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viernes, 27 de septiembre de 2013

Las cinco distorsiones cognitivas de las personas especialmente eficaces

Esta entrada es un resumen de una presentación de Michael Dearing en la que explica las distorsiones cognitivas que padecen las personas efectivas, esto es, las que consiguen que las cosas se hagan. Son distorsiones en el sentido de que son conductas o procesos de toma de decisiones que no se corresponden con lo que dictaría la racionalidad (recuerden Kahnemann y pensamiento rápido/lento aquí, aquí, aquí, aquí y aquí). Son decisiones tomadas “rápidamente”, (“pensamiento automático”) esto es, mediante un procedimiento abreviado de percepción-procesamiento de la información-generación de conclusiones y puesta en práctica.
Son distorsiones porque el procesamiento de la información es inteligente pero no es racional. Se selecciona la información que será objeto de procesamiento y se sobrevaloran o infravaloran determinadas piezas de esa información. Se extraen conclusiones con indicios o pruebas insuficientes que se seleccionan arbitrariamente. La información más relevante es la que se relaciona con el sujeto. Los juicios son extremos (“genial” o “basura”) y se tiende a (sobre)generalizar, esto es, a extraer conclusiones generales a partir de una muestra de eventos muy escasa.
Pues bien, la tesis de Dearing es que estas distorsiones cognitivas pueden proporcionar ventajas al que las sufre en su capacidad para llevar a cabo proyectos de cualquier tipo. ¿Qué 5 características tienen estas personas?
La primera distorsión es el excepcionalismo personal. “Soy especial”. El sujeto se considera en la parte superior de los de su edad y formación (cohorte en la jerga de los estadísticos). Dice Dearing que no debe confundirse con la arrogancia o con la alta autoestima. Parece, pues, que, para poder ser efectivo, uno tiene que considerarse “de los buenos”, ya que, otro punto de partida implicará que uno no se sienta capaz de hacer lo que sea. Sentirse especial proporciona entusiasmo, carisma – capacidad de arrastre – y resistencia al fracaso. La cruz de considerarse excepcional es la rigidez.
La segunda es el pensamiento bipolar o ausencia de grises. O algo/alguien es muy bueno, o es basura. No hay término medio. Estas personas no solo tienden a tener una opinión extrema sobre las personas, los productos y los hechos sino que tienden a tener una opinión sobre muchas personas, productos o hechos. No suspenden el juicio con facilidad. No se fijan en los grises, Se fijan en lo que es blanco y en lo que es negro. Un ejemplo. ¿Por qué era previsible que Zapatero sería un malísimo presidente del Gobierno? Porque se pasó 25 años en Madrid de diputado, sin intervenir en el Parlamento ¡y sin aprender inglés!. No sé qué hizo. Pero si hubiera tenido dos dedos de frente, habría aprendido inglés (o, al menos, repasado su francés).
Dice Dearing – pero no lo entendemos muy bien – que la gran ventaja de esta distorsión cognitiva es que permite conseguir resultados excelentes frecuentemente y el gran inconveniente es el del perfeccionismo.
La tercera es la tendencia a sobregeneralizar correctamente, es decir, a construir una teoría a partir de un número de observaciones limitado (“Dame dos puntos y te trazo una línea recta”) “teniendo razón muchas veces”.  El sujeto que tiene esta suerte ahorra mucho tiempo en la toma de decisiones pero corre el riesgo de hacerse “adicto a la intuición e indiferente a los datos empíricos”.
La cuarta es la tendencia a pensar a partir de un lienzo en blanco, es decir, ver la propia vida como un lienzo en blanco y no como un cuadro como el de la imagen al comienzo de esta entrada (paint by numbers). Los beneficios de esta distorsión cognitiva es que el sujeto no tiene limitaciones en su creatividad lo que le permite generar resultados sorprendentes. El riesgo (si lo hemos entendido bien) es que, a menudo, actúa arbitrariamente (“ars gratia artis”) que no pone en marcha los proyectos imaginados o que no los “escala”, esto es, no los lleva a cabo en las proporciones óptimas de envergadura.
La quinta es una concepción schumpeteriana de la vida, es decir, estar convencido de que la creación exige destrucción o que la creación lleva implacablemente aparejada la destrucción. Schumpeter, como es sabido, consideraba el capitalismo como una máquina de destrucción creativa en donde las innovaciones se asientan a costa de destruir modelos de negocio, empresas, puestos de trabajo, esto es, de, como se dice ahora, la “disrupción” de la estructura y comportamientos en el mercado en el que la innovación se introduce. La ventaja de esta distorsión es la propensión a asumir riesgos y la tolerancia a las pérdidas. El riesgo es sufrir una “ambición despiadada o alienación”.
Bueno, este tipo humano que nos pinta Dearing parece un poco psicópata. Aunque solo un poco.

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