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martes, 19 de noviembre de 2013

Cara b. Pedro Letai: “Luces y sombras de un puñetazo”

Mario Vargas Llosa, el escritor profesional
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De un tiempo a esta parte, Vargas Llosa y yo nos vemos siempre en domingo. Hasta anoche fue solo en papel, en esas columnas llamadas ‘Piedra de toque’ que firma cada quince días en El País, pero ayer coincidimos en un restaurante y no pude menos que pedirle esta foto y darle las gracias por todo lo que me ha hecho disfrutar. No tuve tiempo de contarle cómo leí La fiesta del Chivo en un día apasionante y eterno de verano, pero sí de escuchar un crujido en su muñeca que imaginé la del puñetazo que inflamó el ojo de García Márquez en un cine mejicano. ‘Esto por lo que le hiciste a Patricia’, la esposa despechada que se fue a los brazos del matrimonio colombiano cuando Vargas perdió la cabeza y corrió detrás de una mujer a Estocolmo, donde después regresó blasonado al estallar en la primavera del éxito final.
Además de gran novelista Vargas Llosa es un buen escritor de prensa que debe ser leído de usted. Al publicar en domingo, la familiaridad de sus artículos es balsámica, de gente bien escrita y mejor leída que a mí me ha ayudado a coronar con sus subordinadas resacas antológicas. Vargas Llosa le cae a uno simpático porque no es uno de esos liberales que le rompen las pelotas a los que, como uno, creen que en el fango del liberalismo se halla, subterráneo, cierto totalitarismo ideológico retratado en luminosas actitudes morales. Y es que Vargas Llosa es un señor atractivo, probablemente el único liberal atractivo, y defiende sus posiciones con una argumentación elegante que, además no practica el fariseísmo, un vicio muy extendido entre los de su prole. Si a eso le unimos la monumentalidad de alguna de sus obras literarias, su biografía apasionada, su legendario desencuentro con García Márquez, una equidistancia en Oriente Próximo que no le impide denunciar el violento sufrimiento palestino y, claro, su estruendosa ruptura con el castrismo, nos queda la figura fascinante de un escritor sereno e imponente.
 Vargas y yo (2)
En 2010 se le concedió un merecido Premio Nobel, jaleado en España por la prensa conservadora como el quinto nobel español, como si se tratara del beatle aquél de Hamburgo, mientras El País se lo llevaba penosamente al convento de la socialdemocracia. Y es que Vargas siempre ha andado rodeado de trasfondo político, sobre todo desde que se tirara a la arena con estridente fracaso. Abominó de la Cuba socialista porque no tenía sentido escribir con una mano obras maestras dirigidas contra la tenaza de las dictaduras, la corrupción y el abuso, el machismo, el autoritarismo y la defensa del débil, y con la otra levantar la bandera de un marxismo delirante y empobrecedor que tenía las cárceles llenas de homosexuales y presos de conciencia. Ese abandono de la Revolución, que se tuvo que conformar con un Maradona gordo y teñido de rubio, hizo que Fidel compareciese ante la prensa en chándal y comiéndose un yogur. Definitivamente, en metafórico estertor, la Revolución había caducado.
Mario Vargas Llosa es también un maestro de las relaciones públicas. Siempre he pensado que tiene cuarenta obras muy buenas pero que le falta una novela por escribir, la perfecta. También he creído que aquel puñetazo significaba muchas cosas. Los años dirán si Conversación en La Catedral o La fiesta del Chivo le aguantan el tirón a los Cien años de soledad del otro; yo apuesto a que no. Hay algo que muestra cierto apocamiento literario tras tirar estratosféricamente del carro en La ciudad y los perros, La casa verde o de nuevo Conversación: habiendo vivido la mayor parte de su vida adulta en Europa Vargas fue incapaz de escribir nada europeo salvo los artículos. Necesita del exotismo, lo cual, a veces, le hace ser un escritor con maracas.
El discurso de Vargas en Estocolmo estuvo bien, correcto, liberal e intransitivo, pero sus pucheritos cuando habló emocionado de su señora -y todos pensamos de nuevo en la hostia al Gabo- lo retrataron como el novelista burgués y artesanal, como el profesional de la literatura que siempre ha sido. Nada que ver con Cela y el show que montó con el Nobel, dejando plantada a su mujer de toda la vida y yéndose a Estocolmo con una joven gacetillera que aún no había leído Oficio de Tinieblas 5. Cela era escritor. Vargas Llosa es novelista. Camilo José Cela lo ganó por insistencia y porque creía en él desde que tenía veinte años y no paraba de anunciarlo: fue la noticia más previsible del siglo XX. Es la española una especie muy testaruda, y Cela era muy español y además escribía muy bien. Con tres o cuatro obras a la altura de sí mismo, excelsa San Camilo 1936, y muchas otras haciendo las veces de vedette de su bibliografía, Cela ganó el Nobel. Cuando los suecos le anunciaron su premio, Cela llamó a Umbral por teléfono y le dijo: ‘Paquito, he tenido gemelos’. Umbral nunca se lo perdonó.

3 comentarios:

Jorge dijo...

La foto es excelente, tan perfecta que parece un posado de la Obregón, con perdón (es difícil verlo, pero está dicho como elogio).

De La fiesta del chivo recuerdo especialmente lo bien engarzados que estaba los distintos tiempos, presente y pasado -algo que volví a encontrar hace poco en America America, de Ethan Canin- y lo bien que recreaba esas situaciones que probablemente describan el poder mejor que nadie

Me encanta el Vargas Llosa novelista y como columnista también, aunque a veces cometa pecados mortales, como soltar el mayor spoiler que he visto nunca.

http://merchantadventurer.wordpress.com/2011/10/28/a-mario-tambien-le-gusta-omar/

Anónimo dijo...

La azafata con sus encantamientos infernales rompiendo matrimonios, la esposa despechada quebrando para siempre amistades para siempre... las mujeres, ya se sabe ;-)

Se agradece la aproximacion critica a su literatura (su filiacion ideologica si que es comunmente discutida). Todo un ejercicio de audacia. Tratandose de uno de "los indiscutibles", otro se hubiera retratado con el y luego hubiera hecho aqui un discursito descriptivo y acritico haciendo la pelota al susodicho Nobel. Y estariamos leyendo una de esas tantas columnas donde se escribe bonito pero vano. No es el caso.

PL dijo...

Vaya, Anónimo, muchas gracias. Que por delante quede que para mí Vargas es un indiscutible y un enorme escritor. El artículo habla de 'merecido Premio Nobel', que ya es toda una declaración. Pero sin embargo sí creo que le falta algo -y a veces mucho- para estar allí donde algunos, incluso sin Nobel, y pienso ahora en Borges, sí legan. Vargas Llosa es esa chica preciosa que a los postres pone el codo en la mesa.
En cuanto a las mujeres, curiosamente conozco a una azafata que con encantamientos de altura rompió un matrimonio. Y el despecho que quiebra amistades para siempre, desgraciadamente, también lo conozco. Como usted dice, son todo ya lugares comunes, no sólo literarios. Un gusto leerle.
Jorge, amigo, qué quieres que te diga, eres un incondicional... La foto nos la hizo mi mujer y en casa somos muy de la Obregón -más yo que ella-, así que todo bien. Me compro 'América América'. El mayor spoiler que he visto yo nunca es mi padre: cuando le veo ponerse las bifocales o caminar con las manos entrelazadas en la espalda veo mi violeta inminencia. Abrazos grandes.

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