domingo, 8 de noviembre de 2026

Emociones, moralidad y Derecho

 

Foto: Pedro Fraile

Las emociones nos motivan a actuar moralmente; las emociones fueron el parche que inventó la Evolución para reducir nuestro individualismo, en comparación con otros primates. Fueron las emociones las que nos permitieron vivir en grupo y cooperar intensamente con otros, salvándonos así de la extinción como especie; 

v., Jonathan H. Turner The Evolution of Human Emotions, 2014, resumido en Jesús Alfaro, La expulsión del paraíso nos hizo humanos, Derecho Mercantil, 2018. 

Michael Shermer  Edge, 2015, resumido aquí. decía que las emociones son mecanismos para “simplificar el pensamiento”. Pero las emociones se han relacionado, recientemente, con la moralidad

La conciencia de que la indignación moral ante la conducta de alguno de los miembros del grupo es compartida facilita la coordinación entre todos los miembros del grupo. 

Lo hace reduciendo los costes de cada individuo de participar en la imposición de un castigo al miembro que ha infringido las reglas sociales. Sabiendo que todos los demás sienten la misma emoción, pueden estar seguros de que el infractor no tiene posibilidad alguna de rebelarse exitosamente y no soportar el castigo y de que los bienes personales de cada uno de los que imponen el castigo están a salvo. La garantía de éxito del castigo aumenta y con ello, aumenta también su eficacia preventiva frente a todos los futuros infractores. El dilema de cada uno de los que están dispuesto a participar en el castigo colectivo asumiendo algún coste es “quedarse solos” castigando lo que, por un lado, eleva el riesgo de ineficacia del castigo (la fuerza física del que castiga y del castigado es semejante) y, por otro, puede convertir al que castiga en el próximo objeto de la reprobación por parte del grupo (nadie tiene simpatía por los verdugos). Por el contrario, si basta con “seguir la corriente” para producir un castigo eficaz, la tendencia individual será la de sumarse, esto es, coordinarse. 

La conformidad con el grupo – Vicente va donde va la gente – es una motivación muy fuerte para los individuos que “quieren gustar y ser queridos y quieren acertar” en sus juicios y en sus decisiones. Pero la conformidad con el grupo presupone que los individuos “han de ser conscientes de cuál es la opinión mayoritaria en el grupo respecto de una cuestión”. Tal conciencia “es una navaja de doble filo” porque, por un lado, reduce los costes de la coordinación pero, por otro, aumenta los incentivos para comportarse como un gorrón y dejar que sean los demás los que incurran en el coste de castigar al infractor. Aquí es donde entran las emociones morales, o sea la indignación o el pánico moral. Castigar no solo deja de tener costes para el que castiga sino que produce beneficios – bienestar emocional –. 

En particular, si cada miembro de la comunidad se indigna ante una infracción de las normas, en sincronía con los demás, esto es, cuando los demás también se indignan, la decisión de castigar tomada por cada individuo se hace congruente con la de los demás. En consecuencia… la intensidad de las emociones morales aumenta/disminuye a medida que aumenta o disminuye la expectativa de que la condena de una infracción sea compartida socialmente.

V., Konishi, Naoki/ Oe, Tomoko/ Shimizu, Hiroshi/ Tanaka, Kanako/ Ohtsubo, Yohsuke, Perceived Shared Condemnation Intensifies Punitive Moral Emotions, Nature, Scientific Reports, 2017, resumido aquí. V., también Peter DeScioli, The side-taking hypothesis for moral judgment, Current Opinions in Psychology, 2016, 7:23-27: “Los que forman la <<audiencia>> juzgan moralmente las acciones de los que disputan entre sí y toman partido contra aquél cuya conducta consideran más reprobable moralmente”. Y Robert Kurzban, The evolved functions of morality: From the Haidts to the depths, Aporía, 2024. 


Y, lo que se ha dicho de las reglas morales se aplica, según DeScioli (2023), a las reglas jurídicas. 

