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sábado, 12 de octubre de 2013

Galí sobre la independencia de Cataluña

Contrato de separación y liquidación de la relación han de ser distinguidos

El profesor Galí ha publicado un artículo en EL PAIS en el que expone cómo quedarían las cosas si Cataluña se hace independiente. A tal fin, distingue el caso de que la declaración de independencia fuera aceptada por España y, España y el nuevo Estado cooperasen de buena fe para facilitarle las cosas a éste en el plano económico y político y, un segundo escenario en el que España rechazase la independencia de Cataluña y se negase a cooperar en la consolidación del nuevo Estado.
Para un jurista, el análisis de Galí resulta muy poco convincente. Galí nos propone que supongamos que España coopera de buena fe para permitir que Cataluña sea independiente y pueda consolidarse como un Estado europeo dentro de la Unión Europea y de la zona euro. Pero este supuesto de hecho es equiparable al del chiste en el que tenemos un problema: abrir una lata y el economista, a diferencia del científico, nos dice que aceptemos que tenemos un abrelatas. Que España coopere de buena fe para que Cataluña se separe es un supuesto de hecho irreal porque no se basa en dato alguno que permita deducir que España tiene incentivos para cooperar.

La cuestión puede verse como un doble juego. Está, en primer lugar, el juego de la separación. Para que este contrato llegue a celebrarse es imprescindible que las partes crean que ambas, España y Cataluña, estarán mejor tras la independencia. El segundo juego es el de ejecutar la independencia o liquidar la relación. Solo si el primero es un juego de suma positiva (España con Cataluña = 100; España y Cataluña por separado = 130) tiene sentido plantearse cómo repartir esas ganancias en el segundo juego. Si el primero es un juego de suma cero o negativa (España y Cataluña por separado = 80), el segundo juego no tendrá lugar. Esto es teoría de contratos de lo más simple: la gente no celebra contratos voluntariamente si no es porque, a través del intercambio (o la puesta en común), se obtiene una ganancia que las partes no pueden obtener sin el contrato. El reparto de la ganancia del contrato se logra, normalmente, – y se hace “por mitad” – porque ambas partes se convencen de que, si no se llega a un acuerdo respecto del reparto, el contrato no se celebrará y perderán ambas la ganancia derivada del mismo.
Por tanto, si España considera que la independencia de Cataluña es un cambio de situación del que resultará una mayor pobreza para el conjunto, carece de incentivo alguno para celebrar el contrato de la independencia. No hay ganancia que obtener de semejante intercambio.
Pero, incluso si España aceptara que la independencia de Cataluña es “buena” para el conjunto, carece de incentivos para ceder un ápice de la ganancia a Cataluña. Tanto en el caso de que la independencia de Cataluña haga al resto de España más pobre como en el caso de que lo haga más rica.
Es decir, España se comportaría racionalmente si vetase la independencia de Cataluña salvo que Cataluña le ceda toda la ganancia derivada de la separación menos una unidad. En la medida en que España puede imponer pérdidas a Cataluña si deniega su cooperación para que Cataluña pueda ser miembro de la Unión Europea y del euro, Cataluña no tendría más remedio que “sobornar” a España regalándole toda la ganancia derivada de la separación. Porque la alternativa es peor para Cataluña. En otros términos, la posición negociadora de España es mucho mejor que la de Cataluña y, por tanto, podría y debería utilizarla, actuando racionalmente, para extraer la mayor parte posible de la ganancia derivada del contrato.
Imaginemos que, de los 100 iniciales, España tiene 80 y Cataluña 20. La separación produce unas ganancias de 30 (porque los independentistas creen que una Cataluña independiente crecerá mucho más y será mucho más rica que la actual. Tanto si España deviene más pobre per capita como si no, España, actuando racionalmente, reclamará 109 y Cataluña aceptará 21 como resultado de la liquidación porque, si España no coopera, Cataluña puede quedar con 20 como máximo. Dado que he supuesto que la separación produce ganancias, sólo he tenido en cuenta que España sí está en la Unión Europea y en el euro y que su veto impediría a Cataluña entrar en ambos. Las afirmaciones de Gali sobre las posibilidades de una Cataluña independiente de entrar en el Espacio Económico Europeo con la oposición de España no están probadas. 
Así pues, el único escenario cooperativo plausible es aquel en el que España retiene toda la ganancia del intercambio y requiere, según hemos visto, que Cataluña convenza a España de que estaremos todos mejor por separado. Hercúlea tarea con muy poca ganancia para Cataluña ya que España podría apoderarse de toda esa ganancia en el acuerdo de separación. Por tanto, podemos darlo por descartado en el corto plazo. A muy largo plazo, quizá, los independentistas logren convencer al resto de los españoles de que les dejemos marchar.
Supongamos ahora que los independentistas catalanes logran proclamar la independencia y que ésta es un hecho en el sentido de que Cataluña se convierte en un Estado con fronteras y “estructuras de Estado”. En tal caso, la liquidación de las relaciones entre el nuevo Estado y España no puede realizarse de forma cooperativa. Es decir, el supuesto de Galí es contradictorio lógicamente e irreal porque exige a España actuar irracionalmente. ¿Por qué habría de cooperar España ejecutando de buena fe un contrato que no ha tenido lugar y al que se ha opuesto? Sorprende en un economista del prestigio de Galí que se nos diga que España debería cooperar, aún en esta situación, porque también podría resultar lastimada. La única forma que tiene España de amenazar creíblemente es advertir que no cooperará en modo alguno si la independencia se proclama de manera unilateral.
Solo si el mundo tratase a España como a Serbia en relación con Kosovo sería posible una liquidación de la sociedad conyugal basada en un reparto equitativo de los bienes y de las obligaciones. Sería imprescindible la intervención de un tercero con capacidad para imponer a las partes el resultado de la división. Porque una de las partes (i) no cree que haya ganancias de celebrar el contrato y (ii) si las hubiera, estaría en una posición negociadora que le permitiría retenerlas todas

