Contra el concepto de 'género' por Stewart-Williams

Antes de entrar en materia, queda por resolver otra cuestión terminológica. Me refiero al género. Muchos científicos sociales distinguen entre sexo y género: dicho aproximadamente, el sexo se refiere a los aspectos biológicos de lo femenino y lo masculino, mientras que el género se refiere a sus aspectos sociales. La distinción sexo-género se ha popularizado enormemente en los últimos años, y muchos la consideran indispensable. Personalmente, no soy partidario de ella. Más exactamente, no soy partidario del concepto de género, que, a mi juicio, confunde más de lo que aclara.
Hay varias razones para ello. La primera es que el término tiene múltiples significados. A veces, género se refiere a las diferencias entre mujeres y hombres que, supuestamente, están moldeadas por la educación y el entorno, no por la naturaleza; a veces se refiere a la masculinidad y la feminidad; a veces, a perfiles psicológicos más frecuentes en un sexo que en el otro; a veces, a estereotipos ampliamente compartidos sobre los sexos; a veces, a los papeles que la sociedad asigna a mujeres y hombres; a veces, a la identidad de género de las personas, esto es, a la percepción que tienen de sí mismas como niño o niña, hombre o mujer; y, a veces, no es más que un sinónimo educado de sexo: un término que deja claro que uno está hablando del sexo biológico y no del sexo en el otro sentido. Esta proliferación de significados parcialmente solapados hace difícil saber de qué están hablando realmente quienes usan el término. Es como intentar hacer malabarismos con gelatina.
Una segunda razón por la que prefiero no participar del lenguaje del género es que, incluso si pudiéramos ponernos de acuerdo sobre una definición, la mayoría de las que se proponen presentan defectos profundos. Tomemos, por ejemplo, la idea de que género se refiere a las diferencias entre mujeres y hombres debidas a la educación y al entorno, no a la naturaleza. Un primer problema es que esto casi siempre se da por supuesto, en lugar de demostrarse; de hecho, describir una diferencia entre mujeres y hombres como una diferencia de género parece a menudo una forma de resolver la cuestión naturaleza-crianza mediante una estipulación definitoria, en vez de hacerlo mediante argumentos y pruebas.
Pero hay un problema más hondo: el enfoque según el cual el género es crianza presupone una dicotomía radical entre naturaleza y crianza, de modo que las diferencias entre los sexos podrían dividirse limpiamente entre las debidas solo a una y las debidas solo a la otra. ... esta presuposición es casi siempre falsa: la mayoría se deben a ambas. Por tanto, si nos aferramos a la definición según la cual «el sexo es naturaleza y el género es crianza», tendremos que decir que la mayoría de las diferencias entre mujeres y hombres son en parte diferencias de sexo y en parte diferencias de género. Es una forma poco manejable de plantear las cosas. En mi opinión, es mucho mejor describir todas esas diferencias como diferencias de sexo —es decir, diferencias medias entre hembras biológicas y varones biológicos—, pero sin implicar con ello que tales diferencias procedan de la naturaleza, de la crianza o de una combinación de ambas. La cuestión naturaleza-crianza puede abordarse entonces por separado.
Otras definiciones de género se enfrentan a problemas igual de serios. Consideremos, por ejemplo, la idea de que género se refiere a perfiles psicológicos vinculados de manera laxa al sexo: los hombres tienden, por ejemplo, a ser estoicos y asertivos, mientras que las mujeres tienden a ser cuidadoras y emocionales. Esta definición es la que presuponen quienes sostienen que existen múltiples géneros distintos, y no solo las dos opciones corrientes de hombre y mujer. De nuevo, no me parece una forma útil de plantear las cosas. El problema es que implica imponer categorías —aunque sean más de dos— sobre lo que en realidad es una variación psicológica continua. No hay dos seres humanos con perfiles psicológicos exactamente iguales, de modo que el punto final lógico de este planteamiento es que hay tantos géneros como seres humanos; y entonces, en realidad, de lo que estamos hablando es de personalidad. Podría seguir, pero creo que con esto basta.
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