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sábado, 25 de junio de 2016

Maldita devoción

Sobre los trabajos de Scott Atran

Nos pocos, nos felices pocos, nos, banda de hermanos;
Porque aquel que hoy vierta su sangre conmigo
Será mi hermano; por muy vil que sea,
Este día ennoblece su condición:
Y los caballeros ahora en sus lechos de Inglaterra
Se considerarán malditos por no haber estado aquí,
Y tendrán su hombría en baja estima cuando oigan hablar
a aquel que luchara con nos ¡el día de San Crispín!
 
Enrique V, Shakespeare











En Deadly devotion: New studies explore why ordinary people turn terrorist."  se explican las razones (?) que pueden llevar a alguien a convertirse en un terrorista suicida, en alguien que está dispuesto a dar su vida por una causa como la del Estado Islámico. La explicación más simple es que esa gente está muy mal de la cabeza y la explicación ideologizada es que es la Sociedad la culpable porque esos desgraciados no tuvieron oportunidades en la vida. Luego están los que lo atribuyen a las técnicas sectarias de adoctrinamiento de personas de escasa capacidad mental y que viven en burbujas aisladas.

Pero esas explicaciones no son satisfactorias porque no nos dice en qué forma está alguien mal de la cabeza para hacer una cosa así cuando sólo unos pocos enfermos mentales incluso graves acaban de esa manera o solo unos pocos pobres o solo unos pocos de los expuestos a las sectas acaban cayendo en ellas hasta ese punto de sacrificar la propia vida. Sobre todo cuando los terroristas suicidas son  barbudos jóvenes de pelo en pecho pero también chicas que no han llegado a los veinte años como sucedía en Israel con las palestinas que se ataban una ristra de explosivos como cinturón y la hacían estallar en un autobús lleno de gente. Los terroristas “clásicos” como ETA nunca se suicidaban ni ponían en peligro sus vidas cuando atentaban, lo que hacía su comportamiento más predecible por la policía porque ésta podía “meterse” en la cabeza del terrorista y reproducir el cálculo de riesgo/beneficio de éste. Así que tiene todo el interés que la Ciencia se ocupe de explicarnos qué puede llevar a la gente a este tipo de comportamientos.

El resumen: un devoto es alguien que convierte en sagrados los valores de la causa y se identifica con otras personas que sostienen, también como sagrados, los mismos valores. O sea formar parte de un grupo en torno a una causa importante
“Los individuos estarán dispuestos a proteger valores sagrados o moralmente importantes y sacrificarse o realizar acciones extremas, incluyendo matar y morir, en particular, cuando tales valores están insertados o fusionados con una identidad grupal que fusiona la identidad personal y la identidad del grupo, el yo y el nosotros
Así pues, los “devotos” (devoted actors) actúan moralmente, por un sentido del deber y lo hacen colectivamente – así somos los humanos – sin medir los riesgos ni las recompensas, esto es, sin tener en cuenta las consecuencias. Lo que Atran y otros avanzan es que se necesitan los dos ingredientes (valores sagrados e identificación individual extrema con el grupo) para explicar el comportamiento de los terroristas suicidas y los combatientes de grupos como el Estado islámico.

¿Qué significa que un valor es “sagrado”?

Que tiene un valor absoluto. “no negociable” dicen en inglés, lo que expresa la idea de que no pueden ser objeto de una transacción, de un intercambio, de forma que, careciendo de “precio” no pueden redimirse a cambio de ninguna otra cosa lo que justifica cualquier sacrificio (recuérdese el origen etimológico de la palabra). Se comprenderá fácilmente que esos valores están asociados, normalmente, a la religión, porque el carácter religioso de una creencia la hace inmune a la lógica y a la refutación, aunque puede tratarse de valores secularizados.

Pero la calificación de sagrado por sí solo no es bastante para explicar estas conductas. Recuérdese que, a menudo, se sacraliza un objeto para aumentar a bajo coste el cumplimiento de las normas culturales que se han revelado exitosas en el pasado (no comer carne de determinados animales que pueden transmitir enfermedades). La identificación con el grupo en el que se comparten esos valores de carácter sagrado hace el resto: el grupo de devotos se convierte en la familia, en el “imagined kin”. El individuo se siente “uno” con el grupo. Ahora bien, la iniciativa individual no desaparece porque la identidad individual y la social se unifiquen.
“la gente casi nunca mata y muere sólo por la causa, sino por sus correligionarios, por su grupo, por aquellos que conforman la familia imaginaria de extraños genéticos, su banda, su patria, su hogar”
Lo peor es que los valores sagrados han de percibirse como en riesgo, amenazados por un tercero al que hay que combatir. Si los grupos humanos florecieron porque aumentaban las posibilidades de supervivencia de sus miembros frente a la existencia individual, estos comportamientos extremos pueden explicarse porque se perciba por los individuos que la supervivencia de esos valores amenazados por terceros depende de la disposición a sacrificarlo todo por ellos.

No es fácil que estos grupos lleguen a constituirse, pero, una vez formados, son los más eficaces para la causa por la que luchan, sobre todo, si existe competencia con otros grupos. En la lucha con otros grupos, aquellos cuyos miembros están dispuestos al sacrificio de sus propias vidas por el grupo tienen, ceteris paribus mayores posibilidades de supervivencia. Naturalmente, no pueden ser grupos muy grandes porque los costes de lograr la identificación con el grupo, aumentan con el tamaño de éste y la posibilidad de que aparezcan elementos egoístas que anteponen su interés al del grupo, también.

