jueves, 19 de marzo de 2026

Citas: Fukuyama, Francis, Cochrane, Adam Smith, Scott Alexander y John Rawls

Breve

 Todo lo que la izquierda no querría oir sobre la pornografía; Your brain releases dopamine before you get the reward, not after; Mossad is calling IRGC commanders directly on personal phones with a single message: you have 12 hours to disappear or you are next; Tomar apuntes a mano permite retener más que hacerlo con el ordenador. Aunque Cremieux no está de acuerdo"El consumo moderado de café con cafeína o té se asoció con una reducción del riesgo de demencia y mejoras modestas en los resultados cognitivos; no se observó ningún beneficio con el café descafeinado; Estonia puede excluir por razones de seguridad nacional los equipos de telecomunicaciones de Huawei.Conclusiones de la Abogada General en el asunto C-354/24 | Elisa Eesti. Una casa de apuestas que opera sin licencia nacional, aunque tenga licencia de otro Estado miembro, puede tener que devolver lo apostado. Conclusiones del Abogado General en el asunto C-530/24 | Tipico. La ocurrencia de obligar a inscribir las transmisiones de acciones y participaciones en el Registro Mercantil. La violación masiva y la explotación sexual han demostrado ser un coste de la inmigración musulmana, aunque el coste se reduce considerablemente si la cultura cívica local es lo suficientemente fuerte como para suprimirla.

Ser John Rawls Astral Codex Ten, Scott Alexander,

El autor utiliza una fábula con homónimos llamados John Rawls para someter a prueba una versión extrema de la reciprocidad rawlsiana: una fundación que solo ayuda a quienes, bajo una inversión contrafactual de roles inducida con una droga hipnótica, demostrarían que, de ser ricos, ayudarían a los pobres. El relato combina sátira institucional, experimento mental “detrás del velo de ignorancia”, psicofármacos y un cierre de retribución kármica que se desplaza de lo humano a lo animal.

El primer hilo sigue a “John Rawls el alcohólico”, nacido en 1921, que abandonó la escuela, sobrevivió con trabajos esporádicos, pequeños delitos y limosnas, y a los 41 mató a un hombre en una pelea de bar, quedándole paranoia y una vida cada vez más dependiente de la beneficencia. Con el auge de la Fundación John Rawls, cierran los cauces tradicionales de ayuda (Salvation Army, YMCA, parroquias) y se le remite a esa entidad, donde un psicólogo homónimo le explica que la ayuda exige superar un cribado: ingestión de un fármaco y una inducción hipnótica que lo hará vivir, de forma vívida, una vida contrafactual; solo reciben estipendio quienes, al vivir como ricos, se muestran dispuestos a donar a quienes pasan necesidad.

El segundo hilo presenta a “John Rawls el banquero”, también nacido en 1921, presidente de un banco y el hombre más rico de Baltimore, invitado a comer por el “visionario” de la Fundación Rawls. Este le expone su “teoría de la caridad”: ayudar únicamente a los pobres que, si fuesen ricos, ayudarían a los demás; para detectarlos, usa una mezcla de tiopental, LSD y calea zacatechichi con una “palabra hipnótica” que construye un sueño de vida entera en un rol invertido. El banquero objeta que no traiciona a nadie porque nadie lo ha ayudado “realmente”; rechaza la idea de que el carácter contrafactual genere deberes. La escena culmina cuando el visionario revela que ya le ha echado la droga en el vino.

El tercer hilo devuelve al alcohólico, que se desahoga con un sacerdote (también Rawls). La Fundación lo rechazó porque “no ayudaría” en la vida invertida y él lo confirma sin ambages: “nadie me ayudó”. El alcohólico decide “matar a John Rawls”, es decir, al banquero que simboliza el nuevo sistema de exclusión. Irrumpe en su mansión, lo apunta y, en la discusión, le exige que beba la droga para probar cómo “le iría a él” en la piel de un pobre. 

