lunes, 4 de marzo de 2024

La cooperación en sociedades humanas de gran tamaño

Nakamura Hiroshi

Cómo resolver los problemas de los intercambios y de la acción colectiva

Las conductas que permiten los intercambios y la acción colectiva en un grupo humano son mutualistas. No necesariamente altruistas. La diferencia entre ambos conceptos consiste en que cuando intercambiamos voluntariamente o formamos un grupo (sociedad) para mejor conseguir un fin común a los miembros del grupo, todos los que participan en el intercambio o en la sociedad se benefician de la interacción precisamente porque de la interacción o acción colectiva resulta una ganancia que las partes pueden repartirse. No se comportan de forma altruista como lo hace una madre respecto de su hijo cuando soporta un coste del que se beneficia exclusivamente el bebé (y a los genes de la madre que pasarán a la siguiente generación cuando el bebé sea adulto y se reproduzca).

El Derechoubi magna societas ibi ius – tiene como función, en sociedades de gran tamaño, la de facilitar los intercambios y la acción colectiva, es decir, multiplicar las conductas mutualistas o cooperativas reduciendo los costes de tales conductas y aumentando los costes – vía sanciones – de las conductas antisociales. Esta función la cumplen, en sociedades tradicionales, preagrícolas, las normas sociales, la religión o los tabúes.

Las interacciones sociales (intercambios, acción colectiva) se formalizan en instituciones (‘mecanismos de interacción social seleccionados por los individuos en función de las constricciones ambientales y tecnológicas’) de dos tipos: políticas – las que articulan la interacción social en relación con cómo se tomarán las decisiones que afectan a todo el grupo – y económicas – que articulan la interacción social en forma de intercambios y persecución de fines comunes de carácter material –.

Cualquier conducta prosocial – cooperativa o altruista – en una interacción económica puede situarse en una escala que represente la exclusividad (excludability) del bien económico involucrado: en el extremo de esta escala se encuentra el intercambio de bienes de propiedad privada entre dos individuos. Son bienes que el actor controla, lo que significa que puede excluir a todos los demás individuos de su uso. El intercambio de bienes privados permite a los individuos obtener recursos de los que no disponen y permite la especialización y la división del trabajo. Pero no es obvio que los individuos decidan intercambiar por dos razones. Por el riesgo de incumplimiento de la otra parte y por la asimetría informativa respecto del bien que el actor entrega y el valor del bien que recibe a cambio. “esto significa que el intercambio implica un dilema social”.

En el otro extremo de la escala de la exclusividad están los bienes públicos (por ejemplo, la muralla que rodea a la ciudad y la protege de los enemigos, un sistema de regadío…) respecto de cuyo disfrute es difícil excluir a los que no han contribuido a su producción. Aquí el dilema social es el del gorrón: disfrutar del bien público sin contribuir a su producción.

Si se piensa bien, la conducta del gorrón en el segundo caso y en el primero es idéntica: en ambos casos, el contratante o el miembro del grupo gorronean, es decir, reciben el beneficio de la interacción social sin haber contribuido a su realización, sin haber hecho lo que le incumbe. La diferencia está en que el riesgo de las conductas gorronas – antisociales – es muy superior en la producción de bienes colectivos porque lo son los costes de asegurar el cumplimiento de cada participante en la actividad cooperativa, pero no se trata de dilemas sociales diferentes analíticamente.

En los cazadores-recolectores la interacción social más notoria es el intercambio de carne entre el individuo exitoso y el grupo (o mejor entre el subgrupo – partida de caza – exitosa y el resto del grupo). Los cazadores exitosos cederán al grupo lo cazado en la convicción de que recibirán carne cuando sea otro el subgrupo exitoso. Este tipo de interacción social es sostenible porque se realiza repetidamente (intertemporalidad) entre sujetos que se conocen (cuyo comportamiento previo conocen). Y la regla del intercambio se hace cumplir a través de mecanismos sancionatorios sociales que van desde la destrucción de la reputación de alguien a través del cotilleo hasta el ostracismo o el asesinato. Hay división sexual del trabajo. Entre los horticulturalistas, las instituciones son parecidas pero “se observa la existencia de intercambio de productos hortofrutículas por carne y de cuidado de las crías a cambio de prestación de trabajo y cuidado de enfermos”. En el ámbito de la producción en común, en estas sociedades se produce en común la caza, la quema de hierbas, la construcción de presas para pescar. Estas actividades no involucran a todo el grupo sino a subgrupos dentro de él lo que reduce los costes de supervisión de los demás y, por tanto, el parasitismo o free riding. Eso hace que los actos prosociales tiendan a ser cooperativos más que altruistas. Los beneficios para el individuo de un acto prosocial de este tipo se reciben de forma casi inmediata. Y el coste se mide para el individuo en forma de costes de oportunidad del tiempo y del trabajo invertido o la aportación directa de recursos patrimoniales. Son reglas sociales las que determinan cómo se reparten precisamente los beneficios de la acción colectiva. Por ejemplo, entre los ¡Kung, el dueño de la primera flecha que penetra al animal controla el reparto de la pieza de caza. Veremos que esta ‘descentralización’ de la cooperación articulándola en subgrupos es clave para entender la evolución histórica de las instituciones jurídicas que formalizan los intercambios y la acción colectiva.

