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lunes, 20 de enero de 2014

Sobre el artículo de César Molinas en EL PAIS

O de cómo elegir arbitrariamente las variables relevantes conduce a cualquier resultado que se quiera alcanzar
Por Fernando Gómez-Pomar
El artículo del domingo en EL PAIS contiene algunas ideas interesantes pero creo, modestamente, que, en lo esencial, está equivocado. Buscar el hecho diferencial catalán en el feudalismo "fetén" carolingio (como fuente ininterrumpida de un europeísmo ancestral catalán frente al parvenu del del resto de España) y en el menestralismo (como base de una ética del trabajo que estaría ausente en el resto de España; ¡ay!, ¡qué dirán los vascos y los navarros, que también se consideran los más trabajadores de la península!) me parece una hipótesis muy aventurada sin evidencias históricas que la apoyen (citar a Judt o a Vicens Vives no es evidencia, es argumento de autoridad). Simplemente reemplaza los viejos argumentos etno-culturales-lingüísticos, hoy en día inaceptables en el discurso ilustrado, por otros de corte más objetivo (geografía) o institucional.
Por otro lado, trata al resto de España como si fuera uniforme en términos geográficos e institucionales. Basta comparar al reino de Navarra con el de Granada (dos de los reinos históricos de la Monarquía hispana), o a Galicia con Canarias para darse cuenta de que no es así. Que la geografía y la historia tienen consecuencias en el destino de los países es evidente (que se lo digan a Polonia) pero que dos hechos seleccionados de entre miles posibles tengan la clave de una situación actual es más que improbable: hay miles de otros efectos en juego ignorados por esa selección.Una de las mejores enseñanzas de la psicología experimental es que los seres humanos atribuimos características diferenciales a los factores más arbitrarios (también a los menos, claro) y significado a todo lo que huela a símbolo o rasgo. Debemos combatir ese sesgo, pues no nos lleva, en general, a nada bueno.

En todo caso, aunque los orígenes del hecho diferencial catalán (que no discutiría en cuanto a existencia, sí en cuanto a su entidad y significado) son un ejercicio intelectual interesante, lo más acuciante ahora es el problema que tenemos todos delante. Echarle la culpa a los políticos es fácil, pero no me parece la mejor solución ni el mejor diagnóstico. Desde el lado catalán no creo que el factor de riesgo principal sea Más, o incluso Junqueras (que es un iluminado, aunque inteligente). Ni del lado español, Rajoy. Lo grave es que el mejor acuerdo que un lado puede ofrecer no es aceptable para la mayor parte de quienes están del otro lado. Me explico.
Si fuera factible (que no lo es, pero eso ahora importa menos) que Rajoy ofreciera a Mas un cambio constitucional con una nueva disposición adicional que, al igual que ocurre con el País Vasco, afirme que la autonomía catalana se asienta en sus derechos históricos y en su singularidad cultural y de lengua, y que esas cuestiones son intangibles para Cataluña, a salvo los derechos constitucionales de los ciudadanos, y se reformara el sistema de financiación asegurando un mejor equilibrio ingresos/gastos del sistema (vamos, que mejoren Cataluña, Valencia, Madrid y Mallorca y pierdan Andalucía, Extremadura, Castilla León y Asturias), aun así los dos millones de independistas ahora enfervorizados y dispuestos solo a aceptar la independencia total, no permitirían a Mas y a Junqueras aceptar semejante trato. Este es el problema. Hace pocos años, esos eran tan solo unos cientos de miles (no un número despreciable, pero si manejable). Ahora, son la única fuerza electoral de Mas y de Junqueras, y no los pueden decepcionar. En fin, que mientras el movimiento social independentista no amaine, y no parece probable a corto plazo, no soy nada, nada, optimista.

2 comentarios:

Gabriel Doménech dijo...

Las reformas que en el artículo se mencionan y algunas más son muy necesarias con independencia de lo que pase con Cataluña. Es más, se harían especialmente necesarias si los catalanes terminaran yéndose. Me da la impresión de que en Madrid (por decirlo de alguna manera) se subestima el efecto disgregador que producen ciertas asimetrías injustificables.

Fernando Gómez Pomar dijo...

Gabriel:
sin duda, reformas esenciales en las administraciones (transparencia, evaluación, selección, promoción e incentivo de quienes toman decisiones) en los mercados (competencia, flexibilidad, transparencia), en la educación y universidad, en la justicia, en el sistema fiscal y en otros terrenos son imprescindibles para no perder el tren, con y sin Cataluña en el barco.
Pero creo que el problema las más de las veces no es del objetivo de las reformas, en las que, al menos sobre el papel, una buena parte coinciden. El problema es cómo hacerlas, pues las hojas de ruta de esas reformas no son evidentes. En todo caso, las reformas pendientes no me parecieron, acaso erróneamente, el elemento novedoso del artículo

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