www.almacendederecho.org

domingo, 21 de agosto de 2016

Por qué está justificado prohibir el burkini en las playas y el burka en las calles

baño

Que está justificada la prohibición significa que no creo que sea inconstitucional que la autoridad pública competente prohíba esa indumentaria en lugares como las playas – en el caso del burkini – o las calles – en el caso del burka.

Los que parten de la concepción de John S. Mill sobre la libertad, se ven obligados a estar en desacuerdo con tal prohibición. En la medida en que esas mujeres musulmanas no causan daño a nadie, esto es, su decisión no tiene “efectos externos”, la prohibición jurídica carece de justificación. Sería una norma paternalista que limita indebidamente la libertad de esas mujeres.

En realidad, nuestras sociedades imponen muchas reglas de conducta que no pueden justificarse sobre bases tan estrechas. John S. Mill consideraba injustificada, desde esa base, la prohibición a las compañías inglesas de introducir opio en China. John S. Mill consideraba que la prohibición limitaba injustificadamente la libertad del comprador de opio.

Pero pensemos en la prohibición de la usura o la nulidad de los contratos celebrados en estado de necesidad (el vendedor de agua en el desierto que acuerda con el sediento un precio para el agua equivalente a toda la riqueza del sediento menos un euro) o las normas sobre salvamento marítimo. Hay quien dice que la ratio de esa prohibición se encuentra en una externalidad moral. Aunque no nos afecte personalmente la usura o el estado de necesidad, no nos parece aceptable vivir en una Sociedad en la que se celebran esos contratos. Hay quien dice que, en realidad, esas normas son las que se adoptarían bajo el “velo de la ignorancia”, es decir, en la situación en la que podemos imaginar que, tal vez, seamos nosotros víctimas de la usura o nos perdamos en el desierto y estemos a punto de fallecer de sed. Aunque podamos “caer” del otro lado (y ser el usurero o el vendedor de agua que tiene una oportunidad de enriquecerse magníficamente), preferimos renunciar a esa eventual ganancia a cambio de no encontrarnos del lado de los perdedores.

La prohibición del burkini o del burka no tienen por qué basarse en la concepción de J. S. Mill que, como digo, está sobrevalorada. A mi juicio, se basa en algo más sutil. Es una sanción que la mayoría de la Sociedad impone a los que se desvían para proteger a los que siguen la regla generalmente aceptada en esa Sociedad (en este caso, a las mujeres occidentales que van en bikini a las playas).


Si, en una Sociedad como la occidental, todo el mundo va en bañador a la playa (ya hablaremos de las monjas católicas), ir en bañador carece de significado moral. El bañador es una vestimenta apropiada porque reduce al mínimo la cantidad de tejido y facilita el contacto del cuerpo con el aire, el sol y el agua que es de lo que se trata cuando uno va a la playa. Pero cuando alguien aparece en la playa tapado completamente, la reacción instintiva de los demás es la de preguntarse si padece alguna enfermedad que le desaconseja el contacto con el sol o con la arena. Descartada esa explicación y averiguado que esa persona lleva un burkini porque una regla moral (sancionada religiosamente) le prohíbe exponer su cuerpo a la vista de los varones (supongo que el Islam no prohíbe a las mujeres bañarse en pelotas en una piscina en la que solo haya mujeres y supongo también que la vestimenta tiene una base religiosa aunque sea muy discutible que tal sea el origen de estas prendas de vestir), los restantes miembros de la Sociedad tienden a “reevaluar” su propia regla – social – de conducta y a preguntarse cómo es posible que una religión y una moralidad impongan una regla tan absurda, absurda en la medida en que su propia regla (ir en bañador) se considera perfectamente aceptable (o indiferente) en términos morales y perfectamente adecuada en términos funcionales.

Y, cuando se explica a estos occidentales que una mujer decente no puede dejar que ¡sus brazos o sus piernas! sean vistos por hombres que no sean de su familia o que eso dice la regla islámica, el occidental tiene derecho a considerar esa regla como un desprecio de su propia regla moral.
Las mujeres musulmanas que van a la playa en burkini están “diciendo” a las mujeres occidentales que van en bikini que no son “decentes”. No es raro oír en boca de imanes musulmanes que todas las occidentales que beben, fuman y van ligeras de ropa son unas putas, lo que confirma el carácter moral del juicio que se expresa, no con palabras, - como en el caso de los imanes - sino con la propia vestimenta:
“la forma correcta moralmente de estar en una playa es tapada hasta la nariz”, ergo, a contrario, las que vais enseñándolo todo sois unas mujeres indecentes”
a lo que, exagerando, se podría añadir que el mensaje que se dirige a los hombres occidentales es el de ¡cómo permitís a vuestras mujeres ir de esa forma!