Volvemos a la escena en la que el alcohólico está en la Fundación. El psicólogo advierte al “alcohólico” que está alcanzando un nivel demasiado profundo por el carácter acumulativo de la droga: más allá de cinco niveles de sueño dentro del sueño, no hay garantías de control ni de retorno. El paciente firma exenciones bajo coacción y toma otra dosis. En el delirio onírico, el protagonista se reúne con “John Rawls Brahma”, una deidad que sueña el cosmos: cada eón, su mente facetada se fragmenta en seres que, al reflejarse unos a otros, “reconstruyen” la Ley Moral; las almas nobles ascienden por similitud con el Todo y las que no purifican su carácter “descienden” y aprenden por sufrimiento. Brahma formula, en clave sincrética, una ética de reciprocidad universal: “obra como si tu máxima fuese ley general” y elige reglas tras un velo de ignorancia porque, de hecho, podrías nacer en cualquier vida. Pero añade un principio estético: le “repugna” revelar motivaciones que reduzcan la moralidad al interés personal inmediato, por lo que los agentes no recuerdan la arquitectura del juego moral. El protagonista exige una “excepción”: ser juzgado solo por los actos que realice con pleno conocimiento de esa estructura. Brahma accede; el camarero le sirve una Coca‑Cola “ligeramente amarga”.

El desenlace desplaza el foco a “John Rawls Pollo”: una conciencia encarnada en un pollo de granja industrial, inmovilizado por una selección que hipertrofia su cuerpo, sin espacio para sentarse ni ponerse en pie, con heridas que otros pollos —despico­tados pero aún capaces de golpear— reabren a picotazos. El relato detalla la fisiología del dolor continuo, la claustrofobia del hacinamiento y la espera del matadero como único alivio, y remata con la intuición de que, entre todos, “él es el único que merece estar ahí”. Es la materialización extrema del principio kármico que el protagonista había aceptado conocer: ahora su sufrimiento aparece como merecido en el marco de esa ley y, al mismo tiempo, interpela al lector sobre el estatuto moral de los animales en sistemas intensivos. 

Fukuyama: el necesario escepticismo sobre la capacidad de la IA para resolver los problemas sociales: el caso del suministro de agua potable

Los obstáculos son diferentes y son exclusivamente políticos, sociales y culturales. Los residentes de las ciudades tienen capacidad para pagar más por su agua, pero no confían en que sus gobiernos no malgasten esos pagos en corrupción o gestión incompetente. Las empresas no quieren la interrupción de la construcción de infraestructuras generalizadas, y muchas ciudades albergan "mafias del agua" que compran agua barata y la revenden a precios exorbitantes a la gente pobre. Estas mafias están armadas y listas para usar la violencia contra cualquiera que desafíe sus monopolios. El Estado es demasiado débil para controlarlos o para hacer cumplir las muy buenas leyes que ya tienen en vigor. Es difícil ver cómo incluso la IA más superinteligente va a ayudar a resolver estos problemas. Y esto apunta a un concepto central que afecta a todo el campo de la IA: una sobrestimación grave del valor de la inteligencia por sí sola para resolver problemas.

Joseph Francis y su experiencia en la crisis de la replicación de los resultados de los trabajos científicos

 “El artículo carecía de sentido, y sin embargo se había publicado en Journal of Political Economy, una de las cinco grandes revistas de economía que determinan —para bien o para mal— la carrera de los economistas. [...] Incluso si las importaciones chinas hubieran conducido a una reducción de la proporción del empleo manufacturero, no parece que hayan tenido efectos negativos sobre el bienestar. [...]

