Tu cerebro y el cerebro de los estudiantes solo reaccionan frente a la sorpresa. (“Todo lo que hace el cerebro es minimizar el error de predicción”; Nuestro sistema cognitivo es, en esencia, un detector de novedades). Como en el chiste del niño que no habló hasta los 20 años y entonces dijo: 'Mamá, la sopa está fría' y la madre - sorprendida - reaccionó preguntando, 'Pero hijo, ¡si puedes hablar! ¿Cómo es que no has hablado hasta ahora?' A lo que el niño repuso: 'Porque, hasta ahora, todo estaba bien'. O como el joven español de los años sesenta que por primera vez viaja a Europa y, por primera vez, prueba un yogur de verdad.
En esta corta entrada Vicky Brooks explica cómo hacer que nuestros estudiantes retengan - aprendan - lo que tratamos de transmitirles. Se trata, básicamente, de provocar una reacción de sorpresa o extrañeza en los alumnos que "sacuda" el modelo que tienen en su cerebro respecto de esa cuestión. El ejemplo que pone es extraordinariamente eficaz-
Si la maestra empieza diciendo: "El estómago humano renueva por completo su mucosa cada tres o cuatro días", los estudiantes no reaccionarán. Si les obligamos a escribirlo - a mano - lograremos que presten más atención pero carecerán de incentivos para incluirlo en su memoria a largo plazo porque "no tendrán dónde meterlo", o sea, con qué otras informaciones, datos, experiencias, emociones conectarlo. Por eso a los niños pequeños hay que hacerles cantar, escribir, dibujar, leer, sin ningún objetivo adicional (¿se acuerdan de la canción 'or tan chivirí'?)
Sin embargo, si empezamos la clase diciendo
El ácido de tu estómago es lo suficientemente fuerte como para disolver incluso el metal. Entonces, ¿por qué no acaba disolviéndote a ti?
La emoción que se genera en el estudiante es la de despertar su curiosidad. Necesita una explicación. Si, inmediatamente, alguno de sus compañeros suelta que la mucosa que protege las paredes interiores del estómago se renueva completamente cada tres o cuatro días, surgirá una sensación de placer - probablemente provocada por la producción de dopamina y, eventualmente, endorfinas - al "entender" y resolver el problema. La evolución nos ha debido configurar para disfrutar resolviendo problemas porque la solución de problemas favorecía obviamente la supervivencia. La curiosidad de los infantes es por eso casi infinita.
Brooks pone, a continuación, otros ejemplos de 'acertijos', contradicciones, dilemas etc. Una buena clase empieza siempre con un problema que los estudiantes pueden "gestionar" (si se han leído los materiales proporcionados por el profesor, podrán gestionarlo mejor, claro) pero para cuya solución, los estudiantes carecen de la información necesaria completa. O la tienen pero no saben que la tienen porque no se les ha ocurrido relacionar la nueva - la pregunta del profesor - con la información que ya tienen.
Mis dos ejemplos favoritos. El primero es de Elías Díaz. La he contado en esta entrada: Elías Díaz y la pregunta de examen: ¿a qué orden religiosa pertenecía Lutero? Es un buen ejemplo de la productividad de la respuesta incorrecta. Los alumnos aprenderán mucho sobre la Edad Moderna si el primer estudiante que responde a esa pregunta, por caer en alguno de los 168 sesgos cognitivos identificados, lo hace diciendo que Lutero era jesuita.
El segundo es el de la invención de la agricultura. ¿Cuándo y dónde se inventó la agricultura? Los alumnos no lo saben (salvo Alejandro, al que no le gustaba que le llamase el 'historiador') pero saben que existieron los romanos y que en tiempos de Roma había agricultura y saben que existieron los egipcios y que en tiempos de los faraones existió la agricultura etc., de manera que pueden ir ajustando hasta dar una respuesta no muy disparatada.
