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martes, 9 de diciembre de 2014

Los tanques de la Iglesia y la supremacía del Derecho

Con independencia de que lo que moviera a la Iglesia Católica fueran motivos religiosos o económicos, se convirtió en un actor político independiente en mucha mayor medida que las autoridades religiosas en cualquier otra Sociedad distinta de la Europeo-occidental. China nunca desarrolló una religión propia más sofisticada que la veneración por los ancestros o sus espíritus. India y el mundo musulmán, por el contrario, se configuraron en torno a innovaciones religiosas. La religión, en ambos casos, sirvió como un importante mecanismo de control del poder político. Pero en el mundo del Islam Suní y del subcontinente indio, la autoridad religiosa nunca se centralizó ni se convirtió en una institución burocrática al margen del Estado. Cómo ocurrió tal cosa en Europa está ligado al desarrollo de los estados en Europa y al nacimiento de lo que hoy llamamos la supremacía del Derecho (rule of Law)
Con el Papa Gregorio VII (1073-1085), la Iglesia Católica lanza su afirmación de su carácter soberano sobre la Cristiandad y, por lo tanto, el derecho del Papa a destituir al Emperador. Dado que los obispos eran “funcionarios” de la Iglesia, sólo al Papa correspondía su designación. Para que la Iglesia deviniera independiente de la autoridad política, Gregorio VII consideraba imprescindible reformarla. Y, lo más importante era limitar la capacidad de los curas y obispos para casarse y tener hijos. Acabar con la venta de los puestos eclesiásticos y que éstos no pudieran considerarse heredables. Gregorio VII exigió el celibato de los curas y obligó a los que ya estaban casados a elegir entre sus deberes hacia la Iglesia y sus deberes para con su familia.

Al privar a los curas y obispos de familia, Gregorio VII atacaba la principal fuente de corrupción: el patrimonialismo. Sin hijos a los que dejar las riquezas derivadas de puestos eclesiásticos, los curas no tenían incentivos para enriquecerse. Era la misma lógica que había llevado a los chinos a encargar la Administración a los eunucos o a los otomanos a utilizar a esclavos no musulmanes para dirigir el ejército y la administración. Para tener éxito, el Papa Gregorio tenía que vencer la oposición de los obispos y, naturalmente, lograr reservarse el derecho a designarlos, en lugar de serlo por los reyes y emperadores. El emperador Enrique IV se opuso pero muchos príncipes alemanes se pusieron del lado del Papa (que había excomulgado al emperador) y el emperador tuvo que ir a ver al Papa a Canosa para recibir la absolución.

A diferencia de otras creencias religiosas, la Iglesia Católica no estaba al lado de un rey concreto (piénsese en la Iglesia Ortodoxa y Bizancio primero y Moscú después en donde la Iglesia nunca se separó del poder político). Gregorio VII acabó mal, pero sus reformas tuvieron unos efectos históricos fenomenales. La Iglesia se convirtió en una organización autónoma y dotada de una burocracia que le permitía jugar un papel social y político de primer orden. En lo económico, y al margen del diezmo, la Iglesia dispuso de grandes recursos, sobre todo, a través de su predominio sobre el estudio del Derecho cuando el Código de Justiniano reapareció, en la Edad Media, y, en particular, sobre el Derecho de familia y de sucesiones.  El Derecho Canónico fue codificado (Graciano) y el Papado se convirtió en un Estado sin ejército, pero con una burocracia y unos recursos incomparables.

Esta transformación de la Iglesia permitió el afianzamiento de la supremacía del Derecho en Europa. Por encima del poder político, estaba el Derecho. Había límites a lo que un soberano podía hacer o deshacer. Y en Europa Occidental nunca se impuso un absolutismo comparable al de Rusia, China o el Imperio Otomano. Ni en Francia, ni en España, los dos grandes Estados de la Edad Moderna, ni mucho menos en Inglaterra u Holanda.  La supremacía del Derecho tiene una base religiosa.

La Iglesia extendió también su influencia sobre el Derecho de Familia y Sucesiones con intenciones parecidas: reducir la tendencia natural de los seres humanos al nepotismo (patrimonialismo) y a traspasar las riquezas hacia los que comparten genes manteniendo la riqueza unida en torno a un linaje. Para lo cual, la Iglesia promovió el individualismo, en el sentido de que eran los individuos y no los grupos familiares más o menos extensos los que tomaban las decisiones sobre matrimonio, disposición de la propiedad etc. Y la mejor forma de acabar con la influencia del grupo pasaba por retrasar el matrimonio de las mujeres – lo que les daba tiempo para adquirir propiedades – y negar derechos hereditarios a quien no fuera hijo del causante. De esta forma, la Iglesia podía recibir muchos de esos bienes. Las viudas y las mujeres solteras no tenían por qué dejar los bienes recibidos a varones del mismo linaje del causante. En Europa, “the structure of the European peoples’ agnatic lineages had been too weakened to be a source of social support. Feudalism arose as an alternative to kinship”

Francis Fukuyama, The Origins of Political Order, 2010, pp 229 ss.

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