Entonces, Francis intentó lo mismo con artículos científicos y creyó descubrir errores en uno de biología 

Cuando los autores del artículo enviaron su respuesta a Nature, resultó que yo había sido extremadamente estúpido: lo que había tomado por un fallo en la validación de la seguridad era, en realidad, la señal de que el medicamento estaba funcionando como debía. Un historiador económico cualquiera, encaramado en una colina de Gales, no debería presumir de saber sobre cuestiones científicas que van mucho más allá de su campo de especialización. Fue una humillación total. [...] Tras haber encontrado problemas así en artículos importantes de economía, supuse que también los encontraría en artículos de ciencias y tecnología, dado que ambos se rigen por el mismo sistema de revisión por pares. Los robots me ayudaron servilmente a encontrar lo que yo quería encontrar, aunque no estuviera allí. Alucinamos juntos, y empecé a creer que sabía lo que, en realidad, no sabía. Me había convertido en la antítesis del sabio socrático: un sofista, engañado por mis propias tonterías. [...] 

Mi impresión es que las ciencias y la tecnología se están moviendo hacia un sistema de revisión por pares más transparente y continuo. Los revisores suelen estar identificados, y a veces las revistas hacen públicos los informes. Existe también una sólida cultura de crítica tras la publicación. Hace poco vi a científicos lanzarse como perros rabiosos sobre un artículo de Nature que afirmaba que un tratamiento contra el cáncer de pulmón era mucho más eficaz si se administraba por la mañana que por la tarde. Ver cómo trabajaban en PubPeer y en X fue un espectáculo memorable. Su cultura de la crítica coincide con la definición popperiana del método científico como “la búsqueda y eliminación de errores al servicio de la verdad”. Además, las retractaciones son relativamente frecuentes y existen procedimientos claramente definidos para llevarlas a cabo. 

El contraste con la Economía es marcado. Aunque los economistas se enorgullecen de la solidez de sus seminarios, lo que realmente importa es publicar en solo cinco revistas. Los editores tienen un poder inmenso. La revisión por pares es cerrada y anónima. Prácticamente nunca se retracta nada. La revisión tras la publicación es mínima. Según mi experiencia, existe más bien una cultura de no criticar públicamente nada que haya sido publicado. Si lo haces, se te considera excesivamente agresivo, quizá debido a algún supuesto defecto de personalidad. Mientras tanto, los autores originales pueden utilizar su derecho de réplica para desviar la atención y recurrir a ataques personales. El miedo a molestar a los superiores se palpa en el ambiente.”

Egodepletion

... hay un concepto que popularizó el psicólogo Roy Baumeister con la idea de "ego depletion" (agotamiento del ego): la fuerza de voluntad y la capacidad de tomar decisiones son recursos limitados que se gastan a lo largo del día. La idea salió replicada en infinidad de libros y podcast sobre productividad. Pero tiene un problema: parece que es falsa... Una hipótesis alternativa para entender mejor esta dinámica que viene ganando protagonismo es la sugerida por el psicólogo cognitivo Bernhard Hommel, que se conoce como "teoría del meta-control". Hommel sostiene que hay dos especies de "cambios" (como en un auto o una bicicleta) o de modos, que vamos alternando: uno de persistencia (donde angostamos el foco y nos concentramos en un objetivo) y otro de flexibilidad, en el cual exploramos. Ninguno es mejor que el otro, ambos son complementarios y los usamos de forma alternada. Ir a tomar un café para despejarnos (como voy a hacer ahora, luego de escribir este texto) no es una "debilidad" de falta de autodisciplina, sino una transición hacia una fase exploratoria y flexible, que tiene hasta una explicación evolutiva. La línea de Hommel calza mucho mejor inclusive con lo último que sabemos de este tema en neurociencias (qué áreas del cerebro están involucradas en cada uno de los dos modos). Así que, como muchos lectores me cuentan, leer Proxi el viernes a la noche o el fin de semana, relajados y con algo rico para tomar al lado, no contaría como una debilidad de carácter por no estar poniendo el foco en los pendientes sino como una fase de flexibilidad y exploración que es propia de la naturaleza humana (Ponele).