Se sigue que una Sociedad tiene derecho a protegerse frente a esos desprecios de las propias reglas morales.

Se dirá que nada más lejos de la intención de las mujeres musulmanas que llevan burkini o burka que ofender a las occidentales. Pero su propósito es irrelevante. Es el significado objetivo (en un determinado contexto) el que importa. Su falta de propósito de “faltar al respeto” es relevante en otro sentido.

Como no queremos atribuir a las mujeres musulmanas tal intención de ofender, nuestro juicio coge otro camino. Nos apiadamos de esas mujeres y tendemos a explicar su conducta sobre la base de la opresión. Nos convencemos de que, si esas mujeres pudieran elegir libremente (sin coste) su atuendo playero, en ningún caso elegirían ir tapadas hasta la cabeza para darse un baño. Es una vestimenta inadecuada para la actividad, de manera que tiene que haber otro tipo de razones para explicar su conducta. Y, dado que sabemos que la mujer en el islam no tiene la misma dignidad que el hombre; que son ciudadanos de segunda a los que están vedadas numerosas profesiones; que están sometidas al marido en lo que hace a las reglas ¡jurídicas! sobre la familia; que están ocultas en el interior de sus casas la mayor parte del tiempo; que no trabajan fuera de la casa en su mayor parte; que, a menudo, son segundas o terceras esposas de un mismo hombre; que, también a menudo, no pueden elegir a la persona con la que desean casarse etc etc nuestra conclusión se vuelve inevitable: el burkini y el burka son dos expresiones más del sometimiento de la mujer al varón en las sociedades musulmanas.

Tal conclusión lleva, inevitablemente, a considerar el burkini y el burka como contrarios al orden público nacional de una Sociedad occidental. Son una expresión odiosa de la discriminación que la mujer sufre en las sociedades islámicas.

Pero aunque en un caso singular no sean así las cosas y una mujer musulmana lleve el burkini porque quiere y sólo porque quiere, la prohibición no pierde su justificación. Recuérdese, llevar esa prenda, cuando no es expresión de sometimiento al varón, expresa un juicio moral sobre las que llevan bikini. Y no hay por qué aguantar semejantes juicios morales como no aguantamos, con razón, los que realizan los imanes a los que nos hemos referido antes. Ningún problema habría si estas raras (por escasas) musulmanas llevaran el burkini por razones puramente estéticas. Porque entonces, su significado social sería bien diferente: no estaría emitiéndose ningún juicio moral sobre las que van en bikini.

Se me dirá que (algunas de) las monjas católicas también se bañan vestidas y van tapadas hasta la toca cuando salen a la calle. Y que nuestras abuelas también lo hacían. Pero obsérvese la diferencia. Aparte de que nuestras abuelas se bañaban vestidas porque no tenían bañador, las monjas católicas son unas mujeres que, al convertirse en monjas, declaran urbi et orbe que regirán su vida por unas pautas de conducta diferentes de las de la sociedad en general. Su código moral no es el código moral de la Sociedad sino uno mucho más exigente que incluye una renuncia a los placeres de la carne, entre otros. La monja que se baña vestida no está emitiendo un juicio moral sobre el comportamiento debido de cualquier mujer en una playa porque su código moral es exorbitante y, por tanto, no aplicable a todo el mundo. La mujer musulmana que “libremente” decide ir con burkini por razones morales-religiosas, sí.

Una Sociedad puede desechar estos argumentos y dar más peso a la libertad (?) individual de las mujeres musulmanas para llevar burka o burkini. Y también podrían aducirse otros argumentos, especialmente, contra el burka por los riesgos sociales que tal indumentaria genera. Pero que existan esos argumentos sólo demuestra que el Estado – que expresa las acciones colectivas – puede decidir prohibir esas vestimentas o puede no hacerlo. Ni está obligado a permitirlas ni está obligado a prohibirlas por el respeto a los derechos fundamentales de las personas, base de la cultura jurídica occidental.

