jueves, 29 de octubre de 2026

Weber y las personas jurídicas pre-contemporáneas

foto: Pedro Fraile

«Mientras no se desarrolló plenamente la distinción entre norma objetiva y pretensión subjetiva, y el derecho seguía considerándose una cualidad condicionada por la pertenencia a una asociación, solo era posible distinguir entre, por un lado, las reglas propias de un círculo de personas o de una asociación fundadas en las cualidades inherentes al status de sus miembros y, por otro lado, aquellas normas nacidas de un contrato coactivo [o pacto] y aplicables directamente a la conducta de las partes interesadas. Todo derecho particular fue en un principio derecho de un círculo de personas, condicionado por cualidades inherentes al status de éstas. Tal situación se transformó… en forma paralela a la creciente diferenciación y escasez económica de los bienes liberalmente adquiridos por cada círculo personal, y ello ocurrió con tal intensidad, que como último resultado casi se llegó al establecimiento del principio opuesto: los derechos particulares, especiales, eran considerados como derechos reguladores de una relación social o económica específica.

Pero para Max Weber, el concepto de la fides representa el pilar invisible de lealtad y buena fe que hizo posible el tráfico mercantil y las relaciones sociales y de patronazgo mucho antes de que se consolidara el derecho civil formal. Lejos de ser un recurso secundario, este principio operaba al margen de las rigideces del jus civile y se garantizaba mediante sanciones sociales como la infamia, una especie de muerte civil que marginaba al infractor del comercio y de la vida pública. Asimismo, Weber aclara que estas redes de lealtad personal (las relaciones clientelares) no evolucionaron hacia asociaciones corporativas ni personas jurídicas, ya que las relaciones de clientela eran vínculos verticales y domésticos completamente distintos de las agrupaciones gremiales o religiosas. Tanto la República como el Imperio romano persiguieron y restringieron sistemáticamente a las asociaciones privadas por temor a su poder político, limitando la autonomía colectiva a formas estrictamente vigiladas y demostrando que el orden jurídico antiguo dependió fundamentalmente de este entramado informal de confianza y honor.

Continúa Weber explicando que en el derecho medieval primitivo, las decisiones colectivas requerían unanimidad (Einstimmigkeit) porque solo obligaba a quienes habían intervenido personalmente en su formación. Weber cita al historiador del derecho Andreas Heusler para subrayar que el motor de la asociación fue la necesidad de lograr acuerdos obligatorios para todos. En esa etapa arcaica, la frontera entre el contrato (que obliga solo a las partes que firman) y el acuerdo o estatuto (que crea una norma objetiva para el grupo) era enormemente elástica. Para que una decisión de la aldea o del gremio tuviera eficacia hacia fuera, debía alcanzarse mediante la unificación de voluntades, lo que en la práctica obligaba a tratar el acuerdo como si fuera un contrato individual concertado por todos y cada uno de los miembros.

Esta concepción de las decisiones colectivas tenía otra consecuencia: la concepción de que el derecho no era una norma "creada" o redactada por los hombres de forma arbitraria, sino una revelación de la verdad divina o de la costumbre ancestral. Bajo este supuesto, solo podía existir un derecho justo. La decisión colectiva no imponía la voluntad de una mayoría sobre una minoría: buscaba "hallar" o reconocer esa única verdad jurídica objetiva. Por eso, quien no aceptaba la decisión o no participaba en el acuerdo quedaba fuera del vínculo jurídico: “Al desaparecer los medios mágicos y carismáticos de formulación del derecho justo, pudo aparecer y de hecho surgió la idea de que el derecho auténtico es creado por la mayoría, por lo cual la minoría tiene el deber de someterse a las decisiones del mayor número”.

