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lunes, 14 de julio de 2014

Microentrada: “liebre, cazador, campo”


Si no lo puedes decir en muy pocas palabras, quizá no deberías tener que decirlo
Los anuncios televisivos de medicamentos terminan con un aviso como el de la imagen. Es una obligación impuesta legalmente. En Italia, la leyenda correspondiente dice así: “È un medicinale che può avere effetti indesiderati anche gravi,tenere fuori dalla portata dei bambini e leggere attentamente il foglietto illustrativo”. En España, antes, también la leyenda era mucho más larga (Este anuncio es de un medicamento Lea atentamente las instrucciones de uso Si tiene alguna duda consulte con su farmacéutico). Los anunciantes, naturalmente, debieron de presionar a la Administración para que la “fórmula sacramental” se pudiera expresar consumiendo menos tiempo del anuncio publicitario. Y, aparentemente, todos salieron ganando. Los anunciantes, porque podían dedicar más de los 20 segundos del spot a anunciar el medicamento y no a advertir de que se trata de un medicamento. Los consumidores, porque la lectura de la leyenda se hacía de forma más lenta y, por tanto, más fácilmente comprensible.

Que la información como instrumento de protección de los consumidores ha alcanzado sus límites, es hoy una conclusión bastante extendida. En algún sitio hemos dicho que la gente no quiere información, quiere buenos consejos. Las investigaciones jurídico-económicas al respecto se resumen en este trabajo que concluye con algunos consejos para los reguladores. El primero es que, dada la limitada atención de los consumidores a la información, ésta ha de presentarse de forma simple. El ejemplo de la leyenda de los medicamentos es uno bueno de cómo un mensaje puede simplificarse hasta el límite. Queda en tres palabras: instrucciones, medicamento, farmacéutico (¿a que han pensado inmediatamente en El Juicio de Nuremberg y “liebre, cazador, campo”? min. 4’15’’).
Sería deseable, por ejemplo, que se organizaran concursos para incluir la información obligatoria sobre protección de datos o sobre las condiciones de un producto financiero, sobre las cookies,  o sobre cualquier otra regulación, en la forma más simple posible. Si el ganador de semejante concurso no logra alcanzar el grado de simplicidad de los anuncios de medicamentos, el regulador debería pensarlo mejor y cambiar la regulación. Porque una información que no será procesada ni siquiera por una parte de los consumidores es un puro coste que puede degradar el valor de todas las informaciones futuras que deban proporcionarse a los consumidores.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fantástico, y ¡¡ en microentrada !!

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

ja, ja, ja. No me había dado cuenta de que, efectivamente, "me aplico el cuento" y lo digo en pocos párrafos!
Gracias!!

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