En fin, podría afirmarse que esta ponderación no tiene en cuenta el coste que se impone a las mujeres musulmanas a las que se obliga a elegir entre cumplir la regla moral-religiosa o renunciar al baño playero. No tiene por qué ser así en la medida en que, como con los nudistas, la prohibición no sea impuesta de modo general y para todas las playas. Pero, en sentido contrario, que la musulmana se vea en tal dilema es, una vez más, expresión de lo chocante de su código moral o de su situación de opresión, no de la desproporción de la regla. El islam permite el ¡robo! si es un medio necesario para un fin elevado. Que permita a sus mujeres bañarse en bañador cuando no viven en una sociedad musulmana es pecata minuta en comparación. Y si no se permite, tendremos una indicación más de que el código moral en cuestión oprime a las mujeres por lo que su contrariedad con el orden público occidental es evidente.

En definitiva, prohibir el burkini y el burka es una decisión social perfectamente aceptable para defender los propios valores que una Sociedad considera importantes. Mucho más justificado que prohibir el nudismo, por ejemplo.

11 comentarios:

Ateo666666 dijo...

Uno de los principales argumentos de los defensores de las religiones es que, aunque estas obliguen a los creyentes a comportamientos estúpidos cuando no directamente perjudiciales para ellos mismos, la “elección” de un individuo de creer en tal o cual deidad debe ser respetada por encima de cualquier otra consideración. Y por supuesto este argumento esconde una monumental falacia.
Sin embargo las religiones no son nunca consecuencia de una elección racional y razonada, tomada en la edad adulta (más que nada porque cuando una persona se para a pensar casi siempre el resultado final es el ateísmo), sino que son el corolario de una compleja imposición de las ideas de padres, familiares, mediadores de lo divino, profesores e incluso la sociedad y el estado en su conjunto a unos niños tan pequeños que no tienen capacidad alguna de razonamiento ni de elección.
Es por ello que cuando alguien arguye que debemos respetar la “libre” elección de una mujer musulmana de llevar el pañuelo o el burka, de que una mujer cristiana ha decidido “libremente” ser sumisa frente a su santo esposo o de cualquier otro comportamiento que afecte a los derechos fundamentales de las personas se deben encender todas las alarmas ante tan ofensivo argumento. Porque siguiendo esta peligrosa línea de pensamiento cualquier abominación puede tener cabida, como por ejemplo esa del execrable obispo de Tenerife que para justificar la pederastia de su secta indicó eso de que “los niños van provocando”, siempre y cuando se haya adoctrinado adecuadamente a la víctima. Es por ello que el famoso Síndrome de Estocolmo no exculpa penalmente a los secuestradores.

En resumen, la tan cacareada “libertad de culto” únicamente esconde la legalización del maltrato psíquico y muchas físico de los más indefensos: los niños, aun cuando luego crezcan y piensen que han tomado las decisiones en total libertad. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com/2011/07/la-muneca-musulmana-o-la-manipulacion.html

Anónimo dijo...

Los argumentos de Jesus Alfaro son, como siempre muy interesantes y tambien lo que indica el comentario anterior. Pero creo que un punto debil de ambos es que no profundizan en el problema que plantea la libertad de religion.

En el caso de Jesus Alfaro, me llama la atencion que indique que las musulmanas que van vestidas en burka a la playa llaman indecentes con ello a las occidentales y eso no debe permitirse (simplifico mucho porque escribo letra a letra).

Pero eso ocurre con casi todas las creencias religiosas. Lo habitual es que si uno cree que Dios o los dioses sostienen que X es bueno, entonces, el que no hace X hace mal y de ahi a tener mala opinion de el no hay mas que un paso. Y tener mala opinion de los que no son de tu religion ha sido tradicionalmente lo mas normal del mundo. Pensar que los que no son de la religion de uno (o de su partido politico) pueden ser tan decentes como uno mismo creo que es nuevo historicamente hablando.
.
Eso nos pasa en general con cualquier valor que para nosotros es importante. ¿Como tener buena opinion de los que sostienen que la mujer debe someterse al varon o que abusan de los ninos?

