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martes, 16 de febrero de 2016

Más sobre el mutualismo

Murciélago de nariz de lanza, Wikipedia

En otra entrada nos hemos ocupado de cómo intensos niveles de cooperación en la sociedad humana no necesitan del altruismo para emerger. Basta con que los miembros de la sociedad se den cuenta – racionalmente – de las ventajas para todos que derivan de la cooperación. Los mercados, en este sentido, pueden verse como enormes océanos de cooperación donde la competencia son solo pequeñas islas. Pero donde es más probable que los comportamientos mutualistas se desarrollen es en el seno de los grupos, ya que las interacciones entre sus miembros son mucho más intensas y repetidas, de manera que es perfectamente posible que, sin exigir comportamientos racionales, la evolución y la selección natural generen gran cantidad de comportamientos mutualistas de forma mecánica. Los murciélagos son un ejemplo extraordinario.

La diferencia entre un comportamiento mutualista y uno altruista radica en el sacrificio del interés propio (coste) que implica el segundo y no el primero. Los autores examinan el comportamiento de los murciélagos y se preguntan si realizan una “inversión cooperativa costosa” para obtener las ventajas de la reciprocidad entre los miembros y, si lo hacen, “qué es lo que asegura el retorno cooperativo”?

Distintas especies de murciélagos cooperan para compartir nidos, para ahorrar energía durante la etapa de hibernación, para proteger a las hembras de machos que no pertenecen al grupo, para construir nidos y sobre todo para capturar comida y compartirla. Lo más llamativo es que compartan comida entre adultos regurgitando la sangre chupada a un mamífero, cada murciélago reduce la muerte por inanición de otros murciélagos que han tenido menos suerte en la búsqueda de alimento. Los murciélagos tienen poca capacidad para almacenar energía y fallecen por inanición rápidamente si ayunan. De manera que compartir la comida es una estrategia que eleva las posibilidades de supervivencia de todos los miembros del grupo. A la vez, el coste para el “donante” es bajo porque, si tienen suerte en la caza, pueden almacenar en sus cuerpos una cantidad notable de alimento – sangre.

Dicen los autores que “compartir la sangre regurgitándola evolucionó, probablemente, a partir del cuidado de las crías”. Que las madres/padres alimenten a las crías es una conducta extendida en el reino animal. Entre los murciélagos, es frecuente que las hembras cuiden de las crías de otras hembras que pertenecen a su grupo y ataquen a las crías de hembras de grupos ajenos. Es decir, que el cuidado recíproco de las crías está extendido dentro del grupo y es muy relevante porque hay una tasa alta de mortalidad de las crías, de modo que esta conducta cooperativa entre las madres favorece el éxito reproductor de todas ellas. Es fascinante que cuando una cría que todavía no puede volar cae al suelo, empieza a gritar y adultos-hembras acuden en su ayuda porque su situación es especialmente peligrosa, ya que la cría puede ser atacada fácilmente en el suelo por un depredador o por una murciélago que no pertenece al grupo.

Pues bien, a partir de esta conducta de cuidado de las crías en el grupo podría haberse desarrollado la conducta consistente en compartir el alimento entre adultos. Y que esta evolución se produjo, no en virtud de las relaciones de parentesco, sino por la frecuencia de las interacciones entre los miembros del grupo, lo que se deduce de su amplia extensión entre los que comparten nido, estén o no emparentados. El carácter mutualista de esta conducta se deduce de que “haber ayudado con anterioridad es más importante que el linaje para explicar la variación en las tasas de donación entre individuos que se <<conocen>>”. Según estudios recientes, “ayudar a los que no son de tu linaje expande la red de posibles donantes más allá de lo que sería posible si se compartiera sólo con los parientes cercanos”. O sea, que los murciélagos crean “redes de seguridad” más extensas que el linaje compartiendo comida y ampliando así el círculo de donantes en caso de necesidad. Y lo más fascinante es que la “cuenta corriente” se compensa en el largo plazo, es decir, que hay algún tipo de memoria respecto a quién ha ayudado en el pasado. De manera que no practican la ley del talión o una estrategia tit-for-tat (ojo por ojo). O sea los buenos mutualistas serán elegidos con más frecuencia como contrapartes de los intercambios. Y, aún más fascinante, el donante de comida puede ser pagado en una especie distinta, es decir, recibir, no comida, sino otro tipo de servicios por parte del donatario, por ejemplo, “acicalado social”, es decir, limpieza o desparasitación.

Los autores concluyen – es interesante – indicando que se necesita observar a los murciélagos durante plazos muy largos de tiempo para poder determinar si hay conductas mutualistas entre ellos que no se expliquen por razones de parentesco o linaje. O sea, de nuevo, la importancia de “diseñar” bien los experimentos para no sacar conclusiones erróneas.

Gerald S. Wilkinson, Gerald G. Carter, Kirsten M. Bohn, Danielle M. Adams

Non-kin cooperation in bats

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