Es de esta forma como Weber explica el paso de las decisiones unánimes a las decisiones mayoritarias en las agrupaciones humanas: cuando se seculariza el Derecho. Por eso decían los Papas-canonistas que el objetivo de la asamblea cristiana – o de un concilio – era averiguar la verdad. Por eso los conciliares requerían de la inspiración del Espíritu Santo. Pero el paso de las decisiones unánimes a mayoritarias tuvo otro efecto: la decisión colectiva se transforma en un mecanismo para componer intereses y, por tanto, conciliar preferencias diferentes entre los miembros del grupo. La unanimidad previa permitía concebir el acuerdo social como una forma de acumular información sobre la mejor decisión para el interés común. 

Como los acuerdos de las asociaciones o corporaciones se imponían a todos sus miembros, (art. 159.2 LSC) era sencillo derivar de tal efecto el carácter de norma objetiva del acuerdo adoptado por la asamblea. Por el contrario, los pactos contractuales solo obligan a las partes del contrato.

Al mismo tiempo, la incapacidad de la asamblea para ejecutar sus acuerdos obligó a la separación entre legislación y administración. En este marco, la construcción de la personalidad jurídica es del todo relevante. La persona jurídica producirá normas objetivas cuyo carácter vinculante para los miembros no depende de que éstos las hayan consentido. Y se racionaliza la producción y aplicación de las normas porque corresponden a órganos diferentes.

Weber lo explica considerando que la personificación de las agrupaciones de individuos supuso finalmente

“la total separación de las esferas jurídicas de los miembros y la esfera jurídica independiente de la misma asociación: ciertas personas, designadas de acuerdo con determinadas reglas, son las únicas a quienes se considera jurídicamente autorizadas para obligar a la asociación, o ligar a otros con ella; pero estas relaciones jurídicas no afectan a las personas ni a los patrimonios de los asociados, ni valen como contratos de éstos, sino que se les refiere al patrimonio totalmente independizado de la asociación…Los miembros no pueden aisladamente, como tales, facultar ni obligar a la asociación. Esto sólo es jurídicamente posible para los órganos y únicamente a través de una acción realizada en nombre de la asociación. Además, sólo la asamblea integrada por los miembros designados y autorizados para ello, puede, aunque no deba necesariamente, adoptar decisiones obligatorias”

Y añade, describiendo una concepción patrimonialista de la personalidad jurídica:

“El concepto de personalidad jurídica puede ampliarse asimismo para fundamentar la disposición de bienes económicos cuya utilización corresponde a una pluralidad de personas determinadas según ciertas reglas, aun cuando estas no formen una asociación de base personal propiamente dicha, como ocurre con las fundaciones y los patrimonios afectados a un fin. Los intereses de estas entidades son representados de manera autónoma en el tráfico jurídico por un titular de derechos específico a quien se le reconoce tal condición conforme a normas determinadas”… Desde el punto de vista técnico-jurídico el concepto de personalidad es totalmente superfluo cuando no se atribuye a una asociación ningún patrimonio, en nombre del cual sea posible celebrar contratos”.

Es evidente que Weber 'compra' que son los patrimonios los 'objetos' sobre los que recaen los contratos. Por medio de un contrato, un patrimonio adquiere un bien que, hasta entonces, forma parte o pertenece a otro patrimonio o un patrimonio contrae una obligación frente a otro patrimonio. A continuación, defiende el concepto de personalidad jurídica alemán que niega ésta a las sociedades de personas que son, desde el punto de vista patrimonial, comunidades en mano común (o mancomún).

El concepto de personalidad jurídica es inadecuado para esas sociedades que, de acuerdo con su esencia, sólo abarcan un número limitado de participantes y se hallan temporalmente limitadas, como ocurre, por ejemplo, con algunas sociedades mercantiles. En estos casos, una separación absoluta de las esferas jurídicas del individuo y de la totalidad sería perjudicial al crédito, pues la dignidad específica de un crédito se basa también en la existencia de un patrimonio independiente pero, en primer término, en la responsabilidad de todos los miembros por las deudas de la sociedad”.