¿Por qué estos grupos recurren a la violencia?

Porque, según otros estudios de los mismos autores, cuando se confronta a los individuos con la posibilidad de utilizar la violencia, dejan de pensar en términos de coste/beneficio de la actuación y pasan a hacerlo en términos morales, en si es lo que hay que hacer. Una vez que los valores a proteger se han calificado como sagrados, el uso de la violencia en su defensa es lo-que-hay-que-hacer. E incentivar la transacción o el arreglo pacífico sólo empeora las cosas porque los individuos no están en “modo cooperativo” o “modo intercambio” sino en “modo moral”:
“cuando la gente percibe que una regla sagrada ha sido infringida, se sienten obligados a castigar a los infractores incluso si la venganza hace más mal que bien”

¿Cómo se les combate?

Lo del “modo moral” ayuda.
“Ofrecer gestos simbólicos aunque sean económica o materialmente insignificantes pueden funcionar donde no funcionan los incentivos materiales. Por ejemplo, los agentes devotos palestinos estaban más dispuestos a reconocer el derecho de Israel a existir si los israelíes ofrecían una disculpa oficial por el sufrimiento palestino en la guerra de 1948… (aunque las disculpas percibidas como puramente formales y faltas de sinceridad pueden empeorar las cosas, como ocurrió en Japón) avanzar en el ámbito de los valores sagrados puede abrir la vía para negociar en relación con las cuestiones materiales”
Y la forma más fácil de avanzar pasa por reconocer los valores sagrados del otro que no entran en conflicto directo con los propios (p. ej., dice Atran, que Irán reconozca el holocausto).

Probablemente, sin embargo, este tipo de soluciones no funciona para los combatientes. El autor dice que, aunque podría arrasarse el territorio controlado por el Estado Islámico, eso no garantiza la desaparición de los devotos, sólo su dispersión y el renacimiento con más razones para morir por su devoción. Los kurdos han sabido hacerlo bastante bien - señala Atran - oponiendo valores a valores e identidades a identidades: el valor de la vida y la libertad y la identificación con grupos en que esos valores son los valores sagrados. Los kurdos que luchan eficazmente contra el Estado islámico son tan devotos de su tierra y su pueblo (el Kurdistan es sagrado y más sagrado que el Islam) como los islamistas lo son de sus valores religiosos y se sienten igualmente identificados con su pueblo.

A base de preguntar a soldados que participan en estos grupos terroristas o guerrilleros, los estudiosos han destacado la estrechísima ligazón que les une a los devotos con sus compañeros. Se trata de una ligazón más estrecha que la que une al individuo con su familia. A los devotos sólo les combaten eficazmente otros devotos. También es relevante, aunque no lo abordamos aquí, dividir a estos grupos.

Transiciones

Exagerando un poco, pero no mucho, ¿podría decirse que un grupo de devotos puede actuar como un macroorganismo, donde los individuos pierden su individualidad y pasan a ser parte de un todo (transiciones en Biología)?, es decir, lo que es una sociedad acaba convirtiéndose en un organismo, de manera que el objetivo deja de ser la supervivencia de los componentes y pasa a ser la del grupo o, dado el carácter cultural y no genético del mismo, del objetivo o valores sagrados que conforman la ligazón entre los miembros. Una suerte de transición no genética sino cultural donde el grupo, en la especie “ultrasocial” que es el ser humano, absorbe al individuo y traslada desde el individuo al grupo el objetivo de la supervivencia.

Cómo se mide la identificación con el grupo

Este cuadro está sacado de este trabajo y en él se concluye que los lazos entre los miembros de los batallones que combaten en Libia (los que pertenecen a estos grupos pero no combaten no muestran estas pautas), esto es, entre personas que no tienen relación genética, son más estrechos e intensos que los lazos familiares, esto es, los lazos con los que se comparten genes y apenas mostraban identificación con la población en general del país

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En otro trabajo citado – en el que participa Angel Gómez, de la UNED –, se entrevistó a varias centenares de marroquíes en barrios donde había existido amplio reclutamiento de yihadistas y a varios centenares de españoles. En el resumen puede leerse que los marroquíes estaban dispuestos a sacrificarse para asegurar la implementación de la sharía tanto más cuanto más identificados estaban con el grupo que sostenía tales valores como sagrados.
“De forma semejante, los españoles que formaban parte de un grupo de amigos que consideraba sagrada la democracia eran los españoles más dispuestos a hacer sacrificios costosos por la democracia tras recordárseles la amenaza terrorista del yihadismo y, al mismo tiempo, eran los españoles que, con más probabilidad, consideraban al propio grupo como formidable y a los yihadistas como débiles”
Para no distorsionar el sentido de esta devoción de los españoles, hay que recordar que sólo el 12 % de los entrevistados en España estaban dispuestos a realizar estos sacrificios y uno de los autores sospecha que la corrupción puede tener que ver con este bajo espíritu de sacrificio por la democracia de los españoles. Pero, en general, los occidentales no califican como sagrados los valores de la democracia y, por tanto, es menos probable que se conviertan en devotos.

Scott Atran, The Devoted Actor Unconditional Commitment and Intractable Conflict across Cultures Current Anthropology Volume 57, Supplement 13, June 2016

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