19 comentarios:

Àlex Plana Paluzie dijo...

Es de agradecer poder leer comentarios razonables de vez en cuando sobre estos temas (también el de Galí), aunque fuera del ámbito estrictamente jurídico a menudo tengo visiones distintas a las tuyas.

Sobre el artículo de Galí, tampoco veo que la situación entre España y Cataluña pueda ser calificada de cooperación en ningún supuesto, pues España no está en situación de sacar provecho alguno de la secesión, tal y como ya has explicado. De hecho, creo que estamos ante una situación de puro conflicto donde lo que uno gana lo pierde el otro. Sin embargo, no toda negociación busca el reparto de un valor añadido, a veces se trata de perder menos de lo que se perdería a falta de acuerdo. Justamente esa menor pérdida es lo que llevaría a España a cerrar un acuerdo si el referéndum se celebra y gana el divorcio.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

Efectivamente, los jueces, a menudo, se limitan a repartir las pérdidas (accidentes)asignándolas con la vista puesta en minimizarlas. Pero eso ocurre cuando las partes del accidente no han podido negociar antes del accidente. Es muy difícil que el que causa un accidente y la víctima se pongan de acuerdo una vez que el accidente se ha producido sobre la cuantía de la indemnización. Si consideramos la independencia como un accidente, España reclamaría una muy elevada indemnización a Cataluña y, a falta de un juez que determine la cuantía, tendría los instrumentos para hacerlo.

Vicenç dijo...

Procuraré desarrollar brevemente lo que he intentado explicar por twitter, con la limitación de 140 caracteres.