Los humanos creamos tantas normas jurídicas porque necesitamos poder elegir bando en los conflictos según reglas de conducta para no tener que hacerlo de acuerdo con jerarquías o facciones. La selección natural dotó a la mente humana de la capacidad de hacer normas jurídicas como parte de una estrategia para protegernos en un mundo traicionero de alianzas. Entre los cazadores-recolectores, la moral y el Derecho son una misma cosa. Con la invención de la escritura, los líderes elevaron las normas morales inscribiéndolas en registros públicos como leyes oficiales. Las leyes se proclaman en rituales y ceremonias, se exaltan en la mitología y se hacen cumplir por el poder del gobierno, todo lo cual hace que las normas ratificadas sean más prominentes. La prominencia añade fuerza a una norma porque elegir un bando es un juego de coordinación en el que los jugadores tienen que adivinar lo que decidirán otros jugadores para unirse a la coalición mayor... En caso de duda, la regla más saliente es la más acertada porque es la más visible para los demás en el juego de adivinanzas de la coordinación… 
A estas normas, ampliadas por la escritura, el ritual y el gobierno, las llamamos leyes. Las leyes oficiales sólo incluyen una parte de las normas morales de una comunidad, aquellas que los funcionarios han considerado práctico y conveniente hacer cumplir. Este hecho da la impresión común de que la moral y la ley son diferentes. De hecho, para ser precisos, las leyes escritas son un subconjunto de reglas morales que han sido seleccionadas, refinadas y elevadas para servir a los fines de los legisladores. Sin embargo, la ley y la moral tienen el mismo origen en la mente, porque el juicio moral produce el conjunto de normas de las que se eligen las leyes oficiales. Además, los ciudadanos utilizan su juicio moral para evaluar las leyes oficiales y coordinar los ataques contra el gobierno cuando sus leyes se alejan demasiado del código moral de la comunidad. Así pues, tanto el origen como la estabilidad de las leyes oficiales dependen de las leyes naturales compuestas por nuestro juicio moral, respaldadas por los ataques coordinados que desencadenan. El juego de elegir bando explica por qué las leyes escritas son tan poderosas, de hecho más poderosas que los líderes y funcionarios que las hacen cumplir. Porque una ley destacada puede convocar no sólo a policías y soldados, sino también a inmensos batallones de civiles que eligen bando siguiendo el faro de la ley. El juego de la coordinación explica también por qué las leyes oficiales pueden verse repentinamente invadidas por rebeldes. 
Varios elementos de las leyes pretenden apaciguar a las alianzas rivales de ambos bandos, especialmente a los aliados del infractor. Las leyes exigen culpabilidad, pruebas y verdad para persuadir a los aliados del infractor para que reculen. Las leyes advierten de que todo el mundo planea atacar al infractor, tanto enemigos como amigos, porque su objetivo es unificar a las facciones rivales. Y las leyes establecen castigos proporcionados para que amigos y enemigos se pongan de acuerdo. Por último, el contenido de las leyes sigue a los temas de conflicto. Como ya hemos dicho, los humanos hacen leyes interminables para cubrir conflictos interminables. Los temas de las leyes siguen los temas del conflicto, como la violencia, la propiedad, el sexo, la facción y el poder...  
Puesto que los seres humanos inventan un número ilimitado de leyes, el desacuerdo es constante. Las personas proponen leyes que las benefician a ellas mismas; en ocasiones esas leyes benefician también al conjunto de la comunidad, pero con más frecuencia perjudican al menos a algunos de sus miembros. No debemos dejarnos engañar por aquellas leyes estables y universales cuya unanimidad y permanencia admiramos con razón. Tan universal como ellas es el desacuerdo. 
La imparcialidad entre facciones es esencial. Una sociedad que entrega la imparcialidad a las facciones ha renunciado, en la misma medida, al Derecho y a la moral. Lo que está en juego en estas disputas es si la comunidad será gobernada por el Estado de Derecho o por el dominio de las facciones, en el que la facción más poderosa somete a las rivales bajo la apariencia de leyes. Sin embargo, existe un límite natural que impide que las facciones destruyan por completo la imparcialidad: los propios conflictos violentos que originalmente hicieron necesarias las leyes imparciales. Una facción especialmente agresiva puede derrotar en un primer momento a sus adversarios imparciales, pero su éxito fomenta la aparición de nuevas facciones igualmente agresivas que acabarán enfrentándose entre sí. Cuanta más sangre se derrama entre alianzas hostiles, mayores son las ventajas mutuas que proporcionan las leyes imparciales y más personas se agrupan en torno a ellas. Este límite es análogo al que restringe la agresividad en las especies animales: la selección natural no favorece sistemáticamente a los osos, lobos o babuinos más agresivos porque, cuando la agresividad se generaliza, terminan destruyéndose unos a otros. 
Derecho y facción son, por tanto, enemigos permanentes en las sociedades humanas. En términos generales, las personas apoyarán el imperio de la ley cuando obtengan más beneficios de preservar la paz entre las facciones que perjuicios de abandonar a aliados que han infringido la ley. Por el contrario, abandonarán el imperio de la ley cuando obtengan más ventajas apoyando a su propia facción que pérdidas derivadas del riesgo de ruptura entre facciones.