Luego explica la evolución de las fundaciones y de los 'institutos' o Anstalt. Este último es un concepto peculiarmente alemán. En Derecho alemán, la Stiftung es esencialmente una figura del derecho privado centrada en el patrimonio. La Stiftung gestiona recursos y rinde frutos, pero carece de estructura para ejercer potestades administrativas o prestar servicios públicos mediante un aparato organizado de medios personales y materiales. Por el contrario, la Anstalt responde a las necesidades del Estado moderno y de la Iglesia burocrática para organizar la prestación de servicios públicos. 

Y añade un largo párrafo en el que describe el mundo pre-contemporáneo como una red de agrupaciones y asociaciones que iban

"desde las simples comunidades de bienes o copropiedad hasta la comunidad puramente política, o desde la casa medieval hasta la ciudad... todas poseían capacidad procesal y patrimonial, aunque las relaciones entre el grupo y sus miembros se regulaban de manera muy diversa".

Obsérvese que Weber distingue entre las relaciones de los miembros con el patrimonio y la organización del grupo (gobierno del patrimonio). En cuanto a lo primero, lo decisivo es si los miembros ostentaban derechos patrimoniales sobre los bienes que componían el patrimonio de la agrupación-asociación pero, cuando existían, estos podían configurarse de formas variadas, en el límite como "propiedad" sobre una acción o participación transmisible. También había diferencias "en si existía la oblgiación de contribuir con el propio patrimonio o con prestaciones personales" En el plano organizativo, "se fijaba de forma muy heterogénea el grado de limitación de los derechos individuales frente a las decisiones colectivas" y las formas de representación en el tráfico de la persona jurídica o "si la condición de socio era abierta, cerrada o dependía de una decisión de la propia agrupación".

Por otra parte, la colectividad recibía el mismo tratamiento de sujeto de derechos y obligaciones personales que un particular: podía ser titular de un nombre, de derechos estamentales o de invención, y poseía capacidad delictiva, imputándosele las acciones u omisiones ilícitas de sus órganos para imponerle penas.

Max Weber, Economía y Sociedad, pp 560 y ss

Becas Cuatrecasas y Premio Manuel Olivencia a la Excelencia Universitaria, convocatoria 2027

foto: Pedro Fraile

La Fundación Cuatrecasas ha abierto la convocatoria 2027 de las Becas Cuatrecasas y del Premio Manuel Olivencia a la Excelencia Universitaria. Ambas iniciativas tienen como objetivo apoyar la formación y reconocer el talento y la excelencia académica de estudiantes de Derecho.

Para que estas oportunidades lleguen al mayor número posible de estudiantes, les agradeceríamos que difundieran ambas convocatorias a través de los canales que consideren más adecuados.

Para facilitar esta labor, hemos preparado un conjunto de materiales de difusión que incluye:

  • Nota de prensa sobre la nueva edición
  • Las bases de ambas convocatorias
  • Un folleto informativo
  • Carrusel para redes sociales
  • Imagen para WhatsApp
  • Propuestas de publicaciones adaptadas a cada canal

Acceda a los materiales de difusión

El plazo para presentar candidaturas permanecerá abierto hasta el 31 de enero de 2027.

Agradecemos de antemano su colaboración para dar a conocer estas oportunidades entre sus estudiantes y el resto de la comunidad universitaria.

Si tienen alguna consulta sobre las convocatorias o los materiales de difusión, pueden escribirnos a convocatorias@fundacioncuatrecasas.com.


martes, 27 de octubre de 2026

La sociedad anónima vista desde la corporación medieval

 




Claussen empieza explicando que "en el principio" se personificó la fundación.
En la Edad Media,existía la tendencia a asociar la universitas rerum con su patrimonio. Esto refleja una mentalidad en la que podía parecer que los bienes tenían intereses propios. En la teoría política, esto encontró una expresión memorable en la teoría de la representación de Hobbes: este argumentaba que «las cosas inanimadas, como una iglesia, un hospital o un puente, pueden ser personificadas por un rector, un maestro o un administrador» En este pasaje, Hobbes parece haber creído sinceramente que las cosas pueden tener intereses propios y llegar a vivir en sociedad con la ayuda de un representante (Brito Vieira, 2009: 154; Runciman, 2000: 272). Los historiadores han argumentado que debió de inspirarse aquí en las fundaciones benéficas medievales destinadas a gestionar «cosas inanimadas», es decir, las universitates rerum de la época (Brito Vieira, 2021: 196; Ribarevic, 2017: 103; Skinner, 2018: 22).