Estoy de acuerdo en plantear la cuestión como un doble juego, aunque el diablo está, como siempre, en los detalles. Por lo que se refiere al gobierno español, primero tenemos la decisión relativa a la sececión, esto es, si se accede a una secesión pactada, con referendum y compromiso político mutuo de llevar a cabo su resultado; o bien si se impide cualquier tipo de consulta que pueda llevar a una secesión. Si hay un pacto de separación, el juego termina ahí. Ahora bien, en el caso de que el gobierno español impida la secesión, pero ésta tenga lugar igualmente, como acto unilateral, es cuando tenemos el segundo juego. En tal caso, el gobierno español tiene la posibilidad de cooperar para facilitar que Catalunya siga formando parte del mercado común y del euro o bien de optar por una política obstruccionista (asumiendo que efectivamente existe esa posibilidad y las consecuencias que de la misma se derivan). Una política obstruccionista supone para Catalunya encarecer sus exportaciones, que pasarían a estar sujetas al arancel comunitario, y encarecer el acceso al crédito. Pero para España supondría también encarecer sus exportaciones (sin las carreteras que comunican Francia con Catalunya la red viaria española no tiene capacidad suficiente para poder exportar sus mercancías a Europa), elevar su deuda al 120% del PIB, y tener que hacer frente al impago de la deuda que la Generalitat tiene con el estado. Si la decisión del gobierno español es no cooperar, ambos actores pierden. Es un equilibrio que no es óptimo en el sentido paretiano.

Estando ante un juego doble, y asumiendo que la independencia es un proceso irreversible, la decisión que tome el gobierno español una vez se haya producido la secesión de Catalunya (juego 2) es independendiente de cual fuera su decisión en el juego anterior, sobre la secesión misma (juego 1). Y también es independiente de si la secesión es un juego de suma cero, positiva o negativa. En el juego 2, el gobierno español solo podrá elegir entre imponer un castigo al estado secesionado y asumir él mismo pérdidas adicionales por ese castigo, por un lado, o no imponer un castigo, no padecer pérdidas adicionales, y tratar de mitigar las ya producidas por la secesión, por el otro.

Ante ese escenario, si el gobierno español prevé que la secesión de Catalunya le supondrá pérdidas, su estrategia óptima puede ser impedir la secesión, pero una vez haya tenido lugar esa secesión, su estrategia óptima es alcanzar un acuerdo. Es un problema de inconsistencia temporal, similar al que tienen los gobiernos cuando anuncian que no van a negociar con terroristas y debe hacerlo cuando se produce un secuestro para evitar males mayores.

Vicenç dijo...

Dicho de otro modo, si el gobierno español optara por no cooperar con Catalunya una vez ésta se secesionara, estaría actuando como un "castigador altruista"; esto es, alguien que castiga a otro por desviarse de la conducta socialmente aceptada aunque ese castigo produce una pérdida de bienestar al mismo sujeto que lo impone. Solo que en este caso no estaría nada claro que Catalunya se hubiera desviado de una conducta socialmente aceptada (la secesión no es contraria al derecho internacional, se realiza de forma democrática y previamente se ha intentado alcanzar un acuerdo) y las pérdidas afectarían también a terceros (los países que forman parte del mercado común y de la eurozona, así como a los acreedores de España). En cualquier caso, comportarse como un castigador altruista no es una decisión óptima.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

De acuerdo Vicenç salvo en que no creo que el 2º juego sea independiente del 1º. España debería castigar - cumplir su amenaza en el primer juego - y maximizar su parte en la separación si quiere que la amenaza sea creíble en primer lugar. Por ejemplo, amenazando a las empresas con sede en Cataluña para que trasladen su sede a Zaragoza so pena de pérdidas etc
La separación unilateral nunca sería aceptable para España dado que no se da ninguno de los presupuestos (opresión, situación colonial..) que la justifican

Vicenç dijo...

Pero de hecho, son decisiones independientes, que se presentan en momentos distintos. Ex ante, la estrategia óptima para el gobierno puede ser impedir la secesión y hacer todo tipo de amenazas, ya que la secesión le va a ocasionar pérdidas. Ex post, los incentivos son distintos porque las pérdidas ya se han materializado y la disyuntiva es entre afrontar más pérdidas para cumplir la amenaza de castigar o cooperar para evitar pérdidas mayores.