Adam Smith: The Intellectual of the People, Axel Kaiser

Un trabajo reciente de Phil Gramm y Donald Boudreaux sobre los mitos que rodean al capitalismo —The Triumph of Economic Freedom: Debunking the Seven Great Myths of American Capitalism— explica magistralmente las falsedades históricas que se arraigaron en aquella época. La idea de que la gente vivía mejor en el campo antes de trasladarse a las ciudades para trabajar en la industria es uno de esos mitos. 
Desde la caída del Imperio romano en el año 476 hasta el siglo XVIII, la calidad de vida del trabajador promedio apenas experimentó mejora alguna. Hasta el año 1800, el 18 % de los niños moría en su primer año de vida, y solo el 69 % llegaba a los 15 años. Esta dramática realidad afectaba a todas las clases sociales: la reina Ana de Inglaterra, que murió en 1714 a los 49 años, tuvo diecisiete embarazos y ninguno de sus hijos nacidos vivos la sobrevivió. 
La cruda realidad preindustrial Hasta 1850, tanto en Inglaterra como en Francia, la ingesta calórica diaria de una persona media era insuficiente para cubrir sus necesidades básicas. La pobreza en el campo era tan extrema que la gente vivía hacinada en pequeñas chozas con suelos de tierra cubiertos de paja, soportando olores fétidos, ratones, plagas y una suciedad repugnante. El historiador William Manchester describe así la realidad de la vivienda campesina: «La pieza central de la estancia era un armazón de cama gigantesco, con una pila de jergones de paja infestados de parásitos. Todos dormían allí, sin distinción de edad ni sexo —abuelos, padres, hijos, nietos, e incluso gallinas y cerdos—. Si una pareja decidía intimar, los demás eran conscientes de cada movimiento; en verano, incluso podían observar. Si un extraño pasaba la noche, la hospitalidad exigía invitarle a ser “uno más” en el jergón familiar». 
La idealización de la vida rural previa a la Revolución Industrial se explica, en parte, porque autores como Charles Dickens y Friedrich Engels, que escribieron sobre ella, nunca la vieron con sus propios ojos.

Inventing the Renaissance. Ada Palmer

¿Qué pasó en realidad? Más adelante retomaré nuestra teoría más reciente, pero no quiero despachar ahora mismo lo que parecería una respuesta definitiva. El sentido de este paréntesis es mostrar con qué facilidad la academia puede acabar abrazando una respuesta que ¡suena tan bien!, que encaja con lo que deseamos que sea cierto, que dota al tema de un aura apasionante y que atrae fondos y hornadas de nuevos investigadores cuyo trabajo, a la postre, acaba demostrando que estábamos totalmente equivocados. Pero no habríamos contado con esos nuevos estudios si no nos hubiera hechizado aquel viejo error. Por eso la historia (y la erudición en general) se beneficia incluso de la investigación que es errónea de cabo a rabo; pero también por eso una teoría que sabemos falsa, pero que resulta tan sugerente, puede seguir circulando durante décadas después de haber sido desmentida... 

La Europa del siglo XIX, la época en la que escribió Burckhardt, sentía devoción por el individualismo, la democracia, el nacionalismo y por términos como zeitgeist y volksgeist, así como por las ideas de conciencia individual y nacional; de modo que la tesis de que todo aquel deslumbrante arte renacentista era el vástago de tales factores despertó un entusiasmo febril. De pronto, los estudios sobre el Renacimiento no eran simple historia del arte, sino la génesis de la modernidad, y todo tipo de movimientos decimonónicos quisieron financiarlos para poder reclamar la edad de oro renacentista como su ancestro. Burckhardt situó el apogeo del Renacimiento en las primeras décadas del 1500, pero, al describir los días de gloria artística que nos legaron a los Miguel Ángeles, los Rafaeles y la bellísima polifonía, lamentó que aquello también se tornara decadente: ...el disfrute de los placeres intelectuales y artísticos, las comodidades y elegancias de la vida, y los intereses supremos del autodesarrollo, destruyeron o mermaron el amor a la patria. Pero aquellas apelaciones al sentimiento nacional, profundamente graves y luctuosas, no volvieron a escucharse hasta más tarde, cuando el momento de la unidad ya había pasado, cuando el país estaba inundado de franceses y españoles, y cuando un ejército alemán había conquistado Roma. En otras palabras, según Burckhardt, el espíritu de modernidad e individualismo nacido en la Italia renacentista fue malogrado por las Guerras de Italia y por el descuartizamiento del país a manos de los imperios, de modo que la verdadera culminación de las ideas modernas renacentistas...