En las sociedades actuales hay especialización e intercambios impersonales que se sostienen gracias a instituciones autónomas – espontáneas – e instituciones políticas.

“Por ejemplo, interacciones repetidas cara a cara se sustituyen por interacciones repetidas con la misma entidad u operador, respecto del cual puede construirse la confianza necesaria a lo largo del tiempo de la misma forma que se construye entre cazadores-recolectores, esto es, basada en información obtenida de primera mano” (de una interacción directa). Así ocurre cuando se contrata repetidamente con la misma compañía – o corporación, persona jurídica – .

O cuando se contrata con otros miembros de la misma corporación (los comerciantes internacionales en el consulado medieval). O cuando existen mecanismos que permiten dar publicidad, hacer de conocimiento público, un registro de las transacciones en las que ha participado en el pasado un individuo que puede construirse, así, una reputación de no ser un gorrón, de cumplir sus contratos y de desplegar conductas prosociales: “esto es, esencialmente, una elaboración de la difusión de información que afecta a la reputación de alguien a través del cotilleo entre los cazadores-recolectores”.

La producción de bienes públicos en las sociedades de gran tamaño plantea problemas de free riding mucho más graves que en los grupos pequeños. Pero también los beneficios son superiores y, por tanto, los incentivos para desarrollar instituciones que aumenten las conductas prosociales. Basta con que se conforme una comunidad – una corporación – y la pertenencia a la misma permita el acceso al bien público pero, a la vez, existan órganos que pueden detectar al que no contribuye y expulsarlo del grupo.

La  erección de una corporación permite la formación de subgrupos dentro de una Sociedad de gran tamaño.

De esta forma, los mecanismos que sostienen la cooperación en los pequeños grupos pueden aplicarse con semejante eficacia a gran escala. Si un grupo dentro de la Sociedad logra hacerse con el control del uso de la fuerza, podrá imponer a todos los miembros de la Sociedad deberes de contribuir a la producción de dichos bienes (impuestos, cargas personales). Su éxito dependerá de las posibilidades de ‘salida’ de los miembros de la Sociedad y, probablemente, de la comparación con los gobernantes previos.

¿Qué psicología explica el nivel de cooperación que observamos en las sociedades humanas y que se han descrito hasta aquí?

Los autores explican los distintos modelos de “agentes” racionales. El primer modelo es el del agente RSM (maximiza los rendimientos personales a corto o largo plazo de forma plena o limitada) despliega conductas prosociales sólo de tipo cooperativo o mutualista, no de tipo altruista:

la interacción social tiene que resultar en un beneficio neto si se trata de interacciones no repetidas, singulares, o ha de tratarse de interacciones repetidas con individuos conocidos o desconocidos o tiene que existir un tercero que haga cumplir los intercambios u obligue a los que participan en la producción del bien colectivo a realizar su aportación. A menudo, esto es bastante para sostener la cooperación a gran escala.

Es decir, una Sociedad poblada de RSMs puede obtener los beneficios de la cooperación a gran escala.

Un agente FMM (Fitness Maximizing Mind) que persiguen maximizar la aptitud (capacidad para sobrevivir y reproducirse) no es exactamente igual que una RSM (lo que le ‘importa’ es pasar los genes a la siguiente generación, con lo que será altruista con los parientes) pero es muy semejante

“Un agente FMM puede expresar comportamientos prosociales cooperativos y altruistas, dependiendo de la relación con el/los compañero(s) de interacción. Sin embargo, tampoco es muy diferente, ya que la reproducción y la supervivencia se correlacionan con la recompensa material. Por lo tanto, se espera que un agente FMM evolucione para ser sensible a las recompensas. El FMM se comportaría de manera similar a un agente RSM, aunque teniendo en cuenta la relación (de parentesco) con el/los destinatario(s).