Por supuesto, al gobierno español le conviene ex ante plantear su estrategia como creíble a largo plazo, y tratar la segunda decisión como si no fuera independiente de la primera, pero la evidencia empírica muestra que es muy difícil que pueda cumplir sus amenazas.

Un ejemplo muy conocido del problema de inconsistencia temporal se da con la política monetaria. El Banco Central anuncia un objetivo de baja inflación, y en base a ese objetivo las empresas y los trabajadores establecen precios y salarios. Una vez ya están fijados los precios y los salarios, el Banco Central puede tener la tentación de aumentar la inflación para reducir el desempleo. El problema es que si las empresas y los trabajadores anticipan esa posibilidad, fijarán salarios y precios más altos, con lo cual el nivel de desempleo será el mismo y la inflación más elevada. La solución a este problema se ha encontrado aumentando la independencia de los Bancos Centrales, y sabemos que en aquellos países donde los Bancos Centrales son más independientes, la inflación es más baja y más estable, sin que el paro sea mayor ni el crecimiento económico menor.

En resumen, aunque es comprensible que no quiera admitirse por el gobierno español, el problema de inconsistencia temporal existe.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

¿Cómo de definitiva es la decisión? Imagina el resultado de un referendum ilegal 60/40. Si España considera que la decisión es reversible... Es todo impredecible. Por eso creo que, para hacerse creíble, España tiene que hacer como Cortés y contraer compromisos irrevocables de no cooperar si se produce la secesión unilateral.
Por lo demás, una estrategia de no cooperación ex post puede ser eficiente para extraer a Cat el máximo posible de la ganancia.
Los españoles pedirán que el Gobierno español "proteja" a los españoles que se han quedado en Cataluña. Cada gesto del nuevo gobierno en relación con ellos se verá como una ofensa o como un riesgo. Los gobiernos se enzarzarán en una pelea por gravar a las empresas exigiéndoles que pongan la sede fiscal en su territorio etc etc. En ese contexto, tendrían que pasar varias décadas hasta que la situación se normalizara.

Àlex Plana Paluzie dijo...

Podría ser reversible pero a medio/largo plazo, en ese momento la situación sería la resultante del referéndum y sus decisiones deberían tomarse bajo esas circunstancias. Por mucho que España haga un compromiso "irreversible" después se vería abocada a un comportamiento más eficiente, pero eso no quita que en situaciones de puro conflicto las partes 1) jueguen sucio y 2) España como parte que intenta reducir sus pérdidas utilice la postura del negociador kamikaze (algo muy peligroso y no muy alejado de lo comentado por Alfaro sobre el cumplimiento de las amenazas). Por lo tanto, aunque teóricamente pueda haber diferencias relevantes en la práctica los resultados podrían no diferir mucho. Además, habría que valorar hasta que punto la sociedad española presionaría al Estado alejando al Gobierno del comportamiento racional.

Sobre el derecho internacional en temas de autodeterminación habría que hacer una interpretación laxa (más allá de lo visto hasta ahora para colonias y pueblos oprimidos) y más acorde con el principio democrático.

Vicenç dijo...

El modelo de doble juego entre dos actores describe bien las dos deciones secuenciales que podría tener que adoptar el gobierno español. Queda, no obstante, al margen del mismo, el comportamiento de terceros actores, que no son irrelevantes.

Por un lado tenemos actores estatales y supraestatales. Los países acreedores de España, el BCE y las instituciones europeas, con independencia, de nuevo, de cual sea su postura previa a la independencia de Catalunya, de hacerse efectiva la secesión tendrán igualmente interés en evitar conductas obstruccionistas o una postura negociadora kamikaze de las dos partes en conflicto. Por el otro, actores privados, empresas y particulares. Tanto empresas multinacionales que presionarán a sus gobiernos para evitar una salida del mercado común y del euro, como los que Jesús llama "españoles que se han quedado en Cataluña", que presumiblemente querrán mantener su nacionalidad española y no querrán tener que verse sometidos a controles fronterizos o al pago de aranceles (caso de las empresas).