Cochrane sobre Smith: de la ética de la suma cero a la ética de la suma positiva

Hasta el día de hoy, la ética de la Bahía de San Francisco sostiene que ganar dinero es un asunto sucio. Los multimillonarios solo pueden obtener algo de perdón por su malvada acumulación de riqueza mediante la filantropía. Una vez que has ganado tu sucio dinero, haz algo bueno por la sociedad donándolo. MacKenzie Scott es la santa; Jeff Bezos, el pecador. Incluso la Escuela de Negocios de Stanford se muestra disculpante por el hecho de ganar dinero. 

Esa ética sigue arraigada en la visión de que una persona solo puede enriquecerse quitándole cosas a otra. Durante miles de años, esa no fue una mala aproximación: los emperadores romanos no obtenían la mitad de los ingresos del imperio inventando iPhones. 

Pero Smith señala que esto es exactamente al revés. El multimillonario que inventa un ordenador personal, un iPhone, o la logística de Walmart y luego la de Amazon, crea cientos de miles de millones en valor para el resto de nosotros. Él o ella se queda con una fracción minúscula. Y esa fracción suele quedarse reinvertida en la empresa, generando más productos y empleo. Es ahí donde contribuye a la sociedad, mucho más que en los esfuerzos filantrópicos de los multimillonarios, que suelen ser bastante torpes. (Deberían comprar más arte y dedicarse menos al "bienquedismo" político).

Abuso en la solicitud de acceso a los propios datos: ¡deroguemos el RGPD! Sentencia del Tribunal de Justicia en el asunto C-526/24 | Brillen Rottler

 Una persona residente en Austria se suscribió al boletín informativo de la empresa familiar de óptica Brillen Rottler, con sede en Arnsberg (Alemania), para lo cual introdujo sus datos personales en el formulario de alta disponible en el sitio de Internet de la empresa. Trece días más tarde, presentó a Brillen Rottler una solicitud de acceso con arreglo al Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). 1 Según ese Reglamento, 2 el interesado tiene derecho a obtener del responsable del tratamiento confirmación de si se están tratando o no datos personales que le conciernen y, en tal caso, el derecho de acceso a sus datos y a la información relativa a los mismos. Brillen Rottler denegó la solicitud por considerarla excesiva. Según ella, de diversos reportajes, artículos de blog y boletines de abogados resulta que esta persona se suscribe sistemáticamente a boletines informativos de diversas empresas, antes de presentar una solicitud de acceso y, posteriormente, reclamar una indemnización. Por su parte, la persona en cuestión consideró que su solicitud de acceso era legítima, y reclamó a Brillen Rottler una indemnización de al menos 1000 euros en concepto de reparación del daño moral que alegaba haber sufrido como consecuencia de la denegación de dicha solicitud de acceso... 

El Tribunal de Justicia responde que, en determinadas circunstancias, una primera solicitud de acceso ya puede considerarse «excesiva» en el sentido del RGPD 3 y, por lo tanto, abusiva. Esto ocurre cuando el responsable del tratamiento demuestra que, a pesar del cumplimiento formal de los requisitos previstos en el RGPD para la presentación de una solicitud de acceso, esta no se ha presentado con el propósito de conocer el tratamiento de los datos y de verificar su licitud, sino con la intención, que puede calificarse de «abusiva», de crear artificialmente los requisitos necesarios para obtener una indemnización en virtud del RGPD. El hecho de que, según la información accesible al público, el interesado haya presentado ante diferentes responsables del tratamiento de sus datos personales varias solicitudes de acceso a los mismos, seguidas de solicitudes de indemnización, puede tomarse en consideración para determinar la existencia de esa intención abusiva.

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