El otro blog para cosas más serias

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miércoles, 8 de septiembre de 2021

Introducción al curso de Fundamentos de la Persona Jurídica*

 

Foto: JJBOSE

El Derecho de Sociedades se compone de dos piezas fundamentales. Una, la relativa al contrato de sociedad, que pertenece al Derecho de Contratos. La otra, relativa al patrimonio social, que pertenece, en sentido amplio, al Derecho de Cosas. Los patrimonios sociales forman, junto con los patrimonios fundacionales un sector del Derecho de los Patrimonios que podemos llamar Derecho de la persona jurídica. Una persona jurídica no es más que un patrimonio organizado para insertarse en el tráfico y mantener relaciones patrimoniales con otros patrimonios. Tradicionalmente, el Derecho de la Persona Jurídica ha carecido de autonomía y sus conceptos, instituciones y problemas se han tratado recurriendo al Derecho de Contratos o a un borroso "Derecho de las Organizaciones". Pero esta incardinación no explica el sentido y la función económica y social de las personas jurídicas.

En lo que sigue, el Derecho se concibe como el principal mecanismo para articular la cooperación entre los miembros de una Sociedad de cierto tamaño (ubi magna societas, ibi ius). Esta concepción del Derecho explica fácilmente su estrecha conexión con la Moral  - principal mecanismo cultural para facilitar la cooperación social -, la Religión y, sobre todo, su estructura y contenido. La función principal del Derecho no es resolver conflictos en el seno de una Sociedad, sino reducir los costes de cooperar entre sus miembros.

El punto de partida, desde el punto de vista jurídico, es que los individuos pueden desarrollar su personalidad (alcanzar sus objetivos vitales) gracias a la utilización de bienes. Cada individuo tiene un patrimonio (al menos tiene su fuerza de trabajo) que puede utilizar para perseguir sus fines vitales. Pero el individuo, aislado, puede poco. De hecho, según cuentan los antropólogos, el homo sapiens se habría extinguido por inanición como se extinguieron todas las demás ramas de los homínidos si no hubiera desarrollado una extraordinaria capacidad para cooperar con sus semejantes. Y los patrimonios individuales, en correspondencia, también. De ahí que, para sobrevivir y, una vez asegurada la subsistencia, mejor conseguir los fines individuales, los miembros de un grupo cooperen entre sí. 

Esta cooperación tiene que extenderse más allá de la comunicación personal y alcanzar, necesariamente, a los patrimonios. Para que la cooperación entre varios, muchos o muchísimos individuos pueda tener éxito (escala), los miembros de un grupo han de formar fondos de activos y destinarlos a mejor conseguir los fines colectivos. Es decir, han de crear patrimonios no individuales que puedan ponerse al servicio de la consecución del objetivo perseguido por el grupo. Un fondo se convierte en un patrimonio cuando se le atribuye una finalidad.

Estos patrimonios pueden ser colectivos (cuando sus titulares son un grupo identificable de individuos) o extraindividuales (cuando no puede identificarse a individuos concretos como titulares o, en general, son distintos del patrimonio individual de cada ser humano). La existencia de patrimonios extraindividuales es posible porque para poner esos conjuntos de bienes al servicio de la cooperación en un grupo, no es necesario identificar individualmente a los titulares. Por ejemplo, si un patrimonio - el de la ciudad de Tebas - sirve a los vecinos de la ciudad (les proporciona agua potable, caminos de acceso a su casa y a sus tierras, seguridad física, higiene - alcantarillado, baños públicos -) no necesitamos determinar quiénes son los titulares de ese patrimonio. Basta con saber cuál es el fin a cuya - mejor - consecución sirve ese patrimonio.

Ahora bien, lo que es imprescindible para que los patrimonios colectivos o supraindividuales puedan servir a los fines que motivaron su formación es que estén personificados lo que es tanto como decir, que estén organizadosQue existan individuos que tomen las decisiones sobre ese patrimonio que permitan la consecución de los fines que llevaron a su formación y que puedan actuar en el tráfico patrimonial con efectos sobre ese patrimonio. Cuando un patrimonio está organizado así, se dice que estamos ante una persona jurídica. En función de la organización del patrimonio, hay personas jurídicas "simples" (las sociedades de personas como la sociedad civil o la colectiva) y personas jurídicas "corporativas" como la sociedad anónima, la asociación o la fundación.