No está solo en juego el interés del gobierno español en hacer creíbles sus amenazas, sino que hay también otros actores que tendrán interés en que el gobierno español no actúe como un castigador altruista y entre en una dinámica de represalias recíprocas.

La cooperación ex post no solo es un equilibrio óptimo entre las partes, sino que también puede ser un equilibrio inducido porque es óptimo para terceros afectados.

Añadido: Debe distinguirse entre lo que es el derecho de autodeterminación (colonias y pueblos oprimidos) de la secesión como acto unilateral. En su opinión consultiva sobre la indepdencia de Kosovo, la CIJ constata que en la segunda mitad del siglo XX se han producido diversas declaraciones de independencia al margen del ejercicio del derecho de autodeterminación, y que se han considerado válidas, y que ninguna norma en derecho internacional prohibe la secesión de parte de un territorio, aclarando que el alcance del principio de integridad terrotirial (que también está previsto en el art. 4.2 TUE y que España sostiene que impediría que la independencia de Catalunya se reconociera por la UE) se limita a la esfera de las relaciones interestatales. La secesión unilateral de Catalunya sería contraria al derecho interno, pero no al derecho internacional (si no hay uso ilícito de la fuerza o violaciones de normas de ius cogens internacional).

Fernando Gómez Pomar dijo...

La teoría de juegos permite predecir los equilibrios en interacciones estratégicas con supuestos bien definidos y escenarios muy estilizados. Luego, las predicciones son contrastadas (o no) por los datos empíricos o experimentales, pero siempre en términos estadísticos, no deterministas de un resultado concreto en un juego con dos jugadores determinados.
Aquí, lo que tenemos es un escenario singular con, literalmente, cientos de variables que el modelo estilizado no contempla. Aun así, se pretende predecir el resultado concreto, diciendo que España y Cataluña cooperarán, dada la declaración de independencia? No hay base para ello, es una mera conjetura, cuando no un vaticinio interesado.
Lo cierto es que no hay precedentes claros de una situación como esta.
Los casos europeos de los últimos cien años (Noruega y Suecia; Checoslovaquia; antigua Yugoeslavia; Estados bálticos) fueron de común acuerdo en varios casos, y se referían a economías mucho menos integradas que la de Cataluña y el resto de España y, con frecuencia, no capitalistas pero en transición a la economía de mercado.
Lo sensato sería ver el caso escocés, y comprobar si es posible sin grave daño mutuo. El problema es que los escoceses, casi seguro, van a decir que prefieren seguir en el Reino Unido.
Pero por favor, no confundamos ciencia social con puras creencias.

Vicenç dijo...

Fernando, no te acordarás de mi, pero fui alumno tuyo en la UPF, en derecho civil IV, siempre es un placer leer tus comentarios, aun cuando tenga algunas discrepancias.

Si te he entendido bien, dices que el modelo es demasiado estilizado y omite variables y que no está contrastado empíricamente, por lo que no es útil para hacer predicciones válidas.

Necesariamente los modelos, lo sabes bien, son simplificaciones de la realidad. ¿Qué variables omite Galí? Creo que las principales que aparecen (antes he tratado, con mejor o peor fortuna, de comentarlas) están bien definidas.

Según lo veo, y siento repetirme, el problema que el modelo de juego doble secuencial presenta para el gobierno español es de inconsistencia temporal, que tiene un marco analítico bien delimitado, con distintos supuestos prácticos (el ejemplo que pongo sobre política monetaria no es casual, ya que es la especialidad de Galí), y evidencia empírica que lo apoya.

Como en todos los modelos económicos, no se trata de predecir que pasará, sino de explicar una realidad, los posibles escenarios, los incentivos de los agentes, y cuál es o son los equilibrios óptimos. Desde este punto de vista, el modelo se sostiene.

Manuel Highway dijo...