Alternativamente, se puede asumir que los agentes FMM están diseñados… para resolver específicamente los problemas de supervivencia y reproductivos de las sociedades de cazadores-recolectores. Esta es la aproximación de la psicología evolutiva. Es un tipo de FMM que los autores llaman Pleistocene Adapted Mind PAM porque está adaptada a solucionar problemas de adaptación específicos del Pleistoceno como por ejemplo, la adquisición del lenguaje, la selección de pareja o el intercambio cooperativo. Este es el EEA, el entorno de Adaptación Evolutiva, lo que lleva a soluciones específicas para el intercambio y la acción colectiva basadas en la valoración exhaustiva de pros y contras pero también en reglas heurísticas: “desde esta perspectiva, el EEA para el intercambio y la acción colectiva en pequeñas sociedades habría seleccionado una psicología humana sensible a los resultados (payoff-sensitive) que emprende y vigila intercambios recíprocos, que incluye algoritmos especializados para detectar tramposos y que calcula la probabilidad de que la contraparte reciproque. Un agente PAM cooperará en sociedades de gran tamaño cuando estos algoritmos psicológicos se activen con insumos que recuerden a las situaciones que habrían llevado a cooperar en el EEA.

La mente PAM son mentes SLM (social learning mind) en el sentido de que puede suponerse que los individuos adquieren su conducta prosocial de otros individuos, esto es, mediante aprendizaje social. “Por tanto, la conducta se transmite principalmente entre individuos y no se escoge libremente por los individuos, como ocurriría en una RSM.

SLM es el modelo estándar: los individuos toman decisiones en función de lo que han aprendido acerca de qué decisiones son las más convenientes en esa situación. En el aprendizaje social, la SLM se mueve por tres criterios: los beneficios que se siguen de la decisión; el prestigio del que realiza esa conducta y lo conformista (tendencia a seguir al grupo)…  los SLM que utilizan un sesgo de recompensa imitan un comportamiento prosocial si observan que otros individuos que realizan el comportamiento prosocial reciben una recompensa mayor que el promedio de la población. Los SLM que utilizan el sesgo de prestigio imitan múltiples comportamientos… de individuos de alto estatus que, en general, reciben alta recompensa material… para evitar incurrir en los costes de comprobar si cada comportamiento en particular mejora la recompensa… los SLM con sesgo de conformidad… copian la variante más frecuente de comportamiento exhibida en la población. Obsérvese que el sesgo de prestigio y el de conformidad son “menos sensibles a los resultados materiales para el actor de la conducta prosocial”. Esto podría provocar que una conducta prosocial continúe practicándose generalizadamente porque así ha venido ocurriendo en el pasado y los individuos se guían por el sesgo de conformidad incluso aunque haya dejado de producir beneficios a los miembros del grupo. En sentido contrario, si la SLM está más orientada al os resultados para el individuo, los individuos serán más egoístas: la interacción social tiene, en tal caso, más importancia para explicar la sostenibilidad de las conductas prosociales y en particular las que se presentan entre no parientes que, por eso, no pueden ser altruistas.

Cómo se ordenan estos tipos de agentes desde el punto de vista del egoísmo

Si los resultados son inmediatos – como en los intercambios bilaterales -, la gente tiende a comportarse, en pequeñas y grandes sociedades de forma RSM. Pero cuando las conductas prosociales no son sensibles a los resultados “en particular, juegos de bienes públicos sin incentivos para actuar prosocialmente”, los individuos se siguen comportando prosocialmente pero, “como ocurre en los intercambios, cuando los individuos participan en la producción de bienes públicos durante un período de tiempo largo, a menudo comienzan a comportarse de una manera sensible a los beneficios… eso sugiere que los humanos no son perfectamente racionales y no siempre toman decisiones óptimas desde el punto de vista del corto plazo, lo que convierte en una caricatura la idea del agente racional que se toma como asunción en la Economía. Sin embargo, los agentes humanos parecen aprender con el tiempo y lo hacen en función de la variación en la recompensa.