Las personas jurídicas simples asignan las decisiones sobre el patrimonio y la capacidad de actuación en el tráfico patrimonial con efectos sobre el patrimonio a individuos concretos (los socios, esto es, los individuos que celebraron el contrato de sociedad en virtud del cual se obligaron a realizar las aportaciones con las que se formó el patrimonio) mientras que las personas jurídicas corporativas asignan las decisiones sobre el patrimonio y la capacidad de obrar en el tráfico con efectos sobre ese patrimonio a reglas. Es decir, el negocio jurídico que da lugar a la constitución de una corporación - de los patrimonios - no designa a individuos - como en el contrato de sociedad de personas - sino que establece las reglas para designarlos. En eso consiste una "organización": en fijar reglas para tomar decisiones. Las reglas contenidas en el negocio jurídico que da lugar a la constitución de una corporación determinan cómo se tomarán las decisiones sobre el patrimonio y cómo se designará y relevará a los que podrán actuar en el tráfico patrimonial con efectos sobre el patrimonio.

La conclusión es que la capacidad jurídica patrimonial se predica, no de los individuos (de los seres humanos) sino de los patrimonios. Los patrimonios tienen capacidad jurídico-patrimonial porque cada bien o derecho, cada crédito o deuda que existe en una Sociedad humana 'pertenece' a un patrimonio (salvo que sea nullius o extracomercio). No a un individuo. Cuando se dice que la fuente de la plaza mayor pertenece a la ciudad de Tebas, se está hablando con propiedad: la fuente, como bien, forma parte del patrimonio que es la ciudad de Tebas. 

Para la capacidad jurídica, para la imputación de derechos u obligaciones, basta con la 'pertenencia'. Lo que importa subrayar es que no es necesario remitirnos finalmente a un ser humano para poder hablar de un sujeto de derecho mientras nos refiramos exclusivamente a la esfera patrimonial. Para el Derecho Patrimonial, los 'sujetos de Derecho' son los patrimonios. Es a un patrimonio o a otro al que asignamos bienes y derechos, créditos y deudas.

¿Cuándo se personifica un patrimonio? 

Cuando se le dota de capacidad de obrar. Es decir, cuando se organiza para que el patrimonio pueda actuar en el tráfico patrimonial y 'adquirir', 'enajenar', 'ceder', 'gravar', 'extinguir', 'constituir'... derechos u obligaciones con contenido patrimonial. 

La idea de 'capacidad de obrar' hace referencia al sujeto agente mientras que la 'capacidad jurídica' hace referencia al sujeto paciente. Sólo los seres humanos son - pueden ser - sujetos agentes - pero los patrimonios son - pueden ser - sujetos pacientes.

Imaginemos que Ticio es propietario de un edificio de viviendas en Roma (insulae) que tiene en arrendamiento y que Ticio fallece. Los contratos de arrendamiento no se extinguen. ¿Cómo es posible? Si el contrato de arrendamiento tiene como partes a Ticio y, pongamos por caso, Cornelia, ¿cómo es posible que no se extinga el contrato si el arrendador ha dejado de existir? La continuidad de las relaciones jurídicas más allá de la muerte de una de las partes es uno de los grandes inventos del Derecho Romano. Tiene un valor económico incalculable porque sostiene la cooperación (en este caso entre el que tiene viviendas que no utiliza y el que necesita una vivienda y carece de ella) más allá de la vida del arrendador. La relación obligatoria subsiste porque, en realidad, - dirán los romanos - las partes del arrendamiento no son Ticio y Cornelia, sino el patrimonio de Ticio y el patrimonio de Cornelia. De manera que, en tanto subsistan los patrimonios, podemos imputar los derechos y obligaciones derivados de la relación entablada por Ticio y Cornelia al patrimonio que proceda. Podemos prescindir de los individuos llamados Ticio y Cornelia. Así, podemos afirmar, que el crédito a la merced arrendaticia forma parte del patrimonio de Ticio (o, quizá mejor, del patrimonio que es Ticio). Son, pues, los patrimonios, no los individuos, los que tienen capacidad jurídico-patrimonial. Por el contrario, el derecho de Ticio a participar en la elección de los magistrados de la ciudad de Roma - en los comitiano es un derecho patrimonial. Su titular es Ticio y no forma parte de su patrimonio.

