El otro blog para cosas más serias

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miércoles, 9 de mayo de 2018

Jason Collins sobre “Ruido”

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Muro de las lamentaciones, foto de Fuencisla Lorente

Cuenta Jason Collins en su blog que Kahneman tiene un nuevo libro en preparación que se llamará “Ruido” – Noise – en coautoría con Sunstein y Sibony. Dice Collins que ojalá el libro sea “más Kahneman que Sunstein”. Porque, a pesar de todas sus limitaciones, el libro del primero “Pensar rápido, pensar despacio” es un gran libro pero que las publicaciones recientes de Sunstein resultan bastante planas
“parecen documentos de trabajo reunidos por un ayudante, lo que podría no estar muy lejos de la verdad dado que Sunstein disfruta de una auténtica <<flota>> de asistentes de investigación. Pero la superficialidad de los libros de Sunstein puede deberse también al ritmo al que escribe: escribe más de un libro por año (en su página de Wikipedia hay más de 30 desde el año 2000 y 10 en los últimos cinco años). Esperemos que Kahneman reduzca la velocidad de Sunstein”

¿Qué es el ruido?


La idea de “ruido” se opone a la de sesgo. Dice Collins que si su báscula de baño “siempre le dice que pesa usted cuatro kilogramos más de los que realmente pesa, está sesgada pero si le da una lectura de su peso diferente cada vez, entonces la báscula hace ruido”. O sea que el “ruido” hace referencia a la falta de coherencia en las decisiones de los humanos ("the chance variability of judgments")

Y, dice Collins, es un concepto útil para “pensar sobre cómo tomamos decisiones”:
Una de las principales razones por las cuales los algoritmos simples son típicamente superiores a los humanos no se debe a sesgos o errores sistemáticos de los humanos, sino más bien a la inconsistencia del juicio humano, a que somos dispersos
Pero, añade Collins, la categoría de decisiones ruidosas es útil especialmente para separar los ámbitos donde es preferible sustituir a los humanos a la hora de tomar decisiones, es decir, para las decisiones que tomamos con alta probabilidad de que sean sesgadas es útil recurrir a la heurística mientras que para decisiones ruidosas – incoherentes – de los humanos, lo mejor es sustituirnos por tecnología en la adopción de la decisión. Porque, en tales casos “es fácil identificar mejores alternativas”.

En esta línea es en la que hemos dicho muchas veces que, en relación con muchas decisiones financieras o que exigen calibrar riesgos y predecirnos en el futuro, la mejor opción es reasignar la toma de decisión. Que sea el grupo el que tome la decisión y no el individuo. De esta forma, eliminamos las inconsistencias.



Lo bueno del “ruido” es que puede medirse


Podemos computar una y otra vez el peso que da la báscula de baño y podemos medir el ruido aunque no sepamos cuál es nuestro verdadero peso. Sin saber cuál es nuestro verdadero peso no podemos medir cuán sesgada está la báscula de baño (lo está en cuatro kilos). Y poder medir el ruido sin saber la respuesta correcta – continúa el autor – nos permite resolver muchos debates aplicando la regla de la prohibición de contradicción lógica. Dos respuestas distintas para una misma cuestión no pueden ser correctas al mismo tiempo. Pero pueden existir si los que dan la respuesta son individuos distintos. Por ejemplo, – dice Collins – cuando una empresa tiene que decidir a qué precio venderá un nuevo producto, si medimos la “opinión” de los empleados, obtendremos un rango de ruido determinado. Uno dice que a 200, otro que a 400, “el ruido es del 0,66” (la diferencia entre ambas es de 200 y la media de las dos mediciones es 300, ergo 200/300 = 66 %). No se ocupa Collins de la cuestión de si medir el ruido nos permite aprovechar la sabiduría de las masas (como en lo de adivinar el peso del buey en la feria). 

El resto del artículo explica la propuesta de Kahneman y otros para reducir el ruido a través de la sustitución de las decisiones humanas por un algoritmo que denomina “regla razonable” que aplican a cómo debería un banco decidir si concede un préstamo a un particular o se lo deniega. El uso de un algoritmo “disciplina” al empleado que ha de decidir y le evita adoptar decisiones incoherentes (“a un cliente con el mismo patrimonio, los mismos ingresos, las mismas deudas, las mismas cargas familiares le denegaste el crédito el año pasado”).

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