Además, hay variación cultural lo que apoyaría la mentalidad del aprendizaje social (SLM), esto es, que los sesgos de conformidad o prestigio pueden ser más importantes que la maximización de los resultados para el individuo en la determinación de si un individuo se comporta prosocialmente. Pero también podría ocurrir que los individuos se comportan RSM o FMM en función del entorno económico en el que actúan, incluyendo

"el grado en que se repite la interacción, el valor de las relaciones a largo plazo dadas las reglas institucionales del mercado local y la fidelidad con la que se transmite la información reputacional". "El conformismo es muy común en los niños. Sin embargo, varios experimentos con adultos han demostrado una falta de conformismo, especialmente en situaciones en las que conformarse daría lugar a una reducción de los beneficios materiales".

El sesgo de conformidad se reduce cuando la conducta socialmente extendida no tiene éxito en términos de resultado o cuando contradice lo que el individuo sabe. La conclusión payoff-sensitiviy is a key driver of individual decision making in social interactions.

La evolución favorecería la cognición que promueve el interés genético del actor. Esto es consistente con las predicciones de FMM y su subtipo PAM si no se ha producido un cambio masivo en los mecanismos de toma de decisiones desde el Neolítico: intensa planificación y proyección hacia el futuro, preocupación por los resultados a largo plazo, distinción entre parientes y no parientes (desarrollando conductas altruistas solo hacia parientes) habilidades para el aprendizaje social

¿Qué es lo que sostiene la conducta prosocial – cooperativa en grandes sociedades?

1. La tesis cultural: que los humanos tienen mentalidad de aprendices sociales SLM con un elevado grado de sesgos de prestigio y conformidad. Estos sesgos pueden mantener la conducta prosocial en el seno de un grupo incluso si no produce beneficios a los individuos y no sería un equilibrio en un grupo de agentes egoístas: "Por lo tanto, los actos prosociales en sociedades a gran escala pueden ser altruistas". Y si hay competencia entre grupos, predominarían los grupos con más SLM. Los estudios empíricos no han demostrado que "La transmisión con sesgo conformista favorece la difusión de conductas prosociales. Sin embargo, a la transmisión sesgada de prestigio le va mejor".

2. Hipótesis institucional: al pasar de las pequeñas sociedades a las grandes, los individuos cambian las reglas de los juegos económicos e inventan reglas que apoyan los intercambios o garantizan la contribución de todos a la producción de bienes públicos o mantienen las interacciones entre subgrupos pequeñosnested groups -. Con ello, las conductas prosociales – cooperativas – conducirían a la mejora de los resultados individuales y serían realizadas por individuos egoístas. Esto es compatible con agentes RSM, con FMM, y con SLM e incluso PAM 

en la medida en que las reglas institucionales recrean las condiciones en las que los comportamientos prosociales cooperativos eran sensibles a los beneficios en las sociedades de pequeña escala" 

(especialmente si las circunstancias son similares ecológicamente”) por ejemplo, establecer normas de reparto igualitario en períodos de alta varianza en los recursos… Si los cazadores-recolectores no tuvieran interacciones políticas, la hipótesis institucional no podría explicar el origen de las sociedades gandes. Pero hay evidencias de que las tenían: p. ej., los Ache, cuando pasaron de caza-recolección a hortocultura, sometían a votación la transformación de campos de propiedad común en propiedad privada.

Sin ese cambio, los individuos deberían dejar de actuar prosocialmente a medida que participaban en intercambios y acciones colectivas con más individuos, porque cuando todo lo demás es constante, las presiones que favorecen las conductas prosociales disminuyen rápidamente a medida que aumenta el número de individuos que interactúan. Por el contrario, si no hubo cambios en los mecanismos de interacción social, entonces los individuos deben ser menos sensibles a la recompensa. Si es así, debe funcionar un mecanismo especial de toma de decisiones, mediante el cual alguna forma de selección de grupos culturales haga el trabajo de explicar por qué los comportamientos prosociales, ya sean cooperativos o altruistas, son estables en las sociedades a gran escala. 

Esos mecanismos para tomar decisiones son en parte producto de ensayo y error y de un orden espontáneo y no resultado de un diseño completamente deliberado. Por ejemplo, el dinero debió de surgir porque era en interés de todos usarlo y se difundió a través de payoff-biased social learning. En este sentido, algunos ingredientes de la hipótesis de la selección cultural de grupos puede ser complementaria de la hipótesis institucional, ya que los grupos competirían entre si en la difusión de ordenaciones espontáneas de la relaciones sociales. La competencia entre grupos expresada en la guerra, migración diferencial o extinción provocada por factores ambientales actúa como un instrumento que favorece unos equilibrios que conducen a mejores resultados promedio para los miembros de un grupo...

