Otro nombramiento nepotista (¿Abel Caballero?): la nueva presidenta del Consejo de Transparencia
- Los tres presidentes anteriores tenían trayectorias en la Administración General del Estado, con cargos de responsabilidad y contacto directo con la gestión estatal y la implementación de políticas de transparencia. Concepción Campo Acuña tiene experiencia principalmente local, en la administración municipal y en redes técnicas de transparencia, que aunque valiosa, no alcanza el alcance ni la complejidad de la gestión estatal.
- Todos los anteriores combinaban formación jurídica con experiencia en administración pública de alto nivel y, en algunos casos, especialización en derecho constitucional o protección de datos. Campo Acuña tiene formación jurídica sólida y un máster, pero su trayectoria académica y profesional no se ha desarrollado en la esfera estatal ni en entornos de alto nivel en transparencia.
- Los presidentes anteriores tenían conocimientos prácticos de la administración central, procedimientos complejos, coordinación interministerial y supervisión de organismos públicos.Campo Acuña aporta conocimiento local y académico sobre transparencia, pero carece de la experiencia práctica en la gestión de organismos de supervisión a nivel nacional.
Helen Joyce: Mujeres que siguen el juego
Pero el mecanismo supuesto de la Gran Feminización es más específico: se sostiene que la incorporación de mujeres estaría reconfigurando las instituciones para sustituir la racionalidad y el empirismo masculinos por la emotividad femenina y la búsqueda de consenso. Un diagnóstico más ajustado es que hombres y mujeres tienen cada uno debilidades características y que, en ocasiones, sacan a relucir lo peor unos de otros.
Piénsese en la aversión femenina al conflicto y en su preferencia por el consenso. Esto no es fruto del azar, sino el resultado de haber tenido que compartir el planeta con la mitad de la humanidad que es más fuerte y más agresiva. Aplacamos a los hombres para poder vivir y seguir luchando —de forma encubierta e indirecta— un día más. Y por prudencia mantenemos para nosotras los pensamientos subversivos, de modo que, cuando se nos pregunta si conviene expresarlos, naturalmente respondemos que, a menudo, es mejor no hacerlo.
La evolución ha configurado a ambos sexos para mantenerse alerta tanto frente a posibles parejas como frente a amenazas, amenazas que, para hombres y mujeres, proceden en gran medida de otros hombres. El resultado es una asimetría: las mujeres perciben con bastante claridad qué es lo que quieren los hombres en general, mientras que muchos hombres permanecen en gran medida ajenos a los deseos de todas las mujeres salvo aquellas que les interesan personalmente.
Esta asimetría moldea las distintas actitudes de hombres y mujeres frente a la ideología trans, que concede a unos pocos hombres aquello que más desean, deja al resto prácticamente indiferente y, al mismo tiempo, impone cargas exigentes a todas las mujeres, castigando a quienes se niegan a aceptarla. Cabía pensar que esto llevaría a una oposición especialmente intensa por parte de las mujeres.
Sin embargo, cuando determinados hombres insisten en que son mujeres, esa exigencia va respaldada —como tantas otras exigencias masculinas dirigidas a las mujeres— por una amenaza implícita de violencia. (Muchas) mujeres expresan entusiasmo por el género porque (algunos) hombres están muy comprometidos con él y porque el coraje cuesta. Los demás hombres pueden permitirse el lujo de despacharlo como algo estúpido y trivial (que lo es). La tendencia masculina a acosar o intimidar a las mujeres y la tendencia femenina a apaciguarlos son a la vez causa y efecto la una de la otra.
Tampoco es cierto, sencillamente, que hayan sido las mujeres quienes han impuesto el género al mundo. Su impulso ha venido sobre todo de gobiernos y grandes corporaciones, dirigidos no por las adolescentes y jóvenes que dicen a los encuestadores que «las mujeres trans son mujeres», sino predominantemente por hombres de mediana edad. Dudo que casi ninguno de ellos crea realmente en eso. Pero el daño que provoca les resulta irrelevante, porque se trata de una señalización de virtud barata que no les cuesta nada.
