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martes, 26 de abril de 2016

Spain is different?

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Victor Lapuente ha escrito una columna en Piedras de Papel dentro de El Diario.es en la que llama la atención sobre la polarización de la política en España que atribuye a su carácter unidimensional que responde, en último extremo, a la actitud de los españoles respecto de la Iglesia.

Los españoles, desde el siglo XIX, han sido clericales o anticlericales y esa división se corresponde con su comprensión general del mundo. Los de izquierdas son anticlericales, progresistas en lo cultural y social y anticapitalistas. Los de derechas son católicos, conservadores en lo cultural y social y “pro-negocios” (no creo que haya existido en España nunca una derecha realmente pro-capitalista por conservar la distinción entre ser pro-negocios y ser pro-capitalista de Zingales).

De manera que la curva que “sale” es la del gráfico: la línea diagonal une a todos los partidos. No hay partidos que sean liberales en lo cultural y social que sean procapitalistas y no hay partidos conservadores en lo cultural y social que sean anticapitalistas. En otros países hay tales partidos en la derecha (liberales) y en la izquierda (verdes).

Hay que decir que no hay mucha diferencia entre España y la mayoría de los países de tradición católica. Lapuente deduce de tal unidimensionalidad una mayor dificultad para pactar. Porque habría una suerte de cosmovisión que dificultaría el pacto entre partidos que estén situados – en la línea diagonal – arriba a la izquierda y los que están situados abajo a la derecha.

Dos observaciones. La primera es que

el problema es el PSOE

Durante las décadas de gobierno de Felipe González, el PSOE fue un partido moderado en las dos dimensiones (cultural y económico). Y, al menos, durante la primera legislatura de Aznar, el PP lo fue igualmente. Sólo durante el gobierno de Zapatero el PSOE derivó en lo cultural hacia la izquierda marcando una distancia cada vez mayor con el PP. Como no podía diferenciarse en la política económica (marcada por las obligaciones asumidas en Europa), intentó la diferenciación en los aspectos socio-culturales y territoriales. Y así nos fue. Se rompió el consenso nacional en ambos ámbitos. El PSOE se ocupó de presentar al PP como un partido retrógrado (con buenos mimbres procedentes de la segunda legislatura de Aznar – véase lo ocurrido con la investigación con células-madre por poner un ejemplo menor pero significativo – ) y escoró hacia la izquierda en lo que pudo.

Al PSOE le han salido competidores, curiosamente, por la derecha – liberales en lo social y cultural y procapitalistas en lo económico, Ciudadanos, – y por la izquierda – progresistas en lo social y cultural y anticapitalistas/populistas en lo económico, Podemos. Y, en esa transformación, el PP se ha quedado como un partido conservador al que, si ya le costaba obtener mayorías suficientes para gobernar en solitario, ahora no puede hacerlo ni podrá hacerlo si no es mediante coalición con otro partido de ámbito nacional.

De manera que la dificultad para pactar se debe, no tanto a la unidimensionalidad de la política en España como a la polarización y el “empate” entre los dos grupos nacionales. Si la izquierda anticapitalista y progresista en lo socio-cultural fuera hegemónica, claramente hegemónica, tendríamos un pacto PSOE-Podemos y un gobierno de izquierdas. Si la derecha “clerical” fuera hegemónica, tendríamos un gobierno PP-Ciudadanos.

El problema no es, pues, la unidimensionalidad. Eso es normal. Lo raro es lo de Suecia y los países nórdicos. A mi juicio, al tratarse de sociedades muy homogéneas, los consensos sociales son muy amplios y alcanzan, por supuesto, a todo lo relativo al papel de la religión en la vida pública. Y en países mucho menos consensuales – como los EEUU – hay consenso acerca del papel de la religión en la vida pública (separación absoluta entre la Iglesia y el Estado). Francia presenta niveles parecidos de unidimensionalidad y resuelve el problema de la gobernabilidad con la segunda vuelta. Italia no lo ha resuelto y ha tenido más gobiernos que el resto de Europa junto.

El problema es, pues, el del desplazamiento del PSOE a partir de la época de Zapatero y su renuncia a robar electores al PP patrocinando un proyecto que pudiera atraer a los 3 millones de votantes del PP que han votado por Ciudadanos. Así ganaba históricamente las elecciones el PSOE con mayoría absoluta, quitándole votos a Izquierda Unida y quitándole votos al PP en el centro. Con esta renuncia a los votantes de centro, el PSOE ha hecho mucho más difícil una gran coalición, precisamente, cuando ninguno de los dos por separado – PSOE y PP – puede gobernar en solitario.

La segunda es

el eje territorial.