V.,  La coordinación a través de la publicación de información: Ruanda, Derecho Mercantil, 2022

Muchas de las normas que sostienen las democracias modernas pueden entenderse como estrategias destinadas a neutralizar las tácticas de las facciones. En Federalist No. 10, James Madison sostuvo célebremente que las facciones constituyen una amenaza constante para cualquier democracia, porque una facción que alcanza la mayoría puede aprobar leyes opresivas contra sus adversarios. En sus palabras, «una democracia pura... no puede ofrecer remedio alguno a los males causados por las facciones», y «esas democracias han sido, en general, tan breves en su existencia como violentas en su caída». Madison añadía que las facciones no pueden eliminarse sin destruir la libertad, porque las alianzas están «sembradas en la naturaleza» humana. Por ello, Madison y sus contemporáneos defendían leyes destinadas a impedir que una facción dominara a las demás y a hacer posible que se controlaran mutuamente. Así, la representación política y una amplia unión de Estados dificultarían que una facción agresiva lograra controlar una mayoría. De este modo, esperaba Madison, «los dirigentes facciosos podrán encender una llama en sus respectivos Estados, pero serán incapaces de provocar un incendio general en los demás Estados». 

Una comunidad puede resolver estos desacuerdos si dispone de reglas que determinen quién puede adoptar determinadas decisiones y cuál es el procedimiento para llegar a ellas. Son las reglas del poder. En términos generales, en las sociedades humanas aparecen cuatro reglas elementales de decisión colectiva: autoridad, mayoría, consenso y azar. Bajo la regla de autoridad, la decisión corresponde unilateralmente a quien ocupa la posición más alta de la jerarquía. La autoridad también puede depender de la competencia técnica o del papel desempeñado por una persona y no sólo de su rango general. Bajo la regla de la mayoría, varias personas eligen entre distintas opciones y prevalece aquella que obtiene más apoyos. Bajo la regla del consenso, varias personas participan en la decisión y sólo se alcanza una resolución cuando existe unanimidad. Finalmente, bajo la regla del azar, la decisión se toma mediante un procedimiento aleatorio e imparcial.

DeScioli, Peter. (2023). On the origin of laws by natural selection. Evolution and Human Behavior. 

Citas: mucha IA y otras cosas

El voto como elección racional es una decisión epistémica y prosocial (votar popperianamente

Para los votantes con preferencias prosociales, la utilidad esperada de votar es aproximadamente independiente del tamaño del electorado, lo que sugiere que puede ser racional participar incluso en elecciones muy numerosas. El modelo predice una menor participación en las elecciones de menor importancia, pero incorpora un mecanismo de retroalimentación que tiende a mantenerla en niveles apreciables bajo una amplia gama de circunstancias. Las principales aportaciones de este artículo son tres. En primer lugar, muestra que, para un individuo cuyas preferencias combinan intereses propios y consideraciones prosociales, estas últimas terminan predominando, de modo que resulta racional para un votante típico acudir a las urnas incluso en elecciones de gran tamaño. (supongo que porque tiene la expectativa de que sus conciudadanos comparten con él las preferencias prosociales y se dan cuenta de que lo que conviene a todos es votar en el sentido que más avance el interés común) En segundo lugar, demuestra que la participación electoral impulsada por motivaciones prosociales genera un mecanismo de retroalimentación que estabiliza la participación en niveles razonables, por ejemplo en torno al 50 % del electorado (eso, supongo, que se debe a la 'telepatía' y al 'conocimiento común'). En tercer lugar, relaciona este modelo racional de participación electoral basado en la utilidad prosocial con los resultados de las encuestas sobre el voto motivado por consideraciones de carácter social.

Eidenmüller sobre la utilidad de la IA para 'enmarnecer' los contratos

Eidenmüller se remite a Howard Raiffa y la noción de los Post-Settlement Settlements («acuerdos posteriores al acuerdo»), planteando que los contratos cerrados bilateralmente rara vez son eficientes o maximizan el valor, en especial en negociaciones complejas con múltiples variables, incertidumbre o pagos aplazados («complex negotiations where a lot of issues are at stake, where uncertainties are involved, or where settlements could involve transactions and payments over time»). La propuesta teórica de Raiffa contemplaba la figura de un mediador neutral —un «interventor analítico» de un «Servicio de Perfeccionamiento de Contratos»— que sondease de manera privada y confidencial las verdaderas preferencias e intereses de las partes para posteriormente resolver un problema de optimización matemática («solve a mathematical optimization problem») y proponer una mejora donde ambas partes salieran ganando. El atractivo principal de este planteamiento radica en que las partes parten de una zona segura («safe space»), pues el contrato original actúa como un mecanismo de protección o alternativa por defecto (fallback), garantizando que solo aceptarán la modificación si ambos obtienen un beneficio neto.

A pesar de su solvencia conceptual, esta propuesta no tuvo adopción práctica debido a barreras psicológicas —el agotamiento y el orgullo de los negociadores tras cerrar un trato— y, de forma fundamental, a los elevados costes de transacción que implica contratar a un mediador humano, insostenibles para contratos de escasa o media cuantía. Sin embargo, el autor argumenta que el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial permite superar este obstáculo de costes y neutralizar la reticencia emocional de las partes a ser corregidas por otro ser humano. La IA, respaldada por grandes volúmenes de datos contractuales, puede actuar como un perfeccionador neutral capaz de identificar mejoras paretianas, señalar desviaciones normativas o resolver ambigüedades contractuales mediante mecanismos de arbitraje acordados de forma previa tras un parcial «velo de ignorancia». La IA podría extenderse a las adaptaciones necesarias en contratos de muy larga duración

La economía de la inteligencia: ¿Cómo y cuándo la IA general conduce a la transformación económica?


