sábado, 28 de marzo de 2026

La importancia del reconocimiento de la personalidad jurídica de las sociedades de personas para el desarrollo económico


Cuenta Anton Howes en su blog que la ventaja de Escocia frente a Inglaterra en la época de la Revolución Industrial no estaba, contra lo que han pensado muchos en su elevado nivel de alfabetización sino en que los emprendedores escoceses disfrutaban de capital abundante y barato porque Escocia, a diferencia de Inglaterra, desarrolló tempranamente una intensa competencia entre bancos y su sistema jurídico apoyó el crecimiento de los bancos y, por tanto, la expansión del crédito al tiempo que dotó de estabilidad a su sistema financiero haciéndolo robusto frente a crisis como la que generó la independencia de los Estados Unidos.

Dice Howes

Hacia la década de 1740 empezaron a verse los primeros indicios de un cambio espectacular. Glasgow, cuyos comerciantes se habían asegurado hacía tiempo una parte respetable del tabaco importado a Gran Bretaña desde Virginia, pasó de repente —y con rapidez— a dominar ese comercio. Tras controlar solo el 10 % de las importaciones de tabaco en 1738, apenas veinte años después Glasgow había superado incluso a la gigantesca Londres.... Edimburgo, por su parte, vio llenarse sus tiendas de lujo y a su universidad convertirse en un centro de excelencia en medicina y química, atrayendo a estudiantes de todo el noroeste de Europa, al tiempo que la ciudad se expandía con elegancia gracias a la construcción de la New Town... en el siglo posterior a 1750 Escocia se convirtió en la región del mundo cuyo proceso de urbanización avanzaba con mayor rapidez, empleando pronto una proporción de mano de obra masculina en la industria superior incluso a la de Inglaterra.... 

Cada uno de esos cambios exigió niveles extraordinarios de inversión, que solo fueron posibles porque, pese a la Unión, Escocia conservó un marco jurídico e institucional distinto que favorecía de forma singular la obtención y el uso del capital... Al sur de la frontera solo existía un único banco incorporado (con forma de sociedad anónima) —el Banco de Inglaterra—... En Escocia, en cambio, hacia 1750... había tres bancos... compitiendo entre sí en Edimburgo y las sociedades sin privilegio de incorporación del resto del país podían crecer hasta convertirse en entidades de alcance regional, algunas de las cuales pronto superaron a los propios bancos incorporados... el Derecho escocés reconocía personalidad jurídica a las sociedades de personas, que carecían de privilegio de incorporación... podían sobrevivir a la muerte o quiebra de sus socios, transmitir o negociar fácilmente sus participaciones y conservar beneficios para reinvertirlos en la empresa en lugar de repartirlos como dividendos. Como resultado, incluso los bancos sin incorporación en Escocia podían tener decenas o centenares de socios procedentes de las clases altas y medias, mientras que la media de una partnership inglesa era de apenas tres socios

Los bancos escoceses comenzaban con más capital, crecían más deprisa, recurrían a una base de inversores mucho más amplia y eran significativamente más estables y resistentes ante las crisis. Y al competir entre sí ofrecían servicios financieros desconocidos al sur de la frontera: tenían sucursales locales, pagaban intereses por los depósitos y concedían con facilidad préstamos a corto plazo basados en la garantía personal, no solo sobre tierras. El segundo de los bancos con carta real, el Royal Bank of Scotland, fue en 1728 probablemente el primer banco del mundo en ofrecer descubiertos, el llamado sistema de “cash credit”. En la década de 1810 Escocia desarrolló los savings banks, que pagaban intereses incluso sobre depósitos minúsculos de artesanos y obreros. 

Los bancos escoceses emitían además abundantes billetes de baja denominación que circulaban como moneda, satisfaciendo por fin la escasez crónica de numerario que sufría Escocia desde hacía décadas. De hecho, el Derecho escocés facilitaba y aceleraba la ejecución de todo tipo de deudas. Con una protección jurídica más sólida, los acreedores estaban más dispuestos a prestar, lo que aumentaba la disponibilidad de capital para impulsar el comercio. 

Fue gracias a esta ventaja de capital que los comerciantes de Glasgow pudieron endeudarse e invertir mucho más que sus competidores en los puertos ingleses, superando a Whitehaven, Liverpool e incluso Londres. Podían invertir en barcos mucho más grandes y aprovechar economías de escala; también podían costear la construcción de sus propios almacenes en Virginia para comprar el tabaco antes incluso de que llegaran los barcos. Asimismo podían ofrecer a los plantadores una gama cada vez más amplia de bienes europeos a precios mínimos y con crédito generoso, llegando incluso a prestar dinero para garantizar la futura cosecha de tabaco. 

Cuando los plantadores de tabaco de Virginia dejaron de pagar masivamente sus deudas durante la Revolución americana y sus almacenes fueron confiscados, los comerciantes de Glasgow estaban tan bien capitalizados que pudieron absorber las pérdidas y pasar a dominar el comercio del azúcar y del algodón caribeños del mismo modo. En efecto, al prestar más que sus rivales para asegurarse el comercio y permitir a los plantadores despejar tierras y comprar esclavos antes de haber cosechado nada, los comerciantes de Glasgow aportaron el capital que permitió la rápida expansión de las plantaciones, primero en Virginia y después en el Caribe. Aunque suele afirmarse que la esclavitud y el colonialismo financiaron el crecimiento de Glasgow, en realidad fue en gran medida al revés: la época dorada de la economía atlántica se construyó sobre el ahorro de los escoceses. 

En cuanto a las exportaciones escocesas —especialmente el lino y después los tejidos de algodón—, también deben su éxito a la extraordinaria capacidad de Escocia para movilizar capital. A comienzos del siglo XVIII la industria escocesa del lino enfrentaba una competencia feroz por parte de Alemania, los Países Bajos e Irlanda, especialmente porque apenas producía lino propio y debía importarlo del Báltico. Pero cuando en la década de 1740 el Parlamento británico introdujo subsidios a la exportación del lino, los comerciantes de Edimburgo aprovecharon la oportunidad y fundaron en 1746 la British Linen Company. Comenzó por captar una enorme cantidad de capital accionario, procedente en su mayor parte de Escocia, lo que la convirtió de inmediato en una de las empresas mejor capitalizadas del Reino Unido —ventaja reforzada por el uso de los novedosos descubiertos para sus necesidades a corto plazo y por la emisión de pagarés para financiarse, entre cuyos prestamistas figuraban incluso parroquias y hospitales... 

Pero aún más fundamental fue que el singular sistema financiero escocés a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX permitió que individuos ambiciosos pudieran endeudarse incluso sin poseer tierras, basándose únicamente en su garantía personal y la de sus fiadores, y reunir así un capital que respondía únicamente a su reputación, habilidad y capacidad. Escocia era, pues, un entorno especialmente propicio para el “lad o’ pairts” ambicioso, o para el artesano con una nueva idea que solo necesitaba capital para hacerla realidad. Era, como puso de relieve Samuel Smiles en la década de 1850, el lugar lógico para el nacimiento de todo un género literario: la autoayuda.

 Anton Howes, Age of Invention: Why Scotland Succeeded. It was capital, not education, Mar 24, 2026

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