¿Mentalidades sensibles a la recompensa?

Es crucial comprender si el principal impulsor de la evolución del comportamiento prosocial en las sociedades a gran escala es un mecanismo especial de toma de decisiones que puede hacer que los agentes realicen comportamientos prosociales que no son sensibles a la recompensa, o la creación de nuevos mecanismos de interacción social que mantengan la expresión de la conducta sensible a la recompensa conforme aumenta el tamaño del grupo. 

Si no se aclara, quedará la eterna pregunta de hasta qué punto los comportamientos prosociales en las sociedades a gran escala son compatibles con individuos (genéticamente) egoístas. Dilucidar completamente el mecanismo evolucionado de toma de decisiones que utilizan los humanos es extremadamente difícil. Sin embargo, determinar si los comportamientos prosociales observados son sensibles a los beneficios es menos difícil. Por ejemplo, podemos determinar más fácilmente si los sistemas de control social y sanción involucran comportamientos altruistas, o si benefician directamente a los individuos que realizan el control y la sanción al aumentar su recompensa material. Si es lo primero, entonces esto sugiere que un mecanismo especial de toma de decisiones fue clave para su difusión y mantenimiento. Si es esto último, entonces es probable que la creación de nuevos mecanismos de interacción social haya sido el factor clave. Por lo tanto, el trabajo empírico debería prestar más atención a la sensibilidad a los beneficios de las conductas de control y sanción. 

¿Son cualitativamente diferentes los mecanismos de interacción social de las sociedades de gran escala de los de las sociedades de pequeña escala? 

Nuestra revisión de la literatura sugiere que la respuesta es no. Ambas escalas de la sociedad se enfrentan fundamentalmente al mismo tipo de problemas de intercambio y acción colectiva, pero estos problemas se volvieron más difíciles de resolver a escala cuantitativa en las sociedades a gran escala. 

En segundo lugar, ¿cuál es el mecanismo de toma de decisiones mediante el cual los individuos eligen acciones en escenarios de intercambio y acción colectiva? Es probable que esto sea lo mismo tanto en las sociedades a pequeña escala como en las grandes, ya que es poco probable que haya habido suficiente tiempo durante el origen de las sociedades a gran escala para que la evolución genética cambiara el mecanismo de toma de decisiones a un tipo de agente diferente. 

La evidencia empírica implica que los seres humanos se guían en gran medida por incentivos de recompensa cuando eligen comportamientos prosociales en grandes grupos de individuos no emparentados. 

Por lo tanto, los individuos expresan un comportamiento prosocial cooperativo en lugar de altruista cuando interactúan entre personas que no son parientes. Esto es consistente con el RSM y los agentes SLM sesgados por el pago, pero donde las restricciones conductuales parecen ser establecidas por preferencias y predisposiciones genéticas evolucionadas y preocupadas como se espera de FMM, y por lo tanto se ajusta a las predicciones generales de la biología evolutiva aplicada al comportamiento humano. A la luz de estas dos evaluaciones, nos preguntamos: ¿qué mecanismo clave permitió mantener las conductas prosociales a medida que aumentaba el tamaño de los problemas de intercambio y acción colectiva? Por un lado, la hipótesis de la selección de grupos culturales se centra en mecanismos especiales de toma de decisiones de la conducta. Al enfatizar el papel del prestigio y la conformidad sesgando el aprendizaje social por encima del de la recompensa material, da mucha menos importancia al interés propio, y considera que los individuos están bajos en la escala de sensibilidad al pago cuando expresan comportamientos prosociales y, por lo tanto, no se enfrentan plenamente a las limitaciones de la biología evolutiva. Por otro lado, la hipótesis de la vía institucional se centra en el papel de los nuevos mecanismos de interacción social ideados por el hombre. Al subrayar el papel de cambiar las reglas del juego, asume individuos interesados en sí mismos y, por lo tanto, representa una hipótesis nula frente a las limitaciones de los dominios científicos sobre los que se inclina; es decir, la economía estándar y la biología evolutiva, y donde los individuos expresan prosocialidad cooperativa entre no parientes. Nuestro análisis a través de escalas sociales sugiere que también proporciona una explicación suficiente para el mantenimiento de la prosocialidad en la transición a sociedades a gran escala.

Powers, Simon & Schaik, Carel & Lehmann, Laurent. (2021). Cooperation in large‐scale human societies—What, if anything, makes it unique, and how did it evolve? Evolutionary Anthropology: Issues, News, and Reviews


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