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miércoles, 22 de abril de 2015

Pagar una letra a cargo de otro

El crédito o la buena fama, es decir, acudir a sus obligaciones puntualmente, era para un mercader la piedra angular de su negocio. Por tanto, cuando desempeñaba el papel de librador, y por cualquier motivo se denegaba la aceptación de un letra por él girada, podían presentarse, en el momento de la aceptación o del pago, personas que graciosamente satisfacían la obligación rechazada por el librado. 
Así, por ejemplo, Joseph Lambelto, vecino de Génova, libró el 23 de diciembre de 1649 una letra de cambio en favor del capitán Baltasar de Vergara y Grimón, sobre Guillermo Lant, por 4.000 reales de plata doble a pagar a 60 días vista. Presentada la letra a Guillermo Lant, no quiso aceptarla, por lo que Pedro Colarte, apoderado del beneficiario, pidió al notario que pregonase la letra «en la calle Nueva y comercio de esta ciudad, para que si hubiese persona que por el honor y buena fama del dador la quiera asetar y pagar, lo haga». El ejemplo ilustra cómo todavía el negocio del cambio se basa, fundamentalmente, en el crédito que el librador tiene en las diferentes plazas comerciales, es decir, que, si un mercader quisiere mantenerse en este negocio, debía procurar que sus libramientos fuesen atendidos y, en cualquier caso, los amigos del mercader-librador, para proteger su reputación como tal librador, siempre se podían ofrecer a pagar en su nombre cuando el destinatario de alguna letra se negaba a aceptarla y pagarla. Con este procedimiento el cambista y el tenedor de la letra se ahorraban gastos e inconvenientes, respectivamente.

M.ª Guadalupe Carrasco González, Los instrumentos del comercio colonial en el Cádiz del siglo XVII (1650-1700) , 1996

3 comentarios:

Anónimo dijo...

vamos, una aceptación por intervención, ¿no? arts. 71 y ss. LCCH. Me temo que hoy no habrá muchas de esas...

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

Efectivamente, aceptación o más frecuentemente, pago por intervención. Pero nunca entendí la figura porque se me hacía raro que un tercero, espontáneamente, pagara o aceptara la letra por cuenta de otro. Ahora, tras leer un poco de historia, se entiende perfectamente. En un mundo sin telecomunicaciones, los mercaderes europeos tenían una red de corresponsales que habían de velar por la REPUTACIÓN del mercader. Y si una letra librada por el mercader genovés y pagadera en Cádiz resultaba impagada, su corresponsal en Cádiz o, simplemente, cualquier otro comerciante gaditano que tuviera relaciones con el genovés, actuaría espontáneamente para que no se rebajara el crédito del genovés. Cuadra con lo que cuenta Petit sobre la "amistad" como valor señero en las relaciones entre comerciantes en la Edad Moderna

Agen Pulsa Online dijo...

thank you very much for information boss..
nice,,.,

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