Pero los patrimonios no tienen capacidad de obrar. Carecen de capacidad para producir voluntariamente cambios en la composición de los patrimonios. Carecen de agencia. Al patrimonio de Ticio pertenece la merced arrendaticia que forma parte - como una obligación o deuda - del patrimonio de Cornelia. Pero el patrimonio de Ticio no puede provocar cambios en su composición sin una "voluntad" que solo poseen los seres humanos, los únicos que tienen agencia. Por tanto, para que un patrimonio pueda participar en el tráfico jurídico patrimonial es necesario personificarlo. Es necesario designar seres humanos que puedan provocar voluntariamente los cambios en la composición de esos patrimonios. 

Como se ha dicho más arriba, para personificarse han de estar organizados: o bien el negocio jurídico - el contrato de sociedad - que dio lugar a la formación del patrimonio designa nominatim a los individuos que pueden tomar decisiones y actuar con efectos sobre el patrimonio formado (en el contrato de sociedad, si los socios no lo hacen, la ley considera a todos los socios como legitimados) o bien se establecen las reglas - organización - para que seres humanos determinados tomen las decisiones y actúen con efectos sobre esos patrimonios.

Este es, en pocas palabras, el significado de la personalidad jurídica.

Las personas jurídicas no son personas colectivas como se dice, frecuentemente, en el ámbito jurídico anglosajón y entre nosotros cuando se afirma que la personalidad jurídica de la sociedad depende de que los socios quieran "actuar conjuntamente" en el tráfico.

Tampoco son individuos ficticios. Esa es una mala analogía porque nos lleva inmediatamente a extender a las personas jurídicas cualidades y capacidades que son exclusivas de los seres humanos.

Y, en fin, ni siquiera son sujetos de imputación provisional, porque sólo los seres humanos que estén 'detrás' de la persona jurídica serían sujetos de imputación definitiva. Y no lo son porque para imputar de forma definitiva derechos y obligaciones patrimoniales no necesitamos a seres humanos dotados de dignidad. La relación entre un bien o un derecho, un crédito o una deuda y un patrimonio es una relación de pertenencia que puede establecerse sin necesidad de que una de las dos partes de la relación sea un ser humano.

Las personas jurídicas son patrimonios organizados. Su capacidad jurídica es limitada. Es sólo patrimonial. No tienen dignidad, ni derechos fundamentales, ni pueden casarse ni votar en las elecciones. No tienen nacionalidad, ni nombre, ni domicilio. Y es la organización del patrimonio la que lo dota de capacidad de obrar y permite calificarlo como persona jurídica.

Si se acepta esta concepción de la persona jurídica, se entiende inmediatamente que el Derecho de la Persona Jurídica forma parte del Derecho de Sociedades pero no del Derecho del contrato de sociedad. Forma parte del Derecho de los Patrimonios y, éste, a su vez, del Derecho de Cosas. La relación del Derecho de la Persona Jurídica con el Derecho de Sociedades deriva de que las sociedades tienen, normalmente, personalidad jurídica. Es más, ocurre es que el contrato de sociedad es el negocio jurídico par excellence, que permite formar patrimonios no individuales poniéndolos al servicio de un fin común de los que celebran el negocio jurídico y dotándolos de organización para participar en el tráfico patrimonial. Pero los que afirman que el Derecho de la Persona Jurídica forma parte del Derecho de Sociedades no pueden explicar la existencia de personas jurídicas que resultan de negocios jurídicos no societarios; no pueden explicar la existencia de la fundación y con ello, no pueden explicar la inmensa mayoría de las personas jurídicas que han existido históricamente.

 * también publicado como Introducción al inicio de esta entrada.

1 comentario:

jaime dijo...

Enhorabuena por el artículo....Al hilo de todo ello, si las pj no pueden casarse, ni votar en las elecciones, etc...tampoco ellas podrían delinquir (societas delinquere non potest) sino las personas que hay detrás....No sé por qué no le queda claro al legislador.

Gracias.

Jaime.

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