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miércoles, 8 de julio de 2020

El sentido evolutivo de los rituales humanos


 Foto: JJBOSE

Los rituales suelen ser costosos para las personas que participan en ellos. En algunos casos, infligen daños psicológicos y físicos, como en los duros rituales de las novatadas universitarias y los dolorosos actos de devoción religiosa (autoflagelación). Así que, ¿cómo explicarlos? Una respuesta es que los rituales tienen funciones adaptativas en cuanto proporcionan beneficios para la salud y la reproducción. Así, la disposición a incurrir en un coste personal es una señal poderosa y digna de confianza para los demás de tu compromiso con el grupo. Por ejemplo, asistir diligentemente a clases de catequesis religiosa y memorizar oraciones en lugar de realizar actividades más divertidas indica a los demás que el compromiso con los demás es más importante que el propio entretenimiento.

No puedo evitar acordarme de la respuesta de mi madre cuando decíamos que no queríamos ir a misa: “¿pero tú por qué te crees que lo llaman el sacrificio de la misa?”

Otra respuesta es que los rituales proporcionan soluciones psicológicas y culturales a problemas críticos asociados con la vida en grupo. Por ejemplo, facilitar la realización de actividades colectivas coordinadas y cooperativas, lo que constituye uno de los desafíos más complejos desde el punto de vista cognitivo de la vida en grupo. La práctica de rituales diarios y semanales en privado y en público aumenta la cooperación con los demás y contribuye a la cohesión de la comunidad. Como el tamaño de las poblaciones humanas ha pasado de pequeños grupos de unos 150 miembros a grandes ciudades con millones de habitantes separadas geográficamente, los rituales han permitido que los grupos se mantengan unidos, sin necesidad de una proximidad física o familiaridad inmediata. Con el aumento de las personas no emparentadas, los rituales pueden sostener la cohesión del grupo, reduciendo al mismo tiempo la necesidad de intimidad y proximidad física y social. Para que los grupos mantengan la continuidad y la solidaridad a lo largo del tiempo, deben existir mecanismos cognitivos que permitan la transmisión de creencias, valores y prácticas fundamentales. Los rituales pueden tener funciones de adaptación adicionales, como la unión de los miembros del grupo y la reducción de los conflictos dentro del grupo, aumentando así la longevidad de los grupos.

Y en relación con los rituales que, se supone, producen efectos benéficos para el que los practica (consiguen curar una enfermedad o encontrar pareja), los que los practican no pueden explicar, naturalmente, cómo el ritual consigue producir el efecto que se le atribuye pero eso no les disuade de seguir utilizándolos y la justificación es que “se ha hecho así siempre” y – a veces – el resultado se producía. ¿Y cuándo no se producía? es fácil atribuirlo a que el ritual no se realizó como era debido. Es decir, los rituales y el problema de la opacidad causal están muy relacionados.

Las creencias intuitivas impulsan el uso de los rituales para resolver problemas sobre la causalidad y la eficacia de las secuencias de acción dirigidas por objetivos. La observación de un comportamiento intencional y dirigido a un objetivo da la impresión de que las características de la secuencia de acción tienen el potencial de producir el resultado previsto, incluso si el mecanismo causal subyacente responsable del resultado es imperceptible, sobrenatural o simplemente desconocido

Cristine H. Legare and Mark Nielsen, Ritual explained: interdisciplinary answers to Tinbergen's four questions, 2020

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