Parte de esta desconexión (entre la implantación de la IA y la mejora de la productividad en la economía en general) se debe a que el agente de IA individual no es la unidad económica pertinente. La inmensa mayoría de los indicadores de rendimiento miden la capacidad de agentes de IA aislados para resolver problemas por sí solos, cuando la transformación económica es un fenómeno de equilibrio en el que compiten organizaciones, sometidas a las fuerzas de la oferta y la demanda. Los trabajadores no actúan de forma aislada. Las organizaciones combinan personas con capacidades complementarias y distribuyen las tareas de manera que forman equipos mucho más eficaces que cualquier individuo por separado. Como los indicadores actuales solo evalúan si la IA puede superar a personas individuales, un modelo puede rendir mejor que cada miembro de una organización considerado aisladamente y, sin embargo, ser inferior al rendimiento de un equipo bien organizado. Por eso se ha dicho en ocasiones que las organizaciones constituyen una forma de superinteligencia. Al mismo tiempo, los modelos económicos convencionales no captan adecuadamente el potencial transformador de la IA, porque suelen tratarla como una innovación tecnológica más: o bien como una herramienta que aumenta la productividad del trabajador humano, o bien como una máquina que sustituye a las personas en tareas concretas. La inteligencia artificial de propósito general no encaja bien en ninguna de estas categorías por dos razones fundamentales. En primer lugar, mientras que la oferta de trabajo humano está limitada, los agentes de IA y las capacidades que aportan pueden ampliarse prácticamente al ritmo de la demanda, siempre que se disponga de capacidad de procesamiento suficiente. En segundo lugar, muchas de las restricciones que limitan el tamaño y la eficacia de los equipos humanos, como el ámbito de supervisión, los costes de comunicación o los problemas de incentivos, no tienen por qué afectar a los agentes de IA. Cuando estos puedan colaborar directamente entre sí, sin depender de estructuras organizativas diseñadas para coordinar personas, estaremos ante una clase de factor productivo genuinamente nueva. Si analizamos cómo funciona la inteligencia dentro de las organizaciones, la transformación dependerá de cuándo se superen dos umbrales clave de capacidad: la competencia(mejoras en las habilidades individuales, como la programación y las matemáticas) y la coordinación (mejoras en la capacidad de los agentes para cooperar y trabajar juntos). Demostramos que la transformación económica depende de si la IA se vuelve supercompetente, supercooperativa o ambas: el régimen de superinteligencia artificial (ASI). El seguimiento de esta transición revela por qué la verdadera transformación visible podría provenir de mejoras en la coordinación, una capacidad que la mayoría de los indicadores aún no miden. Superado cierto umbral, las capacidades de la IA pueden romper el techo de Coas en cuanto al tamaño de las empresas y dar lugar a una economía radicalmente distinta a la actual.Dos conclusiones principales: 1. Para comprender la trayectoria de la transformación, deberíamos seguir más de cerca la coordinación entre agentes. 2. Es probable que el impacto de la IA se refleje en los salarios antes que en la estructura del mercado o el empleo.

Luis Garicano. La ventaja evanescente de la especialización: IA, utilización del conocimiento y los límites de la empresa. Borrador de la Conferencia BPEA, 24-25 de septiembre de 2026.

