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martes, 28 de enero de 2014

Gracias 301.910 veces, gracias: la iniciativa para tener libros de texto gratuitos


Por Elena Alfaro 

No me voy a alargar contando los detalles de la iniciativa porque creo que todos los que estáis aquí los conocéis, de hecho, muchos sois tan culpables como yo misma de que haya llegado al puerto que ha llegado, esperemos que sea uno bueno. No obstante, si alguien desea saber más, hoy tengo el honor de publicar un post en el blog jurídico “¿Hay derecho?” explicándolo, y es un honor porque entre otros muchos méritos, ellos recibieron este mismo galardón que hoy se me otorga a mí, el año pasado. 


Cuando Beatriz Becerra me comunicó que el patronato de la Fundación Progeso y Democracia había decidio otorgarme el premio a la Regeneración Democrática de este año y lo que es más singular, me preguntó si lo aceptaba, confieso que me reí. Mi primera reacción fue pensar que estaba realmente mal la cosa cuando se consideraba que lo que yo había hecho merecía “un premio”.Sin embargo, distintas personas cuya opinión aprecio, me dijeron frases como: “lo extraño es que no te hayan dado más” así que empecé a preguntarme si había algo de valor que se me escapaba.

En los últimos días, dos lecturas me han ayudado a meditar sobre este asunto.

La primera ha sido un artículo de Manuel Jabois titulado “Lección práctica de Gamonal” donde cuenta el caso de Os Praceres, un municipio de Pontevedra al que en 1957 le colocaron una fábrica de celulosa destrozando su playa y en el 2002 una vía de ferrocarril atravesó su única plaza. Cito a Jabois:
“los vecinos…fatigados, decidieron obedecer a la democracia y presentar denuncias. Dejen de ocupar las calles y ocupen la ley… en 2007 el Tribunal Supremo declaró ilegal el relleno del puerto y los pasos a nivel del tren: Devuelvan el mar y devuelvan la plaza…He hablado con varios responsables políticos en los últimos años y no se molestan en reconocerlo: jamás cumplirán la sentencia. ”
La segunda lectura es un modelo matemático elaborado por científicos españoles de la Universidad Autónoma de Madrid cuyas conclusiones muestran que la proliferación del talento y a la construcción de una sociedad más equitativa están íntimamente ligados al grado de conexión entre sus elementos. Así una red muy conectada será meritocrática, es decir, premiará y beneficiará el talento, en caso contrario, será topocrática, es decir, beneficiará a los que estén mejor conectados.

El funcionamiento actual de nuestras instituciones, estructuras políticas, sindicatos y asociaciones al servicio de la sociedad hace mucho que está enviando dos mensajes igualmente indeseables: que somos una sociedad topocrática, que beneficia al que está mejor relacionado y que no merece la pena esforzarse en hacer las cosas bien, porque no funciona. Esto es lo que tenemos y por eso no debe extrañarnos que la respuesta sea el desinterés o la versión menos amable, las explosiones de frustración.

A lo largo de 18 meses he sentido la tentación de sucumbir a ambas, sin ningún tipo de remordimientos. Me resistí muchas veces a mandarlo todo a paseo ante el silencio sistemático de mi Administración, el decepcionante funcionamiento de instituciones que reverenciaba y la falta de altura de miras de distintas asociaciones supuestamente cercanas, y me resistí porque recibía correos de personas reales que, después de haber firmado la petición, se sentían más capaces de colaborar en el colegio de sus hijos, o porque todo lo que hice solo me costó tiempo y esfuerzo, lo demás me lo regalaron. Y también porque escuchaba de manera periódica, el concierto de un grupo de rock y una orquesta sinfónica que no se puede comprar pero, si quieres descargarlo entero, lo puedes hacer a cambio de una donación voluntaria destinada a reconstruir el auditorio que el terremoto de Lorca destruyó.

Fueron esos y otros muchos ejemplos de lo “micro”, los que me impidieron abandonar o recorrer sendas menos ejemplares, y me reafirmaron en la creencia de que la única solución posible a la situación que vivimos, es la que pasa por hacer que sea sencilla, eficaz y cotidiana la implicación de todos. Es la que pasa por obligar a nuestras instituciones a regenerarse y cumplir la función para la que fueron creadas. Muchas gracias a todos.

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