Y, por último, la ideología trans no es una razón arbitraria o carente de sentido por la que una minoría de hombres intimida a las mujeres, del mismo modo que la capitulación femenina no es arbitraria ni carente de sentido. … Los sexólogos saben desde hace décadas que lo que motiva a muchos hombres a identificarse como mujeres trans es un fetiche conocido como autoginefilia: una imaginación obsesiva y fetichista de sí mismos como mujeres.
Las mujeres que apoyan la ideología trans tanto entusiasmo no hacen sino lo que muchas mujeres han hecho siempre frente a exigencias masculinas desmesuradas: apaciguar y mostrarse complacientes porque eso es más seguro y más rentable que la solidaridad entre mujeres. Cuando observo la catástrofe de género, veo el resultado de una colusión entre ambos sexos en su peor versión.
Habermas por Joseph Heath
Como, por lo general, las palabras no adquieren significados distintos por el mero hecho de emplearse en contextos diferentes, el significado lingüístico es demasiado sistemático como para poder fundamentarse en un conjunto disperso de prácticas sociales inconexas. Esta constatación llevó a muchos filósofos a sostener que el significado de lo que decimos no está determinado por cualquier juego lingüístico, sino más bien por el papel que nuestros actos de habla desempeñan en la práctica específica de la argumentación. Habermas formuló esta idea afirmando que, siempre que realizamos un acto de habla, asumimos un compromiso con la justificación del contenido de lo que afirmamos, es decir, planteamos una «pretensión de validez». Este compromiso no constituye un añadido externo o contingente, sino que forma parte del propio significado lingüístico: entender el significado de un acto de habla consiste precisamente en comprender bajo qué condiciones podría estar justificado.
De ello se sigue, según Habermas, que existe una conexión intrínseca y necesaria entre la práctica social de la justificación —a la que denomina «discurso»— y la posibilidad misma de que nuestros actos de habla tengan sentido. Comprender los actos de habla de otra persona está inseparablemente vinculado a la evaluación de las pretensiones que formula y, del mismo modo, la realización de un acto de habla implica siempre asumir un compromiso con la justificación de lo que se dice. Por eso, quien exige una justificación no impone al hablante una obligación nueva, sino que simplemente le pide que cumpla un compromiso que ya había asumido al hablar.
Adam Smith, autista era su don
Las personas con TEA ven patrones y sistemas que otros no perciben.
"Como no tenemos experiencia inmediata de lo que sienten otras personas, sólo podemos formarnos una idea de la manera en que se ven afectadas, concibiendo lo que nosotros mismos sentiríamos en una situación similar."
"Nunca podemos analizar nuestros propios sentimientos y motivos, nunca podemos formar juicio alguno al respecto; a menos que nos alejemos, por así decirlo, de nuestra propia posición natural y nos esfuercemos por verlos a cierta distancia de nosotros. Pero no podemos hacer esto de otra manera que esforzándonos por verlos con los ojos de otras personas, o tal y como es probable que otros los vean"
T. Greer
Reflexionando sobre este pasaje de @tylercowen y preguntándome si lo que está ocurriendo con la economía es similar a lo que ocurrió con la antropología a finales del siglo XX, es decir, La antropología fue en su día el estudio de los pueblos pre-mercado/pre-estado, pero se convirtió en sinónimo de "etnografía". La economía fue en su día el estudio de los mercados económicos, pero se ha convertido en sinónimo de "econometría". En ambos casos, la herramienta ha absorbido el objeto original de estudio.
Las madres son comunistas, por eso las mujeres votan a la extrema izquierda
Ed West "Como cualquier padre de niños pequeños sabrá, si preguntas a tus hijos si prefieren (i) que ellos reciban un caramelo y sus hermanos dos o (ii) que nadie reciba caramelos, la mayoría optan por (ii). Es un sentimiento instintivo humano, pero también infantil
¿Qué contestarían los españoles a esta pregunta?
"Un aumento de la desigualdad como consecuencia de aplicar una medida es aceptable si todos se hacen más ricos como consecuencia de dicha medida" La mitad de los daneses se muestran en desacuerdo con adoptar tal medida.