La división del trabajo ahorra costes de adquisición de conocimiento. La razón es que el especialista adquiere un conocimiento una sola vez y lo utiliza repetidamente, permitiendo que otros se apoyen en su experiencia en lugar de adquirir ese conocimiento por sí mismos. La inteligencia artificial reduce este coste fijo de adquisición de conocimiento y, por tanto, también reduce la ventaja de la especialización.  
Estudio aquí cómo este cambio afecta a los límites de la empresa. Pero el mecanismo subyacente es más general: un conocimiento más barato reduce la ventaja de los especialistas tanto frente a los generalistas individuales como frente a las organizaciones. En consecuencia, trabajos que antes requerían la intervención de varios especialistas pueden quedar reunidos bajo el control de una sola persona o de una sola empresa. 
En el límite de la empresa, este mecanismo sugiere que el trabajo experto se desplaza desde los proveedores especializados hacia sus clientes. Los patrones recientes de empleo son compatibles con este desplazamiento. El empleo en empresas de servicios profesionales, científicos y técnicos creció un 0,5 % anual entre noviembre de 2022 y julio de 2026, frente al 2,6 % anual durante la década de 2010 y el 3,4 % anual entre noviembre de 2019 y noviembre de 2022. No se debe a que haya dejado de crecer el número de abogados, contables, desarrolladores de software y analistas de gestión; de hecho, entre 2022 y 2025 aumentó un 2,5 % anual. Sin embargo, de los 337.000 puestos de trabajo añadidos por estas cuatro ocupaciones, el 99 % (335.000) se creó fuera de sus sectores especializados tradicionales. 
Una reducción de los costes de transacción predeciría un desplazamiento del límite de la empresa en la dirección opuesta. Una literatura creciente estudia cómo la inteligencia artificial modifica las fronteras organizativas a través de su impacto sobre los costes de transacción. Según este argumento, si una IA agente puede encontrar proveedores y permitir que la transacción se realice de forma barata y automática entre agentes, las transacciones internas de la empresa podrían sustituirse por compras en el mercado a proveedores especializados. Este desplazamiento hacia el mercado se vería reforzado por la tokenización y la contratación programable. En el límite, la empresa podría llegar a desaparecer. 
La IA genera así una carrera entre Smith y Coase: un conocimiento más barato debilita las ganancias smithianas derivadas de la especialización; unas transacciones más baratas debilitan la justificación coasiana de la empresa. La fuerza que predomine determinará si el trabajo se desplaza al interior o al exterior de la empresa.  
Una empresa se organiza en torno a una actividad principal, como fabricar un producto, prestar un servicio o atender a una determinada base de clientes. Posee conocimiento local sobre esa actividad, la controla y responde por los resultados obtenidos (Knight, 1921). Para desempeñar con éxito esa actividad principal necesita numerosas funciones de apoyo, como los servicios jurídicos, la contabilidad, el software o el marketing.  
El conocimiento es costoso de adquirir pero, una vez adquirido, resulta barato reutilizarlo (Rosen, 1983; Romer, 1990), de modo que su coste medio disminuye cuanto más se utiliza. Las empresas y los mercados son mecanismos alternativos para aumentar esa utilización. Dentro de la empresa, los expertos dirigen a quienes no poseen el conocimiento (Garicano, 2000); en el mercado, el especialista vende el mismo conocimiento a muchos clientes, permitiendo un uso más intensivo del mismo (Garicano y Hubbard, 2007). 
Por ello, una empresa gestiona internamente los problemas frecuentes y compra externamente la experiencia necesaria para aquellos problemas que encuentra con demasiada poca frecuencia como para justificar el mantenimiento de ese conocimiento dentro de la organización. Por ejemplo, Microsoft dispone de un amplio departamento jurídico, pero contrató al despacho Simpson Thacher para asesorarle en la adquisición de Activision Blizzard (Chen, 2022). No es porque Microsoft carezca de abogados, sino porque no utiliza con suficiente frecuencia los conocimientos especializados propios de las fusiones y adquisiciones como para justificar un departamento entero dedicado exclusivamente a esa materia... Se observa desde 2022 un desplazamiento de abogados, contables, desarrolladores de software y analistas de gestión hacia empleadores situados fuera de los sectores especializados principales de esas profesiones, acelerando una tendencia que ya era visible antes de la pandemia y que resulta coherente con una reducción cada vez más rápida de los costes de adquisición de conocimiento.

La tesis central es que aprender economía general mejora después el aprendizaje de finanzas personales, pero el efecto inverso prácticamente no existe. Los autores analizan 2,4 millones de ejercicios realizados por más de 500.000 estudiantes de educación primaria y secundaria en una plataforma educativa. Aprovechan que algunos alumnos estudiaron primero economía y luego finanzas personales, mientras que otros siguieron el orden contrario. Esto les permite estimar si una materia facilita el aprendizaje de la otra.

Los estudiantes que cursan primero economía obtienen después una mejora sustancial en finanzas personales: su puntuación en las pruebas posteriores es 3,42 puntos superior. En cambio, estudiar primero finanzas personales apenas mejora el rendimiento posterior en economía: El resultado es muy asimétrico. Los estudiantes que cursan primero economía obtienen después una mejora sustancial en finanzas personales: su puntuación en las pruebas posteriores es 3,42 puntos superior. En cambio, estudiar primero finanzas personales apenas mejora el rendimiento posterior en economía: sólo 0,15 puntos. La diferencia es enorme.Un aspecto interesante es que la ventaja no desaparece aunque transcurra bastante tiempo entre el estudio de ambas materias. Si el beneficio procediera sólo de una familiaridad reciente con determinados conceptos o vocabulario, debería atenuarse con el tiempo. No ocurre así. También encuentran que los alumnos con peores resultados iniciales son quienes más se benefician. 

