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martes, 17 de noviembre de 2015

Mercados competitivos y gobierno corporativo

El mecanismo de mercado para controlar los costes de agencia más eficaz es, sin duda, el mercado de productos, es decir, el mercado en el que la sociedad desarrolla su actividad (zapatos, programas informáticos, telecomunicaciones...). De dos maneras.

En primer lugar, aquellas formas de organización que sean ineficientes tenderán a desaparecer. Por lo tanto, la sociedad anónima separadora de la propiedad y control no podría sobrevivir como organización empresarial si no fuera, en el margen, tan eficiente como cualquier otra forma de organización (limitada, colectiva, cooperativa, mutua etc.). Dado que los particulares pueden invertir su dinero en muy diferentes formas organizativas, en el margen, todas ellas deben ser igualmente eficientes, especialmente cuando distintas formas organizativas compiten en el mismo mercado de producto, como ocurre, por ejemplo, cuando los particulares pueden asegurarse en una compañía de seguros con forma de mutua y con forma de sociedad anónima.

Por otra parte, entre las que tengan las mismas reglas de gobierno, las empresas peor gestionadas perderán, normalmente, cuota de mercado – y eventualmente quebrarán – a favor de las mejor gestionadas. Consecuentemente, la existencia de una intensa competencia en el mercado de productos acaba expulsando del control de los activos empresariales a los “malos” gestores, no porque se les destituya, sino porque se expulsa del mercado a su empresa. Precisamente si los accionistas – o los potenciales inversores – tienen poca información acerca de qué administradores de qué compañías “lo están haciendo bien”, es la competencia en el mercado la que indica quiénes son los exitosos y quiénes son los fracasados, en forma de beneficios. De modo que si el mercado de productos es muy competitivo, el gobierno corporativo es irrelevante y no afecta al valor de las empresas.  

Además, en un entorno muy competitivo, los márgenes de las empresas que actúan en ese mercado serán más reducidos y, consiguientemente también las oportunidades de expropiación de los gestores de dichas empresas. En definitiva, la competencia induce a las empresas a reducir todos sus costes, incluyendo también los costes de su gobierno corporativo. Ahora bien, si la competencia en el mercado de productos no resuelve los problemas de riesgo sistémico – como ocurre en el sector financiero – una competencia feroz puede incrementar los riesgos de crisis

En este trabajo, Schymik analiza cómo afecta a la retribución de los administradores la liberalización del comercio mundial y los aumentos de productividad. Resulta que ambos factores están correlacionados positivamente con la retribución (probablemente porque ambos son complementarios con los gestores más cualificados). Si se incrementan los unos, se incrementa la otra. Una segunda correlación detectada por el autor es la que existe entre incremento de la competencia en el mercado de los ejecutivos (las empresas compiten más intensamente por reclutar a los ejecutivos más exitosos) y debilitamiento de las reglas de gobierno corporativo. Es decir, parecería que la competencia por captar a los mejores lleva a las compañías a reducir la vigilancia y el castigo de sus gestores (“managerial entrenchment is larger when the level of executive pay in an industry rises”).

Estas correlaciones se explicarían, según el autor, como sigue: una retribución mayor – y ligada al éxito de la empresa – y un mayor control de la conducta del administrador son dos instrumentos sustituibles entre sí para reducir los costes de agencia. Si la empresa se ve forzada a pagar una retribución mayor como consecuencia de la intensificación de la competencia en el mercado de los ejecutivos, reducirá sus esfuerzos – y sus costes – en gobierno corporativo, ya que, con el mayor salario, los intereses de la compañía y los del administrador están mejor alineados y, por tanto, la inversión en “buen” gobierno corporativo resulta un gasto – en mayor medida – superfluo.

Este análisis es coherente con algunos estudios que han detectado que las mismas reglas de gobierno corporativo no “funcionan” igual de bien en unas compañías y otras. De modo que, en compañías bien gestionadas, son incluso contraproducentes. De ahí también que no sea deseable imponer, a través de normas imperativas, normas de gobierno corporativo a todas las sociedades cotizadas. Es preferible seguir utilizando la doble vía: normas imperativas para las reglas más básicas que garanticen un “estándar de calidad” suficiente de protección de los accionistas dispersos frente a la expropiación por parte de los insiders y recomendaciones – vía Códigos de Buen Gobierno – en las materias en las que cabe esperar que los otros “mercados” que reducen los costes de agencia – especialmente el mercado de productos – actúen de forma eficaz para limitar dicha expropiación. Podemos esperar, en efecto, (no decimos que sea así, naturalmente) que los costes de agencia en Inditex sean mucho más bajos que en otra compañía de capital concentrado como Ferrovial, OHL o ACS, ya que Inditex vende sus productos en un mercado muy competitivo mientras que Ferrovial, OHL o ACS se mueven en mercados oligopolísticos, de manera que, si el gobierno corporativo de la primera fuera muy “malo”, acabaría por quebrar mucho antes que las otras.

Schymik, Jan Simon, Trade, Technologies, and the Evolution of Corporate Governance (November 2015)

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