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viernes, 16 de octubre de 2015

La maldición del turismo

Fuente: elperiodicomediterraneo.com

¿Por qué España tiene un nivel de paro tan elevado incluso en épocas de crecimiento económico? ¿Por qué crecemos sin aumentar la productividad? Rodrik puede tener algunas respuestas. (y aquí). Quizá el Derecho laboral y la negociación colectiva no son tan relevantes. Quizá el problema esté en que no podíamos hacer otra cosa, una vez que España se “perdió” la industrialización que tuvo lugar en Europa desde finales del siglo XIX hasta pasados los años 50. Nuestro desarrollo económico, el que nos permitió “sacar” millones de españoles de la agricultura y la ganadería, consistió en exportar mano de obra y, a partir de los años sesenta, crecer a base del turismo y de las actividades asociadas a él. Permítasenos la brocha gorda (España tiene una economía muy diversificada y una industria potente en muchos sectores, nuestras exportaciones han aumentado en los últimos años gracias, sobre todo, a que nuestra potentísima agricultura se ha trasladado a las exportaciones agroalimentarias y a la gran eficiencia de nuestra industria automovilística). ¿Ahora qué?

España no puede convertirse en sede de grandes empresas industriales que generen empleo en gran cantidad. Aceptémoslo. España reforzará sus ventajas competitivas asociadas a la industria agroalimentaria (y se convertirá en el mayor exportador del mundo de delikatessen gracias a su variedad climática, su larguísima experiencia y la existencia de una demanda interna muy sofisticada y muy dispuesta a gastarse el dinero en comer y beber) y tendrá una buena posición en algunos nichos. Pero los millones de jóvenes que accederán al mercado de trabajo en los próximos años no trabajarán en la industria. Trabajarán en los servicios. Y los servicios y la industria se diferencian – Rodrik – en dos cosas: son menos comercializables (es decir, menos exportables) y la productividad de los que trabajan en ellos es baja (un campesino puede multiplicar su productividad por cuatro si se traslada del campo a una fábrica de camisetas o de zapatillas de deporte). La menor productividad de los servicios se debe a que mientras la industria depende de la demanda mundial de esos productos (y, por tanto, puede crecer mucho más allá de lo que exigiría la cobertura de la demanda interior), el aumento de la productividad de los servicios viene limitada por la demanda interna del país. Si la productividad del país no aumenta, no puede aumentar la del sector servicios.

Pero la mayor parte de la población española trabaja en el sector servicios. Unos, financiados con impuestos (educación y sanidad) y otros, dependientes directa o indirectamente del turismo o de los sectores industriales. El resultado es que tenemos a millones de personas empleadas en el comercio y en los servicios asociados al turismo (hostelería, mantenimiento, transporte, ocio…) Y la formación que se requiere para desempeñar esos trabajos es (en la mayor parte de los puestos de trabajo) muy reducida. ¿Por qué alguien habría de adquirir las habilidades y conocimientos necesarios para desempeñar trabajos que no existen en nuestra Economía? Nuestros ni-nis no son idiotas. Son racionales.

Los servicios son exportables en mucha menor medida que los productos industriales o manufacturados. Pero son exportables. España no debería elevar la formación y habilidades de los españoles jóvenes para, a continuación, mandarlos al extranjero a trabajar o ponerlos detrás de la barra de un bar o de un mostrador de una tienda. Los españoles, que no son tontos, prefieren una carrera fácil o abandonar la escuela tempranamente porque sólo los mejores de cada cohorte logrará un puesto de trabajo de esos que lo colocan a uno rápidamente en el 5 % de mayor renta del país (los 500 del Banco Santander, los 500 de Telefonica, los 500 de Iberdrola y sigan así con unas 300-500 empresas españolas más el 5 % de los médicos y de los abogados y el 1 % de los empresarios más… ). Para todos los demás, hacer una carrera difícil, aprender matemáticas o ingeniería y a programar es irracional. Y hacer una carrera fácil sólo garantiza un trabajo de calidad el mejor 5 % de cada promoción.

España debería reducir los obstáculos que impiden que los servicios que prestamos – y muy bien algunos – sean exportables. Por ejemplo, la construcción y gestión de infraestructuras ha proporcionado enormes sueldos a españoles (expat). En todo lo que tiene que ver con la gastronomía hay que echarle imaginación para convertir en productos exportables lo que hacen nuestros cocineros o lo que hacen los que están en el sector turístico. En el sector del transporte, los transportistas españoles han pasado de cambiar de lugar la mercancía de otros a gestionar la entrada en los mercados europeos de la fruta de Sudamérica. De los negocios asociados a internet, no hay que hablar.

Vean lo que ha ocurrido en España al respecto (vía @dfuentescastro)


Sólo así conseguiremos que los chicos y chicas que están en la barra de un Starbucks o de azafatas del AVE (con una carrera de Turismo) tengan sueldos elevados como encargados de la expansión de Starbucks en Sudamérica o de los recursos humanos de los trenes de Sudáfrica. Y no como emigrantes, sino como expatriados. Con su casa abierta en Valencia, Orense o Girona. Y tras unos pocos años, estarán inventándose nuevos servicios que comercializar fuera de nuestras fronteras.
Actualización Entrevista a Hausmann

1 comentario:

Anónimo dijo...

... cuántos turistas acuden a Londres?

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