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domingo, 6 de noviembre de 2016

Pero en vez de un conde, podías incluir en el folleto informativo que tenías patentes (Alemania 1892–1913)

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                   Sede social de Carl Schoening AG, que patentó la primera máquina impresora de papel pintado y salió a bolsa en Berlín en 1904
En la entrada anterior resumí un trabajo sobre la evolución – y decadencia – de la Bolsa de Londres como fuente de financiación de las empresas industriales británicas a finales del siglo XIX. En el que resumo ahora se cuenta la evolución contraria de la Bolsa de Berlín en las mismas fechas. El crecimiento industrial de Alemania se financió gracias a centenares de salidas a bolsa de empresas industriales. La información sobre la calidad de los proyectos para los que se solicitaba financiación a los inversores no la proporcionaba la presencia de personalidades de la aristocracia en los consejos de administración, sino las patentes de las que disfrutaban las empresas que salían a bolsa. Y existían intermediarios que transmitían esa información al mercado (Deutsche Bank, Dresdner Bank, Discontogesellschaft, y Darmstädter Bank) de manera que los inversores pudieron “preciar” razonablemente la bondad de las emisiones que se les ofrecían (“la mitad de las 139 empresas que tenían al menos una patente antes de la OPV hacían referencia a ellas en sus folletos informativos”).

Pero no todas las compañías “innovadoras” eran iguales. Debe recordarse que los precios de cotización reflejan las ganancias futuras esperadas de la empresa, de manera que la mera titularidad de patentes podía indicar, bien que la empresa había innovado en el pasado o que la empresa continuaría haciéndolo en el futuro. Los autores distinguen tres tipos de empresa: las “empresas permanentemente innovadoras”, es decir, las que recibieron patentes antes y después de la salida a bolsa; las start-up innovadoras que reciben las patentes después de salir a bolsa, lo que “sugiere que necesitaban el capital, precisamente, para financiar sus actividades de I+D” y aquellas que perdían su capacidad de innovar tras salir a bolsa, es decir, que salían a bolsa para que sus dueños pudieran hacer caja. Los autores llaman a estas últimas las Buddenbrook. Una conclusión es que, aunque no pueden establecerse relaciones de causalidad, a diferencia de la bolsa de Londres, la de Berlín cumplió con lo que se espera de un mercado de capitales:
“cotizar en la bolsa de Berlín ayudó a las empresas alemanas a superar los problemas de liquidez que habían limitado anteriormente el desarrollo de las innovaciones.. la salida a bolsa incrementó significativamente el número de patentes valiosas que una empresa innovadora podía conseguir”
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Recuérdese que los bancos exigen, normalmente, garantías reales para dar financiación, de modo que no financian en la misma medida proyectos de emprendedores que pueden generar enormes ganancias pero cuyos promotores carecen de bienes físicos que puedan servir de garantía. Una Economía  - como la alemana de fines del siglo XIX – pudo financiar las actividades de I+D industrial sin venture capitalists. 

Es sabido que las patentes no reflejan con precisión el nivel de innovación de una economía, sobre todo en el sector servicios. Pero en el sector industrial es probable que haya una gran correlación entre el nivel de innovación y el volumen de patentes otorgadas. Las patentes son útiles socialmente en el sector químico y en el de maquinaria. En el de maquinaria, en particular, porque no generan monopolios ya que lo que sea que hacen las máquinas puede lograrse diseñando una máquina diferente, de manera que la publicación a la que obliga la concesión de una patente puede intensificar la innovación en lugar de reducirla, como ocurre cuando se patentan resultados. En sentido contrario, los innovadores tienen incentivos para patentar aquellas innovaciones que sean fáciles de imitar. Para las que sean difíciles de imitar, el secreto y la ventaja del pionero son suficiente protección del inventor.

Como no todas las patentes son igualmente valiosas, el número de patentes que tuviera una empresa no indica, por sí sola, las ganancias futuras. Pero si se tiene en cuenta que las patentes habían de ser renovadas cada cinco años pagando una tasa, podemos deducir del hecho de que las empresas renovaran sus patentes que éstas producirían beneficios futuros. De modo que la vigencia de las patentes durante los 20 años máximos que establece la Ley es una indicación de su valor.

Lo que permitió a los inversores financiar a las empresas innovadoras en Alemania en esa época fue el elevado número de empresas tecnológicas que salieron a bolsa. Los inversores, que no podían saber cuáles de ellas serían ganadoras y cuáles perdedoras en la carrera tecnológica, pudieron diversificar sus inversores. Dicen los autores que casi el 20 % de la muestra que estudian (más de 400 salidas a bolsa) recibieron patentes “valiosas” antes o en los cinco años siguientes a la salida a bolsa.
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¿Y cómo les fue a los inversores? Del análisis, los autores concluyen que “el resultado más importante… es que las startups innovadoras se caracterizan porque producen bajos beneficios en los primeros años pero obtienen un elevado precio de emisión” cuando salen a Bolsa. Es decir, sufren poco “underpricing” lo que indica que los inversores podían apreciar con bastante precisión si cabía esperar elevados rendimientos futuros de esas empresas. Es más, examinada la rentabilidad a largo plazo, resulta que “los inversores berlineses de la época no sobreestimaron las ganancias futuras de las empresas que salían a bolsa en su primer día de cotización”.

Y los promotores llamaban la atención – hacían publicidad – de su portfolio de patentes de forma que
“la utilización de las patentes como señal ni redujo ni aumentó los rendimientos iniciales de las empresas. Mencionar las patentes, sin embargo, provocaba un incremento del precio de las acciones en el primer día de cotización. En resumen, que ser una empresa innovadora no espantaba a los inversores en la bolsa de Berlín. al revés, los resultados sugieren que la bolsa fue capaz de trasladar fondos desde las empresas no innovadoras hacia las innovadoras”

Los intermediarios reputacionales (los bancos) también hicieron su papel y redujeron la asimetría informativa de los inversores.

Sibylle Lehmann-Hasemeyer y Jochen Streb The Berlin Stock Exchange in Imperial Germany: A Market for New Technology? American Economic Review, 106 (2016)

1 comentario:

Aurea Suñol dijo...

Muy interesante post. Y confirma el valor de las patentes. Muchas gracias. Quisiera sólo hacer un par comentarios;

i) Ciertamente, es probable que haya una correlación entre el nivel de innovación y el volumen de patentes otorgadas en el sector industrial. No debe olvidarse, con todo, que hay estudios que muestran que la mayoría de empresas mantienen las invenciones en secreto en este sector, a menos, claro está, que sean fáciles de obtener. Esa es precisamente la razón, como muy bien apunta, que conduce a la mayoría de farmacéuticas a patentar, pues los fármacos pueden obtener sin inversiones significativas mediante ingeniería inversa.

ii) Que la maquinaria no genera monopolios es discutible. La teoría de los equivalentes en sede de infracción puede impedir que alguien use esa nueva maquinaria diseñada y en todo caso si esta última deriva sustancialmente de la primera necesitará una licencia.

Un abrazo,

Aurea Suñol

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