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martes, 24 de mayo de 2016

Convenciones


“Imaginemos una fiesta… e imaginemos que un individuo lleva una ropa a la fiesta que no es acorde con las convenciones sobre la ropa que uno lleva a una fiesta. Este individuo no daña a nadie, pero está establecido en nuestras bases culturales comunes qué tipo de ropa lleva uno a una fiesta y este individuo se comporta, intencionadamente, de manera no conforme con la convención. Como todos asumimos que cualquiera se identifica con sus compatriotas culturalmente hablando y que quiere formar parte de ese grupo, la inferencia es que el in-conformista no quiere identificarse o asociarse con nosotros y, como él sabe lo que nosotros pensamos al respecto, no respeta nuestras valoraciones. En consecuencia, no nos fiamos de él porque él no favorece ni respeta a nuestro grupo”
Pero
“se puede interpretar vestir de cualquier forma en una celebración como inmoral si provoca daño o muestra falta de respeto de los demás, en el sentido de arruinar la celebración para los otros o hacer que los demás sientan que están siendo tratados como inferiores. No es, por tanto, la disconformidad con la convención per se, sino el daño que la falta de cumplimiento con la convención puede causar o la falta de respeto que refleja lo que induce al juicio moral negativo
Piensen en la polémica sobre los colegiales que querían ser exceptuados de la obligación – convencional – de saludar a sus profesoras dándoles la mano alegando que sus convicciones religiosas les impedían el contacto físico con personas del otro sexo. Sigue diciendo Tomasello que las normas culturales – las convenciones – se conectan con la moralidad exactamente en el grado en que se conectan, d cualquier forma, con las actitudes naturales en los humanos de simpatía y corrección – fairness – que preexisten a la formación de grupos unidos por una misma cultura. Dar la mano a tu maestro o maestra es una norma de buena educación tan básica en las sociedades occidentales que apela inmediatamente a esas actitudes morales previas de simpatía y comportamiento correcto en relación con otra persona que se dedica a educarte. Y esa conexión con la moralidad se vuelve, entonces, inmediata, lo que lleva a “no entender” la regla cultural a la que apelan los padres de estos niños para prohibirles que saluden a sus profesoras con un apretón de manos. Lo “incomprensible” de la norma religiosa – su falta de racionalidad – refuerza esa conexión con nuestras propias convicciones morales más primitivas: que los demás han de ser tratados con respeto e igual consideración. La regla religiosa sería más “comprensible” para un suizo y, por tanto, su condena moral menos inmediata si los musulmanes no saludaran con un apretón de manos a nadie, ni a hombres ni mujeres. Al concentrarse en mujeres, resulta inevitable para alguien que siente simpatía y respeto por la igual dignidad de los prójimos enjuiciar moralmente la negativa de esos chicos a cumplir con lo que no es, aparentemente, más que una convención.

Michael Tomasello A Natural History of Human Morality, p 99 y 126

5 comentarios:

Nadie dijo...

“Imaginemos un sistema de gobierno democrático bajo un estado d derecho… e imaginemos que ello consiste en que los individuos comparten unas leyes comunes, al margen de cómo vistan. Más allá de cualquier base cultural, las leyes y la racionalidad del Estado de Derecho regulan que no haya juicioso superficiales ni abusivos sobre nadie, mucho menos sobre su aspecto. De esta manera, aunque los hombres posean sus convenciones, nadie podrá juzgarles mientras no vulneren las leyes. Como todos asumimos que cualquiera se identifica con dichas leyes, racionalmente hablando, y que su aspecto no obsta para que forme parte de la ciudadanía, nadie infiere que un aspecto distinto pueda excluirle de la racionalidad. En consecuencia, no permitimos que la desconfianza irracional nos atenace, ni formamos grupos con los que pretendamos juzgar a los demás por encima de las leyes”.

Cuando mezclas normas sociales con normas políticas, te haces la polla un lío. Es la conclusión que saco tras leer esta entrada. Y estoy seguro de que en un blog tan riguroso como este no pretendían decir más que lo siguiente: "Un estado de derecho no es una fiesta privada".

¿Verdad?

Anónimo dijo...

Hola Nadie.
Pues ahora que lo dices esta entrada del Sr. Alfaro enlaza con un twit suyo de hace un tiempo a propósito de unas declaraciones de Gerardo Pisarelo sobre la constitución y la república. Se lamentaba que no pudiera quitársele la nacionalidad..
Es decir, lo mismo que expulsar de la fiesta a quien no se comporte conforme la convención.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

Sois muy listos los dos. Cuando hago una entrada de este tipo, su objetivo es provocar a gente como vosotros. Gente espabilada. En efecto, la entrada se titula convenciones por oposición a reglas morales. Y termina explicando las reacciones de la mayoría del grupo ante el comportamiento de un miembro del grupo que no se atiene a las convenciones. La reacción es la de "desconfianza". De manera que el mensaje es: no pretendan los de Podemos que, fuera de sus más fieles, el resto del grupo - o sea la inmensa mayoría de los españoles - no les vean con desconfianza. Nada más.
Efectivamente, si la fiesta es "mía", entra el que yo quiera y si alguien no va vestido adecuadamente, pues no entra. En cuanto a lo de Pisarello, sí, me encantaría poder quitarle la nacionalidad porque, como me ocurre con su jefa Colau, creo que contribuyen al "malestar" en lugar de contribuir al bienestar de la sociedad española. Y puesto que Pisarello no es español de origen, - creo - no me importaría nada que le privaran de la nacionalidad y no pudiera presentarse a cargos públicos. Nos evitaríamos un cizañero en la política española

Nadie dijo...

No es lo mismo ser listo que pasarse de listo.

Bien me olí la tostada cuando en esta entrada, como usted bien cita, no hay sino un texto ajena y claramente ubicado entre comillas.

De hecho, ya anticipo yo su tesis: : "Un estado de derecho no es una fiesta privada".

No lo he considerado una "provocación". Tal adjetivo parece que incita al toro pacífico a arremeter contra el inquietante capote. No es así como yo enfoco el derecho, ni este blog mismo.

Por cierto, y sin que le quite a usted razón en lo demás: por amigos periodistas que tengo trabajando en el Congreso, me consta que la falta de "fides" parlamentaria se queda en un mero artilugio político. En la cafetería, miembros del PP desayunan con el señor de las rastas.

¡Cosas veredes, amigo Sancho!

Un saludo y gracias por tentarnos a picar. Sin comentarios, esta entrada hubiera resultado insoportablemente ambigua.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

Pues ahora que he añadido otro texto de Tomasello, a ver que le parece! De la creciente moralización de las conductas sociales habla S. Pinker y muy bien.

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