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lunes, 4 de agosto de 2014

Una teoría evolutiva del origen del derecho de propiedad


Invertir esfuerzo o trabajo en un objeto conduce a que el sujeto desarrolle un sentido de propiedad sobre el mismo, esto es, a que considere inaceptable y se oponga con fuerza a que un tercero pueda apropiárselo. Así se relaciona el sentido de la propiedad con la evolución humana. La tesis de Locke – el derecho de propiedad encuentra su legitimidad en el trabajo – puede justificarse evolutivamente. A la inversión de trabajo en el objeto – aumentando su valor – hay que añadir el efecto de ser el primer poseedor (recuérdese, la propiedad se adquiere originariamente en todos los Derechos occidentales por ocupación, art. 609 CC y por “invención” o “creación” del objeto para las obras del intelecto v., la explicación de Steven Shavell y la interesante discusión jurídica respecto a si ha de prevalecer el derecho del que ocupó en primer lugar y el que encuentra la cosa cuando el primero la ha perdido).

El origen de la propiedad se encuentra, no en un acuerdo implícito entre el propietario y el resto del mundo por el que el mundo acepta respetar la propiedad del primero (recuérdese, los derechos reales son derechos erga omnes), sino en la actuación individual del propietario: la posesión y el trabajo desarrollado en el objeto de propiedad aumentan la valoración del objeto por parte del propietario en relación con los terceros, lo que lleva al propietario a estar dispuesto a invertir más que los terceros en conservar la posesión frente a cualquiera que pretenda discutirla. En ausencia de coordinación entre los terceros, la propiedad del primero se consolida. Obsérvese que esta inversión no tiene que consistir, necesariamente, en pelear con el intruso. Puede consistir, por ejemplo, en esconder el objeto.

Así que el sentido de la propiedad es innato al ser humano y producto de la evolución, pero sólo se desarrolla en relación con objetos respecto de los cuales el propietario tiene alguna ventaja cuando se trata de garantizar su posesión y disfrute si un tercero pretende discutirla:

“lo que no puede mantenerse, no se reclama en primer lugar”. 

Si el propietario no tiene ventaja frente a cualquier tercero en mantener la posesión, no se generará el sentido de la propiedad respecto de ese objeto en primer lugar.

Los autores utilizan como modelo el de una oportunidad de caza de un animal. El que “invierte” en cazar el animal disfrutará, en muchos casos, de la pieza cazada lo que generará evolutivamente una conexión más estrecha con el fruto del trabajo propio que con el fruto del trabajo ajeno, lo que conducirá a que el que ha invertido su esfuerzo en un objeto valore el objeto más que un intruso que pretenda apoderarse de la caza ajena y estará dispuesto a invertir más esfuerzo en defender el producto de su caza que un intruso en apoderarse de la caza ajena. Esta misma atribución de un mayor valor se produce no sólo cuando el individuo ha invertido esfuerzo en obtener el objeto – como en la caza de un animal – sino, en general, cuando el individuo es el primero que lo posee – ocupación de cosas nullius –. Del mismo modo, en este caso, el individuo atribuirá más valor a la cosa y estará dispuesto a invertir más en defender su posesión que el intruso en arrebatársela. El sentido de la propiedad se desarrollará más fuertemente – la asimetría con el intruso será mayor – respecto de los bienes cuya producción requiera de una inversión de trabajo y menor, respecto de los bienes que, simplemente, “se encuentran”. Aunque, probablemente, la distinción no tiene mucho sentido mas que si hubiera muchos bienes que se encuentran por casualidad, porque, en otro caso, encontrar los bienes exige una inversión de esfuerzo.
“La asimetría en la cantidad de trabajo productivo realizado sobre el objeto y la ventaja del primer poseedor generan preferencias asimétricas en los individuos por el objeto a favor del que ha invertido el trabajo o es el primer ocupante y en contra del intruso”
Constituye una ventaja evolutiva desarrollar un sentido de la propiedad respecto de los objetos que hemos poseído en primer lugar o en los que hemos invertido esfuerzo si eso incrementa los incentivos para resistirnos a que un intruso se apodere de él y, por lo tanto, nos permite retener lo producido con nuestro trabajo (que debe contribuir a la propia supervivencia). “Es tuyo” es la forma que tiene la naturaleza de inducirnos a esforzarnos. Y, según algunos experimentos con el juego del dictador, los mismos mecanismos inducen a respetar la propiedad ajena que es producto del esfuerzo-trabajo de otros o de que han sido los primeros en ocupar el bien. También puede explicar la irracionalidad de la conducta humana consistente en tener en cuenta los costes hundidos, simplemente, como no podemos calcular bien los futuros beneficios, utilizamos los esfuerzos realizados en el pasado como un sucedáneo.

Mukesh Eswaran and Hugh M. Neary, An Economic Theory of the Evolutionary Emergence of Property Rights        American Economic Journal: Microeconomics 2014, 6(3): 203–226

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