La interpretación es que la economía proporciona conceptos básicos que luego resultan útiles para comprender las finanzas personales. Ideas como costes de oportunidad, incentivos, tipos de interés, inflación, riesgo, ahorro, inversión, mercados o intertemporalidad sirven de fundamento para tomar decisiones financieras concretas. En cambio, aprender a elaborar un presupuesto doméstico, usar una tarjeta de crédito o gestionar una cuenta bancaria aporta conocimientos prácticos, pero no proporciona un marco conceptual equivalente que facilite el aprendizaje posterior de la economía.

La conclusión práctica del artículo es sencilla: cuando se enseñan ambas materias, el orden importa. Conviene enseñar primero economía y después finanzas personales. Además, gran parte del beneficio se obtiene ya con uno o dos módulos introductorios de economía, por lo que no parece necesario un curso largo para generar la mayor parte del efecto.

La ¿decadencia de Delaware? Igho Dabor

Durante la mayor parte del último siglo, Delaware fue el destino por defecto para la constitución de sociedades en Estados Unidos. Eso está cambiando. Después de que el Tribunal de Equidad (Court of Chancery) anulara en el asunto Tornettael paquete retributivo multimillonario de Elon Musk en Tesla, por considerar que ejercía una influencia indebida sobre el consejo de administración, las compañías comenzaron a trasladar su domicilio societario, una tendencia que hoy se conoce como «DExit». En agosto de 2026, unas ochenta empresas habían anunciado planes para abandonar Delaware, la mayoría con destino a Nevada o Texas. El Tribunal Supremo de Delaware restableció el paquete retributivo en diciembre de 2025, en re Tesla, al considerar que la rescisión no era el remedio adecuado, pero no cuestionó la falta de independencia del consejo; para entonces, además, el éxodo ya estaba en marcha. 
Texas y Nevada compiten en términos ya conocidos: Texas con un nuevo Tribunal Mercantil especializado (Business Court) y Nevada con una legislación aún más favorable a los gestores. La mayoría de los cambios de domicilio se concentra en empresas tecnológicas, de criptomonedas e inteligencia artificial dirigidas por sus fundadores, precisamente las compañías que la propuesta más reciente de Delaware pretende atraer. La competencia ya no gira en torno a los costes de constitución, sino a la medida en que una jurisdicción puede reducir la rendición de cuentas. La respuesta de Delaware va más lejos: propone eliminar a la persona que podría ser considerada responsable. 
En 2025, Texas modificó su Business Organizations Codepara dificultar las demandas contra administradores, exigiendo que los accionistas posean al menos un tres por ciento del capital antes de poder ejercitar una acción social de responsabilidad. Delaware respondió mediante la Senate Bill 21, limitando aún más la responsabilidad de los accionistas de control y de los consejos afectados por conflictos de interés.  
En julio de 2026, Delaware presentó la Artificial Intelligence Company (AIC), una forma societaria en la que un agente de inteligencia artificial, y no una persona física, dirige los asuntos de la empresa. Conforme al proyecto de Artificial Intelligence Regulatory Sandbox and Company Act, una AIC podría poseer bienes, celebrar contratos y litigar en su propio nombre, mientras un único miembro, humano o societario, conservaría la protección de la responsabilidad limitada, siempre que la entidad estuviera suficientemente capitalizada y sus actividades quedaran adecuadamente registradas.  
Los partidarios del proyecto sostienen que la propia constitución de la entidad resuelve esta dificultad: basta con dotar al sistema autónomo de personalidad jurídica para que exista un sujeto claramente identificable contra el que dirigir las acciones, ejecutables sobre la AIC y sus activos. El argumento tiene fuerza, pero un sujeto jurídicamente identificable no es necesariamente una persona responsable. Puede obtenerse una indemnización mientras desaparece la responsabilidad en sentido propio, porque el miembro sigue protegido por la responsabilidad limitada y el agente de inteligencia artificial carece de una mente culpable. La estructura proporciona una entidad a la que demandar, pero nadie a quien reprochar la conducta.Los partidarios del proyecto sostienen que la propia constitución de la entidad resuelve esta dificultad: basta con dotar al sistema autónomo de personalidad jurídica para que exista un sujeto claramente identificable contra el que dirigir las acciones, ejecutables sobre la AIC y sus activos. El argumento tiene fuerza, pero un sujeto jurídicamente identificable no es necesariamente una persona responsable. Puede obtenerse una indemnización mientras desaparece la responsabilidad en sentido propio, porque el miembro sigue protegido por la responsabilidad limitada y el agente de inteligencia artificial carece de una mente culpable. La estructura proporciona una entidad a la que demandar, pero nadie a quien reprochar la conducta. Winter suponía que los mercados castigarían a los Estados con protecciones insuficientes; la AIC pone en cuestión esa premisa. Si los inversores se sienten atraídos por empresas en las que resulta especialmente fácil eludir responsabilidades, la disciplina del mercado opera en sentido inverso, recompensando precisamente la erosión que debía impedir.

