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domingo, 16 de abril de 2017

Hagamos los experimentos con gaseosa, pero hagámoslos

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Carmena y Colau quieren traer refugiados a sus municipios. Han puesto carteles y reprochado al gobierno central su raquítica política al respecto. Pero si uno pasea por las calles de Madrid, no pasan cien metros sin ver pedigüeños. Todas las esquinas de Chamberí tienen uno. Leo que hay un poblado chabolista cerca del río Manzanares y que Vallecas tiene edificios enteros abandonados y “okupados”. Carmena quiere acoger a miles de refugiados pero no ha dado pruebas de que el Ayuntamiento de Madrid sea capaz de gestionar la atención e integración de unos pocos cientos.

Los políticos, en general, sólo hablan (no piensan) en grande. De soluciones definitivas a enormes problemas. Y no dan ni una prueba de ser capaces de resolver los fenómenos a pequeña escala de esos enormes problemas. Proponen soluciones óptimas sin haber demostrado que tienen los medios y la organización para implementarlas. ¿Por qué es siempre mejor regalar dinero a los pobres que organizarles la vida? Simplemente porque nuestras administraciones públicas no son capaces de organizar la vida a nadie. Pero repartir dinero es fácil. Por eso el INEM no consigue colocar ni a un parado pero los parados cobran el subsidio el día primero de cada mes. No se hacen políticas activas de empleo porque son muy difíciles de ejecutar eficazmente. Recuérdese lo de Delphi. Millones despilfarrados y corrupción. Ese es el resultado de las “políticas activas” cuando las llevan a cabo las Administraciones públicas. No hablemos ya de las obras públicas (con la transferencia de riesgos del sector privado al sector público que nos ha costado miles de millones).

Y cuando las Administraciones públicas hacen programas que no pueden ser mas que pilotos (dar 20 pases para el transporte público; comprar unas pocas viviendas para ponerlas en alquiler) todo es improvisación. Ni se evalúan, ni se integran en la organización administrativa de forma que se asegure su continuidad. Hasta el próximo titular o tweet (en el caso de los políticos aficionados a las redes sociales). Entretanto, se dedican a crear problemas donde no los hay suscitando debates públicos que sólo generan división social.

Y lo propio con las grandes obras públicas. Bastaría con obligar a las Administraciones Públicas a conseguir financiación en el mercado para construirlas o, al menos, un seguro para el caso de que las cosas no sucedan (el tráfico de la autopista, los microseismos, los vuelos en el aeropuerto) tal como los políticos dicen que sucederán.

Los experimentos hay que hacerlos con gaseosa. Pero hay que hacerlos. Las Administraciones públicas no deberían poder implementar ninguna política a gran escala sin demostrar previamente que han abordado el problema a pequeña escala con resultados satisfactorios. Sólo si Carmena resuelve el problema de los centenares de familias que duermen en chabolas o debajo de un puente en Madrid merecerá ser escuchada cuando habla de los refugiados sirios.

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