El otro blog para cosas más serias

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lunes, 19 de julio de 2010

El País y Bibiana Aido: anuncios de contactos y burka

EL PAIS ha publicado este domingo una larga entrevista con la Ministra de Igualdad. Que EL PAIS trata bien al Gobierno siempre que puede es algo sobre lo que la mayoría de sus lectores estarán probablemente de acuerdo. Y la entrevista presenta a esta señora bajo una luz favorable. Casi parece inteligente. Sin embargo, a poco que se rasque, se descubre que no lo es más que la media de sus colegas y que la famosa Ministra de Cultura de gobiernos anteriores de Zapatero.
Para comenzar, que sea insultantemente joven no es un mérito. Porque, a diferencia de Garmendia, Aído no ha hecho nada en su vida anterior a la de Ministra que justificase que, a pesar de su juventud, merecía ser Ministra. Es una apparatchik más, como casi todos los que quedan alrededor del Presidente del Gobierno. En todo caso, véase lo que dice sobre el tema de los anuncios de contactos en la prensa. Habíamos señalado que, antes de prohibir algo, debería valorarse si la prohibición contribuye al fin que se pretende lograr. Y sospechábamos que el efecto de prohibir los anuncios de prostitución en la prensa puede empeorar, no mejorar, la situación elevando los porcentajes de prostitutas que son víctimas de redes de trata de blancas. La periodista le pregunta
P. Dice que el 90% de prostitutas es víctima de las redes de trata pero la ONU habla de una de cada siete. ¿Cómo explica esa disparidad de cifras?
R. Porque no hay datos concretos. La propia ONU reconoce que es muy difícil cuantificar. Sus datos, igual que los nuestros, no son 100% fiables. Son estimaciones. Ahora que llevamos un año trabajando en ello comenzamos a manejar cifras más contundentes.
Y uno se pregunta: si no hay datos, ¿por qué dice el 90 %?, sobre todo cuando esa cifra – el 90 % de las prostitutas ejercen en régimen de semiesclavitud –, de ser cierta, debería llevar incluso a meter en la cárcel a los clientes puesto que no podrían no saber que están contratando los servicios de un esclavo, de modo que sería una desvergüenza por parte del Estado no penalizar, también, a los que se sitúan en el lado de la demanda de un mercado ilegal. No creo que sea más repugnante socialmente el sexo con menores que el sexo con esclavos. La violación como delito consiste, precisamente, en tener relaciones sexuales con alguien que no consiente en tenerlas.
Pero, a continuación, la periodista le pregunta lo siguiente
P. ¿Prohibiría el burka?
R. Me parece que es un error prohibirlo. El caso de Francia, donde se penaliza por ejemplo con cárcel y sanciones económicas, puede significar condenar doblemente a las mujeres. No me gusta el burka, ni el burka ni ningún velo. He sido muy criticada por eso, pero hay que buscar fórmulas para avanzar en la erradicación que pasan por un trabajo con las comunidades musulmanas que vamos a intensificar; y desde luego la prohibición general, en la calle, con la sanción correspondiente a la mujer, como es el caso de Francia, significa penalizar y victimizar doblemente a las mujeres. Estoy más en línea con el informe del Consejo de Europa, porque puede darse el caso que se sustituya el velo por las paredes. En España hoy por hoy no hay un problema real, porque no hay una cifra significativa. Pero eso no significa que podamos debatirlo con sosiego.
Aquí, la señora Ministra adopta la posición contraria a la adoptada en el tema de los anuncios. Si el efecto posible de prohibir el burka por la calle es que las señoras que lo llevan se queden encerradas en casa, es razonable dudar de la conveniencia de  establecer la prohibición, a pesar que que, con la misma base que la Ministra para los anuncios de contactos, sospechemos que un 90 % de las mujeres que llevan el burka lo hacen por motivos que tienen poco que ver con una libre decisión expresiva de su personalidad.
Las razones para prohibir el burka están relacionadas, además, con una cierta idea de que, los que provienen de tradiciones culturales o religiosas distintas a la europea deben – si quieren vivir aquí – adaptar su conducta a las reglas mínimas aceptadas generalizadamente en Europa (las leyes penales, de policía etc se aplican a todos los que están en el territorio de su vigencia), y, al igual que en occidente no se permite  a la gente ir desnuda por la calle, tampoco se les permite ir con el rostro cubierto, seguramente, por mejores razones en este segundo caso que en el primero. Que no exista una prohibición expresa deriva del hecho de que nadie va con el rostro cubierto en Europa. Hasta ahora. Pero los Estados han regulado siempre la vestimenta aceptable en lugares públicos. Recuérdese el Motín de Esquilache
Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache… amigo de las decisiones tajantes, trataba de erradicar en la Villa de Madrid el uso de la capa larga y el chambergo (sombrero de ala ancha) con el pretexto de que, embozados, los madrileños podían darse anónimamente a todo tipo de atropellos y esconder armas entre los ropajes. La medida propugnaba el uso de la capa corta y el tricornio (sombrero de tres picos), de procedencia extranjera. La multa en caso de desobediencia ascendía a seis ducados y doce días de cárcel para la primera infracción y el doble para la segunda.
Lo del trabajo “con las comunidades musulmanas que vamos a intensificar” suena a hablar con los maltratadores para que dejen de pegar a sus mujeres. Con quien habrá que hablar es con las mujeres que llevan el burka para averiguar cuántas lo llevan porque quieren y cuántas no lo llevarían si sus maridos o padres fueran personas más ilustradas. Es como decir que se va a hablar con el Papa para que las monjas dejen de llevar el hábito por la calle. No habla muy bien acerca de la consideración que la persona que lo dice tiene de la dignidad de las monjas.

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