La directiva Ómnibus Giovanni Strampelli

La Directiva Ómnibus I (Directiva (UE) 2026/470, de 24 de febrero de 2026) constituye la primera etapa de la agenda de simplificación de las finanzas sostenibles de la Comisión. En un artículo de próxima publicación, sostengo que pone de manifiesto una característica estructural de este marco regulatorio: sostenibilidad, simplificación y armonización no pueden maximizarse simultáneamente y, por tanto, plantean un trilema. La simplificación puede lograrse reduciendo lo que las normas exigen a quienes quedan sometidos a ellas o reduciendo el número de empresas sujetas al régimen; la armonización requiere un grado de precisión que, por sí mismo, incrementa los costes de cumplimiento; y la sostenibilidad depende tanto del contenido como de la amplitud de las obligaciones. La Directiva no resuelve ese trilema: la simplificación y la armonización se han conciliado en medida significativa restringiendo la categoría de empresas sujetas al régimen, en lugar de ajustar las obligaciones impuestas. 
La justificación de la simplificación se expuso en los informes Letta y Draghi, que le atribuyen funciones distintas: para Letta es un instrumento de armonización destinado a completar el mercado único, mientras que Draghi la considera un objetivo autónomo y presenta la CSRD y la CS3D como ejemplos paradigmáticos de cargas excesivas. La Brújula de Competitividad de 29 de enero de 2025 comprometió a la Comisión a reducir las cargas administrativas al menos un 25 % para todas las empresas y un 35 % para las PYME. El Paquete Ómnibus I siguió el 26 de febrero de 2025: primero mediante la Directiva «stop-the-clock» (UE) 2025/794 y después, a partir de la propuesta COM(2025) 81 final, mediante la Directiva Ómnibus I, que redujo aún más el alcance del régimen.  
Varias modificaciones de la CSRD constituyen una auténtica simplificación de las exigencias.... La reducción del ámbito obligatorio resulta más difícil de justificar. Ahora sólo están obligadas a informar las empresas que superen simultáneamente los 450 millones de euros de facturación neta y un promedio de 1.000 empleados, un criterio acumulativo que se estima excluirá aproximadamente al 90 % de las entidades previamente cubiertas. Esta reducción debilita los fundamentos informativos del sistema. La información voluntaria favorece un sesgo de autoselección, como observó el BCE respecto de la propuesta COM(2025) 81 final. Cuantas menos empresas divulguen su alineación con la Taxonomía, mayor será la dependencia de estimaciones por parte de los operadores situados en fases posteriores de la cadena; y la propuesta de revisión del SFDR de la Comisión responde precisamente reduciendo las obligaciones de los participantes en los mercados financieros... , el contenido jurídicamente exigible de un compromiso climático pasa a determinarse cada vez más ex post por los tribunales nacionales. La supresión del artículo 29.1 debilita la uniformidad del sistema de remedios: en los grupos transfronterizos desplaza los costes en lugar de eliminarlos.... El enfoque de la Directiva respecto de la armonización es correspondientemente selectivo. El artículo 4.1 de la CS3D extiende la armonización máxima a las fases centrales de la diligencia debida porque unas obligaciones nacionales divergentes generarían incertidumbre y cargas innecesarias, mientras que el artículo 29 devuelve la responsabilidad civil al Derecho nacional por razones de subsidiariedad. La Directiva no se limita a privilegiar la simplificación sobre la armonización; utiliza la armonización y la autonomía nacional de maneras distintas y no siempre fácilmente conciliables.stas deficiencias podrían corregirse sin volver al régimen original, simplificando las exigencias en lugar de excluir empresas.

Las estelas de condensación persistentes son responsables de aproximadamente la mitad del aumento de temperatura causado por la aviación. Si las elimináramos, reduciríamos hasta un dos por ciento del calentamiento global . Esto costaría menos de diez dólares por tonelada de emisiones evitadas (probablemente alrededor de uno o dos dólares), en comparación con los 130 dólares o más por tonelada del combustible de aviación sostenible... Si podemos cambiar la ruta que toma un avión para evitar esas zonas, podemos prevenir las que contribuyen al cambio climático. Desviar ligeramente la ruta de un avión para evitar condiciones atmosféricas adversas no es nada nuevo. Todos los vuelos que has tomado han seguido una ruta diseñada para minimizar las turbulencias y evitar el mal tiempo. A veces, esta ruta es la distancia más corta entre la ciudad de origen y el destino, y otras veces implica un poco más de tiempo de vuelo. Las aerolíneas tienen en cuenta esta desviación al programar los vuelos, por lo que rara vez se nota. Podemos aplicar el mismo método a las estelas de condensación. Para evitar la mayoría de las zonas de calentamiento de estelas, bastaría con ajustar las rutas de tan solo el cinco por ciento de los vuelos a nivel mundial. Cuando una aerolínea presenta el plan de vuelo para un vuelo específico —normalmente entre 4 y 8 horas antes de la salida— puede incluir los ajustes necesarios para evitar las zonas que generan estelas de condensación. Estas zonas del cielo suelen ser poco densas. Por lo tanto, en lugar de rodearlas, la estrategia más eficiente suele ser volar ligeramente por debajo o por encima de la zona.