Me parece interesante, pero se le olvida una cosa: quienes negocian en nombre de España NO tienen por qué tener los mismos intereses que España. Me refiero, obviamente, a nuestros políticos. Igualmente sucede con Cataluña. Quizás el caramelo de ser quien logra la independencia pueda mucho más que lograr un buen acuerdo para sus ciudadanos.

Fernando Gómez Pomar dijo...

Vicenç,
Muchas gracias por tus amables palabras. No pretendía, faltaría más, desacreditar la idea de que en interacciones estratégicas puede haber inconsistencias temporalaes que hagan que ciertos estrategias (aquí, para España, "combatir" -no en sentido bélico, sino político y económico, para inducir a Cataluña a no separarse) no sean un equilibrio perfecto en subjuegos.
Ni que, incluso, empíricamente se haya comprobado, por ejemplo, que en una mayoría de casos el incumbente que tiene que tirar precios para combatir la entrada de un nuevo competidor no puede comprometerse creíblemente a hacerlo.
Lo que digo es que eso no permite hacer predicciones sólidas sobre una concreta, singular y muy específica interacción, en que muchas variables pueden influir sin que las hayamos considerado. Por ejemplo, ¿y si Francia o Italia, por ejemplo, "azusan" a España y le ofrecen alguna contrapartida para que España sea dura con los movimientos separatistas? ¿Y si los stakes son distintos porque puede servir de precedente a otros? ¿Se han considerado todos los medios con que el establshment político español, asumiendo su racionalidad y su alineamiento con el bienestar material del median voter español, puede hacer creíble y visible el compromiso de "pelear": avivar el nacionalismo español, construir una autopista por Huesca o por Navarra, tratar de comprometer a Francia en ello, etc. etc.-?
Simplemente, lo más intelectualmente honesto que se puede decir es que no se sabe apenas nada de lo que puede pasar, porque la ciencia social no está para predecir singularidades, sino para modelizar y predecir generalidades.
En todo caso, always a pleasure.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

Gracias, Fernando. Por lo que tú dices es por lo que me limitaba a la cooperación de España con una Cataluña independiente en relación con el euro y la UE. Por simplificar. Pero se ve que has tenido buenos alumnos!

Anónimo dijo...

La independencia de Cataluña, tal y como se plantea desde sus promotores tiene fallos estructurales:

Cataluña es una entidad territorial definida por el Estado, y no existe fuera de la definición realizada por el Estado. Por lo tanto, si en el primer pueblo de Cataluña, subiendo por Castellón, ganase el NO, Cataluña no podría reclamar el territorio de ese pueblo.

El argumento territorial también opera en una dimensión democrática. En ausencia de definición de pueblo, si se hace una interpretación "laxa" del principio de autodeterminación - tal y como se reclama - si en Barcelona, o Tarragona, o Cornellá, o en Era Val D'Aran ganase el NO, Cataluña no podría reclamar dicho territorio.

Entrando plenamente en argumentos "demográticos", me pregunto qué ocurriría con los catalanes que quieren mantener su pasaporte español, y no quieren tener un pasaporte catalán (que me imagino no son pocos). ¿Se les privará de su nacionalidad a la fuerza? ¿Se les otorgará otra a la fuerza? ¿Se les expulsará? ¿Se les concederá un permiso de residencia? Creo que cualquiera de esas opciones contravendrían la interpretación, incluso la mas "laxa" de derecho público internacional.

Por último, y como argumento puramente práctico, pienso que, en general, el mundo no se mostrará muy comprensivo con un proyecto independentista basado en argumentos tan falsables como "Espanya ens roba", más bien, dichos argumentos crean antipatía procediendo de un país desarrollado, democrático y profundamente descentralizado.

Por eso pienso que la independencia de Cataluña no es viable tal como está proyectada. Si veo razonable que una parte de Cataluña que agrupe a todos los partidarios de la independencia se segregue de España (por ejemplo, más o menos lo que hoy se conoce por provincia de Gerona). En dicho caso yo no pondría impedimento alguno, y aplaudiría la iniciativa.

