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martes, 22 de noviembre de 2016

La buena fe en la conversación (ii)

alfonso-xiii

Victor Lapuente ha publicado hoy una columna en EL PAIS en el que analiza las ventajas de las monarquías parlamentarias respecto de las repúblicas. Plantea la cuestión en estos términos
¿qué incentivos tiene el jefe del Estado para pensar en el largo plazo de la nación y no dejarse arrastrar por las luchas políticas del momento?
Y concluye que, probablemente, para la estabilidad política, un rey tiene mejores incentivos que un presidente de la república. Y que, al hacer experimentos, debemos mirar no sólo a las monarquías convertidas en repúblicas a las que ha ido bien cuando son parlamentarias (y el presidente, por lo tanto, no es el jefe del gobierno) como es el caso de Alemania o Italia (pero no el de Francia) sino también a las que les ha ido mal.

Y es que los reyes, como jefes del Estado, tienen algunas ventajas. La primera es la de que, incluso en los momentos de más turbulencia política, podemos contar con una institución que no está al vaivén de los cambios en las mayorías parlamentarias.

La segunda es que el que ocupe la corona en cada momento tiene incentivos para “no meterse en política” porque arriesga, continuamente, provocar un cambio constitucional que, por la experiencia histórica, es siempre definitivo (hay pocas repúblicas que se conviertan en monarquías y casi todas las monarquías que se convirtieron en repúblicas no han vuelto a la monarquía como forma de gobierno). Cuando yo era joven, las señoras del barrio de Salamanca, decían – sobre el fiasco del Apolo XIII – que “Alfonso XIII destronado y el Apolo XIII…”


La tercera es que alguien que permanece durante décadas en la jefatura del Estado acumula experiencia y, sobre todo, información, lo que le permite ser más prudente que un jefe del Estado elegido popularmente o nombrado por el Parlamento. Es más, cuando – como recuerda Lapuente – la jefatura de Estado se hereda, se puede formar al heredero desde su más tierna infancia para ocupar el puesto, lo que garantiza que, incluso los reyes con menos talento natural podrán desempeñar decorosamente su puesto. España tuvo malos reyes por problemas de endogamia, seguramente.

¿Significa defender que es preferible, para determinados países y en determinadas circunstancias, la monarquía parlamentaria a la república parlamentaria defender la autocracia? ¿Puede decirse que Noruega o Suecia o Dinamarca son menos democráticos que Grecia o que Italia?

Ni siquiera debería recordar que la monarquía española es plenamente democrática porque esta forma de gobierno se decidió en la Constitución de 1978. Que no elijamos a los jueces no convierte a los jueces en autócratas, aunque les demos poder sobre nuestras haciendas y nuestra libertad.

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