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martes, 9 de agosto de 2016

Un fin común al que contribuyen todos los miembros del grupo es suficiente para generar conductas cooperativas


"Hazles construir una torre y se harán hermanos. Si quieres que se odien, arrójales un poco de grano"

Saint Exupery


Todas las doctrinas elaboradas para dar cuenta del extraordinario nivel de cooperación entre los seres humanos se fundan en la idea de que los individuos sacrifican el propio interés, es decir, se comportan abnegadamente para favorecer la consecución de los fines del grupo del que forman parte. Esta conducta abnegada o altruista se explica, en definitiva, porque favorece la supervivencia individual vía la supervivencia del grupo, sin el cual, en una naturaleza llena de riesgos y existiendo grupos rivales con los que se compite por el alimento y la reproducción, el individuo perecería. Es decir, todas las doctrinas “explican el aparente sacrificio individual vía el interés a largo plazo” del individuo.

Estas doctrinas no necesitan afirmar que la selección natural – evolución – actúa no sólo al nivel individual sino también a nivel de grupo. Los que sostienen que hay evolución al nivel del grupo encuentran en la competencia entre grupos el motor de dicha evolución.
“Los modelos teóricos muestran que si los grupos cooperativos ganan en la lucha competitiva con grupos no cooperativos, se dan las condiciones bajo las cuales existirá selección natural de las conductas cooperativas al nivel del grupo que puede sobrepasar la selección natural de la conducta egoísta al nivel individual y la cooperación puede evolucionar a pesar de ser costosa para los individuos”.
Para estas doctrinas, la existencia de competencia inter-grupos es esencial (unos dicen que los grupos crecen y cuando son “demasiado” grandes se dividen y las relaciones entre los nuevos grupos son competitivas).

Los autores dicen que
“aunque es claramente posible desde el punto de vista teórico que la competencia entre grupos condujera al desarrollo y evolución de la cooperación, es mucho menos claro que las condiciones para que la selección natural actuara al nivel de grupo se dieran efectivamente en la evolución humana”.
y, en consecuencia, que la evolución a nivel de grupo se produjera efectivamente y contribuyera al carácter prosocial de los seres humanos. En los estudios de laboratorio se  ha probado que la competencia entre grupos aumenta la cooperación intragrupo. Pero – dicen los autores – eso no significa que la competencia intergrupos sea la responsable del aumento de cooperación en el seno de un grupo.

Lo que los autores señalan – y nos parece muy iluminador – es que la producción en común es suficiente para explicar el incremento de la cooperación si la obtención del “premio”, esto es, si la consecución del objetivo común del grupo (cazar la pieza mayor, aumentar lo recolectado) requiere que todos los miembros del grupo contribuyan al fin colectivo. La garantía de que lo logrado colectivamente se repartirá igualitariamente entre los miembros del grupo hace el resto:
“dado que ese umbral significa que cada contribución individual incrementa la probabilidad de que el grupo y, por tanto, el individuo que pertenece a ese grupo, consiga el objetivo, contribuir cuando existe un umbral puede ser, a veces, una conducta egoísta (self-interested) y es posible que la mera existencia del umbral sea la que incrementa la cooperación. Si es así, añadir un umbral mínimo de contribución debería incrementar la cooperación con independencia de si el grupo está en competencia con otros grupos o no”.
El resultado es que el aumento de la cooperación en el seno del grupo (cada individuo contribuye a conseguir el objetivo común) se explica completamente si los miembros del grupo saben que es necesaria su contribución individual en una determinada medida para que el grupo logre el objetivo. El “umbral” es suficiente para generar tanta cooperación como la competencia con otro grupo por un premio que sólo uno de los dos grupos puede obtener. Es decir, que fijar una meta colectiva que se logra sólo si cada miembro del grupo contribuye en una determinada medida es suficiente para explicar el nivel de cooperación entre los miembros del grupo.

En definitiva, fijar una meta colectiva que, si se logra, beneficiará individualmente a todos los miembros del grupo es suficiente para generar la conducta cooperativa, esto es, para que todos los miembros del grupo contribuyan a la consecución del fin común. No hace falta añadir la competencia con otro grupo para explicar el grado de cooperación entre los miembros de un grupo. Situar a los miembros del grupo en un “modo” competitivo con otros grupos sólo provoca el incremento del “odio” o “desprecio” por los que no son del propio grupo.

Si se tiene en cuenta que la competencia entre grupos humanos debió de ser una fuerza selectiva muy tarde en la evolución humana (parece que hace 70.000 años sólo había 2000 humanos sobre la tierra, esto es, que estuvimos a punto de desaparecer como especie), resulta intuitivamente correcto pensar que lo que favoreció la intensa cooperación entre los miembros de los grupos humanos primitivos debió de ser mucho más “vencer” a la naturaleza, esto es, lograr sobrevivir como grupo en un entorno lleno de riesgos que la necesidad de defenderse y apoderarse de los bienes de otros grupos. Y vencer a la naturaleza es fijarse una meta para el grupo, de cuya consecución depende la supervivencia individual. No es participar en un torneo con otros grupos por una única medalla de oro.

Matthew R. Jordan/Jillian J. Jordan/David G. Rand

No unique effect of intergroup competition on cooperation: Non-competitive thresholds are as effective as competitions between groups for increasing human cooperative behavior, Evolution and Human Behavior 2016

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