Se que he resultado insoportablemente sintético, pero en mi opinión, es lo que ocurrirá. Y también odio tener siempre razón.

C.A.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

C.A.: si has seguido el diálogo con Vicenç, Alex y Fernando, verás q plantearlo en términos de juego exige simplificar muchísimo las estrategias posibles. Los problemas que tu analizas - y estoy bastante de acuerdo con que son problemas serios - los he expuesto en otras entradas
Por ejemplo, en esta. Gracias por el comment http://derechomercantilespana.blogspot.com.es/2012/11/prediccion-la-independencia-de-cataluna.html

Anónimo dijo...

La mejor definicion del proceso la ofrecieron Jesus Fernandez Villaverde y Luis Garicano: "ignoramos lo que ignoramos" en El Pais 11oct12. Javier GE

Anónimo dijo...

Una brillante contestación al artículo de Gali

http://elpais.com/elpais/2013/10/14/opinion/1381749427_714984.html

Pau Comes Sole dijo...

Que descanso! Un análisis sin insultos. Felicidades.
Respecto de la simplificación del modelo, como otros que he leído, como el de Clara Ponsati, creo que no tiene en cuenta las clases sociales. Ni España ni Cataluña son homogéneas.
La independencia de Cataluña, sea pactada o no, perjudicará de todas formas a la oligarquía financiera vinculada a las prebendas de la administración del Estado y residente mayoritariamente en Madrid y a sus clientelas políticas, mediáticas, funcionariales, etc.
Sin el concurso fiscal catalán ( que no quiere decir que sea el único) no pueden mantenerse ni esa élite corrupta, ni los cupos vasco-navarros actuales, ni las trasferencias a regiones mas desfavorecidas, ni la FAES. Es la única manera de acabar con el espejismo de las subvenciones, las corruptelas de los ERES, etc. Atención esto a nivel económico es el chocolate del loro, pero ha sido y es la adormidera, que les han dado al pueblo mientras el reducido núcleo del poder se ha tragado miles de millones y quiere tragarse

Ya sabemos que su dinámica social está adormecida en España y en Europa, pero puede despertar. Antes de la transición también nos querían hacer creer que los españoles, eramos demasiado primarios y violentos, que no estábamos preparados para la democracia. El nacionalismo busca la unidad vertical minusvalorando la solidaridad horizontal de las clases sociales. Muchos líderes de sindicatos o partidos de izquierda han caído en esta trampa para lograr votos en Extremadura, Andalucía o Castilla la Mancha enfrentándose al catalanismo al que tachaban de burgués, cuando en realidad en Catalunya el movimiento soberanista es sobretodo un movimiento popular; en buena parte es de izquierdas y ha empujado a la burguesía. Esta se ha puesto delante pero el movimiento la ha sobrepasado y todo hace pensar que la arrollará.
El gran pacto de la burguesía española, europea y catalana ha sido convertir en deuda pública la deuda privada de los bancos. Este ha sido el gran sacrificio que hemos hecho los españoles y catalanes, para seguir estando en el Euro y Europa. Pero no nos exigen ni exigirán que nos aguantemos de encima esta corteza oligárquica que limita el crecimiento normal de la economía española. Esta corteza son las ITV, el Sr Millet, Bárcenas, ... pero sobretodo las radiales de Madrid, los AVES ruinosos, etc.
Serán los que que forzaran a una solución negociada que no rompa la paz del Euro. La segunda transición está buscando unos líderes nuevos: honestos, económicamente eficaces y políticamente abiertos. En la derecha y en la izquierda, En España y en Cataluña.

Las grandes multinacionales no son santas, pero no son como antes. Ahora sabemos que el gran financiador de Lerroux no era tanto el ministerio del interior sino la propia Canadiense. Pero la estructura del mercado ha cambiado Wolkswagen con fábricas en Pamplona y Barcelona, y Ford en Valencia no están aquí para los 47 millones de españoles; tampoco las americanas y menos las japonesas o chinas.

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