Esto está muy bien porque significa que Hobbes, expresando una concepción de la realidad muy extendida, se dio cuenta de que lo que tendemos a personificar son los patrimonios, no exactamente a los colectivos o grupos de personas y, por tanto, que la función de la personificación es equiparar los patrimonios cuya titularidad no corresponde a un hombre o una mujer con los patrimonios personales de un ser humano.  

Añade Claussen que las dos formas corporativas "para actividades sin fin de lucro en los países de derecho continental" que han sobrevivido son la universitas personarum, la agrupación de individuos, es decir, la asociación y la universitas rerum, la fundación. En la segunda solo hay personificación de un patrimonio, lo que implica, como intuyó Hobbes, dotarlo de un representante, esto es, de capacidad de obrar. La capacidad jurídica (la de imputación de derechos y obligaciones patrimoniales) ya la tienen, per se, todos los patrimonios. Si no la tuvieran, ¿cómo podríamos decir que un bien o un derecho 'pertenecen' o 'forman parte' de un patrimonio? Lo que le falta a un patrimonio para ser persona jurídica es la capacidad de obrar (adquirir bienes o derechos, contraer deudas, celebrar contratos, demandar... art. 38 CC).

A continuación, Claussen explica que la asociación y la fundación contemporáneas deberían compararse "con las corporaciones medievales no mercantiles". No tiene mucho sentido, dice con razón, comparar a la asociación o la fundación con la sociedad anónima (la corporación mercantil por excelencia) porque las características de ésta son esenciales para los que invierten su capital, no para los que participan en las actividades de una asociación o para los fundadores o beneficiarios de una fundación.

En efecto, para los inversores, el bloqueo del patrimonio (asset lock-in) y la separación patrimonial (asset-partitioning) eran novedades. En las sociedades colectivas (partnerships), los socios pueden retirar su capital y siguen siendo personalmente responsables. 

A Claussen le sobra, a mi juicio, referirse a la responsabilidad limitada.

¿Qué es lo que buscan los que constituyen una asociación o una fundación? Nada de lo anterior. Buscan la sucesión perpetua, o sea, la vida eterna (universitas non moritur), lo que permite mantener unido el patrimonio con independencia de los cambios en los individuos que lo administran y que pueden abandonar la corporación o morirse.

Pero si comparamos con las corporaciones medievales no mercantiles, encontramos continuidad. Harris sostiene que la separación patrimonial ya existía en la época romana y que cierto grado de la misma es inherente a la propia idea de entidad jurídica separada (Harris, 2020b: 255, 294). Esto se relaciona principalmente con la protección del patrimonio de la entidad (entity-shielding). La responsabilidad limitada en el sentido moderno se estableció más tarde, siendo menos relevante para las corporaciones sin fines de lucro medievales. No obstante, también aquí hay principalmente continuidad, ya que el reconocimiento de la personalidad jurídica separada tuvo el efecto de que no existiera responsabilidad jurídica individual para los miembros de estas corporaciones (Harris, 2020a: 645).

