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martes, 26 de noviembre de 2013

Cara b: Pedro Letai. “Antes de que estallase todo”

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Luis Goytisolo, el premio de la paciencia infinita
Era una mañana de 1962 y Luis Goytisolo se debatía por aquel entonces entre perseverar en su prometedora carrera como novelista, lo que implicaba muchas veces no pagar la última, o ejercer de lector para la editorial Seix Barral. María Antonia, entonces su esposa y fallecida en 1993, se le acercó despacio con un manuscrito de los cientos que ocupaban el piso.
- Léete esto, Luis. Es muy bueno.
Goytisolo se sentó en el sillón de orejas y lo leyó del tirón. Al día siguiente fue a ver a Carlos Barral. ‘Este puede ser el premio de este año. Yo lo propongo al menos, sin dudarlo’. Era La ciudad y los perros. Mario Vargas Llosa se hizo aquel año con el premio y ya nunca más volvió a París, instalándose por un tiempo en Barcelona, al igual que harían García Márquez, Jorge Edwards y otros de los que conformaban el cogollito de aquel boom que estaba por nacer.

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Goytisolo había ganado el premio cuatro años antes con una estupenda primera novela, Las afueras, y guardaba desde hacía tres en un cajón unos esquemas nacidos en 1960. Allí estaba el esqueleto entero de una obra monumental, dividida en cuatro secciones. Tenía anotada toda la estructura, el número de capítulos, el argumento de cada uno de ellos y hasta varios de los diálogos. Le falló la escala: Goytisolo pensó que a partir de ese esquema tardaría cuatro años en escribirla, pero se demoró diecisiete. No empezó a escribir Antagonía hasta 1963, que terminó de publicarse en 1981. NH 500 Apareció Recuento en 1973 y le siguieron Los verdes de mayo hasta el mar en el 76, La cólera de Aquiles en el 79 y Teoría de conocimiento en 1981, con los tiros de Tejero en el Congreso aún humeantes bajo el techo de la mentira democrática.
Antagonía circuló desde entonces y durante treinta años en forma de malentendido. Aquello no era una tetralogía ni una serie. Solo en 2012 Anagrama juntó sus más de mil páginas en un único volumen dándole al fin el rostro merecido: el de una sola e imponente novela. Al acabarla Goytisolo pensó que nunca más escribiría una línea, pero afortunadamente no fue así. Merece mucho la pena detenerse también en Diario de 360º, Oído atento a los pájaros o El lago de las pupilas, estas sí quizá novelas más en serie, de sangre caliente y llenas de genios y figuras.
En España somos muy dados a admirar lo de fuera sin siquiera pensar en qué tenemos aquí. Cuando Goytisolo y otros se encontraban en el mismo disparadero como punto de partida tiramos por tierra lo nuestro y cargamos a la espalda el peso de lo ajeno, siempre tan atractivo en perspectiva plana. Luis Martín Santos, Juan Benet, Luis Goytisolo y otros quedaron entonces disociados por la memoria histórica del mismo modo que al otro lado del charco todos pervivieron fijados bajo un mismo e indisoluble patrón, a ratos ficticio, que a tantos eclipsó. Salvo en Borges, se puede considerar que los escritores españoles eran más innovadores, por más tradicionales los del boom, hasta que llegó Macondo como un puñetazo en la mesa haciendo añicos lo que en realidad ya estaba roto. Pareció que solo Rulfo había bebido de Faulkner, y que después de aquel fenómeno mediático ya no había nada. Escriban ustedes creando territorios en los que mirar a una chica sea la única actividad, como moscas atrapadas en una tela de araña. Si alguien lo lee, claro, viene del boom. Incluso en Latinoamérica se desarrolló aquella tendencia de matar al padre. Santiago Roncagliolo aún debe escribir contra Vargas Llosa en Perú, Juan Gabriel Vásquez contra el Gabo en Colombia y así una larga lista de narradores que han tenido que soltarse de unas manos solo recomendables con el fin de sumar en lugar de restar. Demasiadas preguntas y una selva de héroes que a veces no han estado a la altura. Duro de roer.
Medio siglo de paciencia y resignación adornan a Luis Goytisolo, el tío de Julia, ahora Premio Nacional de las Letras. Más de cincuenta años desde aquellos amarillentos esquemas hasta ver hoy su obra como el que vive una noche tal y como la imaginó, con beso de la princesa incluido. Realismo mágico, le dicen. Pues quizá.








1 comentario:

PL dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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