Why Did Warriors Suppress Love? Alice Evans

Los humanos evolucionaron de forma única para cooperar en sociedades enormes y complejas. A medida que las comunidades agrícolas almacenaban excedentes, se volvían vulnerables a la depredación, por lo que los hombres invariablemente se aliaban para defenderse. Las sociedades podían obtener una ventaja militar sobre sus rivales si los hombres cooperaban a gran escala, es decir, si reforzaban la solidaridad fraterna. Si bien carecemos de evidencia directa sobre nuestros ancestros prehistóricos, los registros etnográficos de sociedades pequeñas que se organizaban colectivamente muestran cómo los hombres podían castigar a otros por acercarse demasiado a sus esposas. 
Ampliar la cooperación a menudo se considera un "éxito" humano, pero estas hazañas militares eran invariablemente victorias fraternas. Así, incluso cuando las mujeres producían gran parte de los alimentos, se desplazaban de forma independiente o vivían cerca de sus parientes, podían permanecer sujetas a la autoridad colectiva masculina. Los hermanos de la misma edad, los clanes o las tribus mantenían la fuerza colectiva intimidando a cualquier hombre que mostrara demasiada lealtad a su esposa.

¿De verdad la IA nos convertirá en clips de papel? Erik J. Larson

En 1980, el filósofo de Berkeley John Searle se imaginó encerrado en una habitación recibiendo secuencias de caracteres chinos o «garabatos» en hojas de papel en blanco. Searle no sabía chino, pero tenía un manual de instrucciones con un conjunto de reglas bastante elaboradas, escritas en inglés, que le indicaban qué símbolos chinos debía devolver en respuesta a los que recibía (a través de una rendija en la habitación, que por lo demás estaba cerrada y sin ventanas). Con el tiempo, sus respuestas se volvieron indistinguibles de las de un hablante nativo de chino. Para los observadores externos, su desempeño era impecable. Dentro de la habitación, Searle seguía sin tener ni idea de cómo leer o interpretar el chino. Pero si las preguntas se responden correctamente en chino, sin que se entienda realmente el idioma, ¿qué dice esto sobre la IA? 

La clave está en el paso de la mente a la inteligencia. Leibniz y otros filósofos se preguntaban si la conducta observable, la estructura física o el funcionamiento mecánico bastaban para acreditar la existencia de una mente. Los experimentos mentales más recientes, en cambio, se centran en las consecuencias de admitir que una máquina es inteligente, con independencia de que exista o no alguna experiencia o proceso interno comparable a la mente humana. El experimento mental nos invita a imaginar una entidad dotada de una inteligencia extraordinaria y, al mismo tiempo, orientada a un propósito aparentemente inocuo. Maximizar la producción de clips parece un objetivo perfectamente razonable para una empresa que fabrica clips y necesita aumentar su oferta. Sin embargo, la situación adquiere un cariz trágico porque la IA es tan inteligente y está tan desligada de los valores humanos que emplea su inteligencia superior para perseguir el objetivo de manera verdaderamente extrema: convertirlo todo, hasta el último átomo, en un clip. 
... el maximizador de clips parece cada vez menos inteligente, y no más, cuanto más literalmente persigue su objetivo. Si se elimina todo contexto, todo sentido común y cualquier comprensión de para qué se construyó originalmente la fábrica, lo que emerge no es tanto una inteligencia superior como una estupidez mecánica dotada de un poder inmenso.... Un experimento mental muy distinto apareció en 2020, cuando los lingüistas computacionales Emily Bender y Alexander Koller ... nos invitan a imaginar a dos personas aisladas en islas distintas que se comunican mediante un cable submarino. Un pulpo extraordinariamente inteligente intercepta la línea, estudia sus intercambios y llega a ser tan hábil prediciendo los patrones de sus mensajes que finalmente puede cortar el cable y hacerse pasar por uno de los interlocutores ante el otro. Se trata de una versión contemporánea del experimento de la habitación china de John Searle: un desempeño lingüístico exitoso no implica necesariamente comprensión. En este caso, sin embargo, Bender y Koller imaginan un sistema de aprendizaje estadístico que extrae regularidades de un lenguaje sin tener acceso al mundo al que ese lenguaje se refiere. El pulpo solo tiene acceso a la forma del lenguaje, no a su contenido. Cuando aparecen situaciones verdaderamente novedosas, como una petición relacionada con una catapulta de cocos o el ataque de un oso, sostienen los autores, esa limitación se hace patente. El pulpo ha aprendido patrones presentes en las señales lingüísticas, pero no ha adquirido el contexto extralingüístico que les da sentido. 

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