Y, a continuación, relaciona la sucesión perpetua con la estabilidad del patrimonio de la corporación. Considera esta estabilidad un rasgo común a todas las corporaciones. Pero su análisis aquí me parece menos preciso: 

Por último, el bloqueo del patrimonio también se convierte en un tema destacado en el contexto de las sociedades mercantiles; no se discute explícitamente en relación con las corporaciones medievales. Pero también aquí podemos argumentar que ya está implícito en la titularidad de los activos por parte de la corporación medieval (en contraposición a sus miembros), especialmente a la luz de la existencia perpetua de la corporación (Schwartz, 2012: 776; Stout, 2015: 696). Esta continuidad jurídica tiene sentido, ya que el reconocimiento de los atributos de propiedad resulta ventajoso tanto para las corporaciones comerciales como para las no comerciales. Eliminar la amenaza de retirada de capital o de responsabilidad ante los acreedores personales de los miembros/inversores fortalece la capacidad de la organización para operar como una unidad ante la ley. Como era de esperar, en las asociaciones y fundaciones sin fines de lucro contemporáneas también encontramos estas características. Estas organizaciones cuentan con «una protección completa del patrimonio de la entidad» (Hansmann et al., 2006: 1338).
Claussen no parece tener en cuenta una diferencia fundamental entre las corporaciones societarias como la sociedad anónima y las corporaciones 'fundacionales' como la asociación y la fundación: los miembros de una sociedad anónima son domini de la corporación y titulares del patrimonio de la sociedad anónima (por eso pueden vender sus acciones y tienen derecho a la cuota de liquidación a la disolución de la SA) y los miembros de una asociación o los fundadores carecen de cualquier derecho patrimonial sobre los bienes que forman el patrimonio de la corporación 'fundacional'. Pero la preocupación de Claussen parece centrarse en que tan personas jurídicas son las sociedades anónimas como las asociaciones o las fundaciones.

(dejo los textos en inglés porque las traducciones que me da la IA me parecen confusas)
The property attributes, then, should not be represented as unique for business corporations, but as being essentially in the same category as the governmental attributes: generic features of all corporate forms. This position is compatible with arguments that these attributes assume a special importance in the context of business activity, making it more attractive for commercially motivated investors to use the corporate form. But at the same time, this position helps us to see more sharply what is really unique for business corporations: their commercial attributes.

Por "commercial attributes" Claussen entiende los derechos de los accionistas sobre el patrimonio de la sociedad anónima pero solo hace referencia al derecho al dividendo (Claussen afirma que es un derecho condicionado a la decisión de repartir por parte de los administradores lo que puede ser verdad en el derecho anglosajón pero no en el derecho continental, donde los accionistas pueden forzar el reparto de dividendos contra la voluntad de los administradores y tienen la competencia para aprobar dicho reparto). Claussen añade que se pueden entregar acciones a quienes no realizan ninguna aportación al capital, pero, de nuevo, esto es un rasgo peculiar de los derechos que carecen de una "doctrina del capital social", - legal capital - como el norteamericano. No de los derechos continentales.

El segundo "commercial attribute" de la sociedad anónima es la libre transmisibilidad de las acciones. Claussen considera que este rasgo convierte al accionista en fungible a la vez que le permite liquidar su inversión sin afectar al patrimonio de la SA. 

Dice que "ambos rasgos comerciales eran desconocidos en las corporaciones sin fines de lucro medievales y siguen siéndolo en las asociaciones y fundaciones sin fines de lucro contemporáneas". Lo cual es muy correcto y lleva inmediatamente a preguntarse por la procedencia de esos dos rasgos específicos de las corporaciones comerciales (business corporations). Y, naturalmente, la única respuesta posible pasa por afirmar que estas corporaciones resultaron, en la Edad Moderna, de la combinación de la corporación medieval con la 'compañía de comercio' o sociedad con ánimo de lucro. Por eso, yo las denomino 'corporaciones societarias'. Claussen es de la misma opinión:

