciones en el patronato y en el consejo de manera que la “distancia” de los patronos respecto de la gestión empresarial es mayor. Su papel se limita, en tal caso, al del “Aufsichtrat” alemán o al de los consejeros no ejecutivos en el Consejo de Administración de las sociedades cotizadas en los sistemas monistas: En estos casos,
“the foundation is a nonprofit holding company that is quite distinct from any of the operating companies in which it holds a controlling share”.
 A esta mayor o menor separación entre el patronato y el consejo de administración de la compañía controlada es a lo que los autores llaman “distancia”.

La “distancia” aumenta la independencia de los patronos. De dos formas. En primer lugar, reduce la capacidad de influencia de los gestores de la empresa sobre el patronato, haciendo a los miembros de éste más independientes. Además, facilita a los miembros del patronato la identificación, no con la empresa, sino con la fundación y sus objetivos (normalmente distintos de los de la empresa ya que el objetivo de la fundación es el de realizar obras sociales, promover la Ciencia o garantizar el bienestar de los miembros de la familia del fundador). Los patronos se convierten así en “outsiders” cuyos objetivos personales no coinciden con los de los “insiders” (los gestores de la empresa controlada). El “coste” de la distancia estriba en la falta de información. Los patronos pueden estar muy mal informados acerca de los problemas que sufra la empresa controlada si la distancia con ésta es muy grande.

La “distancia” será mayor cuanto menor sea la coincidencia de posiciones (patronos que son consejeros de la sociedad controlada); cuanto menor sea la participación de la fundación en la sociedad controlada (esto es, cuanto mayor sea la proporción de las acciones de la sociedad controlada en manos de minoritarios – empleados de la compañía o inversores -, lo que será importante en sociedades controladas por fundaciones que coticen en Bolsa); cuanto más amplio sea el portfolio de sociedades controladas por una fundación (si la fundación es titular de una sola compañía, la distancia es menor que cuando la fundación es, en realidad, una holding que posee participaciones de control en múltiples empresas); cuanto mayor sea la separación física entre la fundación y la compañía (tienen sedes distintas) y cuando la fundación tenga unos objetivos propios – p. ej., la lucha contra la pobreza – distintos de los objetivos de la empresa controlada. También es plausible considerar que, un accionista de control con forma de fundación, permitirá a los gestores de la empresa controlada resistir las tentaciones del cortoplacismo.

De los datos, tiene interés comprobar que en el 60 % de las 113 fundaciones estudiadas, hay patronos que ejercen como consejeros (en el 39 % de los casos coinciden el patronato y el consejo de administración) y sólo en el 7 % de los casos no hay coincidencias personales entre patronato y consejo de administración.

Curiosamente, estos datos se refieren a fundaciones que controlan empresas industriales. Para el caso de los bancos, la distancia entre patronato y consejo era mucho más reducida. Se trata de bancos mutualistas que acaban siendo fundaciones y, respecto de ellos, el control directo del banco por la fundación ha dado malos resultados en la crisis: estos bancos tendían a asumir riesgos excesivos y, en 2011, se cambió la legislación en Dinamarca para asegurar que no había coincidencias personales entre el patronato y el consejo de administración del banco controlado

“a savings bank board must not appoint or constitute a majority of the controlling foundation, and that the same applies to members of the boards of a bank’s subsidiaries, while §209.3 was revised to provide that the chairman of the savings bank board must not be chairman of the foundation board”.

En general, se considera buena práctica de gobierno corporativo que la mayoría de los miembros del consejo no sean, a su vez, patronos de la fundación.

Los autores concluyen que los patronos son, en alguna medida, distintos de los consejeros independientes en una sociedad cotizada. No solo son independientes en el sentido de que no cobran de la compañía controlada, sino que, al no ser ni siquiera miembros del consejo de administración de ésta, se identifican con la fundación, no con la compañía cotizada y no tienen la perspectiva del gestor sino la del propietario. Teóricamente, pueden ser demandados “por favorecer los intereses de la compañía controlada a costa de los de la fundación”. De manera que su posición se parece más a la de los consejeros de una holding que a los consejeros independientes de una sociedad cotizada o a los miembros del Aufsichtrat en una sociedad anónima alemana. Pero, incluso en la comparación con los consejeros de una holding, el hecho de que sean elegidos por cooptación en lugar de por los accionistas de la holding, hace que el grado de identificación de los patronos con la fundación sea mayor que el de los miembros del consejo de administración de una holding con el grupo.

Estas reflexiones son de indudable interés para España cuando se trata de encontrar una regulación eficiente de las Cajas de Ahorro y de los bancos controlados por una antigua Caja que ahora se convertirá en una Fundación.

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