Pero si debemos prohibir aquello que nos parece insultantemente inmoral de las creencias ajenas,¿podra sobrevivir a eso la libertad de religion o la de opinion? Porque ambas implican que los creyentes y los que opinan pueden creer cosas que para otros muchos resultan insultantes. Parece que para que ambas libertades sobrevivan y prosperen debemos subir el liston y exigir algo mas, mucho mas, que el hecho de que hieran los sentimientos de los demas. Incluso para que sobrevivan estas libertades debemos estar dispuesto a comer mucha basura (me suena que algo asi dijo un juez del TS americano).

Aparte de que se puede discutir que sepamos que las musulmanas piensan asi: ellas quieren sobre todo banarse conforme a sus creencias,sin necesariamente pronunciarse sobre lo que hagan los demas. El creyente que proclama que solo hay un Dios abriria la boca de asombro si le dijeran que es un ateo de los dioses de los politeistas. He leido que los hindues tienen 300.000.000 de dioses. ¿Tendria sentido presentar a cristianos, judios y musulmanes como ateos de los dioses de la India? Quizas un romano diria que si, creo que a los cristianos les acusaron de ateos en los tiempos del Imperio Romano.

En definitiva, podria defenderse que cada persona (y por tanto las musulmanas tambien) busca mas afirmar sus valores que insultar al projimo. Y que la carga de la prueba de demostrar que cada musulmana concreta que va a la playa busca insultar a los demas y promocionar la sumision de las mujeres corresponde al que lo afirma y por tanto no se puede partir de dar por supuesto que es asi.

Todo ello, claro, discutible y refutable.

Buen verano

Cesar Gonzalez Rouco


misterbc dijo...

El biquini no se usa porque sea la prenda más idónea para nadar. Se usa porque existe una regla moral en occidente que dice que es inmoral enseñar los genitales y los pechos femeninos en público. (Sin embargo, el pecho masculino es aceptable mostrarlo) En el Islam existe una norma moral que dice que es inmoral enseñar cualquier cosa que no sea cara, pies y manos. (Sin embargo, en el cso masculino se puede enseñar todo excepto lo que haya de ombligo a rodilla).

Usted en su artículo, Señor Alfaro, no explica porque una de las dos normas morales, es menos arbitraria, más "de derecho natural" o menos discriminatoria hacia la mujer que la otra normal moral o el porque una de las dos normas morales es "moralmente superior" conforme a criterios morales universalmente compartidos. Sin explicar ese punto, la argumentación se cae por su propio peso.

Tal vez lo que le falte recordar es que en occidente se prohiben las conductas que afectan a bienes jurídicos (asesinar, robar) y no las que van contra reglas morales aceptadas en occidente (engañar a tu pareja, mentir a tu padre, ser drogadicto, ser prostituta).

Puede que llevar burquini sea llamar putas a las que llevar biquini. También es cierto que ser vegetariano es llamar asesinos a la inmensa mayoría de occidentales que comen carne, y sin embargo, nadie aboga por prohibir locales vegetarianos en las calles de occidente.

Para finalizar dos apuntes menores:
1. Nuestras abuelas consideraban que llevar biquini era de putas. (y la mía lo medio piensa todavía).
2. El islam prohibe el burkini, puesto que aunque cubre el cuerpo, lo transparenta y se marcan las formas, algo prohibido en el códuigo de vestimenta islámico.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

El top less está permitido en las playas en las que se prohibe el nudismo. Lo que hace intolerable la regla musulmana es que es discriminatoria para la mujer. Se le prohibe mostrar cualquier parte de su cuerpo porque ¡puede excitar a los varones! eso es intrínsecamente contrario al art. 10 de nuestra Constitución. Por tanto, está perfectamente justificado que, en espacios públicos, el Estado impida el enforcement de reglas sociales - religiosas en este caso - discriminatorias. Sobre todo, porque como dice Irene Lozano, tenemos razones para sospechar que, para las titulares del derecho, resulta muy costoso en términos familiares ejercer su libertad

Anónimo dijo...