Hay otras técnicas para 'sorprender' a los estudiantes. Una más reciente es la de formular la 'tesis' de una manera un poco escandalosa. Por ejemplo, decir, cuando se explican las ideologías políticas, que los padres son conservadores y las madres son comunistas. Las madres tratan a cada hijo de forma diferente, en función de sus capacidades y sus necesidades (percibidas por la madre), o sea, como predica el comunismo (de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad). Los padres tienden a tratar igual a todos. ¿Qué 'tratamiento' maximiza la supervivencia de los hijos? Sin duda, el tratamiento materno (por eso me parece que estamos haciendo un trabajo espantoso con los chicos y chicas 'del montón' en lo que a orientar qué deben estudiar se trata: una buena madre no habría dejado que su hijo con menos talento hiciera un grado Mickey Mouse. Le habría puesto a estudiar informática, electrónica o mecánico de aeronaves (no estoy tan seguro con las hijas).
La escandalosa idea de llamar comunistas a las madres es muy eficaz para el aprendizaje. Todos los alumnos tienen madre y sus amigos también tienen madre. Y todos tienen padre. Y la mayoría de ellos tienen hermanos - o primos - de manera que pueden rebuscar en su experiencia para confirmar o refutar la idea de que las madres tratan de forma diferente a sus hijos. Es más, conocen casos de niños con 'necesidades especiales' y cómo reciben, normalmente, más atención de sus madres etc. Pero lo importante para el aprendizaje es que abre una caja llena de nuevas preguntas y posibles respuestas. ¿Por qué es adaptativo (fitness) que las madres inviertan más recursos en unos hijos que en otros? ¿los padres de la India invierten más en sus hijas o en sus hijos? ¿Cómo favorece eso la reproducción de los genes de la madre? ¿Por qué las madres son comunistas y los padres no (o por qué podrían no serlo)? ¿Qué efectos tiene esta diferencia entre padres y madres sobre el voto en las elecciones? ¿Las mujeres votan a la izquierda en mayor medida que los hombres? etc etc.
Brooks añade que "El cerebro tiende a proteger su entendimiento actual de un problema. Cambiar ese entendimiento supone un esfuerzo que consume energía, de manera que la información nueva no se asimila, simplemente porque se explique con claridad, sino porque el receptor tiene un motivo para hacerlo". En los niños pequeños, pero también en los adolescentes y en los jóvenes adultos, ese motivo es la curiosidad implantada por la evolución ("Explorar y explotar") lo que da una ventaja al profesor. Soltar que las madres son comunista provoca un choque que los alumnos han de absorber, bien rechazando la idea, bien 'retocando' su 'modelo mental' sobre la justicia de las relaciones humanas.
Y concluye que la claridad de la explicación es el resultado de la 'clase' y del aprendizaje, no el camino para aprender. Y eso también me parece perspicaz. La explicación resulta 'clara' no porque es fácil de entender, sino porque se ha entendido.
En un mundo en el que, como decía aquel pobre profesor de alemán destinado en los EE.UU., hasta la información del tiempo es un espectáculo, donde todas las respuestas están en la punta de los dedos, donde toda la información está disponible y 'predigerida', solo podremos arrastrar a los estudiantes a clase a base de hacerles preguntas que sorprendan a sus cerebros todavía gobernados por la pulsión por 'explorar'. Como dice Will Storr, las clases deberían ser como sugería B.J.Fogg:
nunca deberíamos tener la certeza de si vamos a recibir una recompensa, ni de qué tamaño será. Ese es el secreto del poder adictivo de las redes sociales: el factor sorpresa. «El funcionamiento de las tragaperras es el ejemplo perfecto», escribió. El tintineo de las monedas al caer en la bandeja es un refuerzo de la conducta, pero es aleatorio. Ese esquema de premios impredecibles hace que el comportamiento —en este caso, apostar— se vuelva compulsivo. Hoy, nuestras aplicaciones más adictivas llevan ese azar inyectado en su ADN.






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