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jueves, 15 de mayo de 2014

¿Qué te convierte en un gran profesor?


Fuente: Luca del Baldo

En Harvard Gazette, de la entrevista a Steven Pinker
“Lo más importante es la pasión por el tema. Todos los estudios sobre la eficacia de la enseñanza muestran que el entusiasmo es un factor importante. También es importante la capacidad para evitar caer en el narcisismo profesional, es decir, concentrarse en la sustancia, en el contenido real de la materia que se enseña evitando concentrarse en los métodos, las palabras de moda y las camarillas de su especialidad académica. Yo no pienso en que estoy enseñando a mis alumnos " psicología". Pienso que les enseño “cómo funciona la mente". No es lo mismo. La psicología es un gremio académico, y yo podría pasar el tiempo hablando de las escuelas, la historia de la psicología , los métodos y teorías etc. Pero eso sería como hablar sobre mis colegas y sobre cómo pasamos el rato… Los estudiantes no están interesados en un campo académico sino en entender un conjunto de fenómenos, en mi caso, el funcionamiento de la mente humana.
Un tercer ingrediente de la buena enseñanza consiste en superar "la maldición del conocimiento", es decir, la incapacidad para saber lo que es no saber algo que sabes. Ese es un desafío permanente. Es un reto al escribir, y es un reto al enseñar. Por esta razón es por la que considero que hay una gran sinergia entre escribir y enseñar. A menudo, una idea de uno de mis libros tuvo su origen en una clase o, al revés, porque la audiencia de mis libros y de mis clases es la misma: personas inteligentes que tienen suficiente curiosidad intelectual como para haber comprado el libro o haberse inscrito en el curso, pero que, simplemente, no tienen tantos conocimientos sobre un tema en particular como los que tengo yo.
La solución obvia es " imaginar que tienes al lector detrás de tu espalda” o ponerse en el lugar de los estudiantes. Es un buen comienzo, pero no es suficiente, porque la maldición del conocimiento nos impide apreciar completamente lo que se siente al ser un estudiante o un lector. Es por eso que los escritores necesitan a los editores: Los editores les obligan a darse cuenta de que lo que es obvio para ellos no es evidente para todos los demás. Y es por eso que los maestros necesitan retroalimentación, ya sea en la forma de ver en los exámenes cómo han entendido el contenido que les has dado o en conversaciones o discusiones con los alumnos. También es importante estar dispuesto a corregir. La mayor parte del trabajo de escribir es corregir. Cuando empiezas a escribir es difícil tener ideas que merezca la pena compartir. Y concentrarse simultáneamente en el contenido y en la forma, en encontrar expresiones acertadas, es demasiado para nuestras pequeñas mentes. Por eso hay que dividir el trabajo en dos etapas: las ideas y pulir el texto… Por eso, en mis clases, el trabajo del segundo semestre consiste en revisar el trabajo que presentaron en el primero. Es mi forma de decir a los estudiantes que la calidad se logra corrigiendo”

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Gran artículo.

Steven Pinker es muy buen profesor, pero el que construyó la pared de su izquierda era muy mal albañil.

O quizá sea una metáfora que gráficamente señale la distinción que existe entre la posibilidad de pulir el conocimiento y la imposibilidad de rectificar las obras puramente materiales o físicas como no sea tirándolas y haciéndolas de nuevo.

Anónimo dijo...

SR. Alfaro, la nueva microentrada de vd hace reflexionar más todavía sobre el trabajo del albañil que hizo la pared del profesor Steven Pinker.

"Done is better than perfect"

Quizá sea mejor una pared hecha en Boston estilo Tudor, con ladrillos de diversos tamaños y colocados de diferentes maneras, pero pared al fin, que no haber hecho nada.
Quizá si el albañil hubiera rehecho la pared, el edificio habría subido de valor, no lo hubiera podido comprar su dueño, y en la actualidad no albergaría el trabajo de Steven Pinker.
Quizá no sea tan importante la distribución de los ladrillos de la pared, siempre que la pared sea lo suficientemente resistente y acogedora como para custodiar al artífice de una elaborada doctrina intelectual.

transseunte dijo...

Perdón, ¿no será “...la incapacidad para saber lo que es no saber algo que sabes”?

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

tienes razón!

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