Creo que costaria encontrar una religion que no discrimine publicamente contra la mujer todavia hoy. ¿Donde poner la raya para intervenir o no? Por ejemplo, a la hora de elegir sacerdotes que no sacerdotisas, quizas ya veremos si diaconisas; no creo que haya imanas, no me suena que haya rabinas. ¿Lo dejamos estar y lo consideraremos como una cuestion estrictamente interna de organizacion de cada religion? Si las instituciones asociadas a una religion reciben fondos del estado, ¿aumenta el derecho del estado para intervenir? Si la respuesta es si, ¿no infringimos su libertad de religion? Si es no, ¿que diferencia el caso del burkini de los otros? ¿No hay una discriminacion que entre en el art. 10 CE entre cristianos y musulmanes siendo muy laxos con los primeros y muy estrictos con los segundos?

Como siempre, muchas gracias por tus inteligentes blogs.

Buen verano,

Cesar Gonzalez Rouco

Anónimo dijo...

Yo personalmente estoy en contra de la prohibición. En tanto no afecte a terceros y en tanto no resulte claramente denigratorio para la mujer creo que debe prevalecer la libertad individual de decisión.

Creo que llevar burkini no perjudica a terceros (no creo que afecte a la salud o higiene de los terceros) y creo que tampoco es claramente denigrante contra la mujer (cuestión diferente es el burka que entiendo sí es denigrante).

Por lo tanto, en tanto no sea claramente denigrante, creo que debe prevalecer la libertad individual.

Sólo en casos excepcionales debe intervenir el Estado en determinar qué es lo más conveniente para el individuo.

En este sentido, la obligatoriedad del casco en las motos o el cinturón de seguridad en los coches se argumentó no por razones de interés personal, sino en en el coste social y médico de las secuelas por un eventual accidente.

jm.herraiz dijo...

Fantástico debate, el propiciado por el blog y el continuado por los enriquecedores comentarios. Personalmente, me han ayudado a formar opinión algunos de estos últimos. Enhorabuena a todos.

Anónimo dijo...

Ayer oia en television que, probablemente por la publicidad derivada de la prohibicion, habia aumentado las ventas del burkini un 40%. ¿Deberia revisarse la prohibicion en funcion de la epoca de compra del burkini? Por un lado, a las que lo compraron antes, les prohibimos totalmente banarse (por su propio bien y para velar por las ideas morales de nuestra sociedad) presumiendo en su contra que lo llevan promocionando el machismo mas rechazable. Por otro, a quienes lo compraron despues se lo permitimos porque seguir los dictamenes de la moda seria socialmente inofensivo.

Creo que no. En ambos casos deberia atenderse solo a las repercusiones de la conducta externa: ningun dano fisico nos causa que se banen en burkini, no veo que podamos presumir en su contra dano moral por intenciones machistas.

Es incluso posible que el burkini suponga un paso adelante. Si entendi bien a un comentarista anterior, llevarlo no refleja una posicion rigorista pues esta lo prohibiria porque la ropa mojada marca la figura femenina. De ser asi, hasta podria interpretarse como una senal de atrevida independencia de criterio por la mujer musulmana criada en un ambiente tradicional.

Pero mas que lanzarme a hacer suposiciones indemostradas de tipo sociologico o psicologico acerca de colectivos amplios defenderia al burkini por no hacer dano y en defensa de la libertad de religion.

Lo anterior sujeto a poder ser convencido por contraargumentos inteligentes (como muchos de los vertidos en este blog).

Buen verano,

Cesar Gonzalez Rouco

Anónimo dijo...

¿Quid del argumento de orden público? El burkini no permite saber si la individua (o no) porta explosivos y se dispone a cometer un atentado en la playa. Y, además, dificulta por completo su identificación.

Anónimo dijo...

Supongo que en cuestiones de orden publico pediria asesoramiento tecnico a las fuerzas de seguridad. P.ej, todos en muchos edificios oficiales, aeropuertos y estaciones de metro pasamos por detectores de metales, ¿bastaria eso? Otra seria que, por otro lado las mujeres en burkini no llevaban la cara tapada, ¿seria suficiente para identificarlas? Parece que antes de recurrir a una prohibicion deberian haberse planteado estas y otras cuestiones y explorado otras alternativas menos gravosas (aplicando el principio de proporcionalidad) con los derechos fundamentales de las musulmanas con burkini.

Buen verano,

Cesar Gonzalez Rouco

ghurb dijo...

No puedo estar más de acuerdo con Jesús.

Archivo del blog