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jueves, 13 de agosto de 2015

Para empezar, dejemos de gritar

No tengo ni idea de lo que debe de ser que tu pareja, tu padre, tu hermano, tu hijo o tu madre te insulten, vejen o te den palizas. Ni idea de lo que debe de ser que te humillen o te lesionen. Ni idea, naturalmente, de que te peguen un tiro o te degüellen. Ni siquiera tengo conocidas o amigas que hayan pasado por alguna de esas cosas. He visto, algunas veces, a hombres tratar incorrectamente a sus parejas, a sus hijos. Ayer, en la playa, una madre inglesa discutía a gritos con su hijo de unos doce años y le decía, más o menos, que lo que tenía que hacer era callarse la puta boca. He visto a muchos hijos tratar desconsideradamente a sus padres. Una amiga me contó que a una conocida común su marido la había agarrado por el brazo y la insultaba. Mi reacción es siempre la misma. Igual que los pederastas y los violadores, los violentos no tienen enmienda. Mi consejo era siempre el mismo. Lárgate. Mándalo a tomar por saco y ni siquiera se lo adviertas. El que insulta y pega una vez lo hará otras. Es inevitable. Hay mucho enfermo mental y mucha gente con tendencias violentas y los hombres son más fuertes que las mujeres, por lo que éstas tienen las de perder. No esperes que cambie. No lo hará. Pedirá perdón, en el mejor de los casos, y volverá a hacerlo. Esas personas tienen que medicarse y vivir solos y, cuando cometan uno, el primero de sus delitos, hay que aplicarles medidas de seguridad. Se acabó su libertad igual a la de los demás. Pero nada será suficiente para que no haya un caso más. 

En el último caso conocido, el sospechoso de haber asesinado a las dos chicas tenía antecedentes por haber secuestrado a una chica. Resulta muy difícil de entender que la chica asesinada hubiera empezado a salir con alguien con esos antecedentes. ¿No lo sabía? En un pueblo tan pequeño, esta pregunta requiere una respuesta. 

Es posible que la ausencia prácticamente total de violencia en España nos haya hecho, felizmente, a todos más confiados en que no nos pasará nada. ¿Quién puede creer que una madre degüelle a su hijo? ¿Quién que alguien puede degollar a una persona en plena calle y a plena luz del día? Madrid es más segura que Estocolmo. Nuestras cifras de homicidios - y las de parricidios y asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas - son de las más bajas del mundo. En este ambiente, las mujeres se vuelven confiadas. Como debe ser. Hay que ser imbécil para sospechar que la pareja que has elegido para vivir podría hacerte daño. Nadie, en su sano juicio, cree que su madre le maltratará. Los niños de orfanatos no lloran. Se han acostumbrado a que no les hagan caso y, simplemente, se ahorran el llanto. Pero sigue habiendo casos y seguirá habiéndolos. Madres que degüellan a sus hijos y maridos que asesinan a sus mujeres. Porque la violencia dentro de la familia está con nosotros desde el principio de los tiempos y podremos reducirla pero no eliminarla. 

Por eso me indigna la reacción de los biempensantes. Llamo biempensantes a los que creen que el origen de esa violencia no está en la naturaleza humana y en nuestras redes neuronales y nuestros genes, sino en el predominio de una presunta ideología patriarcal y machista. La ideología patriarcal no mata a las mujeres. Las tiene sometidas pero con buena salud. Y los padres no toleran que los yernos maltraten a sus hijas. En un mundo dominado por esa ideología, las mujeres ocupan un lugar inferior en la sociedad y reciben humillaciones y, seguramente, golpes. Pero no son asesinadas porque el machista no necesita matarlas para afirmar su autoridad y las mujeres saben "lo que les conviene", de manera que no se rebelan. Es tan absurdo que, si así fuera, los países mediterráneos deberían tener mucha más violencia hacia las mujeres que los países nórdicos. Y no es así. ¿Se ha comprobado si los que son violentos con sus parejas lo son también con sus hijos o con sus conocidos? ¿o hay violentos que lo son sólo con su mujer? Sin duda que habrá mucho miserable que encuentra en su mujer la única ocasión en la que "ser algo" en la vida. Pero no creo que ese "tipo" explique ni siquiera una parte significativa de los casos de asesinatos de mujeres. 

Un diagnóstico equivocado va seguido, naturalmente, de tratamientos de política legislativa también equivocados. Las idiotas de ambos sexos proponen inmediatamente que pongamos policías de "igualdad" en los colegios; que enseñemos a los niños a los colegios que hombres y mujeres son iguales o que reeduquemos a todos los varones para explicarles que tienen que tratar bien a las mujeres. ¿Nos van a enseñar a querer a nuestros padres o a nuestros hijos o a nuestra pareja? Hay que ser imbécil para creer que eso puede reducir estos delitos más de lo que lo ha hecho la aplicación del Código Penal y la utilización de medios policiales y judiciales para perseguir todos los delitos violentos. 

