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martes, 7 de febrero de 2017

Intolerancia al cero

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Un individuo de una especie de murciélago ha de encontrar alimento en un período que no va más allá de uno o dos días. Si no, muere por inanición. Los orangutanes necesitan comer durante prácticamente todo el día para sostener su enorme envergadura física. La ineficiencia de su alimentación les impidió desarrollar un cerebro más potente. Los pájaros hacen un “presupuesto calórico”.

Si los murciélagos, como especie, han llegado a nuestros días es porque han conseguido adaptarse y evitar la inanición. La adaptación consiste en no adoptar conductas arriesgadas, es decir, aquellas para las que el resultado “cero alimento” sea probable. Y, además, han desarrollado conductas cooperativas que minimizan la producción de ese resultado “cero alimento”. Por ejemplo, desarrollando la capacidad para almacenar alimento en sus cuerpos que pueden transferir a otros de su especie mediante la regurgitación. De esta forma, aquellos individuos que han tenido mala suerte (que han obtenido un “cero”) pueden eliminar ese “cero” gracias a la “donación” del individuo más afortunado. La estrategia del donante es “racional” si tiene las mismas oportunidades que el donatario de encontrarse en una situación “cero”. Es decir, si sus posiciones son intercambiables en distintos períodos temporales. La estrategia de la donación incrementa las posibilidades de supervivencia de la especie de forma compatible (y coherente) con la supervivencia del individuo.

La cooperación entre individuos de la misma especie, por tanto, es racional y será seleccionada por la evolución, pero, para explicarla no es suficiente la teoría de la utilidad esperada. De eso va el trabajo que resumimos – en lo que nos hemos enterado – a continuación.

“La teoría estándar de la racionalidad humana postula que los agentes ordenan sus preferencias según las utilidades medias esperadas las utilidades medias esperadas de las diferentes opciones de conducta”,

es decir, que los agentes deciden cómo actuar tratando de maximizar su utilidad a partir de sus preferencias. Pero eso significa que, para maximizar la utilidad los agentes suman los resultados esperados (es decir, divididos por la probabilidad de obtener el resultado) de cada curso de acción posible y emprenden los cursos de acción que maximizan el resultado conjunto. Sucede sin embargo que

la teoría de la utilidad esperada… ha fallado repetidamente en su capacidad para predecir las decisiones electivas de los individuos, como se refleja en la enorme nueva literatura de la psicología económica. Una explicación frecuentemente escuchada en esta literatura es que comportamientos aparentemente irracionales en contextos actuales podrían haber desempeñado funciones importantes en el pasado”

por ejemplo, la atracción por el azúcar era un rasgo ventajoso evolutivamente dado el elevado contenido calórico y de los alimentos ricos en azúcar y su escasez en el entorno natural en el que los humanos se movieron hasta épocas bien recientes. Hasta hoy

“ha habido pocos intentos de formalizar la relación entre la adaptación evolutiva (fitness) y decisión racional”

lo que no deja de ser sorprendente porque los individuos, en sentido biológico, han de maximizar sus posibilidades de supervivencia mediante la adaptación

“pero la adaptación no es, en sí misma, una variable de la elección racional ya que su escala temporal excede la duración de la vida del actor de las decisiones”

En consecuencia, los organismos utilizan una estrategia oblicua: tratan de maximizar la fitness maximizando resultados coherentes con la adaptación.

sucedáneos de sistemas de motivación que actúan en escalas temporales apropiadas e incluyen mecanismos de retroalimentación y de aprendizaje”

tales como “saciedad/hambre, sentimiento de seguridad o de amor o preocupación por los niños”

Pero esa estrategia no puede tener éxito si tratamos de explicarla con la teoría de la utilidad esperada, porque en en ésta, al ser “aditiva” (es resultado de la suma de las utilidades obtenidas con cada curso de acción), los “ceros” (la no obtención de resultado alguno de la conducta) no “dañan”, simplemente, devalúan ese curso de acción en el ranking de conducta racional. Pero, a efectos de la supervivencia, las estrategias de los individuos que tengan resultado cero (no se consigue alimento, no se consigue escapar del depredador, no se consigue la reproducción, no se consigue que la cría llegue a la edad de reproducción) matan o pueden matar al individuo. Es decir, es preferible descartar la teoría de la utilidad esperada y sustituirla por una teoría de la utilidad esperada “dependiente del rango (RDEUT)” que no sea aditiva sino multiplicativa, de modo que si, entre el valor asignado a alguno de los resultados esperados aparece un cero, al multiplicarlo por cualquiera de los demás resultados, resulta “cero”. De manera que la evolución descartará esos cursos de acción aunque esas estrategias alternativas sean idénticas en términos de la utilidad esperada. Porque son diferentes en términos de adaptación evolutiva (si contienen con más probabilidad un “cero” o, en general, si hay más varianza en los resultados)

Y lo mismo respecto de los resultados próximos a cero, porque incrementan la posibilidad de que “aparezca” un cero. Digamos, pues, que la evolución tiene “aversión al cero”. El modelo de la evolución de las preferencias sería así uno

“que conduce a reglas decisorias que violan la teoría de la utilidad esperada pero que maximizan la adaptación (fitness) evolutiva del organismo. En particular, los organismos despliegan una profunda intolerancia por ceros o valores bajos en los parámetros evolutivos fundamentales. Esta intolerancia por los ceros se explica por una diferencia fundamental entre la utilidad económica y la adaptación. La utilidad esperada cumulativa es aditiva en los sucesivos períodos temporales, mientras que la adaptación es multiplicativa. Dentro de la vida de cada individuo, entendida en términos temporales, el individuo tiene que sobrevivir en cada período de tiempo previo para alcanzar la edad en la que puede reproducirse. A través de las generaciones, los linajes individuales tienen que persistir.

Por tanto, un cero en ese proceso es fatal, de manera que la adaptación llevará a los individuos a evitar, por encima de todas las cosas, que el resultado de un curso de acción sea un cero y las estrategias arriesgadas (aquellas para las que el resultado puede ser con alguna probabilidad un “cero”)

“que son aceptables si empleamos una métrica aditiva como hace la teoría de la utilidad esperada cumulativa, devienen inaceptables e incluso catastróficas si empleamos una métrica multiplicativa, como es la de la supervivencia o la de la persistencia del linaje… este tipo de conservadurismo evolutivo conduce a valoraciones pesimistas subjetivas de las probabilidades, cuando la teoría de la utilidad esperada ajustada por rangos (RDEUT) sustituye a la teoría de la utilidad esperada (EUT) en el modelo evolutivo”.

“La aversión al cero, resultado de la evolución, imbuye la mente humana con un conservadurismo que se expresa claramente y de forma especialmente notable en los niveles más bajos de consumo”

Y la RDEUT puede ser coherente con la teoría de la prospección . En cuanto a as aplicaciones, este modelo permite dar razón de la conducta de los individuos más pobres. O explicar la “paranoia constructiva” de la que hablaba Diamond. Pero puede ser muy fructífera en el análisis de la cooperación entre los individuos de un grupo y especie como mecanismos que reducen los “ceros” al asegurar los riesgos individuales.

Michael H. Price and James H. Jones, Hierarchical Evolutionary Preferences Explain Discrepancies in Expected Utility Theory, 2016

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si me he enterado de algo, sería... unos por otros y Dios por todos?

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