Embriagados de furor rousseauniano, los diputados independentistas se ventilaron el Estatut, la Constitución, los derechos del resto de diputados y hasta el reglamento parlamentario de un solo envite. La misma Voluntad General llevó el 1 de octubre a una votación ilegal, el 10 de ese mismo mes a una declaración de independencia que duró ocho segundos y el 27 a su proclamación, sin oposición y de forma secreta, en la Cámara catalana. Cuando habla el Pueblo, los discrepantes suelen perder la voz.
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