Estoy dispuesto a escuchar medidas sensatas y me parece que, las que no se han puesto en práctica ya, deberían ir en la línea de aumentar la autoprotección de las mujeres porque la alternativa es privarles - a las mujeres - de libertad o convertir en sospechosos a todos los varones de más de doce años. Por ejemplo, enseñar a las niñas técnicas de defensa personal, además de divertirlas, puede hacerlas más conscientes de que no deben estar ni un minuto con alguien que les ha insultado, aunque lo haya hecho una sola vez. Prohibir la retirada de denuncias puede ser contraproducente (no denunciarán en primer lugar). Las familias de las mujeres tienen que tener más protagonismo (la bendita liberación de las mujeres las ha expuesto a un mayor riesgo de maltrato porque los padres tienen menos posibilidades de protegerlas frente a novios indeseables). La más intensa vida social y familiar explica, probablemente, que tengamos menos mujeres asesinadas en el Mediterráneo que en el norte de Europa. Quizá haya que pensar en aplicar a los violentos con las mujeres y los menores las técnicas que se aplican con los violadores. Desde la castración química a los registros públicos. Si Sergio Morate hubiera figurado en un registro semejante ¿habría salido con él la chica asesinada? Hay que proteger, naturalmente, al varón al que injustamente se le aplican ese tipo de medidas, pero es un riesgo que se puede manejar como lo hacemos con los errores judiciales que acaban con inocentes en la cárcel durante largas temporadas o con las denuncias falsas. No se trata tanto de convencer a los varones para ¿que no maten? como de convencer a las mujeres de que no deben tolerar ni el más mínimo gesto que indique que su pareja es una persona violenta. Este post de Tsevan Rabtan es, probablemente, típico. de que muchos de los casos que acaban con la muerte de la mujer han empezado con la aceptación por la mujer de comportamientos violentos o humillantes de su pareja. Si es así, el Estado tendría que ocuparse de que cada mujer que quiere dejar a su pareja violenta pueda hacerlo rápida y eficazmente. 

Pero no estoy dispuesto a escuchar a los que hablan de "fracaso de la sociedad" y a los que piden "un pacto de estado" o a los que gritan "nos están matando". Son gritos irracionales, erróneos y contraproducentes. No hay sociedades absolutamente pacíficas. Y la nuestra es una de las más pacíficas del mundo. Una donde la igualdad entre hombres y mujeres está por encima de nuestro nivel de desarrollo económico. Donde la tolerancia hacia los que viven de forma diferente es mayor. Los imbéciles (y los buscadores de rentas) que solo saben gritar ante una desgracia y pedir "que se haga algo" acabarán con nuestra libertad sin ganancia alguna en seguridad. ¿Cuántos de estos que pegan alaridos verán a partir de ahora la prisión permanente revisable como una medida aceptable? Cuando pensaban que se la aplicarían a otro tipo de delincuentes, se pusieron garantistas. Pero aplicada a psicópatas, violadores e hijos de puta que maltratan y asesinan a sus hijos y a sus parejas, les parecerá aceptable.

Aprendamos de Estados Unidos. Unos políticos populistas en este ámbito han llevado a que sea la sociedad occidental con más homicidios y mayores índices de encarcelamiento de personas. La vieja Europa, una vez más, resulta un entorno preferible. Veamos qué países han tenido más éxito reduciendo el número de uxoricidios y averigüemos por qué. Lo que hicimos con los transplantes, con los gitanos y con los accidentes de tráfico, lo hemos - casi - hecho con los asesinatos de mujeres. No nos convertimos en el país con mayor número de transplantes de órganos incluyendo asignaturas en el currículum escolar u obligando a la gente a donar sus órganos. Cambiamos la norma supletoria (si no dices que no, eres donante) y organizamos el sistema sanitario para aprovechar cada órgano disponible asignándolo de una manera equitativa y eficiente. Los medios de comunicación le hicieron "gratis" la campaña de sensibilización a los organizadores del sistema. Los problemas graves no tienen soluciones fáciles y, en España, los políticos parecen incapaces de formular soluciones que no lo sean. Se aprobó hace diez años una "Ley Integral contra la violencia de género". Evaluemos su aplicación, veamos lo que ha funcionado y lo que no y modifiquemos lo que haya que modificar en la línea de lo que he explicado más arriba. Y dejemos de gritar. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Completamente de acuerdo con lo que sostienes en esta interesante entrada. Creo que quizás convendría tener también presente que en ocasiones las “víctimas” tienes unos rasgos específicos de personalidad (a veces incluso patologías ya existentes o desarrolladas como consecuencia de esas relaciones “tóxicas”) que las hacen más proclives que otras a escoger ciertas compañías con ciertos rasgos (aún sabiéndolos desde buen principio), a aguantar lo que no debieran aguantar ni un minuto (como bien dices), a justificar los comportamientos de los otros, a auto inculparse… Esas técnicas de defensa personal (enseñadas desde la infancia) creo que podrían ayudar, especialmente a las personas más vulnerables en este sentido. Y para eso debieran servir los test y entrevistas con psicólogos a los que normalmente someten a los niños en el colegio. Y si todos no lo hacen, pues tal vez sería bueno que lo hicieran. Como creo que, quizás, también sería bueno que la gente, del mismo modo que se hace revisiones periódicas en el dentista, en el médico de medicina general o en el ginecólogo, accediera (sin complejos) a dejarse revisar de vez en cuando por algún médico especializado en trastornos mentales. Y que ello dejara de ser una especie de tabú. Quizás se evitarían algunas catástrofes de un lado y del otro. Pero eso sí, como bien dices, gritar de nada sirve.
Aurea

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