The commercial features were imported from another legal form, the Medieval unincorporated societas (partnership), such as the Italian commenda (Harris, 2020b: 130ff). The innovation of the business corporation lies here: in its ability to distribute profits to investors (while the original contributions would remain—as with non-profits —locked inside the company), and its ability to transfer shares. Over time, the combination of the property attributes with the opportunities to extract value from the company offered by the commercial attributes proved to be an enormous advance over Medieval unincorporated partnerships. we get a shareholder-oriented hybrid for which both logics normally point in the same direction. The purpose of shareholder value maximization is not just socially beneficial; it is what the average shareholder, who is purely financially interested, wants, anyway. Membership reciprocity and societal service are, in this corporate governance regime, aligned. Governance structures reflecting shareholder primacy and the norm of shareholder value maximization reinforce each other
Siendo más precisos, se importaron de la sociedad colectiva, esto es, de la compañía de comercio, no de la societas. Y no de la commenda sino de la sociedad en comandita. Lo primero es lo que ocurrió en la East India Company y lo segundo en la VOC o Compañía de Indias holandesa. Pero la afirmación es correcta como acabo de señalar: la sociedad anónima es producto de la combinación de la corporación medieval y el contrato de sociedad mercantil. 

Y la conclusión que extrae también lo es: podemos tener una corporación con personalidad jurídica sin miembros, como es la fundación, es decir, podemos agrupar conceptualmente las universitas personarum y las universitas rerum, porque los miembros de una corporación (sea ésta societaria o fundacional, esto es, sea la corporación una sociedad anónima o una cooperativa o una asociación o una fundación) son esencialmente fungibles y, por tanto, prescindibles para construir la categoría conceptual. Ahora bien, cuando los miembros ostentan derechos sobre el patrimonio de la corporación, debemos atribuirles derechos de control - como ha subrayado Hansmann - para proteger tales derechos frente a la expropiación por parte de los que gestionan el patrimonio.

If the argument above is correct, the problem lies not so much in the fact that a property corporation masks itself as a member corporation (as per Ciepley’s argument), but rather in the fact that the business corporation has a one-sided membership and a one-sided purpose. For a Medieval member corporation, extractive potential was low because the effects of corporate actions fell mainly on its members and third-party effects were relatively insignificant. For the Medieval property corporation, extractive potential was low because the value of its service mandate to outside beneficiaries could not be “tapped” by an extractively motivated membership, since it didn’t have members. For the business corporation as a hybrid, there is a relatively homogeneous member class, and there are (contractual and non-contractual) relations with various classes of outside beneficiaries. This offers extractive opportunities to the membership, and since the outside beneficiaries do not have membership status, but are dependent on the services of the corporation, they are in a vulnerable position.

No es muy exacto afirmar que la corporación societaria - la sociedad anónima - requiere de normas particulares para proteger a los terceros que se relacionan con ella como parece sugerir Claussen al final del párrafo transcrito. Está pensando en la responsabilidad limitada o en la posición de dominio de la corporación en el mercado en el que está presente. Pero ninguna de ambas razones justifica considerar con carácter general que la erección de una corporación societaria es "peligrosa" para los terceros que se relacionan con ella. 

Claussen cierra explicando la función social que cumplieron las corporaciones en el Occidente precontemporáneo y la que siguen cumpliendo en una Sociedad liberal con un Estado democrático:
Member corporations and property corporations,” that is,town, guilds, monasteries, and universities was at the basis of modern societies, helping individuals to emancipate from kinship-based (tribal) relationships by providing them with a new set of social arenas where they could associate on a self-chosen basis (Black, 2009; Henrich, 2020), giving rise to new forms of citizenship (Prak, 2018) and representative politics (Stasavage, 2016). Following their accounts, it seems that corporations are a necessary requirement for a liberal society, even if they straddle the public/private divide in the way mentioned above. For corporations to provide (non-tribal) contexts for autonomous action, when—under the right conditions—individuals can voluntarily join and exit. This value of voluntary community is something stressed in accounts of liberal pluralism. Freedom of association is also a part of liberalism, and it needs corporate legal structures (Levy, 2015

Rutger Claassen, The corporation—a return to origins? European Journal of Political Theory, 2026, pp 1–27

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