Y aquí, de nuevo, el problema es el PSOE. Durante la época de gobierno de González, PP y PSOE consensuaban los aspectos territoriales. Zapatero rompió el consenso con el PP con su apoyo a la reforma del Estatuto de Cataluña y, desde entonces, ese consenso no se ha reconstruido y el disenso se ha extendido a cuestiones fundamentales que se habían cerrado en la Constitución. El PSOE pone en duda ya todo el sistema de la Constitución de 1978, la monarquía, el sistema autonómico, la financiación de las Comunidades Autónomas…

En ese río revuelto que provocó la era Zapatero y con los niveles de capacidad técnica e inteligencia más bajos de la Historia de España, el PSOE ha proporcionado una ganancia extraordinaria a las izquierdas nacionalistas. No ha surgido ningún partido nacionalista de derechas. De manera que la unidimensionalidad se refuerza en la cuestión territorial. En España, ser de izquierdas es ser anticlerical, anticapitalista y nacionalista

Añádase que en Podemos no hay ninguna expertise científica, económica o jurídica (es un partido lleno de expertos de segunda en las humanidades y ciencias sociales más “blandas”) y se comprenderá perfectamente que estemos hablando de lo que no deberíamos hablar (“ser o no ser” de España; sustituir el sistema económico por no-se-sabe-qué, sustituir el sistema territorial de la Constitución por no-se-sabe-qué, sustituir la forma de Estado… como en cada momento del siglo XIX y del siglo XX). Y no estamos hablando de lo único realmente importante: cómo conseguir que España crezca económicamente.

Así pues, si no se pacta es porque PP y PSOE se han alejado, en las últimas décadas, como consecuencia de la deriva socialista hacia la izquierda y su renuncia a los votos de centro. Si no pactaron en el pasado no era por sus incompatibilidades, sino porque no era necesario con unos partidos nacionalistas que no pedían la independencia.

1 comentario:

Roberto dijo...

Excelente blog de análisis jurídico! Pero cuando cambia el objetivo por el análisis político, deja mucho que desear.

Sobre la dificultad de losm pactos políticos en España, llega a la conclusión de que el problema es el PSOE. ¡Pero si el PSOE es, junto a Ciudadanos, quien más ha hecho por sacar la legistatura adelante mediante pactos! El único pacto que ha habido ha sido el del PSOE con Ciudadanos, el único partido que ha buscado pactos a izquierda y derecha ha sido el PSOE, quien más se ha esforzado por lograr acuerdos en esta legislatura ha sido el PSOE. ¿El problema es el PSOE? Al contrario, ¡la única salida es el PSOE! No el PP, que muestra un rechazo generalizado entre la ciudadanía, por su corrupción y sus políticas antisociales, ni Ciudadanos, que no ha querido profundizar en los pactos hacia la izquierda, ni Podemos, que nunca ha negociado en serio. Sólo el PSOE puede ser el eje que vertebre una política que necesita de consensos amplios.

¿El PSOE de Zapatero se radicalizó en lo socio-cultural? Estamos hablando del PSOE que aumentó la asignación a la iglesia del 0,5% al 0,7%, del PSOE que no tocó la Ley Orgánica de Libertad Religiosa, del PSOE que tomó medidas para hacer la vida de los ciudadanos más digna, como la Ley de Dependencia (¿eso es radicalización?), de la Televisión pública plural y objetiva, premiada internacionalmente (¿eso es radicalización?). Es verdad que el PSOE presentó al PP como un partido retrógrado, pero también que tenía buenas dosis de razón en ello. Recordemos que era el PP de la crispación, de la mentira y las teorías de la conspiración sobre los atentados de Atocha, de las manifestaciones contra el matrimonio igualitario, contra las decisiones del Supremo sobre excarcelación de terroristas, o contra las negociaciones con ETA que rompían España, del boicot a los productos catalanes, de las interpelaciones parlamentarias en materia de lucha antiterrorista (algo que nunca se había hecho en 30 años de democracia)... Si hubo radicalización, fue la del PP.

Y en el eje territorial tampoco es cierto que el PSOE haya roto el consenso, ni que eso haya provocado una ganancia a la izquierda nacionalista, sino que ha sido al contrario. No hay más que ver los resultados electorales de ERC. Llegó al final del mandato de Felipe González rota con unos resultados electorales exíguos; pero desde que toma posesión Aznar, sus resultados empiezan a crecer elección tras elección. Resultado evidente del buen juego que hacía el PP y los medios más conservadores a un personaje tan patético como Carod Rovira. Desde que llega al gobierno Zapatero, elección tras elección, ERC pierde representación. Y con el gobierno de Rajoy, ERC se vuelve a disparar, se convierte en la primera fuerza en Cataluña, y el independentismo se multiplica hasta convertirse en un problema muy grave. Los datos son los datos y no se pueden obviar: en términos electorales, nada beneficia más a la izquierda nacionalista que esta derecha nacionalista española, y si algo la perjudica es una izquierda moderada y dialogante; y los resultados electorales son la prueba más evidente de ello.

De modo que el problema no es el PSOE, sino el radicalismo del PP desde la época de Aznar.

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